Entender la Misa
Qué se dice, y por qué
El Ordinario de la Misa, paso a paso. Para conocerla y prepararla con calma —no para seguirla desde el teléfono mientras se celebra.
En gris y en cursiva va lo que hace quien preside; en azul, lo que responde la asamblea. Lo demás son las oraciones de la celebración.
Ritos iniciales
Reunido el pueblo, el sacerdote se dirige al altar, con los ministros, mientras se entona el canto de entrada.
Cuando llega al altar, habiendo hecho con los ministros una inclinación profunda, venera el altar con un beso y, si es oportuno, inciensa la cruz y el altar. Después se dirige con los ministros a la sede.
Terminado el canto de entrada, el sacerdote y los fieles, de pie, se santiguan con la señal de la cruz, mientras el sacerdote, vuelto hacia el pueblo, dice:
En el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.
Después el sacerdote, extendiendo las manos, saluda al pueblo, diciendo:
La gracia de nuestro Señor Jesucristo,
el amor de Dios Padre
y la comunión del Espíritu Santo
estén con todos ustedes
O bien
La gracia y la paz de parte de Dios, nuestro Padre, y Jesucristo el Señor, estén con todos ustedes.
O bien
El Señor esté con ustedes.
El obispo, en vez de las anteriores fórmulas, en este primer saludo dice:
La paz esté con ustedes.
Y con tu espíritu.
También pueden usarse otras fórmulas de saludos propias de cada tiempo.
TIEMPO DE ADVIENTO
El Señor, que viene a salvarnos,
esté con todos ustedes.
O bien
Que la salvación que está cerca de nosotros porque llega Cristo, los haga crecer en la esperanza que no defrauda y esté ahora y siempre con ustedes.
O bien
El Señor todopoderoso, el que era, el que es y el que vendrá, acreciente en ustedes el deseo de su Venida y esté siempre con ustedes.
TIEMPO DE NAVIDAD
La paz y el amor de Dios, nuestro Padre, que se han manifestado en Cristo, nacido para nuestra salvación, estén con todos ustedes.
O bien
Que la gracia del Señor Jesús, el Verbo hecho carne en María siempre virgen, permanezca siempre con ustedes.
O bien
(Sagrada Familia):
Bendigamos a Dios que nos reúne en la Familia de Jesús, y que su amor de Padre esté constantemente con ustedes.
O bien
(Octava de Navidad):
Que la gracia y la paz de Cristo, el Señor, Hijo de Dios e hijo de María, estén con todos ustedes.
O bien
(Epifanía):
Que el Dios invisible, hecho visible en Jesucristo, su Hijo hecho hombre, se les manifieste plenamente, y que el resplandor de su luz permanezca ahora y siempre con ustedes.
TIEMPO DE CUARESMA
La gracia y el amor de Jesucristo,
que nos llama a la conversión,
esté con todos ustedes.
O bien
Que el Espíritu de Dios nos ayude a responder dócilmente a su llamado penitencial, y que su gracia salvadora permanezca con cada uno de ustedes.
O bien
Que el Señor Jesús los encamine hacia el amor de Dios Padre y les dé la perseverancia para renovar su compromiso bautismal, y que su amor misericordioso descienda y esté con todos ustedes.
O bien
De parte de Dios Padre y de Jesucristo, que nos amó y nos purificó de nuestros pecados con su sangre, gracia y paz a todos ustedes.
O bien
(Domingo de Ramos):
Sean bienvenidos a esta celebración, y que Cristo muerto y resucitado por nuestra salvación y la del mundo entero permanezca ahora y siempre con ustedes.
TIEMPO PASCUAL
El Dios de la Vida, que ha resucitado a Jesucristo rompiendo las ataduras de la muerte, esté con todos ustedes.
O bien
Bendito sea Dios, que en su gran misericordia nos hizo renacer por la Resurrección de Jesucristo; que su gracia salvadora esté siempre con ustedes.
O bien
Hemos resucitado con Jesús: que la esperanza de ser glorificados con él acreciente nuestra alegría y permanezca constantemente con ustedes.
O bien
Que el gozo y la paz de nuestro Buen Pastor resucitado nos acompañe en esta celebración, y estén con cada uno de ustedes.
O bien
Jesús resucitado vive entre nosotros. Que su presencia salvadora nos anime en este tiempo pascual y permanezca con todos ustedes.
O bien
(Ascención del Señor):
Que Jesús resucitado y glorificado a la derecha del Padre interceda por nosotros y permanezca con cada uno de ustedes.
O bien
(Domingo de Pentecostés):
Que el Espíritu de Jesús resucitado descienda abundantemente sobre nosotros y sobre todo el mundo, y que sus dones nos renueven y estén siempre con ustedes.
TIEMPO «DURANTE EL AÑO»
El Señor, que dirige nuestros corazones para que amemos a Dios, esté con todos ustedes.
O bien
La paz, la caridad y la fe, de parte de Dios Padre, y de Jesucristo, el Señor, estén con todos ustedes.
O bien
El Dios de la esperanza, que por la acción del Espíritu Santo nos llena con su alegría y con su paz, permanezca siempre con todos ustedes.
O bien
Queridos hermanos: «Que Dios los llene de alegría y de paz en la fe» y que su Espíritu Santo esté constantemente con ustedes.
El sacerdote o el diácono, u otro ministro, puede hacer una monición muy breve para introducir a los fieles en la Misa del día.
Acto penitencial
El domingo, especialmente en el tiempo pascual, en lugar del acto penitencial habitual, en algunas ocasiones puede hacerse la bendición y aspersión del agua en memoria del Bautismo, como aparece en el Apéndice II.
A continuación se hace el acto penitencial, al que el sacerdote invita a los fieles, diciendo:
I
Hermanos:
Para celebrar dignamente estos sagrados misterios, reconozcamos nuestros pecados.
O bien
El Señor Jesús, que nos invita a la mesa de la Palabra y de la Eucaristía, nos llama ahora a la conversión. Reconozcamos, pues, que somos pecadores e invoquemos con esperanza la misericordia de Dios.
O bien
Humildes y penitentes, como el publicano en el templo, acerquémonos al Dios justo, y pidámosle que tenga piedad de nosotros, que también nos reconocemos pecadores.
O bien
Jesucristo, el justo, intercede por nosotros y nos reconcilia con el Padre. Abramos, pues, nuestro espíritu al arrepentimiento, para acercarnos a la mesa del Señor.
O bien
Pidamos perdón a Dios de todo corazón.
O bien
, pero sólo en los domingos, y durante la octava de Pascua:
En el día en que celebramos la victoria de Cristo sobre el pecado y sobre la muerte, confesemos nuestra necesidad de la misericordia del Padre para morir al pecado y resucitar a la vida nueva.
Se hace una breve pausa en silencio. Después, todos hacen en común la fórmula de la confesión general:
Yo confieso ante Dios todopoderoso
y ante ustedes, hermanos,
que he pecado mucho
de pensamiento, palabra, obra y omisión;
Y, golpeándose el pecho, dicen:
por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa.
Luego, prosiguen:
Por eso ruego a santa María, siempre Virgen,
a los ángeles, a los santos
y a ustedes, hermanos,
que intercedan por mí ante Dios, nuestro Señor.
Sigue la absolución del sacerdote.
Dios todopoderoso
tenga misericordia de nosotros,
perdone nuestros pecados
y nos lleve a la vida eterna.
Amén.
2
O bien
(segunda forma del acto penitencial): 5. El sacerdote invita a los fieles al acto penitencial con una de las invitaciones anteriores u otras breves palabras.
Se hace una breve pausa de silencio. Después el sacerdote dice:
Señor, ten misericordia de nosotros.
Porque hemos pecado contra ti.
El sacerdote prosigue:
Muéstranos, Señor, tu misericordia.
Y danos tu salvación
Sigue la absolución del sacerdote:
Dios todopoderoso
tenga misericordia de nosotros,
perdone nuestros pecados
y nos lleve a la Vida eterna.
