Discípulos de San Juan Bautista en Éfeso (19,1-7)

1Mientras Apolo estaba en Corinto, Pablo recorrió las regiones altas y llegó a Éfeso. Encontró a algunos discípulos

2y les preguntó: —¿Habéis recibido el Espíritu Santo al abrazar la fe? —Ni siquiera hemos oído que haya Espíritu Santo —le respondieron.

3Él les replicó: —¿Entonces con qué bautismo habéis sido bautizados? —Con el bautismo de Juan –dijeron.

4Pablo contestó: —Juan bautizó con un bautismo de penitencia diciendo al pueblo que creyeran en el que iba a venir detrás de él, es decir, en Jesús.

5Cuando oyeron esto se bautizaron en el nombre del Señor Jesús.

6Al imponerles Pablo las manos, vino el Espíritu Santo sobre ellos, de modo que hablaban en lenguas y profetizaban.

7Eran entre todos unos doce hombres.

Predicación y milagros de San Pablo en Éfeso (19,8-20)

8Entró en la sinagoga y habló abiertamente durante tres meses, exponiendo lo referente al Reino de Dios y tratando de convencerles.

9Pero como algunos se endurecieron y no creyeron y maldecían el camino del Señor ante la multitud, se apartó de ellos y se separó con los discípulos, enseñando todos los días en la escuela de Tirano.

10Esto duró dos años, de forma que todos los habitantes de Asia, judíos y griegos, oyeron la palabra del Señor.

11Dios obraba por manos de Pablo milagros nada corrientes,

12de manera que hasta los pañuelos y las ropas que habían tocado su cuerpo, aplicados a los enfermos, hacían desaparecer las dolencias y expulsaban los espíritus malignos.

13Algunos exorcistas ambulantes judíos intentaron invocar el nombre del Señor Jesús sobre quienes tenían espíritus malos diciendo: —Os conjuro por ese Jesús que Pablo predica.

14Hacían esto siete hijos de un tal Esceva, de la aristocracia sacerdotal judía.

15Pero el espíritu maligno les replicó: —Conozco a Jesús y sé quién es Pablo, pero vosotros ¿quiénes sois?

16Y el hombre en quien estaba el espíritu maligno, abalanzándose sobre ellos, dominó a unos y otros y pudo con todos, de tal forma que huyeron de aquella casa desnudos y heridos. Quema de libros mágicos

17Todos los judíos y griegos que vivían en Éfeso se enteraron de esto; el temor se apoderó de todos y fue ensalzado el nombre del Señor Jesús.

18Muchos de los que habían creído venían para confesar y manifestar sus prácticas supersticiosas.

19Bastantes de los que cultivaban la magia trajeron sus libros y los quemaron delante de todos. Calcularon su valor y resultó ser de cincuenta mil monedas de plata.

20Y así la palabra del Señor se propagaba con fuerza y se robustecía.

Proyectos de viaje de San Pablo (19,21-40)

21Después de esto tuvo Pablo la inspiración de ir a Jerusalén a través de Macedonia y Acaya, y decía: —Después de ir allí debo ver también Roma.

22Envió a Macedonia a dos de sus colaboradores, Timoteo y Erasto, y él permaneció algún tiempo en Asia. Motín de los plateros de Éfeso

23Se produjo en aquella ocasión un alboroto no pequeño contra el Camino,

24pues cierto platero llamado Demetrio, que fabricaba reproducciones en plata del templo de Artemisa y proporcionaba a los orfebres abundantes ganancias,

25después de reunir a éstos y a los que eran del mismo oficio, dijo: —Amigos, sabéis que nuestro bienestar viene de este trabajo,

26y estáis viendo y oyendo que no sólo en Éfeso, sino en casi toda Asia, este Pablo ha apartado a mucha gente convenciéndoles de que no son dioses los que se fabrican con las manos.

