Entender la Misa
Qué se dice, y por qué
El Ordinario de la Misa, paso a paso. Para conocerla y prepararla con calma —no para seguirla desde el teléfono mientras se celebra.
En gris y en cursiva va lo que hace quien preside; en azul, lo que responde la asamblea. Lo demás son las oraciones de la celebración.
Acto penitencial
El domingo, especialmente en el tiempo pascual, en lugar del acto penitencial habitual, en algunas ocasiones puede hacerse la bendición y aspersión del agua en memoria del Bautismo, como aparece en el Apéndice II.
A continuación se hace el acto penitencial, al que el sacerdote invita a los fieles, diciendo:
I
Hermanos:
Para celebrar dignamente estos sagrados misterios, reconozcamos nuestros pecados.
O bien
El Señor Jesús, que nos invita a la mesa de la Palabra y de la Eucaristía, nos llama ahora a la conversión. Reconozcamos, pues, que somos pecadores e invoquemos con esperanza la misericordia de Dios.
O bien
Humildes y penitentes, como el publicano en el templo, acerquémonos al Dios justo, y pidámosle que tenga piedad de nosotros, que también nos reconocemos pecadores.
O bien
Jesucristo, el justo, intercede por nosotros y nos reconcilia con el Padre. Abramos, pues, nuestro espíritu al arrepentimiento, para acercarnos a la mesa del Señor.
O bien
Pidamos perdón a Dios de todo corazón.
O bien
, pero sólo en los domingos, y durante la octava de Pascua:
En el día en que celebramos la victoria de Cristo sobre el pecado y sobre la muerte, confesemos nuestra necesidad de la misericordia del Padre para morir al pecado y resucitar a la vida nueva.
Se hace una breve pausa en silencio. Después, todos hacen en común la fórmula de la confesión general:
Yo confieso ante Dios todopoderoso
y ante ustedes, hermanos,
que he pecado mucho
de pensamiento, palabra, obra y omisión;
Y, golpeándose el pecho, dicen:
por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa.
Luego, prosiguen:
Por eso ruego a santa María, siempre Virgen,
a los ángeles, a los santos
y a ustedes, hermanos,
que intercedan por mí ante Dios, nuestro Señor.
Sigue la absolución del sacerdote.
Dios todopoderoso
tenga misericordia de nosotros,
perdone nuestros pecados
y nos lleve a la vida eterna.
Amén.
2
O bien
(segunda forma del acto penitencial): 5. El sacerdote invita a los fieles al acto penitencial con una de las invitaciones anteriores u otras breves palabras.
Se hace una breve pausa de silencio. Después el sacerdote dice:
Señor, ten misericordia de nosotros.
Porque hemos pecado contra ti.
El sacerdote prosigue:
Muéstranos, Señor, tu misericordia.
Y danos tu salvación
Sigue la absolución del sacerdote:
Dios todopoderoso
tenga misericordia de nosotros,
perdone nuestros pecados
y nos lleve a la Vida eterna.
Amén.
3
O bien
(tercera forma del acto penitencial):
El sacerdote invita a los fieles al acto penitencial con una de las invitaciones anteriores u otras breves palabras. Se hace una breve pausa en silencio. Después el sacerdote o el diácono, u otro ministro, empleando éstas u otras invocaciones, con el Señor, ten piedad (Kyrie eléison ), dice: Tú que has sido enviado para sanar a los contritos de corazón: Señor, ten piedad.
Señor, ten piedad.
El sacerdote:
Tú que has venido a llamar a los pecadores: Cristo, ten piedad.
Cristo, ten piedad.
El sacerdote:
Tú que estás sentado a la derecha del Padre para interceder por nosotros: Señor, ten piedad.
Señor, ten piedad.
Sigue la absolución del sacerdote:
Dios todopoderoso
tenga misericordia de nosotros,
perdone nuestros pecados
y nos lleve a la vida eterna.
Amén.
También pueden usarse las invocaciones siguientes u otras semejantes.
