Capítulo 6
Nadie es profeta en su tierra (6,1-6)
1Salió de allí y se fue a su ciudad, y le seguían sus discípulos.
2Y cuando llegó el sábado comenzó a enseñar en la sinagoga, y muchos de los que le oían decían admirados: —¿De dónde sabe éste estas cosas? ¿Y qué sabiduría es la que se le ha dado y estos milagros que se hacen por sus manos?
3¿No es éste el artesano, el hijo de María, y hermano de Santiago y de José y de Judas y de Simón? ¿Y sus hermanas no viven aquí entre nosotros? Y se escandalizaban de él.
4Y les decía Jesús: —No hay profeta que no sea menospreciado en su tierra, entre sus parientes y en su casa.
5Y no podía hacer allí ningún milagro; solamente sanó a unos pocos enfermos imponiéndoles las manos.
V. VIAJE DE JESÚS CON SUS APÓSTOLES (6,6-8,30)
Misión de los Apóstoles (6,6-13)
6Y se asombraba por su incredulidad. (Mt 10,5-15; Lc 9,1-6) Y recorría las aldeas de los contornos enseñando.
7Y llamó a los doce y comenzó a enviarlos de dos en dos, dándoles potestad sobre los espíritus impuros.
8Y les mandó que no llevasen nada para el camino, ni pan, ni alforja, ni dinero en la bolsa, sino solamente un bastón;
9y que fueran calzados con sandalias y que no llevaran dos túnicas.
10Y les decía: —Si entráis en una casa, quedaos allí hasta que salgáis de aquel lugar.
11Y si en algún sitio no os acogen ni os escuchan, al salir de allí sacudíos el polvo de los pies en testimonio contra ellos.
12Se marcharon y predicaron que se convirtieran.
13Y expulsaban muchos demonios, y ungían con aceite a muchos enfermos y los curaban. (Mt
Opiniones sobre Jesús (6,14-16)
14,1-2; Lc 9,7-9) 14 Llegó esto a oídos del rey Herodes, pues su nombre se había hecho famoso, y decía: —Juan el Bautista ha resucitado de entre los muertos, y por eso actúan en él unos poderes.
15Otros decían: —Es Elías. Otros, en fin, decían: —Es un profeta, igual que los demás profetas.
16Pero cuando lo oyó Herodes decía: —Éste es Juan, a quien yo decapité, que ha resucitado. (Mt 14,3-12; Lc 3,19-20)
Martirio de San Juan Bautista (6,17-29)
17En efecto, el propio Herodes había mandado apresar a Juan y le había encadenado en la cárcel a causa de Herodías, la mujer de su hermano Filipo; porque se había casado con ella
18y Juan le decía a Herodes: «No te es lícito tener a la mujer de tu hermano».
19Herodías le odiaba y quería matarlo, pero no podía:
20porque Herodes tenía miedo de Juan, ya que se daba cuenta de que era un hombre justo y santo. Y le protegía y al oírlo le entraban muchas dudas; y le escuchaba con gusto.
21Cuando llegó un día propicio, en el que Herodes por su cumpleaños dio un banquete a sus magnates, a los tribunos y a los principales de Galilea,
22entró la hija de la propia Herodías, bailó y gustó a Herodes y a los que con él estaban a la mesa. Le dijo el rey a la muchacha: —Pídeme lo que quieras y te lo daré.
23Y le juró varias veces: —Cualquier cosa que me pidas te daré, aunque sea la mitad de mi reino.
24Y, saliendo, le dijo a su madre: —¿Qué le pido? —La cabeza de Juan el Bautista –contestó ella.
25Y al instante, entrando deprisa donde estaba el rey, le pidió: —Quiero que enseguida me des en una bandeja la cabeza de Juan el Bautista.
26El rey se entristeció, pero por el juramento y por los comensales no quiso contrariarla.