Amén.
3
O bien
(tercera forma del acto penitencial):
El sacerdote invita a los fieles al acto penitencial con una de las invitaciones anteriores u otras breves palabras. Se hace una breve pausa en silencio. Después el sacerdote o el diácono, u otro ministro, empleando éstas u otras invocaciones, con el Señor, ten piedad (Kyrie eléison ), dice: Tú que has sido enviado para sanar a los contritos de corazón: Señor, ten piedad.
Señor, ten piedad.
El sacerdote:
Tú que has venido a llamar a los pecadores: Cristo, ten piedad.
Cristo, ten piedad.
El sacerdote:
Tú que estás sentado a la derecha del Padre para interceder por nosotros: Señor, ten piedad.
Señor, ten piedad.
Sigue la absolución del sacerdote:
Dios todopoderoso
tenga misericordia de nosotros,
perdone nuestros pecados
y nos lleve a la vida eterna.
Amén.
También pueden usarse las invocaciones siguientes u otras semejantes.
TIEMPO DE ADVIENTO
Tú que viniste al mundo para salvarnos: Señor, ten piedad.
R. Señor, ten piedad.
Tú que nos visitas continuamente con la gracia de tu Espíritu: Cristo, ten piedad
R. Cristo, ten piedad.
Tú que vendrás un día a juzgar nuestras obras: Señor, ten piedad.
Señor, ten piedad.
O bien
Tú que vienes a visitar a tu pueblo con la paz: Señor, ten piedad.
Señor, ten piedad.
Tú que vienes a salvar lo que está perdido: Cristo, ten piedad.
Cristo, ten piedad.
Tú que vienes a crear un mundo nuevo: Señor, ten piedad.
R. Señor, ten piedad.
O bien
Tú que eres el Salvador prometido: Señor, ten piedad.
Señor, ten piedad.
Tú que eres el Salvador anunciado: Cristo, ten piedad.
Cristo, ten piedad.
Tú que eres el Salvador esperado: Señor, ten piedad.
Señor, ten piedad.
O bien
Luz del mundo, que vienes a iluminar a los que viven en las tinieblas del pecado: Señor, ten piedad.
R. Señor, ten piedad.
Buen pastor, que vienes a guiar a tu rebaño por las sendas de la verdad y de la justicia: Cristo, ten piedad.
R. Cristo, ten piedad.
Hijo de Dios, que volverás un día para dar cumplimiento a las promesas del Padre: Señor, ten piedad.
R. Señor, ten piedad.
TIEMPO DE NAVIDAD
Hijo de Dios, que, nacido de María te hiciste nuestro hermano: Señor ten piedad.
Señor, ten piedad.
Hijo del hombre, que conoces y comprendes nuestra debilidad: Cristo, ten piedad.
Cristo, ten piedad.
Hijo primogénito del Padre, que haces de nosotros una sola familia: Señor, ten piedad.
Señor, ten piedad.
O bien
Rey de la paz y Santo de Dios: Señor, ten piedad.
Señor, ten piedad.
Luz que brillas en las tinieblas: Cristo, ten piedad.
Cristo, ten piedad.
Imagen del hombre nuevo: Señor, ten piedad.
Señor, ten piedad.
O bien
Tú que siendo rico te hiciste pobre: Señor, ten piedad.
Señor, ten piedad.
Tú que siendo fuerte te hiciste débil: Cristo, ten piedad.
Cristo, ten piedad.
Tú que siendo grande te hiciste pequeño: Señor, ten piedad.
Señor, ten piedad.
EPIFANÍA
Tú que te has manifestado a los pueblos: Señor, ten piedad.
Señor, ten piedad.
Tú que te has desposado con tu Iglesia: Cristo, ten piedad.
Cristo, ten piedad.
Tú que en el Jordán te manifestaste como el Hijo muy amado:
Señor, ten piedad.
Señor, ten piedad.
TIEMPO DE CUARESMA
Tú que fuiste tentado por el Espíritu del mal: Señor, ten piedad
Señor, ten piedad.
Tú que venciste la tentación con la Palabra de Dios: Cristo, ten piedad.
Cristo, ten piedad.
Tú que nos llamas a compartir tu victoria: Señor, ten piedad.
Señor, ten piedad.
O bien
Tú que perdonas nuestros pecados: Señor, ten piedad.
Señor, ten piedad.
Tú que nos llamas a hacer penitencia: Cristo, ten piedad.
Cristo, ten piedad.
Tú que confiaste a la Iglesia el signo de tu perdón: Señor, ten piedad.
Señor, ten piedad.
O bien
Tú que borras nuestras culpas: Señor, ten piedad.
Señor, ten piedad.
Tú que creas en nosotros un corazón puro: Cristo, ten piedad.
Cristo, ten piedad.
Tú que nos devuelves la alegría de la salvación: Señor, ten piedad.
Señor, ten piedad.
O bien
Tú que conoces nuestros pensamientos: Señor, ten piedad.
Señor, ten piedad.
Tú que iluminas las tinieblas de nuestro corazón: Cristo, ten piedad.
Cristo, ten piedad.
Tú que nos exhortas a una sincera conversión: Señor, ten piedad.
Señor, ten piedad.
O bien
Tú que nos hiciste renacer por el agua y el Espíritu Santo: Señor, ten piedad.
Señor, ten piedad.
Tú que nos convertiste en nuevas creaturas: Cristo, ten piedad
Cristo, ten piedad.
Tú que nos invitas a renovar nuestro bautismo: Señor, ten piedad.
Señor, ten piedad.
O bien
Tú que llevaste a la cruz nuestros pecados: Señor, ten piedad.
Señor, ten piedad.
Tú que resucitaste para nuestra justificación: Cristo, ten piedad.
Cristo, ten piedad.
Tú que no quieres la muerte del pecador, sino que se convierta y viva: Señor, ten piedad.
Señor, ten piedad.
TIEMPO PASCUAL
Tú que has destruido el pecado y la muerte con tu resurrección: Señor, ten piedad.
Señor, ten piedad.
Tú que has renovado la creación entera con tu resurrección: Cristo, ten piedad.
Cristo, ten piedad.
Tú que das la alegría a los vivos y la vida a los muertos con tu resurrección: Señor, ten piedad.
Señor, ten piedad.
O bien
Tú, el Primogénito de entre los muertos: Señor, ten piedad.
Señor, ten piedad.
Tú, el vencedor del pecado y de la muerte: Cristo, ten piedad
Cristo, ten piedad.
Tú, la resurrección y la vida: Señor, ten piedad.
Señor, ten piedad.
O bien
Tú que resucitaste lleno de gloria: Señor, ten piedad.
Señor, ten piedad.
Tú que nos haces pasar de la muerte a la Vida: Cristo, ten piedad.
Cristo, ten piedad.
Tú que nos llamas a vivir como resucitados: Señor, ten piedad
Señor, ten piedad.
O bien
Tú que eres nuestro Buen Pastor resucitado: Señor, ten piedad
Señor, ten piedad.
Tú que nos das la Vida en abundancia: Cristo, ten piedad.
Cristo, ten piedad.
Tú que nos congregas en un solo rebaño: Señor, ten piedad.
Señor, ten piedad.
O bien
Tú que al resucitar renuevas todas las cosas: Señor, ten piedad.
Señor, ten piedad.
Tú que nos llamas a transformar el mundo: Cristo, ten piedad.
Cristo, ten piedad.
Tú que harás participar a todo el universo de la gloria de tu resurrección: Señor, ten piedad.
Señor, ten piedad.
ASCENSIÓN DEL SEÑOR
Tú que eres el sumo sacerdote de la nueva Alianza: Señor, ten piedad.
Señor, ten piedad.
Tú que nos edificas como piedras vivas en el templo santo de Dios: Cristo, ten piedad.
Cristo, ten piedad.
Tú que has ascendido a la derecha del Padre para enviarnos el don del Espíritu: Señor, ten piedad.
