IV. LOS «DIÁCONOS» Y SAN ESTEBAN (6,1-7-60)

Elección de los Siete (6,1-7)

1En aquellos días, al crecer el número de los discípulos, se levantó una queja de los helenistas contra los hebreos, porque sus viudas estaban desatendidas en la asistencia diaria.

2Los doce convocaron a la multitud de los discípulos y les dijeron: —No es conveniente que nosotros abandonemos la palabra de Dios para servir las mesas.

3Escoged, hermanos, de entre vosotros a siete hombres de buena fama, llenos de Espíritu y de sabiduría, a los que designemos para este servicio.

4Mientras, nosotros nos dedicaremos asiduamente a la oración y al ministerio de la palabra.

5La propuesta agradó a toda la asamblea y eligieron a Esteban, hombre lleno de fe y del Espíritu Santo, a Felipe, a Prócoro, a Nicanor, a Timón, a Parmenas y a Nicolás, prosélito de Antioquía.

6Los presentaron ante los apóstoles y orando les impusieron las manos.

7La palabra de Dios se propagaba, y aumentaba considerablemente el número de discípulos en Jerusalén, y gran cantidad de sacerdotes obedecían a la fe.

Prisión de San Esteban (6,8-15)

8Esteban, lleno de gracia y de poder, hacía grandes prodigios y señales entre el pueblo.

9Se levantaron a discutir con Esteban algunos de la sinagoga llamada de los libertos, de los cirenenses y alejandrinos, con otros de Cilicia y Asia.

10Pero no podían resistir la sabiduría y el Espíritu con que hablaba.

11Sobornaron entonces a unos hombres que dijeron: —Nosotros le hemos oído proferir palabras blasfemas contra Moisés y contra Dios.

12Amotinaron al pueblo, a los ancianos y a los escribas, y se presentaron de improviso para prenderle y llevarlo ante el Sanedrín.

13Presentaron testigos falsos que decían: —Este hombre no deja de proferir palabras contra este lugar santo y contra la Ley.

14Porque le hemos oído decir que ese Jesús, el Nazareno, destruirá este lugar y cambiará las costumbres que nos ha transmitido Moisés.

15Y al fijarse en él todos los que estaban sentados en el Sanedrín vieron que su rostro era como el de un ángel.

Notas de la Facultad de Teología (4)

1,12-7,60Los siete primeros capítulos del libro de los Hechos narran la vida de la Iglesia naciente en Jerusalén. Una vez elegido Matías para completar el grupo de los Doce (1,15-26), se relata la venida del Espíritu Santo en Pentecostés (2,1-13) y la primera predicación apostólica acerca de Jesucristo (2,14-41). La narración sigue con el crecimiento y la agrupación de la comunidad en torno a Pedro y a los demás Apóstoles. Milagros y hechos extraordinarios (3, 1-10; 5,1-16) acompañan la predicación de los Doce. Con unos sumarios intercalados a lo largo del texto (1,14; 2,42-47; 4,32-37; 5,12-16), Lucas describe la vitalidad espiritual de la primitiva Iglesia. El aumento progresivo de los fieles (2,42.47; 4,4; 5,11; 6,1) impone la elección de los Siete (6,1-7). La persecución que se desata contra la Iglesia y el martirio de Esteban (6,8-7,60) suponen la culminación de toda esta parte, y el desplazamiento de la acción a las regiones limítrofes con Judea (8,1ss.).

6,1-7-60Ahora se detiene San Lucas a propósito de los helenistas con argumentos semejantes a los de la anterior sección (cfr nota a 3,1-5,42). Los cristianos procedentes del helenismo tienen dificultades internas porque sus viudas son desatendidas (6, 1), y externas por la persecución de algunos de la sinagoga de los libertos (6,9). Lucas se complace en señalar detrás de todos estos acontecimientos la providencia de Dios. Las dificultades de los cristianos helenistas se solucionan con el nombramiento de «diáconos», y, del mismo modo que la persecución de los judíos acaba en un aumento de fieles y de sacerdotes conversos a la fe (6,7), la persecución acabará con el martirio de Esteban que será la semilla de la vocación de Saulo: «Si Esteban no hubiera orado a Dios la Iglesia no tendría a Pablo» (cfr S. Agustín, Serm. 315,7).

6,1-7En el comienzo de la sección se presentan dos grupos de discípulos, distinguidos según el estrato del que procedían antes de su conversión: helenistas y hebreos. Los helenistas eran judíos que habían nacido y vivido un tiempo fuera de Palestina. Hablaban griego y utilizaban sinagogas propias en las que se leían versiones griegas de la Sagrada Escritura. Poseían cierta cultura griega, a la que los hebreos no eran del todo ajenos. Los hebreos eran judíos nacidos en Palestina, que hablaban arameo y usaban la Biblia hebrea en el culto sinagogal. Esta distinción de grupos según su procedencia pervivió lógicamente durante un tiempo en la comunidad cristiana, pero no debe hablarse de división, y menos aun de oposición entre dos facciones del cristianismo primitivo. El capítulo narra la institución por los Apóstoles de «los Siete», que es el segundo grupo definido de discípulos –el primero está formado por «los Doce»–, al que se encomienda un ministerio en la Iglesia. Lucas empleará la palabra diaconía (servicio), pero no llama «diáconos» a los siete discípulos elegidos para «servir las mesas» (v. 2). Los escritores antiguos tampoco relacionan con los Siete a los diáconos –en sentido técnico posterior– que, junto a presbíteros y obispos, constituirán pronto en la Iglesia el orden jerárquico. No sabemos, por lo tanto, con seguridad, si el ministerio diaconal, tal como lo conocemos, deriva directamente de «los Siete». No debe descartarse, sin embargo, la posibilidad de que el ministerio aquí descrito haya contribuido a la institución del diaconado propiamente dicho.

6,8-15San Esteban es el primer mártir cristiano. De aquí que Lucas le dé tanto relieve: narra su muerte (cfr también 7,54-60) fijándose especialmente en el modo con que Esteban siguió a su Maestro, en las palabras y en las obras. Esteban tiene la sabiduría irresistible (v. 10) que Jesús había prometido a sus discípulos (cfr Lc 21,15). También, como Jesús (cfr Mt 26,57-68 y par.), es acusado por medio de un falso testimonio (vv. 11-14). Más tarde, antes de su muerte, Esteban (7,55-56) contempla la visión del Hijo del Hombre triunfante; la misma que había profetizado Jesús (cfr Mt 26,64 y par.). Finalmente, al igual que Cristo (cfr Lc 23,34.46), perdona a quienes le dan muerte y se abandona al designio de Dios (7,59-60): «Así convenía que fuese el primer mártir de Cristo, para que por ser, con su gloriosa muerte, modelo de los mártires venideros, no sólo hiciese de pregonero de la pasión del Señor, sino que le imitase también en mansedumbre e inmensa paciencia» (S. Cipriano, De bon. patient. 16). Con la expresión «sinagoga llamada de los libertos» (v. 9) parece que Lucas designa a aquellos judíos que procedían de regiones helenistas de la diáspora. Estos judíos son probablemente los mismos que poco después discutirán con Pablo y querrán matarle (9,29). Del mismo modo que ahora no pueden resistir la sabiduría de Esteban (v. 10), tampoco después podrán resistir la pujanza de la nueva fe.

Sagrada Biblia, traducida y anotada por la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra — © Ediciones Universidad de Navarra (EUNSA).

Hechos de los apóstoles 6 — Parroquia Jesús Obrero