TIEMPO DE ADVIENTO
Tú que viniste al mundo para salvarnos: Señor, ten piedad.
R. Señor, ten piedad.
Tú que nos visitas continuamente con la gracia de tu Espíritu: Cristo, ten piedad
R. Cristo, ten piedad.
Tú que vendrás un día a juzgar nuestras obras: Señor, ten piedad.
Señor, ten piedad.
O bien
Tú que vienes a visitar a tu pueblo con la paz: Señor, ten piedad.
Señor, ten piedad.
Tú que vienes a salvar lo que está perdido: Cristo, ten piedad.
Cristo, ten piedad.
Tú que vienes a crear un mundo nuevo: Señor, ten piedad.
R. Señor, ten piedad.
O bien
Tú que eres el Salvador prometido: Señor, ten piedad.
Señor, ten piedad.
Tú que eres el Salvador anunciado: Cristo, ten piedad.
Cristo, ten piedad.
Tú que eres el Salvador esperado: Señor, ten piedad.
Señor, ten piedad.
O bien
Luz del mundo, que vienes a iluminar a los que viven en las tinieblas del pecado: Señor, ten piedad.
R. Señor, ten piedad.
Buen pastor, que vienes a guiar a tu rebaño por las sendas de la verdad y de la justicia: Cristo, ten piedad.
R. Cristo, ten piedad.
Hijo de Dios, que volverás un día para dar cumplimiento a las promesas del Padre: Señor, ten piedad.
R. Señor, ten piedad.
TIEMPO DE NAVIDAD
Hijo de Dios, que, nacido de María te hiciste nuestro hermano: Señor ten piedad.
Señor, ten piedad.
Hijo del hombre, que conoces y comprendes nuestra debilidad: Cristo, ten piedad.
Cristo, ten piedad.
Hijo primogénito del Padre, que haces de nosotros una sola familia: Señor, ten piedad.
Señor, ten piedad.
O bien
Rey de la paz y Santo de Dios: Señor, ten piedad.
Señor, ten piedad.
Luz que brillas en las tinieblas: Cristo, ten piedad.
Cristo, ten piedad.
Imagen del hombre nuevo: Señor, ten piedad.
Señor, ten piedad.
O bien
Tú que siendo rico te hiciste pobre: Señor, ten piedad.
Señor, ten piedad.
Tú que siendo fuerte te hiciste débil: Cristo, ten piedad.
Cristo, ten piedad.
Tú que siendo grande te hiciste pequeño: Señor, ten piedad.
Señor, ten piedad.
EPIFANÍA
Tú que te has manifestado a los pueblos: Señor, ten piedad.
Señor, ten piedad.
Tú que te has desposado con tu Iglesia: Cristo, ten piedad.
Cristo, ten piedad.
Tú que en el Jordán te manifestaste como el Hijo muy amado:
Señor, ten piedad.
Señor, ten piedad.
TIEMPO DE CUARESMA
Tú que fuiste tentado por el Espíritu del mal: Señor, ten piedad
Señor, ten piedad.
Tú que venciste la tentación con la Palabra de Dios: Cristo, ten piedad.
Cristo, ten piedad.
Tú que nos llamas a compartir tu victoria: Señor, ten piedad.
Señor, ten piedad.
O bien
Tú que perdonas nuestros pecados: Señor, ten piedad.
Señor, ten piedad.
Tú que nos llamas a hacer penitencia: Cristo, ten piedad.
Cristo, ten piedad.
Tú que confiaste a la Iglesia el signo de tu perdón: Señor, ten piedad.
Señor, ten piedad.
O bien
Tú que borras nuestras culpas: Señor, ten piedad.
Señor, ten piedad.
Tú que creas en nosotros un corazón puro: Cristo, ten piedad.
Cristo, ten piedad.
Tú que nos devuelves la alegría de la salvación: Señor, ten piedad.
Señor, ten piedad.
O bien
Tú que conoces nuestros pensamientos: Señor, ten piedad.
Señor, ten piedad.