Señor, ten piedad.
O bien
Tú que volviste junto al Padre: Señor, ten piedad.
Señor, ten piedad.
Tú que fuiste glorificado para siempre: Cristo, ten piedad.
Cristo, ten piedad.
Tú que nos haces ascender al Cielo contigo: Señor, ten piedad.
Señor, ten piedad.
DOMINGO DE PENTECOSTÉS
Tú que resucitaste por obra del Espíritu Santo: Señor, ten piedad.
Señor, ten piedad.
Tú que nos enviaste el Espíritu vivificador: Cristo, ten piedad.
Cristo, ten piedad.
Tú que nos devolverás la vida gracias al Espíritu: Señor, ten piedad.
Señor, ten piedad.
TIEMPO «DURANTE EL AÑO»
Tú que eres el camino que conduce al Padre: Señor, ten piedad.
Señor, ten piedad.
Tú que eres la verdad que ilumina a los pueblos: Cristo, ten piedad.
Cristo, ten piedad.
Tú que eres la vida que renueva el mundo: Señor, ten piedad.
Señor, ten piedad.
O bien
Tú que eres la plenitud de la verdad y de la gracia: Señor, ten piedad.
Señor, ten piedad.
Tú que te has hecho pobre para enriquecernos: Cristo, ten piedad.
Cristo, ten piedad.
Tú que has venido para hacer de nosotros tu pueblo santo: Señor, ten piedad.
Señor, ten piedad.
O bien
Tú que no has venido a condenar, sino a perdonar: Señor, ten piedad.
Señor, ten piedad.
Tú que has dicho que hay gran fiesta en el cielo por un pecador que se arrepiente: Cristo, ten piedad.
Cristo, ten piedad.
Tú que perdonas mucho a quien mucho ama: Señor, ten piedad.
Señor, ten piedad.
O bien
Tú que has venido a buscar al que estaba perdido: Señor, ten piedad.
Señor, ten piedad.
Tú que has querido dar la vida en rescate por todos: Cristo, ten piedad.
Cristo, ten piedad.
Tú que reúnes a tus hijos dispersos: Señor, ten piedad.
Señor, ten piedad.
O bien
Tú que ofreciste el perdón a Pedro arrepentido: Señor, ten piedad.
Señor, ten piedad.
Tú que prometiste el paraíso al buen ladrón: Cristo, ten piedad.
Cristo, ten piedad.
Tú que perdonas a todo hombre que confía en tu misericordia: Señor, ten piedad.
Señor, ten piedad.
O bien
Defensor de los pobres: Señor, ten piedad.
Señor, ten piedad.
Refugio de los débiles: Cristo, ten piedad.
Cristo, ten piedad.
Esperanza de los pecadores: Señor, ten piedad.
Señor, ten piedad.
Siguen las invocaciones: Señor, ten piedad (Kyrie eléison), si no se han dicho ya en alguna de las fórmulas del acto penitencial.
Señor, ten piedad. R. Señor, ten piedad.
Cristo, ten piedad. R. Cristo, ten piedad.
Señor, ten piedad. R. Señor, ten piedad.
Se pueden tomar las melodías del Gradual Romano.
A continuación, cuando está prescrito, se canta o se dice el himno:
Gloria a Dios en el Cielo,
y en la tierra paz a los hombres que ama el Señor.
Por tu inmensa gloria te alabamos,
te bendecimos,
te adoramos,
te glorificamos,
te damos gracias.
Señor Dios, Rey celestial,
Dios Padre todopoderoso.
Señor Hijo único, Jesucristo,
Señor Dios, Cordero de Dios, Hijo del Padre:
Tú que quitas el pecado del mundo,
ten piedad de nosotros;
tú que quitas el pecado del mundo,
atiende nuestra súplica;
tú que estás sentado a la derecha del Padre,
ten piedad de nosotros:
porque sólo tú eres Santo, sólo tú Señor,
sólo tú Altísimo, Jesucristo,
con el Espíritu Santo en la gloria de Dios Padre.
Amén.
Acabado el himno, el sacerdote, con las manos juntas, dice:
Oremos
Y todos, junto con el sacerdote, oran en silencio durante un breve espacio de tiempo.
Entonces, el sacerdote, con las manos extendidas, dice la oración colecta, al final de la cual, el pueblo aclama:
Amén.
La colecta termina siempre con la conclusión larga.
Si la oración se dirige al Padre:
Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo,
que es Dios y vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo,
y es Dios, por los siglos de los siglos.
Si se dirige al Padre, pero hacia el final de la oración se menciona al Hijo:
Él, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo
y es Dios, por los siglos de los siglos.
Si la oración se dirige al Hijo:
Que vives y reinas con el Padre en la unidad del Espíritu Santo
y eres Dios, por los siglos de los siglos.
Gloria
Gloria a Dios en el Cielo,
y en la tierra paz a los hombres que ama el Señor.
Por tu inmensa gloria te alabamos,
te bendecimos,
te adoramos,
te glorificamos,
te damos gracias.
Señor Dios, Rey celestial,
Dios Padre todopoderoso.
Señor Hijo único, Jesucristo,
Señor Dios, Cordero de Dios, Hijo del Padre:
Tú que quitas el pecado del mundo,
ten piedad de nosotros;
tú que quitas el pecado del mundo,
atiende nuestra súplica;
tú que estás sentado a la derecha del Padre,
ten piedad de nosotros:
porque sólo tú eres Santo, sólo tú Señor,
sólo tú Altísimo, Jesucristo,
con el Espíritu Santo en la gloria de Dios Padre.
Amén.
Liturgia de la Palabra
Después, el lector se dirige al ambón y lee la primera lectura, que todos escuchan sentados.
Para indicar el final de la lectura, el lector dice:
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
El salmista, o el cantor, canta o recita el salmo, y el pueblo pronuncia la respuesta.
Después, si hay segunda lectura, el lector la lee desde el ambón, como la primera.
Para indicar el final de la lectura, el lector dice:
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
Sigue el Aleluia, u otro canto determinado por las rúbricas, según lo requiera el tiempo litúrgico.
Mientras tanto, si se usa incienso, el sacerdote lo pone en el incensario. Después, el diácono que va a proclamar el Evangelio, profundamente inclinado ante el sacerdote, pide la bendición, diciendo en voz baja:
Padre, dame tu bendición.
El sacerdote, en voz baja, dice:
El Señor esté en tu corazón y en tus labios,
para que anuncies dignamente su Evangelio.
En el nombre del Padre, y del Hijo ✚ y del Espíritu Santo.
El diácono se signa con la señal de la cruz y responde:
Amén.
Pero si no está presente el diácono, el sacerdote, inclinado ante el altar, dice en secreto:
Purifica mi corazón y mis labios, Dios todopoderoso,
para que pueda anunciar dignamente tu santo Evangelio.
Después el diácono, o el sacerdote, se dirige al ambón, acompañado por los ministros que llevan el incienso y los cirios, si es oportuno, y dice:
El Señor esté con ustedes.
Y con tu espíritu.
El diácono, o el sacerdote:
Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san N.
Y, mientras tanto, hace la señal de la cruz sobre el libro y sobre su frente, labios y pecho.
Gloria a ti, Señor.
Luego el diácono, o el sacerdote, si se usa incienso, inciensa el libro y proclama el Evangelio.
Acabado el Evangelio, el diácono o el sacerdote, dice:
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
Si la aclamación es cantada, pueden usarse otras respuestas de alabanza a Jesucristo como las siguientes:
Tu palabra, Señor, es la verdad,
y tu ley nuestra libertad.
O bien
Tu palabra, Señor,
es lámpara que alumbra nuestros pasos.
O bien
Tu palabra, Señor,
permanece por los siglos.
Después besa el libro, diciendo en secreto:
Las palabras del Evangelio borren nuestros pecados.