27Y enseguida el rey envió a un verdugo con la orden de traer su cabeza. Éste se marchó, lo decapitó en la cárcel
28y trajo su cabeza en una bandeja, y se la dio a la muchacha y la muchacha la entregó a su madre.
29Cuando se enteraron sus discípulos, vinieron, tomaron su cuerpo muerto y lo pusieron en un sepulcro. Regreso de los Apóstoles (Mt 14,13-21; Lc 9,10-17; Jn 6,1-15)
Primera multiplicación de los panes (6,30-44)
30Reunidos los apóstoles con Jesús, le explicaron todo lo que habían hecho y enseñado.
31Y les dice: —Venid vosotros solos a un lugar apartado, y descansad un poco. Porque eran muchos los que iban y venían, y ni siquiera tenían tiempo para comer.
32Y se marcharon en la barca a un lugar apartado ellos solos.
33Pero los vieron marchar, y muchos los reconocieron. Y desde todas las ciudades, salieron deprisa hacia allí por tierra y llegaron antes que ellos.
34Al desembarcar vio una gran multitud y se llenó de compasión por ella, porque estaban como ovejas que no tienen pasto r, y se puso a enseñarles muchas cosas.
35Y cuando ya se hizo muy tarde, se acercaron sus discípulos y le dijeron: —Éste es un lugar apartado y ya es muy tarde;
36despídelos para que vayan a las aldeas y pueblos de alrededor, y compren algo de comer.
37Y les respondió: —Dadles vosotros de comer. Y le dicen: —¿Es que vamos a ir a comprar doscientos denarios de pan para darles de comer?
38Él les dijo: —¿Cuántos panes tenéis? Id a verlo. Y después de averiguarlo dijeron: —Cinco, y dos peces.
39Entonces les mandó que acomodaran a todos por grupos sobre la hierba verde.
40Y se sentaron en grupos de cien y de cincuenta.
41Tomando los cinco panes y los dos peces, levantó los ojos al cielo, pronunció la bendición, partió los panes y empezó a dárselos a sus discípulos para que los distribuyesen; también repartió los dos peces para todos.
42Comieron todos hasta que quedaron satisfechos.
43Y recogieron doce cestos llenos de los trozos de pan y de los peces.
44Los que comieron los panes eran cinco mil hombres. (Mt 14,22-33; Jn 6,16-21)
Jesús camina sobre las aguas (6,45-52)
45Y enseguida mandó a sus discípulos que subieran a la barca y que se adelantaran a la otra orilla junto a Betsaida, mientras él despedía a la multitud.
46Y después de despedirlos, se retiró al monte a orar.
47Cuando se hizo de noche, la barca estaba en medio del mar, y él solo en tierra.
48Y viéndoles remar con gran fatiga, porque el viento les era contrario, hacia la cuarta vigilia de la noche vino a ellos andando sobre el mar, e hizo ademán de pasar de largo.
49Ellos, cuando lo vieron andando sobre el mar, pensaron que era un fantasma y empezaron a gritar.
50Pues todos le habían visto y se habían asustado. Pero al instante él habló con ellos, y les dijo: —Tened confianza, soy yo, no tengáis miedo.
51Y subió con ellos a la barca y se calmó el viento. Entonces se quedaron mucho más asombrados;
52porque no habían entendido lo de los panes, ya que su corazón estaba endurecido.
Curaciones en Genesaret (6,53-56)
Mt 14,34-36
53Acabaron la travesía hasta la costa, llegaron a Genesaret y atracaron.
54Cuando bajaron de la barca, enseguida lo reconocieron.
55Y recorrían toda aquella región, y adonde oían que estaba él le traían sobre las camillas a todos los que se sentían mal.
Mt 15,1-20
56Y en cualquier lugar que entraba, en pueblos o en ciudades o en aldeas, colocaban a los enfermos en las plazas, y le suplicaban que les dejase tocar al menos el borde de su manto; y todos los que le tocaban quedaban sanos.
