Capítulo 16
Recomendaciones y saludos (16,1-23)
1Os recomiendo a Febe, nuestra hermana, que está al servicio de la iglesia de Céncreas,
2para que la recibáis en el Señor de manera digna de los santos, y la ayudéis en lo que pueda necesitar de vosotros: porque también ella asistió a muchos y, en particular, a mí.
3Saludad a Prisca y Aquila, mis colaboradores en Cristo Jesús,
4que expusieron sus cabezas para salvar mi vida, a quienes damos gracias no sólo yo sino también todas las iglesias de los gentiles,
5y saludad a la iglesia que se reúne en su casa. Saludad a Epéneto, amadísimo mío, primicia de Asia para Cristo.
6Saludad a María, que se ha esforzado mucho por vosotros.
7Saludad a Andrónico y Junia, mis parientes y compañeros de cautividad, que gozan de gran consideración entre los apóstoles y que llegaron a ser cristianos antes que yo.
8Saludad a Ampliato, amadísimo mío en el Señor.
9Saludad a Urbano, nuestro colaborador en Cristo, y a mi amadísimo Estaquis.
10Saludad a Apeles, de fe probada en Cristo.
11Saludad a los de la casa de Aristóbulo. Saludad a Herodión, mi pariente. Saludad a los de la casa de Narciso que creen en el Señor.
12Saludad a Trifena y a Trifosa, que trabajan en el Señor. Saludad a la amadísima Pérside, que trabajó mucho en el Señor.
13Saludad a Rufo, escogido en el Señor, y a su madre, que es también mía.
14Saludad a Asíncrito, Flegonta, Hermes, Patrobas, Hermas y a los hermanos que están con ellos.
15Saludad a Filólogo y a Julia, a Nereo y a su hermana, y a Olimpas, y a todos los santos que están con ellos.
16Saludaos unos a otros con el beso santo. Os saludan todas las iglesias de Cristo.
17Os ruego, hermanos, que tengáis cuidado con los que producen discordia y escándalos contra la doctrina que aprendisteis. Alejaos de ellos,
18pues ésos no sirven a Cristo, nuestro Señor, sino a su propio vientre, y mediante palabras dulces y aduladoras seducen los corazones de los ingenuos.
19Vuestra obediencia ha llegado al conocimiento de todos; por eso me alegro por vosotros, pero quisiera que fuerais sabios para el bien y sencillos, en cambio, para el mal.
20El Dios de la paz aplastará rápidamente a Satanás bajo vuestros pies. La gracia de nuestro Señor Jesucristo esté con vosotros.
21Os saluda Timoteo, mi colaborador, y Lucio y Jasón y Sosípatro, mis parientes.
22Os saludo yo, Tercio, que he escrito esta carta en el Señor.
23Os saluda Gayo, que nos hospeda a mí y a toda la iglesia. Os saluda Erasto, el tesorero de la ciudad, y Cuarto, nuestro hermano. (
Doxología (16,25-27)
25Al que tiene el poder de confirmaros según mi evangelio y la predicación de Jesucristo, según la revelación del misterio oculto por los siglos eternos,
26pero ahora manifestado a través de las Escrituras proféticas conforme al designio del Dios eterno, dado a conocer a todas las gentes para la obediencia de la fe,
27a Dios, el único sabio, a Él la gloria por medio de Jesucristo por los siglos de los siglos. Amén.
16,24 no lo traen los manuscritos más antiguos y esta edición lo deja en blanco.
Notas de la Facultad de Teología (3)
15,14-16,27San Pablo, a modo de epílogo, explica ante todo por qué ha escrito a los cristianos de Roma (15,14-21), expone luego sus futuros planes (15,22-33) y termina con una larga y afectuosa serie de recomendaciones y saludos (16,1-24). Las últimas palabras son una alabanza a Dios, por medio de Jesucristo (16,25-27). Concluye así su carta como la había empezado: en el nombre de Dios y de Jesucristo.
16,1-23La larga serie de afectuosos saludos pone de relieve que los primeros cristianos constituían una gran familia y que realmente se consideraban y se trataban como «hermanos». Por los nombres que se mencionan se puede deducir que había entre ellos gentes de diversas regiones y culturas: de Asia Menor y de Grecia, latinos, judíos, etc.; de condición humilde, esclavos y libertos; de buena posición social como Prisca, Aristóbulo y Narciso. En definitiva, personas de todas las clases sociales unidas por la misma fe y por el vínculo de la caridad, «familias que vivieron de Cristo y que dieron a conocer a Cristo. Pequeñas comunidades cristianas, que fueron como centros de irradiación del mensaje, evangélico. Hogares iguales a los otros hogares de aquellos tiempos, pero animados de un espíritu nuevo que contagiaba a quienes los conocían y los trataban. Eso fueron los primeros cristianos, y eso hemos de ser los cristianos de hoy: sembradores de paz y de alegría, de la paz y de la alegría que Jesús nos ha traído» (S. Josemaría Escrivá, Hom. 1. 30). Febe (vv. 1-2) fue la portadora de la carta. Era de Céncreas, el puerto oriental de Corinto, por lo que también se deduce que fue en esta ciudad donde Pablo escribió la epístola. Rufo (v. 13) quizá sea uno de los hijos de Simón Cireneo (cfr Mc 15,21). La advertencia de los vv. 17-18 se refiere probablemente a los predicadores judaizantes, que querían mantener la distinción de alimentos y otros preceptos judaicos y que se introducían en las comunidades cristianas haciendo alarde de religiosidad y predicando un estilo de vida que presentaban como más perfecto. Algunos manuscritos añaden el v. 24: «Que la gracia de nuestro Señor Jesucristo esté con todos vosotros. Amén».
16,25-27A diferencia de otras cartas, San Pablo termina ésta dirigiendo una grandiosa alabanza, o doxología, a Dios omnipotente y sabio por medio de Jesucristo. Un papiro muy antiguo la coloca en 15,33; otros manuscritos la colocan, en cambio, al final del cap. 14, repitiéndola también como conclusión de la epístola. Probablemente estos cambios se debieron a la lectura litúrgica de la carta que prescindía habitualmente de los caps. 15 y 16 por ser de carácter más familiar.
Sagrada Biblia, traducida y anotada por la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra — © Ediciones Universidad de Navarra (EUNSA).