Luego se hace la homilía, que corresponde al sacerdote o al diácono, y que debe hacerse obligatoriamente todos los domingos y fiestas de precepto; se recomienda en los otros días.
Acabada la homilía, cuando está prescrito, se canta o se dice el Símbolo o Profesión de fe: Creo en un solo Dios, Padre todopoderoso, creador del cielo y de la tierra, de todo lo visible y lo invisible.
Creo en un solo Señor, Jesucristo,
Hijo único de Dios,
nacido del Padre antes de todos los siglos.
Dios de Dios, luz de luz,
Dios verdadero de Dios verdadero,
engendrado, no creado,
de la misma naturaleza del Padre;
por quien todo fue hecho;
que por nosotros los hombres
y por nuestra salvación, bajó del cielo,
En estas palabras que siguen, hasta se hizo hombre, todos se inclinan.
y por obra del Espíritu Santo
se encarnó de María, la Virgen,
y se hizo hombre;
y por nosotros fue crucificado
bajo el poder de Poncio Pilato,
padeció y fue sepultado,
y resucitó al tercer día según las Escrituras,
y subió al cielo,
y está sentado a la derecha del Padre;
y de nuevo vendrá con gloria
para juzgar a vivos y muertos
y su reino no tendrá fin.
Creo en el Espíritu Santo, Señor y dador de Vida,
que procede del Padre y del Hijo,
que con el Padre y el Hijo
recibe una misma adoración y gloria,
y que habló por los profetas.
Creo en la Iglesia,
que es una, santa, católica y apostólica.
Profeso un solo bautismo
para el perdón de los pecados.
Espero la resurrección de los muertos
y la vida del mundo futuro. Amén.
En lugar del Símbolo Niceno-Constantinopolitano, sobre todo en el tiempo de Cuaresma y en el tiempo de Pascua, se puede emplear el Símbolo bautismal de la Iglesia de Roma, también llamado «de los Apóstoles».
Creo en Dios, Padre todopoderoso,
creador del cielo y de la tierra.
Creo en Jesucristo, su único Hijo,
nuestro Señor,
En las palabras que siguen, hasta María Virgen, todos se inclinan.
que fue concebido
por obra y gracia del Espíritu Santo,
nació de santa María Virgen.
Padeció bajo el poder de Poncio Pilato.
Fue crucificado, muerto y sepultado.
Descendió a los infiernos,
al tercer día resucitó de entre los muertos,
subió a los cielos
y está sentado a la derecha de Dios,
Padre todopoderoso.
Desde allí ha de venir a juzgar
a los vivos y a los muertos.
Creo en el Espíritu Santo,
la santa Iglesia católica,
la comunión de los Santos,
el perdón de los pecados,
la resurrección de la carne
y la vida eterna. Amén.
Después se hace la oración universal u oración de los fieles.
La oración universal u oración de los fieles se desarrolla de la siguiente manera:
Invitatorio El sacerdote invita a los fieles a orar, por medio de una breve monición.
Intenciones
Las intenciones son propuestas por un diácono o, si no lo hay, por un lector o por otra persona idónea.
El pueblo manifiesta su participación con una invocación u orando en silencio.
La sucesión de intenciones ordinariamente debe ser la siguiente:
a) Por las necesidades de la Iglesia.
b) Por los gobernantes y por la salvación del mundo entero.
c) Por aquellos que se encuentran en necesidades particulares.
d) Por la comunidad local.
Conclusión.
El sacerdote termina la plegaria común con una oración conclusiva.
Credo (símbolo niceno-constantinopolitano)
Creo en un solo Dios,
Padre todopoderoso,
creador del cielo y de la tierra,
de todo lo visible y lo invisible.
Creo en un solo Señor, Jesucristo,
Hijo único de Dios,
nacido del Padre antes de todos los siglos.
Dios de Dios, luz de luz,
Dios verdadero de Dios verdadero,
engendrado, no creado,
de la misma naturaleza del Padre;
por quien todo fue hecho;
que por nosotros los hombres
y por nuestra salvación, bajó del cielo,
En estas palabras que siguen, hasta se hizo hombre, todos se inclinan.
y por obra del Espíritu Santo
se encarnó de María, la Virgen, y se hizo hombre;
y por nosotros fue crucificado
bajo el poder de Poncio Pilato,
padeció y fue sepultado,
y resucitó al tercer día según las Escrituras,
y subió al cielo,
y está sentado a la derecha del Padre;
y de nuevo vendrá con gloria
para juzgar a vivos y muertos
y su reino no tendrá fin.
Creo en el Espíritu Santo, Señor y dador de Vida,
que procede del Padre y del Hijo,
que con el Padre y el Hijo
recibe una misma adoración y gloria,
y que habló por los profetas.
Creo en la Iglesia,
que es una, santa, católica y apostólica.
Profeso un solo bautismo
para el perdón de los pecados.
Espero la resurrección de los muertos
y la vida del mundo futuro. Amén.
En lugar del Símbolo Niceno-Constantinopolitano, sobre todo en el tiempo de Cuaresma y en el tiempo de Pascua, se puede emplear el Símbolo bautismal de la Iglesia de Roma, también llamado «de los Apóstoles».
Creo en Dios, Padre todopoderoso,
creador del cielo y de la tierra.
Creo en Jesucristo, su único Hijo,
nuestro Señor,
En las palabras que siguen, hasta María Virgen, todos se inclinan.
que fue concebido
por obra y gracia del Espíritu Santo,
nació de santa María Virgen.
Padeció bajo el poder de Poncio Pilato.
Fue crucificado, muerto y sepultado.
Descendió a los infiernos,
al tercer día resucitó de entre los muertos,
subió a los cielos
y está sentado a la derecha de Dios,
Padre todopoderoso.
Desde allí ha de venir a juzgar a vivos y muertos.
Creo en el Espíritu Santo,
la santa Iglesia católica,
la comunión de los Santos,
el perdón de los pecados,
la resurrección de la carne
y la vida eterna. Amén.
Liturgia Eucarística
Terminado lo anterior, comienza el canto para el ofertorio. Mientras tanto, los ministros colocan sobre el altar el corporal, el purificador, el cáliz y el misal.
Conviene que los fieles expresen su participación en la ofrenda, bien sea llevando el pan y el vino para la celebración de la Eucaristía, bien presentando otros dones para las necesidades de la Iglesia o de los pobres.
El sacerdote, de pie junto al altar, toma la patena con el pan y, teniéndola con ambas manos un poco elevada sobre el altar, dice en voz baja:
Bendito seas, Señor, Dios del Universo, por este pan, fruto de la tierra y del trabajo del hombre, que recibimos de tu generosidad y ahora te presentamos; él será para nosotros pan de vida.
Después, deja sobre el corporal la patena con el pan.
Si no se hace el canto para el ofertorio, el sacerdote puede decir estas palabras en voz alta; al final, el pueblo puede aclamar:
Bendito seas por siempre, Señor.
El diácono, o el sacerdote, echa vino y un poco de agua en el cáliz, diciendo en secreto:
Por el misterio de esta agua y este vino, haz que compartamos la divinidad de quien se ha dignado participar de nuestra humanidad.
Después, el sacerdote toma el cáliz y, teniéndolo con ambas manos un poco elevado sobre el altar, dice en voz baja:
Bendito seas, Señor, Dios del universo, por este vino fruto de la vid y del trabajo del hombre, que recibimos de tu generosidad y ahora te presentamos; él será para nosotros bebida de salvación.
Después deja sobre el corporal el cáliz.
Si no se hace el canto para el ofertorio, el sacerdote puede decir estas palabras en voz alta; al final, el pueblo puede aclamar:
Bendito seas por siempre, Señor.
Luego, el sacerdote, inclinado profundamente, dice en secreto:
Acepta, Señor, nuestro corazón contrito y nuestro espíritu humilde; que éste sea hoy nuestro sacrificio y que sea agradable en tu presencia, Señor, Dios nuestro.