27Con esto no sólo hay peligro de que caiga en descrédito nuestra profesión, sino también de que el templo de la gran diosa Artemisa sea tenido en nada y vaya a ser despojada de su majestad aquella a quien toda Asia y la tierra entera veneran.

28Al oír esto comenzaron a gritar llenos de furia: —¡Grande es la Artemisa de los efesios!

29La ciudad se llenó de confusión y todos a una se precipitaron hacia el teatro, arrastrando a los macedonios Gayo y Aristarco, compañeros de viaje de Pablo.

30Éste quiso presentarse al pueblo, pero los discípulos no se lo permitieron;

31e incluso algunos asiarcas que eran amigos enviaron a rogarle que no se arriesgase a ir al teatro.

32Unos gritaban una cosa y otros, otra. Estaba la asamblea confusa y la mayoría no sabía por qué se habían reunido.

33Hicieron salir entonces a Alejandro de entre la multitud, empujado por los judíos. Alejandro pidió silencio con la mano, para dar explicaciones a la gente;

34pero cuando supieron que era judío, todos a la vez gritaron durante unas dos horas: —¡Grande es la Artemisa de los efesios!

35Cuando el magistrado calmó a la turba, dijo: —Efesios, ¿qué hombre hay que no sepa que la ciudad de Éfeso es la guardiana del templo de la gran Artemisa y de su estatua bajada del cielo?

36Como esto es indiscutible, conviene que estéis tranquilos y no hagáis nada precipitadamente,

37pues habéis traído a estos hombres que no son sacrílegos ni blasfemos contra nuestra diosa.

38Si Demetrio y los orfebres que están con él tienen queja contra alguno, audiencias y procónsules hay: que presenten sus acusaciones unos y otros.

39Y si pretendéis algo más, debe resolverse en asamblea legal,

40porque corremos el peligro de ser acusados de sedición por lo de hoy, al no haber ninguna causa por la que podamos justificar este tumulto. Dicho esto, hizo disolver la asamblea.

Notas de la Facultad de Teología (5)

13,1-20,38En la perspectiva del libro de los Hechos entra el narrar cómo la salvación se extiende desde Jerusalén hasta los confines de la tierra. Pablo es el instrumento elegido por Dios para ello (cfr 9,1 5). En esta tercera parte se relatan sus viajes apostólicos extendiendo la predicación del Evangelio y fundando nuevas comunidades. Es de notar que, desde este momento, cobra una singular importancia la labor misionera de la iglesia de Antioquía; sin embargo, el libro de los Hechos no deja de señalar que cada nuevo impulso evangelizador pasa también por Jerusalén (9,26; 15,2; 20,16; 21,15).

18,23-20,38El tercer viaje apostólico de Pablo comienza, como los anteriores, en Antioquía y acaba con la partida del Apóstol hacia Jerusalén. El viaje fue largo. Lucas se centra sobre todo en la actividad desarrollada en Éfeso. Pablo recorre para empezar, las ciudades ya evangelizadas en las regiones de Galacia y Frigia, lo que le llevaría los meses finales del año 53, y primeros del 54. Marcha luego a Éfeso, donde permanece casi tres años y sufre toda clase de tribulaciones (cfr 2 Co 1,8), de forma que cuando escribe desde allí a los corintios, en la primavera del 57, puede decir: «Hasta el momento presente pasamos hambre, sed, desnudez, somos abofeteados, andamos errantes. (...) Hemos venido a ser hasta ahora como la basura del mundo, el desecho de todos» (1 Co 4,11.13). Aun en esas condiciones, o quizá por ellas, su apostolado fue fecundísimo y el mensaje cristiano llegó a toda el Asia proconsular: a ciudades importantes como Colosas, Laodicea, Hierápolis, etc., y a cientos de pueblos; por lo que San Pablo afirmaba: «Se me ha abierto una puerta amplia y prometedora» (1 Co 16,9). Él Apóstol abandona la ciudad como consecuencia del motín de los plateros, y marcha hacia Macedonia y Acaya para visitar las iglesias fundadas en el segundo viaje: Filipos, Tesalónica, Corinto. Aquí permaneció tres meses, el invierno entre los años 57 y 58. La vuelta a Jerusalén, adonde iba a llevar las colectas recibidas, se realiza por Macedonia, para esquivar una conjura de los judíos. Embarcó en Neápolis —el puerto cercano a Filipos– y tras algunas escalas en Tróade, Mileto —donde se reunió con los presbíteros que hizo venir desde Éfeso—, Tiro y Cesarea, consiguió llegar a Jerusalén para la fiesta de Pentecostés.

