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Orar

Antes y después de la Misa

Prepararse y dar gracias

Oraciones de siempre para llegar a la Misa con el corazón dispuesto y para quedarse un momento con el Señor después de comulgar. Puedes leerlas aquí antes de salir de casa, o aprenderlas de memoria.

Antes de la Misa

Ofrecimiento de la Misa

Al llegar al templo, antes de que empiece la celebración.

Preséntome al pie de vuestros altares, ¡oh Dios!, para rendiros el soberano homenaje que os es debido; para agradeceros todos vuestros beneficios, pediros con humillado y contrito corazón la remisión de mis culpas, y ganar todas las gracias que me son necesarias. Yo espero de vuestra infinita bondad todos estos favores por los méritos de Jesucristo, vuestro Hijo, que se digna hacerse Él mismo Sacerdote y Víctima en el adorable sacrificio.

Fuente: Devocionario cotidiano para asistir al santo sacrificio de la Misa y para recibir los santos sacramentos de la Penitencia y Sagrada Comunión (Buenos Aires: Pedro Igon y Cía., 1893), p. 23, «Ofrecimiento de la Misa».

Acto de deseo

Antes de acercarse a comulgar.

Llegado es, alma mía, el feliz momento en que tu Salvador ha de venir a establecer su morada dentro de ti: he aquí al Rey del cielo y de la tierra, a tu Criador, a tu Redentor, a tu Dios que va a colmarte de beneficios. Prepárate a recibirle con amor, y llámalo con todos los deseos de tu corazón.

Venid, ¡oh adorable Salvador mío!, venid a un alma que suspira por Vos como ciervo sediento por las fuentes: venid, ¡oh Jesús mío!, no dilatéis más tiempo mi felicidad. Quisiera recibiros yo con el fervor de las almas santas al pie del altar, a cuyo abrasado amor me uno en Vos.

Fuente: Devocionario cotidiano para asistir al santo sacrificio de la Misa y para recibir los santos sacramentos de la Penitencia y Sagrada Comunión (Buenos Aires: Pedro Igon y Cía., 1893), pp. 81-82, «Actos antes de la comunión: Acto de deseo».

Después de comulgar: acción de gracias

Alma de Cristo

Después de comulgar, en silencio.

Alma de Cristo, santifícame.

Cuerpo de Cristo, sálvame.

Corazón de Cristo, inflámame.

Sangre preciosísima de Cristo, embriágame.

Agua del costado de Cristo, lávame.

Sudor copiosísimo del rostro de Cristo, vivifícame.

Pasión de Cristo, confórtame.

¡Oh mi buen Jesús, óyeme!

Del enemigo malo defiéndeme.

En la hora de mi muerte llámame.

Y mándame ir a Ti,

para que con tus Ángeles y Santos te alabe y bendiga por todos los siglos de los siglos. Amén.

Fuente: Devocionario carmelitano, arreglado por un devoto carmelita (Madrid: Librería Católica de Gregorio del Amo, 1899; licencia del obispo de Madrid-Alcalá de 1890), pp. 96-97. Es la versión castellana de la oración latina «Anima Christi» (siglo XIV).

Acto de agradecimiento

Después de comulgar.

Dios y Señor mío, yo os agradezco con todo mi corazón el favor inefable que acabáis de concederme. Quisiera ofreceros acciones de gracia dignas de Vos; pero, ¡ah!, ¿cuáles puedo yo presentaros, pobre y miserable de mí? Lo solo que hacer puedo es repetir sin cesar: ¡Un Dios es mío! ¡Todo un Dios es mío, lo más grande, lo más santo que existe reposa en lo que hay más vil y miserable!

Fuente: Devocionario cotidiano para asistir al santo sacrificio de la Misa y para recibir los santos sacramentos de la Penitencia y Sagrada Comunión (Buenos Aires: Pedro Igon y Cía., 1893), p. 84, «Actos para después de la Comunión: Acto de agradecimiento».

Tomad, Señor, y recibid

Para ofrecerse entero a Dios, al terminar la acción de gracias.

Tomad, Señor, y recibid toda mi libertad, mi memoria, mi entendimiento y toda mi voluntad, todo mi haber y mi poseer; Vos me lo disteis, a Vos, Señor, lo torno; todo es vuestro, disponed a toda vuestra voluntad; dadme vuestro amor y gracia, que esta me basta.

Fuente: San Ignacio de Loyola, Ejercicios espirituales, n. 234 (texto autógrafo castellano, c. 1548). Se actualiza la ortografía del autógrafo («distes» → «disteis», «disponé» → «disponed»).

Oración a Jesús crucificado

Tradicionalmente, ante una imagen de Jesús crucificado, después de comulgar.

Miradme, ¡oh mi amado y buen Jesús!, que postrado ante vuestra santísima presencia os ruego con el mayor fervor imprimáis en mi alma vivos sentimientos de fe, esperanza y caridad, dolor de mis pecados y propósito de jamás ofenderos; mientras que, con todo el amor y con toda la compasión de que soy capaz, voy contemplando vuestras cinco llagas, comenzando por aquello que dijo de Vos, ¡oh mi Dios!, el santo profeta David: «Han taladrado mis manos y mis pies, y se pueden contar todos mis huesos».

Fuente: Devocionario carmelitano, arreglado por un devoto carmelita (Madrid: Librería Católica de Gregorio del Amo, 1899; licencia del obispo de Madrid-Alcalá de 1890), pp. 100-101 («impriméis» → «imprimáis»). La cita es del Salmo 21 (22), 17-18.

Antes y después de la Misa — Parroquia Jesús Obrero