Y, si es oportuno, inciensa las ofrendas, la cruz y el altar. Después el diácono, u otro ministro, inciensa al sacerdote y al pueblo.
Luego el sacerdote, de pie a un lado del altar, se lava las manos, diciendo en secreto:
Lava del todo mi delito, Señor,
y limpia mi pecado.
Después, de pie en el centro del altar, de cara al pueblo, extendiendo y juntando las manos, dice: Oremos, hermanos, para que este sacrificio, mío y de ustedes, sea agradable a Dios, Padre todopoderoso.
O bien
En el momento de ofrecer el sacrificio de toda la Iglesia, oremos a Dios, Padre todopoderoso.
O bien
Oremos, hermanos, para que, llevando al altar los gozos y las fatigas de cada día, nos dispongamos a ofrecer el sacrificio agradable a Dios, Padre todopoderoso.
El pueblo se pone de pie y responde:
El Señor reciba de tus manos este sacrificio,
para alabanza y gloria de su nombre,
para nuestro bien
y el de toda su santa Iglesia.
Luego el sacerdote, con las manos extendidas, dice la oración sobre las ofrendas. Concluida la oración, el pueblo aclama:
Amén.
La oración sobre las ofrendas termina siempre con la conclusión breve, que el sacerdote dice juntando las manos.
Si la oración se dirige al Padre:
Por Jesucristo nuestro Señor.
Si la oración se dirige al Padre,
pero al final de la misma se menciona al Hijo:
Él que vive y reina por los siglos de los siglos.
Si la oración se dirige al Hijo:
Que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Plegaria eucarística
Entonces, el sacerdote empieza la Plegaria eucarística.
Extendiendo las manos, dice:
El Señor esté con ustedes.
Y con tu espíritu.
El sacerdote, elevando las manos, prosigue:
Levantemos el corazón.
Lo tenemos levantado hacia el Señor.
El sacerdote con la manos extendidas, dice:
Demos gracias al Señor, nuestro Dios.
Es justo y necesario.
El sacerdote prosigue el prefacio, con las manos extendidas.
Al final del prefacio junta las manos y, en unión con el pueblo, concluye el mismo prefacio, cantando o diciendo con voz clara:
Santo, Santo, Santo es el Señor, Dios del Universo.
Llenos están el cielo y la tierra de tu gloria.
Hosanna en el cielo.
Bendito el que viene en nombre del Señor.
Hosanna en el cielo.
En todas las misas, el sacerdote celebrante puede cantar algunas partes de la Plegaria eucarística, especialmente las principales, como se encuentra en el apéndice I, con notación musical. En la Plegaria eucarística primera, o Canon Romano, se puede omitir lo que se encuentra entre paréntesis.
Las 10 plegarias eucarísticas, completas
El que preside elige una; aquí puedes leerlas de a una.
PLEGARIA EUCARÍSTICA IV
No está permitido cambiar el prefacio de esta Plegaria eucarística, por razón de la estructura de la Plegaria, que presenta un sumario de la historia de la salvación.
El Señor esté con ustedes.
Y con tu espíritu.
Levantemos el corazón.
Lo tenemos levantado hacia el Señor.
Demos gracias al Señor, nuestro Dios.
Es justo y necesario.
En verdad es justo darte gracias,
y deber nuestro glorificarte, Padre santo,
porque tú eres el único Dios vivo y verdadero
que existes desde siempre y vives para siempre;
luz sobre toda luz.
Porque tú solo eres bueno y la fuente de la vida,
hiciste todas las cosas
para colmarlas de tus bendiciones
y alegrar su multitud con la claridad de tu gloria.
Por eso, innumerables ángeles en tu presencia,
contemplando la gloria de tu rostro,
te sirven siempre y te glorifican sin cesar.
Y con ellos también nosotros, llenos de alegría,
y por nuestra voz las demás criaturas,
aclamamos tu nombre cantando:
Santo, Santo, Santo es el Señor, Dios del Universo.
Llenos están el cielo y la tierra de tu gloria.
Hosanna en el cielo.
Bendito el que viene en nombre del Señor.
Hosanna en el cielo.
El sacerdote, con las manos extendidas, dice:
Te alabamos, Padre santo,
porque eres grande
y porque hiciste todas las cosas
con sabiduría y amor.
A imagen tuya creaste al hombre
y le encomendaste el universo entero,
para que, sirviéndote sólo a ti, su Creador,
dominara todo lo creado.
Y cuando por desobediencia perdió tu amistad,
no lo abandonaste al poder de la muerte,
sino que, compadecido, tendiste la mano a todos,
para que te encuentre el que te busca.
Reiteraste, además, tu alianza a los hombres;
por los profetas los fuiste llevando
con la esperanza de la salvación.
Y tanto amaste al mundo, Padre santo,
que, al cumplirse la plenitud de los tiempos,
nos enviaste como salvador a tu único Hijo.
Él se encarnó por obra del Espíritu Santo,
nació de María, la Virgen,
y así compartió en todo nuestra condición humana
menos en el pecado;
anunció la salvación a los pobres,
la liberación a los oprimidos
y a los afligidos el consuelo.
Para cumplir tus designios,
él mismo se entregó a la muerte,
y, resucitando, destruyó la muerte
y nos dio nueva vida.
Y a fin de que no vivamos ya
para nosotros mismos,
sino para él, que por nosotros murió y resucitó,
envió, Padre, al Espíritu Santo
como primicia para los creyentes,
a fin de santificar todas las cosas,
llevando a plenitud su obra en el mundo.
Junta las manos y, manteniéndolas extendidas sobre las ofrendas, dice: Por eso, Padre, te rogamos que este mismo Espíritu santifique estas ofrendas,
Junta las manos y traza el signo de la cruz sobre el pan y el cáliz conjuntamente, diciendo:
para que se conviertan en el Cuerpo y ✚ la Sangre
de Jesucristo, nuestro Señor,
Junta las manos.
y así celebremos el gran misterio
que nos dejó como alianza eterna.
En las fórmulas que siguen, las palabras del Señor han de pronunciarse claramente y con precisión, como lo requiere la naturaleza de las mismas palabras. Porque él mismo, llegada la hora en que había de ser glorificado por ti, Padre santo, habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo. Y, mientras cenaba con sus discípulos,
Toma el pan y, sosteniéndolo un poco elevado sobre el altar, prosigue:
tomó pan, te bendijo, lo partió
y se lo dio, diciendo:
Se inclina un poco.
TOMEN Y COMAN TODOS DE ÉL,
PORQUE ESTO ES MI CUERPO,
QUE SERÁ ENTREGADO POR USTEDES.
Muestra el pan consagrado al pueblo, lo deposita luego sobre la patena y lo adora, haciendo genuflexión.
Después prosigue: Del mismo modo,
Toma el cáliz y, sosteniéndolo un poco elevado sobre el altar, prosigue:
tomó el cáliz lleno del fruto de la vid,
te dio gracias y lo pasó a sus discípulos, diciendo:
Se inclina un poco.
TOMEN Y BEBAN TODOS DE ÉL,
PORQUE ÉSTE ES EL CÁLIZ DE MI SANGRE,
SANGRE DE LA ALIANZA NUEVA Y ETERNA,
QUE SERÁ DERRAMADA
POR USTEDES Y POR MUCHOS
PARA EL PERDÓN DE LOS PECADOS.
HAGAN ESTO EN CONMEMORACIÓN MÍA.
Muestra el cáliz al pueblo, lo deposita luego sobre el corporal y lo adora, haciendo genuflexión.
Luego dice una de las siguientes fórmulas: Éste es el Misterio de la fe.
O bien
Éste es el Sacramento de nuestra fe.
Y el pueblo prosigue, aclamando:
Anunciamos tu muerte,
proclamamos tu resurrección.
¡Ven, Señor Jesús!
O bien
Éste es el Misterio de la fe, Cristo nos redimió.