Notas de la Facultad de Teología (10)
1,14-8,30El Evangelio de Marcos es semejante en su estructura a la primera predicación de los Apóstoles: «Vosotros sabéis lo ocurrido por toda Judea, comenzando por Galilea, después del bautismo que predicó Juan: cómo a Jesús de Nazaret le ungió Dios con el Espíritu Santo y poder, y cómo pasó haciendo el bien y sanando a todos los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él» (Hch 10,37-38). En esta primera parte (1,14-8,30) el evangelista nos va describiendo la actividad docente y curativa de Jesús por Galilea y regiones vecinas. Ante sus milagros y sus palabras, las gentes se preguntan: «¿Quién es éste?», (cfr 1,27; 2,7.12; 3,32; 4,41; 6,2.14-16, etc.) y no aciertan a descubrirlo. Sólo San Pedro (cfr 8,29) sabrá hacerlo confesando que Jesús es el Mesías. Pero, aun entonces, Jesús pide a sus discípulos que no lo proclamen porque su mesianismo debe pasar por la cruz.
4,35-6,6Tras la enseñanza en parábolas, Marcos narra una serie de milagros. La sección se abre y se cierra con dos pasajes en los que se plantea la pregunta central del evangelio: «¿Quién es éste?» (cfr 4,41; 6,2-3). Los discípulos van madurando una respuesta que expresará después San Pedro (cfr 8,29). Entretanto, con la admiración cada vez mayor de los discípulos y de las gentes (cfr 4,41; 5,20.42; 6,2), la confesión de los demonios no aceptada por Jesús (cfr 5,7) y el escándalo de sus paisanos (cfr 6,3), los lectores somos invitados continuamente a ratificar nuestra fe en Jesucristo.
6,1-6El pasaje de la estancia de Jesús en Nazaret culmina una sección en la que se pone en contraste la fe de Jairo y de la hemorroísa (5,21-43) con la falta de fe de sus discípulos (4,35-41) y de sus paisanos (vv. 1-6). Con todo, estos versículos nos informan de lo que fue la vida de Jesús durante la mayor parte de su existencia terrena: la vida cotidiana de un artesano, con su familia, que comparte con sus conciudadanos las condiciones ordinarias de la vida: «Vuestra vocación humana es parte, y parte importante, de vuestra vocación divina. Esta es la razón por la cual os tenéis que santificar, contribuyendo al mismo tiempo a la santificación de los demás, de vuestros iguales, precisamente santificando vuestro trabajo y vuestro ambiente: esa profesión u oficio que llena vuestros días, que da fisonomía peculiar a vuestra personalidad humana, que es vuestra manera de estar en el mundo» (S. Josemaría Escrivá, Hom. 1. 46).
6,6-8,30La actividad de Jesús en Galilea se prolonga ahora con la de los discípulos (6,6-13). Galilea era, en tiempos de Jesús, una región con características étnicas y geográficas peculiares. En sus ciudades convivían judíos y paganos y las condiciones de vida –trabajo, comercio, etc.– determinaban un estrecho contacto con regiones vecinas pobladas por personas no judías. Con su presencia en estas tierras limítrofes (7,24-8,9), iniciada ya antes (cfr 5,1-20), Jesús está indicando que, aunque su misión se dirige primero a los Hijos de Israel (cfr 7,27) su alcance es universal. De otra parte, las gentes siguen preguntándose quién es Jesús (cfr. 6,14-16; 8,27-28). En los pasajes anteriores, el evangelista ha mostrado que los demonios lo saben (cfr 1,24.34; 3,11-12; 5,7), pero Cristo no reconoce su testimonio porque quiere que sean los hombres quienes le confiesen como Mesías. Cuando eso acontece con la confesión de Pedro (8,29), comienza una nueva fase del evangelio en la que el Maestro adoctrina a sus discípulos sobre el sentido redentor de su mesianismo.
