Saltar al contenido

Orar

Martes, 2 de febrero de 2027

Presentación de Jesús en el Templo

Tiempo Ordinario · Blanco

Las lecturas del día

Primera lectura

Debió hacerse semejante en todo a sus hermanos

Lectura de la carta a los Hebreos Heb 2, 14-18

Ya que los hijos tienen una misma sangre y una misma carne, él también debía participar de esa condición, para reducir a la impotencia, mediante su muerte, a aquel que tenía el dominio de la muerte, es decir, al demonio, y liberar de este modo a todos los que vivían completamente esclavizados por el temor de la muerte.

Porque él no vino para socorrer a los ángeles, sino a los descendientes de Abraham. En consecuencia, debió hacerse semejante en todo a sus hermanos, para llegar a ser un Sumo Sacerdote misericordioso y fiel en el servicio de Dios, a fin de expiar los pecados del pueblo.

Y por haber experimentado personalmente la prueba y el sufrimiento, él puede ayudar a aquellos que están sometidos a la prueba.

Palabra de Dios.

Salmo responsorial

Sal 23, 7-10

El Rey de la gloria es el Señor de los ejércitos.

¡Puertas, levanten sus dinteles,

levántense, puertas eternas,

para que entre el Rey de la gloria! R.

¡Y quién es ese Rey de la gloria?

Es el Señor, el fuerte, el poderoso,

el Señor poderoso en los combates. R.

¡Puertas, levanten sus dinteles,

levántense, puertas eternas,

para que entre el Rey de la gloria! R.

¿Y quién es ese Rey de la gloria?

El Rey de la gloria es

el Señor de los ejércitos. R.

Aleluia

Lc 2, 32

Aleluia.

Luz para iluminar a los paganos

y gloria de tu pueblo Israel.

Aleluia.

Evangelio

Mis ojos han visto la salvación

+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas Lc 2, 22-40

Cuando llegó el día fijado por la Ley de Moisés para la purificación, llevaron al niño a Jerusalén para presentarlo al Señor, como está escrito en la Ley: Todo varón primogénito será consagrado al Señor. También debían ofrecer en sacrificio un par de tórtolas o de pichones de paloma, como ordena la Ley del Señor.

Vivía entonces en Jerusalén un hombre llamado Simeón, que era justo y piadoso, y esperaba el consuelo de Israel. El Espíritu Santo estaba en él y le había revelado que no moriría antes de ver al Mesías del Señor. Conducido por el mismo Espíritu, fue al Templo, y cuando los padres de Jesús llevaron al niño para cumplir con él las prescripciones de la Ley, Simeón lo tomó en sus brazos y alabó a Dios, diciendo:

«Ahora, Señor, puedes dejar que tu servidor muera en paz, como lo has prometido, porque mis ojos han visto la salvación que preparaste delante de todos los pueblos: luz para iluminar a las naciones paganas y gloria de tu pueblo Israel.»

Su padre y su madre estaban admirados por lo que oían decir de él. Simeón, después de bendecirlos, dijo a María, la madre: «Este niño será causa de caída y de elevación para muchos en Israel; será signo de contradicción, y a ti misma una espada te atravesará el corazón. Así se manifestarán claramente los pensamientos íntimos de muchos.»

Había también allí una profetisa llamada Ana, hija de Fanuel, de la familia de Aser, mujer ya entrada en años, que, casada en su juventud, había vivido siete años con su marido. Desde entonces había permanecido viuda, y tenía ochenta y cuatro años. No se apartaba del Templo, sirviendo a Dios noche y día con ayunos y oraciones. Se presentó en ese mismo momento y se puso a dar gracias a Dios. Y hablaba acerca del niño a todos los que esperaban la redención de Jerusalén.

Después de cumplir todo lo que ordenaba la Ley del Señor, volvieron a su ciudad de Nazaret, en Galilea. El niño iba creciendo y se fortalecía, lleno de sabiduría, y la gracia de Dios estaba con él.

Palabra del Señor.

Leccionario · texto bíblico de «El Libro del Pueblo de Dios». Publicado con autorización del Arzobispado de Santiago.

Las oraciones de la Misa de hoy

Las antífonas y oraciones del Misal para este día, en el orden de la celebración.

Antífona de entrada

En tu santo templo, Señor, evocamos tu misericordia; la gloria de tu nombre llega hasta los confines de la tierra. Tu derecha está llena de justicia.

Oración colecta

Dios todopoderoso y eterno, te pedimos humildemente que así como tu Hijo único, hecho hombre, fue presentado hoy en el templo, también nosotros podamos presentarnos a ti con un corazón puro. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos.

Oración sobre las ofrendas

Mira con agrado, Dios nuestro, la ofrenda de tu Iglesia desbordante de alegría, tú que aceptaste el sacrificio de tu Hijo único, ofrecido como Cordero inmaculado para la vida del mundo. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Antífona de comunión

Mis ojos han visto tu Salvador,

a quien has presentado ante todos los pueblos.

Oración después de la comunión

Padre, por estos sacramentos recibidos, completa en nosotros la obra de tu gracia, y así como colmaste el anhelo de Simeón de contemplar al Mesías antes de morir, concédenos recibir la vida eterna saliendo al encuentro del Señor. Que vive y reina por los siglos de los siglos.

Prefacio: PREFACIO:. Misal

Misal Romano, 3ª edición típica — aprobado para Chile (Prot. N. 453/08/L, 7 de julio de 2008). Publicado con autorización del Arzobispado de Santiago.

Lecturas del día — Parroquia Jesús Obrero