Y el pueblo prosigue, aclamando:
Cada vez que comemos de este pan
y bebemos de este cáliz,
anunciamos tu muerte, Señor, hasta que vuelvas.
O bien
Éste es el Misterio de la fe,
Cristo se entregó por nosotros.
Y el pueblo prosigue, aclamando:
Salvador del Mundo, sálvanos,
que nos has liberado por tu cruz y resurrección.
Después el sacerdote, con las manos extendidas, dice:
Por eso, Padre, al celebrar ahora
el memorial de nuestra redención,
recordamos la muerte de Cristo
y su descenso al lugar de los muertos,
proclamamos su resurrección
y ascensión a tu derecha;
y, mientras esperamos su venida gloriosa,
te ofrecemos su Cuerpo y su Sangre,
sacrificio agradable a ti
y salvación para todo el mundo.
Dirige tu mirada sobre esta Víctima
que tú mismo has preparado a tu Iglesia,
y concede a cuantos compartimos
este pan y este cáliz,
que, congregados en un solo cuerpo
por el Espíritu Santo,
seamos en Cristo
víctima viva para alabanza de tu gloria.
Y ahora, Señor, acuérdate
de todos aquellos por quienes te ofrecemos
este sacrificio:
de tu servidor el Papa N.,
de nuestro Obispo N.,
del orden episcopal
y de los presbíteros y diáconos,
de los oferentes y de los aquí reunidos,
INTERCESIONES PARTICULARES
En las Misa de Pascua, de su Octava y en el Bautismo:
de nuestros hermanos (N. y N.),
que hoy has hecho renacer
del agua y del Espíritu Santo,
En la Misa de la Confirmación:
de tus hijos (N. y N.) que hoy has confirmado
marcándolos con el sello del Espíritu Santo,
En la Misa de la Primera Comunión:
de tus hijos (N. y N.) que por vez primera
invitas en este día
a participar del pan de vida
y del cáliz de salvación,
en la mesa de tu familia,
En la Misa del Matrimonio:
de tus hijos (N. y N.),
que en Cristo hoy han fundado una nueva familia,
de todo tu pueblo santo
y de aquellos que te buscan con sincero corazón.
Acuérdate también
de los que murieron en la paz de Cristo
y de todos los difuntos,
cuya fe sólo tú conociste.
Padre de bondad,
que todos tus hijos nos reunamos en tu reino,
con María, la Virgen Madre de Dios,
con los apóstoles y los santos;
y allí, junto con toda la creación
libre ya del pecado y de la muerte,
te glorifiquemos por Cristo, Señor nuestro.
Junta las manos.
por quien concedes al mundo todos los bienes.
Toma la patena con el pan consagrado y el cáliz y, elevándolos, dice: Por Cristo, con él y en él, a ti, Dios Padre omnipotente, en la unidad del Espíritu Santo, todo honor y toda gloria por los siglos de los siglos.
Amén.
Después sigue el rito de la Comunión.
Modo de decir la Plegaria eucarística
que puede usarse en las Misas para diversas circunstancias
cuando se usa en una concelebración
El Prefacio y desde Santo eres en verdad hasta parte para nosotros el pan , lo dice sólo el celebrante principal, con las manos extendidas. Desde Por eso te rogamos hasta Jesucristo, nuestro Señor lo pronuncian todos los concelebrantes, con las manos extendidas hacia las ofrendas. Desde Él mismo, la víspera de su pasión hasta cuyo Cuerpo y Sangre comulgamos , lo pronuncian todos los concelebrantes a una, de este modo: a)Él mismo, la víspera de su pasión , con las manos juntas; b) las palabras del Señor, con la mano derecha, si parece oportuno, extendida hacia el pan y el cáliz; y miran el pan consagrado y el cáliz cuando el celebrante principal lo muestra a los fieles, y luego se inclinan profundamente. c) Por eso, Padre Santo y Mira con bondad , con las manos extendidas. Las intenciones: Renueva Señor a tu Iglesia o Fortalécenos en la unidad o Vivifícanos con tu Espíritu o Lleva, Señor, a tu Iglesia , y Acuérdate de nuestros hermanos , conviene que se confíen a uno y a otro de los concelebrantes, que pronuncia él solo esta oración, con las manos extendidas. Pueden cantarse, especialmente, las partes que siguen: Él mismo, la víspera de su pasión , Del mismo modo , Por eso, Padre Santo , Mira con bondad y la doxología final. La doxología final de la Plegaria eucarística puede pronunciarla solo el celebrante principal o él con los demás concelebrantes.
PLEGARIAS EUCARÍSTICAS QUE PUEDEN USARSE
EN LAS MISAS PARA DIVERSAS CIRCUNSTANCIAS
Rito de la Comunión
Una vez depositados el cáliz y la patena sobre el altar, el sacerdote, con las manos juntas, dice:
Fieles a la recomendación del Salvador y siguiendo su divina enseñanza, nos atrevemos a decir:
O bien
Llenos de alegría por ser hijos de Dios, digamos confiadamente la oración que Cristo nos enseñó:
O bien
El amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones con el Espíritu Santo que se nos ha dado; movidos por ese Espíritu digamos con fe y esperanza:
O bien
Antes de participar en el banquete de la Eucaristía, signo de reconciliación y vínculo de unión fraterna, oremos juntos como el Señor nos ha enseñado:
O bien
Recemos con humildad y confianza diciendo:
Extiende las manos y, junto con el pueblo, continúa:
Padre nuestro, que estás en el Cielo,
santificado sea tu Nombre,
venga a nosotros tu Reino,
hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día;
perdona nuestras ofensas,
como también nosotros perdonamos
a los que nos ofenden;
no nos dejes caer en la tentación,
y líbranos del mal.
Solo el sacerdote, con las manos extendidas, prosigue diciendo:
Líbranos de todos los males, Señor,
y concédenos la paz en nuestros días,
para que, ayudados por tu misericordia,
vivamos siempre libres de pecado
y protegidos de toda perturbación,
mientras esperamos la gloriosa venida
de nuestro Salvador Jesucristo.
Junta las manos.
El pueblo concluye la oración aclamando:
Tuyo es el Reino,
tuyo el poder y la gloria
por siempre, Señor.
Después el sacerdote, con las manos extendidas, dice en voz alta:
Señor Jesucristo, que dijiste a tus apóstoles:
«La paz les dejo, mi paz les doy»,
no tengas en cuenta nuestros pecados
sino la fe de tu Iglesia,
y, conforme a tu palabra,
concédele la paz y la unidad.
Junta las manos.
Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.
El sacerdote, vuelto hacia al pueblo, extendiendo y juntando las manos, añade:
La paz del Señor esté siempre con ustedes.
Y con tu espíritu.
Luego, si se juzga oportuno, el diácono, o el sacerdote, añade:
Démonos fraternalmente la paz
O bien
Como hijos de Dios, intercambiemos ahora un signo de comunión fraterna.
O bien
En Cristo, que nos ha hecho hermanos con su cruz, démonos la paz como signo de reconciliación.
O bien
En el Espíritu de Cristo resucitado, démonos fraternalmente la paz.
Y todos, según las costumbres del lugar, se intercambian un signo de paz, de comunión y de caridad. El sacerdote da la paz al diácono o al ministro.
Después toma el pan consagrado, lo parte sobre la patena y pone una partícula dentro del cáliz, diciendo en secreto: El Cuerpo y la Sangre de nuestro Señor Jesucristo, unidos en este cáliz, sean para nosotros alimento de vida eterna.
Mientras tanto se canta o se dice: Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros. Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros. Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, danos la paz.
Esta aclamación puede repetirse varias veces, si la fracción del pan se prolonga. La última vez se dice: danos la paz.
A continuación el sacerdote, con las manos juntas, dice en secreto:
Señor Jesucristo, Hijo del Dios vivo, que por voluntad del Padre, cooperando el Espíritu Santo, diste con tu muerte la Vida al mundo, líbrame, por la recepción de tu Cuerpo y de tu Sangre, de todas mis culpas y de todo mal. Concédeme cumplir siempre tus mandamientos y jamás permita que me separe de ti.