Tú que iluminas las tinieblas de nuestro corazón: Cristo, ten piedad.
Cristo, ten piedad.
Tú que nos exhortas a una sincera conversión: Señor, ten piedad.
Señor, ten piedad.
O bien
Tú que nos hiciste renacer por el agua y el Espíritu Santo: Señor, ten piedad.
Señor, ten piedad.
Tú que nos convertiste en nuevas creaturas: Cristo, ten piedad
Cristo, ten piedad.
Tú que nos invitas a renovar nuestro bautismo: Señor, ten piedad.
Señor, ten piedad.
O bien
Tú que llevaste a la cruz nuestros pecados: Señor, ten piedad.
Señor, ten piedad.
Tú que resucitaste para nuestra justificación: Cristo, ten piedad.
Cristo, ten piedad.
Tú que no quieres la muerte del pecador, sino que se convierta y viva: Señor, ten piedad.
Señor, ten piedad.
TIEMPO PASCUAL
Tú que has destruido el pecado y la muerte con tu resurrección: Señor, ten piedad.
Señor, ten piedad.
Tú que has renovado la creación entera con tu resurrección: Cristo, ten piedad.
Cristo, ten piedad.
Tú que das la alegría a los vivos y la vida a los muertos con tu resurrección: Señor, ten piedad.
Señor, ten piedad.
O bien
Tú, el Primogénito de entre los muertos: Señor, ten piedad.
Señor, ten piedad.
Tú, el vencedor del pecado y de la muerte: Cristo, ten piedad
Cristo, ten piedad.
Tú, la resurrección y la vida: Señor, ten piedad.
Señor, ten piedad.
O bien
Tú que resucitaste lleno de gloria: Señor, ten piedad.
Señor, ten piedad.
Tú que nos haces pasar de la muerte a la Vida: Cristo, ten piedad.
Cristo, ten piedad.
Tú que nos llamas a vivir como resucitados: Señor, ten piedad
Señor, ten piedad.
O bien
Tú que eres nuestro Buen Pastor resucitado: Señor, ten piedad
Señor, ten piedad.
Tú que nos das la Vida en abundancia: Cristo, ten piedad.
Cristo, ten piedad.
Tú que nos congregas en un solo rebaño: Señor, ten piedad.
Señor, ten piedad.
O bien
Tú que al resucitar renuevas todas las cosas: Señor, ten piedad.
Señor, ten piedad.
Tú que nos llamas a transformar el mundo: Cristo, ten piedad.
Cristo, ten piedad.
Tú que harás participar a todo el universo de la gloria de tu resurrección: Señor, ten piedad.
Señor, ten piedad.
ASCENSIÓN DEL SEÑOR
Tú que eres el sumo sacerdote de la nueva Alianza: Señor, ten piedad.
Señor, ten piedad.
Tú que nos edificas como piedras vivas en el templo santo de Dios: Cristo, ten piedad.
Cristo, ten piedad.
Tú que has ascendido a la derecha del Padre para enviarnos el don del Espíritu: Señor, ten piedad.
Señor, ten piedad.
O bien
Tú que volviste junto al Padre: Señor, ten piedad.
Señor, ten piedad.
Tú que fuiste glorificado para siempre: Cristo, ten piedad.
Cristo, ten piedad.
Tú que nos haces ascender al Cielo contigo: Señor, ten piedad.
Señor, ten piedad.
DOMINGO DE PENTECOSTÉS
Tú que resucitaste por obra del Espíritu Santo: Señor, ten piedad.
Señor, ten piedad.
Tú que nos enviaste el Espíritu vivificador: Cristo, ten piedad.
Cristo, ten piedad.
Tú que nos devolverás la vida gracias al Espíritu: Señor, ten piedad.
Señor, ten piedad.
TIEMPO «DURANTE EL AÑO»
Tú que eres el camino que conduce al Padre: Señor, ten piedad.
Señor, ten piedad.
Tú que eres la verdad que ilumina a los pueblos: Cristo, ten piedad.
Cristo, ten piedad.
