Capítulo 4
IV. INSTRUCCIONES PASTORALES (4,1-6,21)
Actitud ante los falsos maestros (4,1-11)
1El Espíritu dice expresamente que en los últimos tiempos algunos renegarán de la fe, por prestar atención a espíritus seductores y enseñanzas diabólicas,
2engañados por la hipocresía de los embusteros, que tienen cauterizada su propia conciencia.
3Prohíben casarse, y mandan abstenerse de alimentos que Dios creó para que los tomen con agradecimiento los fieles y quienes han conocido la verdad.
4Porque todo lo creado por Dios es bueno y no hay que rechazar nada si se toma con agradecimiento,
5pues queda santificado por la palabra de Dios y la oración.
6Si les expones esto a los hermanos, serás un buen ministro de Cristo Jesús, nutrido con las palabras de fe y buena doctrina que has seguido con fidelidad.
7Y rechaza las fábulas profanas y los cuentos de viejas. Tú, ejercítate en la piedad.
8Porque el ejercicio corporal sirve de poco; en cambio, la piedad es útil para todo, pues contiene promesas para la vida presente y para la futura.
9Podéis estar seguros y aceptar plenamente esta verdad:
10nos fatigamos y luchamos porque tenemos puesta la esperanza en Dios vivo, que es Salvador de todos los hombres, principalmente de los fieles.
11Esto es lo que debes disponer y enseñar.
Consejos a Timoteo (4,12-16)
12Que nadie te menosprecie por tu juventud. Debes ser, más bien, un modelo para los fieles en el hablar, en el trato, en la caridad, en la fe y en la pureza.
13Hasta que yo llegue, pon cuidado en la lectura, la exhortación y la enseñanza.
14No descuides la gracia que hay en ti, que te fue conferida mediante la profecía junto con la imposición de manos del presbiterio.
15Medita estas cosas y pon atención en ellas, para que tu progreso sea patente a todos.
16Cuida de ti mismo y de la enseñanza. Persevera en esta disposición, pues actuando así te salvarás a ti mismo y a los que te escuchen.
Notas de la Facultad de Teología (4)
1,1-6,21Con esta carta dirigida a su discípulo Timoteo, a quien ha dejado al frente de la iglesia de Éfeso, San Pablo quiere ayudarle a cumplir bien su ministerio. Para ello le urge a la defensa de la recta doctrina (1,3-20) y le instruye sobre, la oración de la comunidad (2,1-15), sobre las cualidades de los ministros en la Iglesia (3,1-16), sobre el modo de enseñar y comportarse, y sobre la conducta de algunos cristianos en particular (4,1-6,1 9).
4,1-6,21Ahora el Apóstol se ocupa de situaciones concretas que incidían en la vida de la comunidad de Éfeso: falsos maestros, ancianos, viudas, presbíteros, esclavos, gente pudiente... El cuidado pastoral no puede pasar nada por alto.
4,1-11Para mantenerse firme en la doctrina, San Pablo le aconseja ejercitarse en la piedad. «La vida interior se robustece por la lucha en las prácticas diarias de piedad, que has de cumplir –más: ¡que has de vivir!– amorosamente, porque nuestro camino de hijos de Dios es de Amor. (S. Josemaría Escrivá, Forja 83).
4,12-16«La lectura, la exhortación y la enseñanza» (v. 13) se llevaban a cabo en las reuniones litúrgicas de los primeros cristianos. La ordenación sacerdotal se confería mediante la oración litúrgica («profecía») y la imposición de las manos. Los consejos del Apóstol enseñan la importancia de predicar también con el ejemplo de las obras: «Hablemos a través de ellas, al mostrarlas a los demás en nuestra vida. Es vivo el lenguaje, cuando son las obras las que hablan» (S. Antonio de Padua, Serm. en Lit. Horas, Of. lect. 13-VI).
Sagrada Biblia, traducida y anotada por la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra — © Ediciones Universidad de Navarra (EUNSA).
