Capítulo 2
Como niños recién nacidos (2,1-3)
1Así pues, habiéndoos despojado de toda malicia y de todo engaño, de hipocresías, envidias y de toda suerte de maledicencias,
2apeteced, como niños recién nacidos, la leche espiritual no adulterada, para que con ella crezcáis hacia la salvación,
3si es que habéis gustado qué bueno es el Seño r.
Sacerdocio común de los fieles (2,4-10)
4Acercándoos a él, piedra viva, desechada por los hombres, pero escogida y preciosa delante de Dios,
5también vosotros –como piedras vivas– sois edificados como edificio espiritual para un sacerdocio santo, con el fin de ofrecer sacrificios espirituales, agradables a Dios por medio de Jesucristo.
6Por lo que dice la Escritura: Mira, pongo en Sión una piedra angular, escogida, preciosa; quien crea en ella, no será confundid o.
7Por eso, para vosotros, los creyentes, el honor; pero para los incrédulos: La piedra que rechazaron los constructores, ésta ha llegado a ser la piedra angular,
8y piedra de tropiezo y roca de escándal o. Ellos tropiezan, porque no creen en la palabra: para esto habían sido destinados.
9Pero vosotros sois linaje escogido, sacerdocio real, nación santa, pueblo adquirido en propiedad, para que pregonéis las maravillas de Aquel que os llamó de las tinieblas a su admirable luz:
10los que un tiempo no erais puebl o, ahora sois pueblo de Dio s, los que antes no habíais alcanzado misericordi a, ahora habéis alcanzado misericordi a.
II. CONDUCTA DE LOS CRISTIANOS ANTE EL MUNDO (2,11-3,12)
Ejemplares entre los gentiles (2,11-12)
11Queridísimos, os exhorto a que, como forasteros y peregrinos, os abstengáis de las concupiscencias carnales, que combaten contra el alma.
12Mostrad entre los gentiles una conducta ejemplar, a fin de que, en lo mismo que os calumnian como malhechores, a la vista de vuestras buenas obras, glorifiquen a Dios en el día de su visita.
Obedientes a la autoridad legítima (2,13-17)
13Estad sujetos, por el Señor, a toda institución humana: lo mismo al emperador, como soberano,
14que a los gobernadores, como enviados por él para castigar a los malhechores y honrar a los que obran el bien.
15Porque ésta es la voluntad de Dios: que haciendo el bien hagáis enmudecer la ignorancia de los insensatos:
16como hombres libres y no como quienes convierten la libertad en pretexto para la maldad, sino como siervos de Dios.
17Tened consideración con todos, amad a los hermanos, temed a Dios, honrad al emperador.
Obligaciones de los criados. Ejemplo de Cristo (2,18-25)
18Criados: estad sujetos con todo respeto a vuestros amos, no sólo a los buenos e indulgentes, sino también a los déspotas.
19Porque es buena cosa que uno, por consideración a Dios, soporte penas, sufriendo injustamente.
20En efecto, ¿qué mérito tenéis, si por vuestras faltas sois castigados y lo sufrís? En cambio, si obrando el bien soportáis el sufrimiento, eso es agradable a los ojos de Dios.
21Pues para esto fuisteis llamados, ya que también Cristo padeció por vosotros, dejándoos ejemplo para que sigáis sus huellas:
22él no cometió pecad o, ni en su boca se halló engañ o;
23al ser insultado, no respondía con insultos; al ser maltratado, no amenazaba, sino que ponía su causa en manos del que juzga con justicia.
24Subiendo al madero, él mismo llevó nuestros pecados en su cuerpo, para que, muertos a los pecados, vivamos para la justicia: y por sus llagas fuisteis sanado s.
25Porque erais como ovejas descarriada s, pero ahora habéis vuelto al Pastor y Guardián de vuestras almas.