19,1-7La existencia en Éfeso de un grupo de discípulos que sólo habían recibido el bautismo de Juan presenta algunas dificultades de interpretación. Puede pensarse que estaban relacionados con las enseñanzas del Bautista –habían recibido su Bautismo–, y Pablo debió de considerarlos cristianos en un primer momento. Pero en el Nuevo Testamento la condición de Cristiano va unida siempre a la recepción del Bautismo de Jesucristo y a la posesión del Espíritu Santo (cfr 11,16: Jn 3,5; Rm 8,9: 1 Co 12,3; Ga 3,2; etc.), y éstos son los pasos que aquellos hombres dan a continuación (vv. 5-6). En todo caso, en esta escena, el texto señala (v. 6), como otras veces en el libro de los Hechos (cfr por ejemplo 3,1-10 y 14,8-18; 12,1-12 y 16,25-34; etc.), el paralelismo entre la labor de Pablo y la de Pedro (cfr 8,14-17).

19,8-20La actividad de Pablo en Éfeso es descrita por Lucas como un eco de la de Jesús en Galilea (vv. 11-12; cfr Mc 5,27-31), También en cuanto a la forma, con milagros que confirman las palabras, la acción de Pablo imita el proceder de Jesús: «¿Aprendieron los discípulos de Jesús a hacer milagros como su maestro y convencían así a sus oyentes, o no hicieron ellos tampoco milagros? Decir que no hicieron milagros de ninguna clase, y que, creyendo a ciegas (...), se entregaron a enseñar por todas partes una doctrina nueva, es cosa de todo punto absurda; porque ¿qué les daba ánimo para enseñar una doctrina que era una completa novedad? Y si también ellos hicieron milagros, ¿en qué cabeza cabe que unos magos se lanzaran a tantos peligros para implantar precisamente una doctrina que prohíbe la magia?» (Orígenes, Contra Cels 1,38).

19,21-40El éxito del apostolado de Pablo en Éfeso se muestra no sólo porque provoca la preocupación en los plateros que veían así disminuir sus ganancias, sino también por su relación cordial con los magistrados de Éfeso: los asiarcas (v. 31). El texto pone en contraste la actitud interesada de Demetrio y los plateros con la actitud más ponderada del magistrado (vv. 35-40). En las palabras del magistrado se puede percibir que la excelencia del mensaje cristiano es capaz de impresionar favorablemente a quienes lo examinan con buen sentido. Lucas menciona el término «Camino» (v. 23) para referirse al cristianismo y a la Iglesia (cfr 9,2; 22,4: 24,14.22). Probablemente era un término bastante usado por muchos cristianos de la época. Esta palabra «camino», tenía raigambre bíblica (cfr Dt 30,15-20), con el significado de conducta moral y religiosa e, incluso, de norma de conducta: «Se llama con razón «camino» a la predicación del Evangelio, pues es la ruta que conduce verdaderamente al Reino de los Cielos» (S. Juan Crisóstomo. Hom. in Act. 41,1).

Sagrada Biblia, traducida y anotada por la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra — © Ediciones Universidad de Navarra (EUNSA).

Hechos de los apóstoles 19 — Parroquia Jesús Obrero