1 Juan

Capítulo 4

III. LA FE EN JESUCRISTO Y EL AMOR FRATERNO (4,1-5,12)

Fe en Jesucristo, frente a los falsos profetas (4,1-6)

1Queridísimos: no creáis a cualquier espíritu, sino averiguad si los espíritus son de Dios, porque han aparecido muchos falsos profetas en el mundo.

2En esto conocéis el espíritu de Dios: todo espíritu que confiesa a Jesucristo venido en carne, es de Dios;

3y todo espíritu que no confiesa a Jesús, no es de Dios. Ése es el espíritu del Anticristo, de quien habéis oído que va a venir, y ya está en el mundo.

4Vosotros, hijos, sois de Dios y los habéis vencido, porque el que está en vosotros es más poderoso que el que está en el mundo.

5Ellos son del mundo; por eso hablan según el mundo, y el mundo los escucha.

6Nosotros somos de Dios. El que conoce a Dios nos escucha; el que no es de Dios no nos escucha. En esto conocemos el espíritu de la verdad y el espíritu del error.

Dios es Amor. La caridad fraterna, señal de los cristianos (4,7-21)

7Queridísimos: amémonos unos a otros, porque el amor procede de Dios, y todo el que ama ha nacido de Dios, y conoce a Dios.

8El que no ama no ha llegado a conocer a Dios, porque Dios es amor.

9En esto se manifestó entre nosotros el amor de Dios: en que Dios envió a su Hijo Unigénito al mundo para que recibiéramos por él la vida.

10En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que Él nos amó y envió a su Hijo como víctima propiciatoria por nuestros pecados.

11Queridísimos: si Dios nos ha amado así, también nosotros debemos amarnos unos a otros.

12A Dios nadie le ha visto jamás. Si nos amamos unos a otros, Dios permanece en nosotros, y su amor alcanza en nosotros su perfección.

13En esto conocemos que permanecemos en Él, y Él en nosotros: en que nos ha hecho participar de su Espíritu.

14Nosotros hemos visto y damos testimonio de que el Padre envió a su Hijo como salvador del mundo.

15Si alguien confiesa que Jesús es el Hijo de Dios, Dios permanece en él y él en Dios.

16Y nosotros hemos conocido y creído en el amor que Dios nos tiene. Dios es amor, y el que permanece en el amor permanece en Dios y Dios en él.

17En esto alcanza el amor su perfección en nosotros: en que tengamos confianza en el día del Juicio, porque tal como es él, así somos nosotros en este mundo.

18En el amor no hay temor, sino que el amor perfecto echa fuera el temor, porque el temor supone castigo, y el que teme no es perfecto en el amor.

19Nosotros amamos, porque Él nos amó primero.

20Si alguno dice: «Amo a Dios», y aborrece a su hermano, es un mentiroso; pues el que no ama a su hermano, a quien ve, no puede amar a Dios, a quien no ve.

21Y hemos recibido de él este mandamiento: quien ama a Dios, que ame también a su hermano.

Notas de la Facultad de Teología (4)

1,1-5,21Aunque no tiene saludo ni despedida, esta carta refleja la intimidad entre el autor y los destinatarios. El tema central es la comunión con Dios, con Cristo y con los hermanos (1,1-4). Para avivar esa comunión, San Juan va reflexionando sobre algunos temas que aparecen entrelazados como en círculos concéntricos y se contemplan cada vez con más profundidad. Son como los puntos esenciales de una catequesis bautismal por los que el cristiano puede discernir cuál es la comunión auténtica y cuál no lo es. La comunión con Dios se alcanza caminando en la luz, en la sinceridad, guardando los mandamientos y permaneciendo en la verdad de Cristo y sobre Cristo (1,5-2,29). Una comunión con Dios que es filiación y que exige romper con el pecado y vivir con obras el mandamiento del amor fraterno (3,1-24). Una comunión que conlleva la confesión de la verdad sobre Cristo, amar como Dios ama, y creer en la acción de Dios que nos ha dado a su Hijo (4,1-5,12). La carta concluye reafirmando el poder de la oración y la seguridad que da la fe (5,14-21).

4,1-5,12En esta sección se desarrollan con nueva amplitud y profundidad los temas centrales de la carta como en un tríptico en el que la fe en Jesucristo enmarca el mandamiento del amor.

4,1-6Creer en la verdadera encarnación del Hijo de Dios es el signo distintivo de la fe cristiana. «Las primeras herejías negaron menos la divinidad de Jesucristo que su humanidad verdadera (docetismo gnóstico). Desde la época apostólica la fe cristiana insistió en la verdadera encarnación del Hijo de Dios, «venido en la carne»» (CCE 465).

4,7-21El hilo de la argumentación es el siguiente: Dios es amor y es quien primero nos ha amado (vv. 7-10); el amor fraterno es la respuesta obligada al amor de Dios (vv. 11-16); cuando hay amor perfecto no hay temor (vv. 17-18); el amor fraterno es manifestación del amor de Dios (vv. 19-21). El tema central de la carta se resume en la expresión «Dios es amor» (vv. 8.16). «Aunque nada más se dijera en alabanza del amor en todas las páginas de esta Epístola, aunque nada más se dijera en todas las páginas de la Sagrada Escritura, y únicamente oyéramos por boca del Espíritu Santo «Dios es amor», nada más deberíamos buscar» (S. Agustín, In Epist. Ioann. ad Parth. 7,4). «Al enviar en la plenitud de los tiempos a su Hijo único y al Espíritu de Amor, Dios revela su secreto más íntimo; Él mismo es una eterna comunicación de amor: Padre, Hijo y Espíritu Santo, y nos ha destinado a participar en Él» (CCE 221). La Encarnación y la muerte redentora de Cristo son la manifestación suprema de ese amor.

Sagrada Biblia, traducida y anotada por la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra — © Ediciones Universidad de Navarra (EUNSA).

1 Juan 4 — Parroquia Jesús Obrero