1 Corintios

Capítulo 2

Predicación de San Pablo en Corinto (2,1-5)

1Y yo, hermanos, cuando vine a vosotros, no vine a anunciaros el misterio de Dios con elocuencia o sabiduría sublimes,

2pues no me he preciado de saber otra cosa entre vosotros sino a Jesucristo, y a éste, crucificado.

3Y me he presentado ante vosotros débil, y con temor y mucho temblor,

4y mi mensaje y mi predicación no se han basado en palabras persuasivas de sabiduría, sino en la manifestación del Espíritu y del poder,

5para que vuestra fe no se fundamente en la sabiduría humana, sino en el poder de Dios.

La sabiduría divina (2,6-16)

6Ahora bien, enseñamos sabiduría entre los perfectos, pero una sabiduría no de este mundo ni de los gobernantes de este mundo que son pasajeros;

7sino que enseñamos la sabiduría de Dios, misteriosa, escondida, que Dios predestinó, antes de los siglos, para nuestra gloria.

8Sabiduría que ninguno de los gobernantes de este mundo ha conocido, porque, de haberla conocido, nunca habrían crucificado al Señor de la gloria;

9sino que, según está escrito: Ni ojo vio, ni oído oy ó, ni pasó por el corazón del hombre, las cosas que preparó Dios para los que le aman.

10A nosotros, en cambio, Dios nos lo reveló por medio del Espíritu, porque el Espíritu todo lo escudriña, incluso las profundidades de Dios.

11Pues ¿qué hombre sabe lo que hay en el hombre, sino el espíritu del hombre que está en él? Así también, las cosas de Dios nadie las ha conocido sino el Espíritu de Dios.

12Pero nosotros no hemos recibido el espíritu del mundo, sino el Espíritu que viene de Dios, para que conozcamos los dones que Dios nos ha concedido;

13y enseñamos estas cosas no con palabras aprendidas por sabiduría humana, sino con palabras aprendidas del Espíritu, expresando las cosas espirituales con palabras espirituales.

14El hombre no espiritual no percibe las cosas del Espíritu de Dios, pues son necedad para él y no puede conocerlas, porque sólo se pueden enjuiciar según el Espíritu.

15Por el contrario, el hombre espiritual juzga de todo, y a él nadie es capaz de juzgarle.

16Porque ¿quién conoció la mente del Señor, para darle lecciones? Pues bien, nosotros tenemos la mente de Cristo.

Notas de la Facultad de Teología (4)

1,10-6,20La primera parte de la carta sale al paso de diversos abusos que se daban en la comunidad cristiana de Corinto. En primer lugar, se enfrenta con las divisiones entre los cristianos, motivadas por dejarse llevar por la sabiduría humana, olvidando el Evangelio que se les ha predicado, el Evangelio de la cruz (1,10-4,21). Después, a la luz de ese mismo Evangelio, enjuicia el comportamiento de la comunidad ante un caso de vida incestuosa (5,1-13), ante la forma de solucionar los problemas que surgen entre ellos (6,1-11), y ante el uso del cuerpo y la sexualidad (6,12-20).

1,10-4,21Tras referirse a las divisiones existentes entre los cristianos de Corinto (1,10-17), el Apóstol trata de las causas que las han originado: no han descubierto la auténtica sabiduría (1,18-3,3), ni la verdadera misión de los ministros (3,4-4,13). Termina con algunas amonestaciones (4,14-21).

2,1-5El propio San Pablo no basa su predicación sino en la sabiduría de la cruz de Cristo. «La única orientación del espíritu, la única dirección del entendimiento, de la voluntad y del corazón es para nosotros ésta: hacia Cristo, Redentor del hombre; hacia Cristo, Redentor del mundo. A Él nosotros queremos mirar, porque sólo en Él, Hijo de Dios, hay salvación, renovando la afirmación de Pedro: «Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna» (Jn 6,68)» (Juan Pablo II, Redemp. hom. 7).

2,6-16La sabiduría divina, de la que los hombres estamos llamados a participar, coincide con el designio divino de salvación revelado por el mismo Dios, transmitido por el Espíritu Santo. Las palabras de Is 64,2-3 (v. 9) resumen el contenido de la sabiduría divina: el conjunto de dones que sobrepasan toda capacidad humana (cfr Ef 3,19) y que Dios ha preparado desde toda la eternidad para los que le aman. Estos dones no son sino el amor que Dios tiene a los hombres. La tradición cristiana, basándose en que tales dádivas se alcanzan plenamente en la otra vida, ha considerado estas palabras como descripción del Cielo.

Sagrada Biblia, traducida y anotada por la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra — © Ediciones Universidad de Navarra (EUNSA).

1 Corintios 2 — Parroquia Jesús Obrero