Tú que eres la vida que renueva el mundo: Señor, ten piedad.
Señor, ten piedad.
O bien
Tú que eres la plenitud de la verdad y de la gracia: Señor, ten piedad.
Señor, ten piedad.
Tú que te has hecho pobre para enriquecernos: Cristo, ten piedad.
Cristo, ten piedad.
Tú que has venido para hacer de nosotros tu pueblo santo: Señor, ten piedad.
Señor, ten piedad.
O bien
Tú que no has venido a condenar, sino a perdonar: Señor, ten piedad.
Señor, ten piedad.
Tú que has dicho que hay gran fiesta en el cielo por un pecador que se arrepiente: Cristo, ten piedad.
Cristo, ten piedad.
Tú que perdonas mucho a quien mucho ama: Señor, ten piedad.
Señor, ten piedad.
O bien
Tú que has venido a buscar al que estaba perdido: Señor, ten piedad.
Señor, ten piedad.
Tú que has querido dar la vida en rescate por todos: Cristo, ten piedad.
Cristo, ten piedad.
Tú que reúnes a tus hijos dispersos: Señor, ten piedad.
Señor, ten piedad.
O bien
Tú que ofreciste el perdón a Pedro arrepentido: Señor, ten piedad.
Señor, ten piedad.
Tú que prometiste el paraíso al buen ladrón: Cristo, ten piedad.
Cristo, ten piedad.
Tú que perdonas a todo hombre que confía en tu misericordia: Señor, ten piedad.
Señor, ten piedad.
O bien
Defensor de los pobres: Señor, ten piedad.
Señor, ten piedad.
Refugio de los débiles: Cristo, ten piedad.
Cristo, ten piedad.
Esperanza de los pecadores: Señor, ten piedad.
Señor, ten piedad.
Siguen las invocaciones: Señor, ten piedad (Kyrie eléison), si no se han dicho ya en alguna de las fórmulas del acto penitencial.
Señor, ten piedad. R. Señor, ten piedad.
Cristo, ten piedad. R. Cristo, ten piedad.
Señor, ten piedad. R. Señor, ten piedad.
Se pueden tomar las melodías del Gradual Romano.
A continuación, cuando está prescrito, se canta o se dice el himno:
Gloria a Dios en el Cielo,
y en la tierra paz a los hombres que ama el Señor.
Por tu inmensa gloria te alabamos,
te bendecimos,
te adoramos,
te glorificamos,
te damos gracias.
Señor Dios, Rey celestial,
Dios Padre todopoderoso.
Señor Hijo único, Jesucristo,
Señor Dios, Cordero de Dios, Hijo del Padre:
Tú que quitas el pecado del mundo,
ten piedad de nosotros;
tú que quitas el pecado del mundo,
atiende nuestra súplica;
tú que estás sentado a la derecha del Padre,
ten piedad de nosotros:
porque sólo tú eres Santo, sólo tú Señor,
sólo tú Altísimo, Jesucristo,
con el Espíritu Santo en la gloria de Dios Padre.
Amén.
Acabado el himno, el sacerdote, con las manos juntas, dice:
Oremos
Y todos, junto con el sacerdote, oran en silencio durante un breve espacio de tiempo.
Entonces, el sacerdote, con las manos extendidas, dice la oración colecta, al final de la cual, el pueblo aclama:
Amén.
La colecta termina siempre con la conclusión larga.
Si la oración se dirige al Padre:
Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo,
que es Dios y vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo,
y es Dios, por los siglos de los siglos.
Si se dirige al Padre, pero hacia el final de la oración se menciona al Hijo:
Él, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo
y es Dios, por los siglos de los siglos.
Si la oración se dirige al Hijo:
Que vives y reinas con el Padre en la unidad del Espíritu Santo
y eres Dios, por los siglos de los siglos.
Misal Romano, 3ª edición típica — aprobado para Chile (Prot. N. 453/08/L, 7 de julio de 2008). Publicado con autorización del Arzobispado de Santiago.