6,6-13Tras estar un tiempo con Jesús, los Doce son enviados a evangelizar. Esta misión hay que entenderla a la luz del envío a todas las gentes (16,15-18) de la que es como un anticipo y teniendo presente la predicación de Cristo (1,14-15), de la que es un eco. San Marcos recoge aquí (v. 13) la unción con óleo a los enfermos. La Iglesia ve «insinuado» en este gesto el sacramento de la Unción de los enfermos, instituido por el Señor, y más tarde, «recomendado y promulgado a los fieles por Santiago apóstol (cfr St 5,14ss.)» (C. de Trento, De Extrem. Unct. 1).
6,14-16Marcos proclama en el comienzo del evangelio quién es Jesús: el Cristo, el Hijo de Dios. También el Padre lo declara en el episodio del Bautismo. Sin embargo –excluidos los demonios de quienes Jesús no acepta el testimonio– los personajes que se encuentran con Él se maravillan ante sus acciones, pero no aciertan en su verdadera identidad (cfr 1,27; 2,7.12; 4,41; etc.). Estos versículos representan un punto más de este proceso que culminará (cfr 8,29) en la confesión de Pedro. Pero, aun entonces, Jesús tendrá que seguir formando a sus discípulos en la naturaleza de su misión como Mesías.
6,17-29El origen del Evangelio de San Marcos se encuentra en la predicación apostólica. Parece que el evangelista no tiene noticias de la actividad de Jesús durante el tiempo que estuvo separado de sus discípulos y llena ese espacio con la narración del martirio del Bautista. Este relato, situado en el marco de la misión apostólica, nos indica a los lectores del evangelio que la suerte del cristiano será muchas veces semejante a la del Bautista o a la del mismo Cristo: la predicación y el testimonio del Evangelio será eficaz en muchas almas, pero no por eso el cristiano dejará de estar sometido a las veleidades de los poderosos: «Los mártires, y de manera más amplia todos los santos en la Iglesia, con el ejemplo elocuente y fascinador de una vida transfigurada totalmente por el esplendor de la verdad moral, iluminan cada época de la historia despertando el sentido moral» (Juan Pablo II, Verit. spl. 93).
6,30-44Se percibe aquí la intensidad del ministerio público de Jesús. Era tal su dedicación que, por dos veces (cfr 3,20), el evangelista hace notar que no tenían tiempo ni de comer. Los Apóstoles participan también de esta entrega a los demás: tras las agotadoras jornadas de la misión apostólica, Jesús quiere llevarlos a descansar, pero las muchedumbres no se lo permiten. La actitud de Cristo en el pasaje de la multiplicación de los panes es ejemplar para el cristiano. Ante la muchedumbre desperdigada se llena de compasión y les da un doble alimento: el espiritual de su enseñanza y el material del alimento corporal. Estas acciones de Jesús son grandemente significativas, ya que con ellas señala el cumplimiento de las profecías (cfr Ez 34,1-31), según las cuales Dios mismo iba a ser el pastor de su pueblo guiándolo y alimentándolo. Al mismo tiempo, la escena es una figura del nuevo Pueblo de Dios, la Iglesia, que se alimenta de la palabra de Cristo y del pan de la Eucaristía.
6,45-52Las acciones de Jesús manifiestan su poder divino. Ésta es la explicación verdadera de los milagros que realiza y lo que los Apóstoles van descubriendo. «Aquí Jesús, caminando sobre las aguas, ofrece una nueva «señal» de su presencia, y asegura una vigilancia constante sobre sus discípulos y su Iglesia» (Juan Pablo II, Aloc, 25-XI-1987).
6,53-56Desde 4,35 hasta aquí, prácticamente todos los acontecimientos relatados se sitúan en distintos viajes alrededor del mar de Galilea. Este sumario final resume dos de las notas que han presidido esta parte: sus milagros y, frente a la perplejidad de los discípulos, el reconocimiento de Jesús por parte de la gente.
Sagrada Biblia, traducida y anotada por la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra — © Ediciones Universidad de Navarra (EUNSA).