O bien
Señor Jesucristo, la comunión de tu Cuerpo y de tu Sangre no sea para mí un motivo de juicio y condenación, sino que, por tu piedad me sirva para defensa de alma y cuerpo, y como remedio de salvación.
132.El sacerdote hace genuflexión, toma el pan consagrado y, sosteniéndolo un poco elevada sobre la patena o sobre el cáliz, de cara al pueblo, dice con voz clara:
Este es el Cordero de Dios,
que quita el pecado del mundo.
Dichosos los invitados a la cena del Señor.
Y, juntamente con el pueblo, añade:
Señor, no soy digno
de que entres en mi casa,
pero una palabra tuya
bastará para sanarme.
El sacerdote, vuelto hacia el altar, dice en secreto:
El Cuerpo de Cristo me proteja para la Vida eterna.
Y comulga reverentemente el Cuerpo de Cristo.
Después toma cáliz, y dice en secreto:
La Sangre de Cristo me guarde para la Vida eterna.
Después toma la patena o la píxide y se acerca a los que van a comulgar. Muestra el pan consagrado a cada uno, sosteniéndolo un poco elevado y le dice: El Cuerpo de Cristo.
El que va a comulgar responde: Amén.
Y comulga.
El diácono, si distribuye la sagrada Comunión, lo realiza de la misma manera observan los mismos ritos.
Si se comulga bajo las dos especies se observa el rito descrito en su lugar.
Cuando el sacerdote ha comulgado el Cuerpo de Cristo, comienza el canto de comunión.
Finalizada la Comunión, el sacerdote o el diácono, o el acólito, purifica la patena sobre el cáliz y también el cáliz.
Mientras hace la purificación, el sacerdote dice en secreto:
Haz, Señor, que recibamos con un corazón limpio el alimento que acabamos de tomar, y que el don que nos haces en esta vida nos sirva para la vida eterna.
Después el sacerdote puede volver a la sede. Si se considera oportuno, se puede dejar un breve espacio de silencio sagrado o entonar un salmo o algún cántico de alabanza.
Luego, de pie en el altar o en la sede, el sacerdote, vuelto hacia el pueblo, con las manos juntas, dice:
Oremos.
Y todos, junto con el sacerdote, oran en silencio durante unos momentos, a no ser que este silencio ya se haya hecho antes. Después el sacerdote, con las manos extendidas, dice la oración después de la comunión.
La oración después de la comunión termina con la conclusión breve.
Si la oración se dirige al Padre:
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Si la oración se dirige al Padre,
pero al final de la misma se menciona al Hijo:
Él, que vive y reina por los siglos de los siglos
Si la oración se dirige al Hijo:
Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.
El pueblo, al terminar, aclama: Amén.
Rito de conclusión
Siguen, si es necesario, breves avisos para el pueblo.
Después tiene lugar la despedida. El sacerdote, vuelto hacia el pueblo, extendiendo las manos, dice:
El Señor esté con ustedes.
Y con tu espíritu.
El sacerdote bendice al pueblo, diciendo:
La bendición de Dios todopoderoso,
Padre, Hijo, ✚ y el Espíritu Santo,
descienda sobre ustedes.
Amén.
En algunos días u ocasiones, a ésta fórmula de bendición precede, según las rúbricas, otra fórmula de bendición más solemne o una oración sobre el pueblo.
En la Misa pontifical el celebrante recibe la mitra y, extendiendo las manos, dice:
El Señor esté con ustedes.
Y con tu espíritu.
El celebrante dice:
Bendito sea el nombre del Señor.
Desde ahora y para siempre.
El celebrante dice:
Nuestro auxilio es el nombre del Señor.
Que hizo el cielo y la tierra.
Entonces el celebrante, habiendo recibido el báculo, si lo usa, dice:
La bendición de Dios todopoderoso,
Y, haciendo tres veces la señal de la cruz sobre el pueblo, añade:
Padre, ✚ Hijo, ✚ y Espíritu ✚ Santo,
descienda sobre ustedes.
Amén.
Luego el diácono, o el mismo sacerdote, con las manos juntas, vuelto hacia el pueblo, dice:
Pueden ir en paz.
O bien
La alegría del Señor sea nuestra fuerza.
Pueden ir en paz.
O bien
Glorifiquen al Señor con su vida.
Pueden ir en paz.
O bien
En el nombre del Señor, pueden ir en paz.
O bien
, especialmente en los domingos de pascua:
Anuncien a todos la alegría del Señor resucitado.
Pueden ir en paz.
Demos gracias a Dios.
Después el sacerdote venera el altar con un beso, como al comienzo. Seguidamente, hecha inclinación profunda con los ministros, se retira.
Si inmediatamente sigue alguna acción litúrgica, se omite el rito de despedida.
Las 26 bendiciones solemnes
Adviento
Dios todopoderoso y lleno de misericordia, por la primera venida de su Hijo Unigénito, en la que creemos, y por la segunda que esperamos, los ilumine con su luz y los colme con su bendición.
Amén.
En el camino de esta vida los haga constantes en la fe, alegres en la esperanza y activos en la caridad.
Amén.
Para que celebrando la venida en el tiempo de nuestro Redentor, sean recompensados con el don de la Vida eterna cuando el venga por segunda vez en la gloria.
Amén.
Y la bendición de Dios todopoderoso, del Padre, del Hijo ✚ y del Espíritu Santo, descienda sobre ustedes y permanezca para siempre.
Amén.
Navidad
El Dios de infinita bondad que por la encarnación de su Hijo disipó las tinieblas del mundo y por su glorioso nacimiento iluminó esta Santísima noche (este santísimo día) disipe las tinieblas del pecado e ilumine sus corazones con el esplendor de las virtudes.
Amén.
Él, que por medio del ángel quiso anunciar a los pastores la gran alegría del nacimiento del Salvador, llene de gozo sus corazones y los haga mensajeros de su Evangelio.
Amén.
Él, que por la encarnación de su Hijo unió la tierra con el cielo, les conceda la abundancia de su paz y de su amor, y los haga partícipes de la Iglesia celestial.
Amén.
Y la bendición de Dios todopoderoso, del Padre, del Hijo ✚ y del Espíritu Santo, descienda sobre ustedes y permanezca para siempre
Amén.
Al comienzo del año
Dios Padre, fuente y principio de todo bien, les conceda su gracia derrame sobre ustedes una abundante bendición y los conserve sanos y salvos durante todo este año.
Amén.
Él los mantenga íntegros en la fe, les conceda una esperanza generosa, y los haga perseverar en la caridad
Amén.
Él guíe en la paz las acciones de ustedes, escuche siempre sus plegarias y los conduzca a la vida eterna.
Amén.
Y la bendición de Dios todopoderoso, del Padre, del Hijo ✚ y del Espíritu Santo, descienda sobre ustedes y permanezca para siempre.
Amén.
Epifanía del Señor
Dios Padre que los llamó de las tinieblas a su luz admirable, los bendiga bondadosamente y afiance sus corazones en la fe, la esperanza y la caridad.
Amén.
Y Cristo que hoy se manifestó como luz del mundo los convierta a ustedes, seguidores suyos, en luz para sus hermanos.
Amén.
Para que al terminar su peregrinación en este mundo puedan llegar a Cristo, luz de luz, al que los magos, guiados por la estrella, buscaron y encontraron con gran alegría.
Amén.
Y la bendición de Dios todopoderoso, del Padre, del Hijo ✚ y del Espíritu Santo, descienda sobre ustedes y permanezca para siempre.
Amén.
Cuaresma
Dios, Padre misericordioso, les conceda, como al hijo pródigo, el gozo de volver a la casa paterna.
Amén.
Cristo, modelo de oración y de vida, los guíe a la auténtica conversión del corazón, a través del camino de la Cuaresma.
Amén.
