Vísperas
Himno
Clara, virgen amable,
esposa enamorada,
dulce nos es tu nombre,
muy suave tu fragancia.
El gozo de la cruz
danos, benigna hermana;
danos tu amor castísimo
y la pobreza santa.
Gloria al Hijo doliente
en la cruz levantada;
gloria a Jesús excelso
en la paz de la patria. Amén.
Salmodia
El Señor rodea a su pueblo.
Salmo 124
La paz de Dios sobre Israel. (Ga 6, 16)
Los que confían en el Señor
son como el monte Sión:
no tiembla, está asentado para siempre.
Jerusalén está rodeada de montañas,
y el Señor rodea a su pueblo ahora y por siempre.
No pesará el cetro de los malvados
sobre el lote de los justos,
no sea que los justos
extiendan su mano a la maldad.
Señor, concede bienes a los buenos,
a los sinceros de corazón;
y a los que se desvían por sendas tortuosas,
que los rechace el Señor con los malhechores.
¡Paz a Israel!
El Señor rodea a su pueblo.
Si no volvéis a ser como niños, no entraréis en el reino de los cielos.
Salmo 130
Aprended de mí que soy manso y humilde de corazón. (Mt 11, 29)
Señor, mi corazón no es ambicioso,
ni mis ojos altaneros;
no pretendo grandezas
que superan mi capacidad;
sino que acallo y modero mis deseos,
como un niño en brazos de su madre.
Espere Israel en el Señor
ahora y por siempre.
Si no volvéis a ser como niños, no entraréis en el reino de los cielos.
Has hecho de nosotros, Señor, un reino de sacerdotes para nuestro Dios.
Cántico · Ap 4, 11; 5, 9-10. 12
Eres digno, Señor Dios nuestro, de recibir la gloria,
el honor y el poder,
porque tú has creado el universo;
porque por tu voluntad lo que no existía fue creado.
Eres digno de tomar el libro y abrir sus sellos,
porque fuiste degollado
y por tu sangre compraste para Dios
hombres de toda raza, lengua, pueblo y nación;
y has hecho de ellos para nuestro Dios
un reino de sacerdotes y reinan sobre la tierra.
Digno es el Cordero degollado
de recibir el poder, la riqueza y la sabiduría,
la fuerza y el honor, la gloria y la alabanza.
Has hecho de nosotros, Señor, un reino de sacerdotes para nuestro Dios.
LECTURA BREVE
Rm 12, 9-12
Que vuestra caridad sea sincera. Aborreced el mal y aplicaos al bien. En punto a caridad fraterna, amaos entrañablemente unos a otros. En cuanto a la mutua estima, tened por más dignos a los demás. Nada de pereza en vuestro celo, sirviendo con fervor de espíritu al Señor. Que la esperanza os tenga alegres; estad firmes en la tribulación, sed asiduos en la oración.
R. Tu palabra, Señor, es eterna, más estable que el cielo.
V. Tu palabra, Señor, es eterna, más estable que el cielo.
R. Más estable que el cielo.
V. Tu fidelidad de generación en generación.
R. Tu palabra, Señor, es eterna, más estable que el cielo.
V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Magnificat
Se alegra mi espíritu en Dios mi salvador.
Cántico de María Lc 1, 46-55
ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR
Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.
Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.
Él hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.
Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
—como lo había prometido a nuestros padres—
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.
Se alegra mi espíritu en Dios mi salvador.
Preces
Invoquemos a Dios, esperanza de su pueblo, diciendo:
Escúchanos, Señor.
Te damos gracias, Señor, porque hemos sido enriquecidos en todo por Cristo, tu Hijo; — haz que por él crezcamos en todo conocimiento.
En tus manos, Señor, están el corazón y la mente de los que gobiernan; — dales, pues, acierto en sus decisiones para que te sean gratos en su pensar y obrar.
Tú, que a los artistas concedes inspiración para plasmar la belleza que de ti procede, — haz que con sus obras aumente el gozo y la esperanza de los hombres.
Tú, que no permites que seamos tentados por encima de nuestras fuerzas, — da fortaleza a los débiles, levanta a los caídos.
Tú, que nos has prometido la resurrección en el último día, — no te olvides de tus hijos que ya han dejado el cuerpo mortal.
Oración
Señor, Dios nuestro, que concediste a santa Clara un gran amor por la pobreza evangélica, concédenos, por su intercesión, seguir a Cristo en la pobreza del espíritu y llegar a contemplarte en tu glorioso reino. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
Liturgia de las Horas. Publicada con autorización del Arzobispado de Santiago.
