Capítulo 21
X. PURIFICACIÓN DEL TEMPLO Y CONTROVERSIAS (21,1-23,39)
Entrada del Mesías en la Ciudad Santa (21,1-11)
1Al acercarse a Jerusalén y llegar a Betfagé, junto al Monte de los Olivos, Jesús envió a dos de sus discípulos,
2diciéndoles: —Id a la aldea que tenéis enfrente y encontraréis enseguida un asna atada, con un borrico al lado; desatadlos y traédmelos.
3Si alguien os dice algo, le responderéis que el Señor los necesita y que enseguida los devolverá.
4Esto sucedió para que se cumpliera lo dicho por medio del Profeta:
5Decid a la hija de Sión: «Mira, tu Rey viene hacia ti con mansedumbre, sentado sobre un asna, sobre un borrico, hijo de animal de carga ».
6Los discípulos marcharon e hicieron como Jesús les había ordenado.
7Trajeron el asna y el borrico, pusieron sobre ellos los mantos y él se montó encima.
MINISTERIO DE JESÚS EN JERUSALÉN (§ 21,8-28,20)
8Una gran multitud extendió sus propios mantos por el camino; otros cortaban ramas de árboles y las echaban por el camino.
9Las multitudes que iban delante de él y las que seguían detrás gritaban diciendo: —¡Hosanna al Hijo de David! ¡Bendito el que viene en nombre del Señor! ¡Hosanna en las alturas!
10Al entrar en Jerusalén, se conmovió toda la ciudad y se preguntaban: —¿Quién es éste?
11—Éste es el profeta Jesús, el de Nazaret de Galilea –decía la multitud. (Mc 11,15-19; Lc 19,45-48; Jn 2,13-25)
Jesús en el Templo (21,12-17)
12Entró Jesús en el Templo y expulsó a todos los que vendían y compraban en el Templo; volcó las mesas de los cambistas y los puestos de los que vendían palomas,
13mientras les decía: —Escrito está: Mi casa será llamada casa de oració n, pero vosotros la estáis convirtiendo en una cueva de ladrone s.
14Mientras estaba en el Templo, se acercaron a él ciegos y cojos y los curó.
15Los príncipes de los sacerdotes y los escribas, al ver los milagros que hacía y a los niños que aclamaban en el Templo y decían: «Hosanna al Hijo de David», se indignaron
16y le dijeron: —¿Oyes lo que dicen éstos? —Sí –les respondió Jesús–. ¿No habéis leído nunca: De la boca de los pequeños y de los niños de pecho te preparaste la alabanz a?
17Y los dejó, salió fuera de la ciudad, a Betania, y allí pasó la noche.
Maldición de la higuera (21,18-22)
Mc 11,12-14.20-25
18Muy de mañana, cuando volvía a la ciudad, sintió hambre.
19Viendo una higuera junto al camino, se acercó, pero no encontró en ella nada más que hojas. Y le dijo: —Que nunca jamás brote de ti fruto alguno. Y al instante se secó la higuera.
20Al ver esto los discípulos se maravillaron y dijeron: —¿Cómo tan de repente se ha secado la higuera?
21Jesús les dijo: —En verdad os digo que si tenéis fe y no dudáis, no sólo haréis lo de la higuera, sino que incluso si le decís a este monte: «Arráncate y échate al mar», se hará.
22Y todo cuanto pidáis con fe en la oración lo recibiréis. (Mc 11,27-33; Lc 20,1-8)
Potestad de Jesús (21,23-27)
23Llegó al Templo, y mientras estaba enseñando se le acercaron los príncipes de los sacerdotes y los ancianos del pueblo, y le preguntaron: —¿Con qué potestad haces estas cosas? ¿Y quién te ha dado tal potestad?
24Jesús les respondió: —También yo os voy a hacer una pregunta; si me la contestáis, entonces yo os diré con qué potestad hago estas cosas.
25El bautismo de Juan ¿de dónde era?, ¿del cielo o de los hombres? Ellos deliberaban entre sí: «Si decimos que del cielo, nos replicará: «¿Por qué, pues, no le creísteis?»
26Si decimos que de los hombres, tememos a la gente; pues todos tienen a Juan por profeta».
27Y respondieron a Jesús: —No lo sabemos. Entonces él les dijo: —Pues tampoco yo os digo con qué potestad hago estas cosas.
Parábola de los dos hijos (21,28-46)
28¿Qué os parece? Un hombre tenía dos hijos; dirigiéndose al primero, le mandó: «Hijo, vete hoy a trabajar en la viña».
29Pero él le contestó: «No quiero». Sin embargo se arrepintió después y fue.
30Se dirigió entonces al segundo y le dijo lo mismo. Éste le respondió: «Voy, señor»; pero no fue.
31¿Cuál de los dos hizo la voluntad del padre? —El primero –dijeron ellos. Jesús prosiguió: —En verdad os digo que los publicanos y las meretrices van a estar por delante de vosotros en el Reino de Dios.
32Porque vino Juan a vosotros con un camino de justicia y no le creísteis; en cambio, los publicanos y las meretrices le creyeron. Pero vosotros, ni siquiera viendo esto os arrepentisteis después para poder creerle. Parábola de los viñadores homicidas (Mc 12,1-12; Lc 20,9-19)
33Escuchad otra parábola: —Había un hombre, dueño de una propiedad, que plantó una viña, la rodeó de una cerca y cavó en ella un lagar, edificó una torre, la arrendó a unos labradores y se marchó lejos de allí.
34Cuando se acercó el tiempo de los frutos, envió a sus siervos a los labradores para recibir sus frutos.
