Entender la Misa
Qué se dice, y por qué
El Ordinario de la Misa, paso a paso. Para conocerla y prepararla con calma —no para seguirla desde el teléfono mientras se celebra.
En gris y en cursiva va lo que hace quien preside; en azul, lo que responde la asamblea. Lo demás son las oraciones de la celebración.
Plegaria eucarística
Entonces, el sacerdote empieza la Plegaria eucarística.
Extendiendo las manos, dice:
El Señor esté con ustedes.
Y con tu espíritu.
El sacerdote, elevando las manos, prosigue:
Levantemos el corazón.
Lo tenemos levantado hacia el Señor.
El sacerdote con la manos extendidas, dice:
Demos gracias al Señor, nuestro Dios.
Es justo y necesario.
El sacerdote prosigue el prefacio, con las manos extendidas.
Al final del prefacio junta las manos y, en unión con el pueblo, concluye el mismo prefacio, cantando o diciendo con voz clara:
Santo, Santo, Santo es el Señor, Dios del Universo.
Llenos están el cielo y la tierra de tu gloria.
Hosanna en el cielo.
Bendito el que viene en nombre del Señor.
Hosanna en el cielo.
En todas las misas, el sacerdote celebrante puede cantar algunas partes de la Plegaria eucarística, especialmente las principales, como se encuentra en el apéndice I, con notación musical. En la Plegaria eucarística primera, o Canon Romano, se puede omitir lo que se encuentra entre paréntesis.
Las 10 plegarias eucarísticas, completas
El que preside elige una; aquí puedes leerlas de a una.
PLEGARIA EUCARÍSTICA III
V. El Señor esté con ustedes.
Y con tu espíritu.
Levantemos el corazón.
Lo tenemos levantado hacia el Señor.
Demos gracias al Señor, nuestro Dios.
Es justo y necesario.
Sigue el prefacio que corresponda según las rúbricas, el cual se concluye:
Santo, Santo, Santo es el Señor, Dios del Universo.
Llenos están el cielo y la tierra de tu gloria.
Hosanna en el cielo.
Bendito el que viene en nombre del Señor.
Hosanna en el cielo.
El sacerdote, con las manos extendidas, dice:
Santo eres en verdad, Padre,
y con razón te alaban todas tus criaturas,
ya que por Jesucristo, tu Hijo, Señor nuestro,
con la fuerza del Espíritu Santo,
das vida y santificas todo,
y congregas a tu pueblo sin cesar,
para que ofrezca en tu honor
un sacrificio sin mancha
desde donde sale el sol hasta el ocaso.
Junta las manos y, manteniéndolas extendidas sobre las ofrendas, dice: Por eso, Padre, te suplicamos que santifiques por el mismo Espíritu estos dones que hemos separado para ti,
Junta las manos y traza el signo de la cruz sobre el pan y el cáliz conjuntamente, diciendo:
de manera que se conviertan
en el Cuerpo y ✚ la Sangre de Jesucristo,
Hijo tuyo y Señor nuestro,
Junta las manos.
que nos mandó celebrar estos misterios.
En las fórmulas que siguen, las palabras del Señor han de pronunciarse claramente y con precisión, como lo requiere la naturaleza de las mismas palabras. Porque él mismo, la noche en que iba a ser entregado,
En la Misa vespertina del Jueves Santo:
habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo,
los amó hasta el extremo
y, mientras cenaba con sus discípulos,
Toma el pan y, sosteniéndolo un poco elevado sobre el altar, prosigue:
tomó pan,
y dando gracias te bendijo,
lo partió y lo dio a sus discípulos, diciendo:
Se inclina un poco.
TOMEN Y COMAN TODOS DE ÉL,
PORQUE ESTO ES MI CUERPO,
QUE SERÁ ENTREGADO POR USTEDES.
Muestra el pan consagrado al pueblo, lo deposita luego sobre la patena y lo adora, haciendo genuflexión.
Después prosigue: Del mismo modo, acabada la cena,
Toma el cáliz y, sosteniéndolo un poco elevado sobre el altar, prosigue:
tomó el cáliz,
dando gracias te bendijo,
y lo pasó a sus discípulos, diciendo:
Se inclina un poco.
TOMEN Y BEBAN TODOS DE ÉL,
PORQUE ÉSTE ES EL CÁLIZ DE MI SANGRE,
SANGRE DE LA ALIANZA NUEVA Y ETERNA,
QUE SERÁ DERRAMADA
POR USTEDES Y POR MUCHOS
PARA EL PERDÓN DE LOS PECADOS.
HAGAN ESTO EN CONMEMORACIÓN MÍA.
Muestra el cáliz al pueblo, lo deposita luego sobre el corporal y lo adora, haciendo genuflexión.
Luego dice una de las siguientes fórmulas: Éste es el Misterio de la fe.
O bien
Éste es el Sacramento de nuestra fe.
Y el pueblo prosigue, aclamando:
Anunciamos tu muerte,
proclamamos tu resurrección.
¡Ven, Señor Jesús!
O bien
Éste es el Misterio de la fe, Cristo nos redimió.
Y el pueblo prosigue, aclamando:
Cada vez que comemos de este pan
y bebemos de este cáliz,
anunciamos tu muerte, Señor, hasta que vuelvas.
O bien
Éste es el Misterio de la fe,
Cristo se entregó por nosotros.
Y el pueblo prosigue, aclamando:
Salvador del mundo, sálvanos,
que nos has liberado por tu cruz y resurrección.