Notas de la Facultad de Teología (8)
1,1-5,14San Pedro dirige esta carta preferentemente a cristianos convertidos del paganismo. En ella, tras dar gracias a Dios por habernos salvado mediante Jesucristo (1,3-12), va desarrollando algunos aspectos de la vida cristiana derivada del Bautismo: la llamada a la santidad (1,13-2,10), la conducta ejemplar del cristiano en medio del mundo (2,11-3, 12), la paciencia en las tribulaciones, grandes o pequeñas (3,13-4, 19) y, finalmente, el buen comportamiento de los presbíteros hacia los fieles y viceversa (5,1-11). Concluye detallando algunas de las circunstancias en que se escribe la carta (5,12-14).
1,13-2,10Se inicia propiamente el cuerpo de la carta. Como consecuencia de la nueva vida conferida por el Bautismo los cristianos están llamados a buscar la santidad.
2,1-3La liturgia aplica este texto a los recién bautizados, que son como niños recién nacidos a la vida de la gracia, pidiéndole a Dios: «Acrecienta en nosotros los dones de tu gracia para que comprendamos mejor que el Bautismo nos ha purificado, que el Espíritu nos ha hecho renacer y que la sangre nos ha redimido» (Misal Romano, 2º Domingo de Pascua, Or. colect.).
2,4-10El Bautismo hace al cristiano miembro del edificio espiritual de la Iglesia, cuya piedra clave es Jesucristo. Frente a los incrédulos, los creyentes son el verdadero y nuevo Pueblo de Dios. En este pueblo santo hay un único sacerdote, Jesucristo, y un único sacrificio, el que ofreció en la cruz y se renueva en la Santa Misa. Pero todos los cristianos, mediante los sacramentos del Bautismo y de la Confirmación, participamos del sacerdocio de Jesucristo, y quedamos capacitados para llevar a cabo una mediación sacerdotal entre Dios y los demás hombres, y para participar activamente en el culto divino. Es el llamado sacerdocio común de los fieles. «Todas sus obras, oraciones, tareas apostólicas, la vida conyugal y familiar, el trabajo diario, el descanso espiritual y corporal, si se realizan en el Espíritu, incluso las molestias de la vida, si se llevan con paciencia, todo ello se convierte en sacrificios espirituales agradables a Dios por Jesucristo, que ellos ofrecen con toda piedad a Dios Padre en la celebración de la Eucaristía uniéndolos a la ofrenda del cuerpo del Señor. De esta manera, también los laicos, como adoradores que en todas partes llevan una conducta santa, consagran el mundo mismo a Dios» (C. Vat. II, Lum. gent. 34).
2,11-3,12Se reúnen ahora algunas indicaciones sobre la ejemplaridad que debe tener la actuación de los fieles en medio de un mundo hostil.
2,11-12Nuestra vida ejemplar de cristianos llevará a los que convivan con nosotros a adorar a Dios: «Alumbre así vuestra luz ante los hombres, para que vean vuestras buenas obras y glorifiquen a vuestro Padre, que está en los Cielos» (Mt 5,16).
2,13-17«El deber de obediencia impone a todos la obligación de dar a la autoridad los honores que le son debidos, y de rodear de respeto y, según su mérito, de gratitud y de benevolencia a las personas que la ejercen» (CCE 1900).
2,18-25Sufrir con paciencia penas injustas tiene su fundamento en el ejemplo de Cristo. Los vv. 21-25 forman un bellísimo himno a Cristo en la cruz, en el que se han cumplido las profecías del Siervo doliente contenidas en el libro de Isaías (52,13-53,12). Por grandes que sean los sufrimientos que los cristianos padezcamos, nunca serán tantos ni tan injustos como los del Señor. «Pastor y Guardián de vuestras almas» (v. 25). Las profecías mesiánicas sobre el Siervo doliente contienen la imagen del rebaño descarriado y disperso (cfr Is 53,6), al que alude Jesucristo al desarrollar la alegoría del Buen Pastor (Jn 10,11-16). Parece como si San Pedro, que había recibido el encargo de apacentar la grey del Señor (cfr Jn 21,15-19), tuviera especial afecto a estas imágenes.
Sagrada Biblia, traducida y anotada por la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra — © Ediciones Universidad de Navarra (EUNSA).