35Pero los labradores agarraron a los siervos y a uno lo golpearon, a otro lo mataron y a otro lo lapidaron.
36De nuevo envió a otros siervos, más numerosos que los primeros, pero les hicieron lo mismo.
37Por último les envió a su hijo, pensando: «A mi hijo lo respetarán».
38Pero los labradores, al ver al hijo, se dijeron: «Este es el heredero. Vamos, lo mataremos y nos quedaremos con su heredad».
39Y lo agarraron, lo sacaron fuera de la viña y lo mataron.
40Cuando venga el amo de la viña, ¿qué hará con aquellos labradores?
41Le contestaron: —A esos malvados les dará una mala muerte, y arrendará la viña a otros labradores que le entreguen los frutos a su tiempo.
42Jesús les dijo: —¿Acaso no habéis leído en las Escrituras: La piedra que rechazaron los constructores, ésta ha llegado a ser la piedra angula r. Es el Señor quien ha hecho esto y es admirable a nuestros ojo s?
43»Por esto os digo que se os quitará el Reino de Dios y se entregará a un pueblo que rinda sus frutos.
44y quien caiga sobre esta piedra se despedazará, y al que le caiga encima lo aplastará.
45Al oír los príncipes de los sacerdotes y los fariseos sus parábolas, comprendieron que se refería a ellos.
Lc 14,15-24
46Y aunque querían prenderlo, tuvieron miedo a la multitud, porque lo tenían como profeta.
Notas de la Facultad de Teología (7)
21,8-28,20Los evangelios sinópticos presentan el mismo esquema y los mismos motivos al narrar las últimas jornadas de la vida terrena de Jesús. Comienza el relato con una manifestación mesiánica de Cristo y con la purificación del Templo (21,1-22). Las controversias con los judíos dan razón de los motivos por los que después Jesús será condenado (21,23-23,39), y el llamado Discurso Escatológico completa las enseñanzas (24,1-25,46). La narración cobra especial intensidad cuando se detiene en las últimas horas de la vida de Jesús: su ofrecimiento a la voluntad del Padre (26,26-46), su prendimiento, proceso y condena (26,47-27,31), su muerte (27,32-66) y su resurrección (28,1-20). En este marco, el relato de Mateo destaca algunas notas: la entrega serena del Señor a su misión de Siervo doliente, el rechazo de Israel a los planes de Dios, etc.
21,1-23,39Las controversias de Jesús con los jefes religiosos nos informan de los motivos que llevaron a Jesús a la muerte. Pero hay una causa de fondo que une los episodios de esta sección: Israel no ha sido capaz de corresponder al don de Dios y por eso Dios fundará un nuevo pueblo que dé frutos (21,43). Con todo, las palabras del Señor son también una advertencia para quienes formamos ese nuevo pueblo que es la Iglesia: como expondrá después Jesús en las parábolas del cap. 25, la fidelidad al don de Dios se manifiesta siempre en obras.
21,1-11La entrada triunfal de Jesús en Jerusalén refleja su manifestación como Rey Mesías. Mateo ve en la presencia del asna atada con su borrico (v. 2) el cumplimiento de la profecía de Zacarías (v. 5; cfr Za 9,9). En esta profecía se describe al futuro Mesías como justo, salvador, humilde. Los Santos Padres han visto en este episodio un simbolismo: el asna madre representaría al judaísmo, sometido al yugo de la Ley, mientras que el borriquillo sería la gentilidad. Jesús introduce a unos y otros en la Iglesia, la nueva Jerusalén.
21,12-17Del primer día en Jerusalén, Mateo recoge tres señales mesiánicas que realizó Jesús en el Templo: la purificación de Templo (vv. 12-13; cfr nota a Mc 11,12-25); las curaciones (v. 14) y la alabanza a Dios de los humildes (cfr v. 16), insinuada en el Salmo 8, que Jesús ve cumplida en las aclamaciones de los niños. El evangelista, al contar este último episodio, deja entrever la divinidad de Jesucristo.
21,18-22Cfr nota a Mc 11,12-25.
21,23-27Cfr nota a Mc 11,27-33.
21,28-46Con estas dos parábolas se refiere el Señor al rechazo de Israel a su Dios y a la decisión divina de crear un nuevo pueblo (v. 43). La parábola de los dos hijos sólo viene narrada en Mateo y subraya la necesidad de la conversión (v. 32): Israel es como el hijo que dijo sí a Dios pero luego no creyó y no dio frutos (cfr v. 30), en cambio los pecadores que se convierten ante los signos de Dios (v. 32) cumplen la voluntad del Padre y entran en el Reino de Dios (v. 31). La parábola de los viñadores homicidas es como un compendio de la historia de la salvación (cfr nota a Mc 12,1-12). Mateo es el único evangelista que al narrar la parábola habla de «un pueblo que rinda sus frutos» (v. 43), aludiendo a la Iglesia, nuevo Pueblo de Dios: «El pueblo de Israel según la carne, que marchaba por el desierto, se llamaba ya Iglesia. [cf. 2 Esdr 13,1; Núm 20,4; Deut 23,1 ss.] De la misma manera, el nuevo Israel, que camina en este mundo en busca de su ciudad futura permanente, recibe también el nombre de Iglesia de Cristo. En efecto, Él la adquirió con su sangre, la llenó de su Espíritu y le dio los medios apropiados para ser una comunidad visible y social» (C. Vat. II, Lum. gent. 9).
Sagrada Biblia, traducida y anotada por la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra — © Ediciones Universidad de Navarra (EUNSA).