Después el sacerdote, con las manos extendidas, dice:
Así, Padre,
al celebrar ahora el memorial
de la pasión salvadora de tu Hijo,
de su admirable resurrección y ascensión al cielo,
mientras esperamos su venida gloriosa,
te ofrecemos, en esta acción de gracias,
el sacrificio vivo y santo.
Dirige tu mirada sobre la ofrenda de tu Iglesia,
y reconoce en ella la Víctima
por cuya inmolación
quisiste devolvernos tu amistad,
para que, fortalecidos con el Cuerpo
y la Sangre de tu Hijo
y llenos de su Espíritu Santo,
formemos en Cristo un solo cuerpo
y un solo espíritu.
Que él nos transforme en ofrenda permanente,
para que gocemos de tu heredad
junto con tus elegidos:
con María, la Virgen Madre de Dios,
los apóstoles y los mártires,
(san N.: Santo del día o patrono)
y todos los santos,
por cuya intercesión
confiamos obtener siempre tu ayuda.
Te pedimos, Padre,
que esta Víctima de reconciliación
traiga la paz y la salvación al mundo entero.
Confirma en la fe y en la caridad
a tu Iglesia, peregrina en la tierra:
a tu servidor, el Papa N.,
a nuestro Obispo N.,
al orden episcopal, a los presbíteros y diáconos,
y a todo el pueblo redimido por ti.
INTERCESIONES PARTICULARES
En las Misas de Pascua, de su octava y en la del Bautismo de adultos:
Confirma en la fidelidad cristiana a tus hijos (N. y N.),
que hoy, por medio del Bautismo (y del don del Espíritu),
has llamado a formar parte de tu pueblo
y concédeles andar siempre en una vida nueva.
En la Misa del Bautismo de niños:
Ayuda a nuestros hermanos (N. y N.),
que hoy has hecho renacer del agua y del Espíritu Santo
librándolos del pecado;
tú que los has incorporado,
como miembros vivos, al Cuerpo de Cristo,
inscribe también sus nombres en el libro de la vida.
En la Misa de Confirmación:
Ayuda a tus hijos (N. y N.),
que hoy has confirmado
marcándolos con el sello del Espíritu Santo;
custodia en ellos el don de tu amor.
En la Misa de Primera Comunión:
Ayuda a tus hijos (N. y N.),
que por vez primera invitas en este día
a participar del pan de vida y del cáliz de salvación,
en la mesa de tu familia;
concédeles crecer siempre en tu amistad
y en la comunión con tu Iglesia.
En la Misa del Matrimonio:
Ayuda a tus hijos (N. y N.),
que en Cristo hoy han fundado una nueva familia,
iglesia doméstica y sacramento de tu amor,
y concédeles que la gracia de este día
se prolongue a lo largo de toda su vida.
Atiende los deseos y súplicas de esta familia
que has congregado en tu presencia.
En los domingos, cuando no hay otro recuerdo más propio, puede decirse:
en el domingo,
día en que Cristo ha vencido a la muerte
y nos ha hecho partícipes de su vida inmortal.
En la Natividad del Señor y durante su octava:
(en la noche santa) en el día santo
en que la Virgen María
dio a luz al Salvador del mundo.
En la Epifanía del Señor:
en el día santo en que tu único Hijo,
eterno como tú en la gloria,
se manifestó en la verdad de nuestra carne,
hecho hombre.
Desde la Misa de la Vigilia Pascual
hasta el segundo domingo de Pascua:
(en la noche gloriosa) en el día glorioso
de la resurrección de nuestro Señor Jesucristo
según la carne.
En la Ascensión del Señor:
en el día glorioso de la Ascensión,
en el que Cristo ha sido constituido
Señor del cielo y de la tierra.
En el domingo de Pentecostés:
en el día en que la efusión de tu Espíritu
ha hecho de ella sacramento de unidad
para todos los pueblos.
Reúne en torno a ti, Padre misericordioso,
a todos tus hijos dispersos por el mundo.
✚ A nuestros hermanos difuntos
y a cuantos murieron en tu amistad
recíbelos en tu reino,
donde esperamos gozar todos juntos
de la plenitud eterna de tu gloria,
Junta las manos
por Cristo, Señor nuestro,
por quien concedes al mundo todos los bienes.
Cuando esta Plegaria eucarística se utiliza en las misas de difuntos, puede decirse: ✚ Recuerda a tu hijo (hija) N., a quien llamaste (hoy)
de este mundo a tu presencia:
concédele que, así como ha compartido ya
la muerte de Jesucristo,
comparta también con él
la gloria de la resurrección,
cuando Cristo haga resurgir de la tierra
a los muertos,
y transforme nuestro cuerpo frágil
en cuerpo glorioso como el suyo.
Y a todos nuestros hermanos difuntos
y a cuantos murieron en tu amistad
recíbelos en tu reino,
donde esperamos gozar todos juntos
de la plenitud eterna de tu gloria;
allí enjugarás las lágrimas de nuestros ojos,
porque,
al contemplarte corno tú eres, Dios nuestro,
seremos para siempre semejantes a ti
y cantaremos eternamente tus alabanzas,
Junta las manos.
por Cristo, Señor nuestro,
por quien concedes al mundo todos los bienes.
Toma la patena con el pan consagrado y el cáliz y, sosteniéndolos elevados, dice. Por Cristo, con él y en él, a ti, Dios Padre omnipotente, en la unidad del Espíritu Santo, todo honor y toda gloria por los siglos de los siglos.
Amén.
Después sigue el rito de la Comunión.
Misal Romano, 3ª edición típica — aprobado para Chile (Prot. N. 453/08/L, 7 de julio de 2008). Publicado con autorización del Arzobispado de Santiago.