El Espíritu de sabiduría y de fortaleza los sostenga en la lucha contra el maligno, para que puedan celebrar con Cristo la victoria pascual.
Amén.
Y la bendición de Dios todopoderoso, del Padre, del Hijo ✚ y del Espíritu Santo, descienda sobre ustedes y permanezca para siempre.
Amén.
Pasión del Señor
Dios Padre misericordioso, que nos dejó el testimonio de su amor en la Pasión de su Hijo Unigénito, les conceda el don admirable de su bendición para el servicio de Dios y de los hombres.
Amén.
Ya que creen que por la muerte temporal de su Hijo fueron liberados de la muerte eterna, les dé la recompensa de la vida futura.
Amén.
Y siguiendo sus ejemplos de humildad merezcan participar de su resurrección.
R. Amén.
Y la bendición de Dios todopoderoso, del Padre, del Hijo ✚ y del Espíritu Santo, descienda sobre ustedes y permanezca para siempre.
Amén.
Tiempo pascual
Dios Padre, que por la resurrección de su Unigénito los ha redimido y les ha dado la gracia de la adopción filial los colme con el gozo de su bendición.
Amén.
Cristo, que por su redención les obtuvo la perfecta libertad, les conceda participar de la herencia eterna.
Amén.
Y ustedes, resucitados con él en el bautismo por la fe, por medio de una vida santa puedan llegar a la patria celestial.
Amén.
Y la bendición de Dios todopoderoso, del Padre, del Hijo ✚ y del Espíritu Santo, descienda sobre ustedes y permanezca para siempre.
Amén.
Ascensión del Señor
Dios todopoderoso los bendiga en este día en que su Hijo subió al cielo y les abrió la entrada de la gloria para llegar a estar junto a él.
Amén.
Cristo, que se apareció a sus discípulos después de su Resurrección, se manifieste también a ustedes lleno de misericordia, cuando venga para el juicio final.
Amén.
Y al proclamarlo glorioso junto al Padre, les conceda la alegría de experimentar que permanece con ustedes hasta el fin del mundo, como lo ha prometido.
Amén.
Y la bendición de Dios todopoderoso, del Padre, del Hijo ✚ y del Espíritu Santo, descienda sobre ustedes y permanezca para siempre.
Amén.
Espíritu Santo
Dios, Padre y fuente de toda luz, que iluminó los corazones de los discípulos derramando en ellos el Espíritu Santo, los bendiga y les conceda la abundancia de sus dones.
Amén.
El fuego admirable que apareció sobre los discípulos purifique los corazones de ustedes de todo mal y los ilumine con su luz.
Amén.
El Espíritu, que por la proclamación de una misma fe reunió a los pueblos de diferentes lenguas, los haga perseverar en esa misma fe y llegar, gracias a ella, a la visión que esperan.
Amén.
Y la bendición de Dios todopoderoso, del Padre, del Hijo ✚ y del Espíritu Santo, descienda sobre ustedes y permanezca para siempre.
Amén.
Durante el año, I
Que el Señor los bendiga y los proteja.
Amén.
Haga brillar su rostro sobre ustedes
y les otorgue su misericordia.
Amén.
Vuelva su mirada hacia ustedes
y les conceda la paz.
Amén.
Y la bendición de Dios todopoderoso,
del Padre, del Hijo ✚ y del Espíritu Santo,
descienda sobre ustedes y permanezca para siempre.
Amén.
Durante el año, II
La paz de Dios, que supera todo lo que podemos pensar, custodie sus corazones y sus pensamientos, en el conocimiento y en el amor de Dios y de su Hijo, nuestro Señor Jesucristo.
Amén.
Y la bendición de Dios todopoderoso, del Padre, del Hijo ✚ y del Espíritu Santo, descienda sobre ustedes y permanezca para siempre.
Amén.
Durante el año, III
El Señor todopoderoso los bendiga con su misericordia e infunda en sus corazones la sabiduría eterna.
Amén.
Él aumente en ustedes la fe y les dé la perseverancia en el bien obrar.
Amén.
Él dirija hacia sí los pasos de ustedes y les muestre el camino de la paz y del amor.
Amén.
Y la bendición de Dios todopoderoso, del Padre, del Hijo ✚ y del Espíritu Santo, descienda sobre ustedes y permanezca para siempre.
Amén.
Durante el año, IV
El señor de todo consuelo ordene los días de ustedes en su paz y les conceda los dones de su bendición.
Amén.
Los libre de toda perturbación y confirme sus corazones en su amor.
Amén.
Para que enriquecidos con la fe, la esperanza y la caridad, practiquen el bien en la vida presente y puedan llegar felizmente a la eterna.
Amén.
Y la bendición de Dios todopoderoso, del Padre, del Hijo ✚ y del Espíritu Santo, descienda sobre ustedes y permanezca para siempre.
Amén.
Durante el año, V
Dios todopoderoso aparte de ustedes toda adversidad y les conceda los dones de su bendición.
Amén.
Encienda sus corazones con el deseo de su Palabra para que sean colmados con los gozos eternos.
Amén.
Y comprendiendo lo que es bueno y recto, cumplan siempre los mandamientos de Dios y lleguen a participar en el banquete celestial.
Amén.
Y la bendición de Dios todopoderoso, del Padre, del Hijo ✚ y del Espíritu Santo, descienda sobre ustedes y permanezca para siempre.
Amén.
Durante el año, VI
Dios todopoderoso los bendiga con toda clase de bienes celestiales, para que sean santos e irreprochables en su presencia; derrame sobre ustedes la riqueza de su gracia, los instruya con la palabra de la verdad y con el Evangelio de la salvación, y los enriquezca con la caridad fraterna. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
Y la bendición de Dios todopoderoso, del Padre, del Hijo ✚ y del Espíritu Santo, descienda sobre ustedes y permanezca para siempre.
Amén.
Durante el año, VII (2 Tes. 2, 16-17)
Jesucristo, el Señor, y Dios, nuestro Padre, que nos ha amado tanto y nos ha dado el consuelo de una gran esperanza, los afiance y fortalezca para toda clase de palabras y obras buenas.
Amén.
Y la bendición de Dios todopoderoso, del Padre, del Hijo ✚ y del Espíritu Santo, descienda sobre ustedes y permanezca para siempre.
Amén.
Durante el año VIII (1 Tes. 5,23-24)
Que el Dios de la paz los consagre totalmente y que todo el espíritu, alma y cuerpo de ustedes sea custodiado sin reproche hasta la venida de nuestro Señor Jesucristo.
Amén.
Y la bendición de Dios todopoderoso, del Padre, del Hijo ✚ y del Espíritu Santo, descienda sobre ustedes y permanezca para siempre
Amén.
Durante el año, IX (Heb 13, 20-21)
El Dios de la paz, que resucitó de entre los muertos al gran pastor de las ovejas, nuestro Señor Jesús, los haga perfectos en todo bien, en virtud de la sangre de la alianza eterna, para que cumplan su voluntad, realizando en ustedes lo que es de su agrado.
Amén.
Y que la bendición de Dios todopoderoso, del Padre, del Hijo ✚ y del Espíritu Santo, descienda sobre ustedes y permanezca para siempre.
Amén.
Durante el año X (Cf. 1 Ped 5,10-11)
El Dios de toda gracia, que los ha llamado en Cristo a su eterna gloria, los afiance y los conserve fuertes y constantes en la fe.
Amén.
Y la bendición de Dios todopoderoso, del Padre, del Hijo ✚ y del Espíritu Santo, descienda sobre ustedes y permanezca para siempre.
Amén.
La santísima Virgen María
Dios, que por su bondad quiso redimir al género humano mediante la maternidad de la Virgen María, derrame sobre ustedes una abundante bendición.
Amén.
Que experimenten siempre y en todas partes la protección de la Virgen María, por quien recibieron al autor de la vida.
Amén.
Y todos ustedes, reunidos para celebrar con amor esta fiesta en su honor, reciban los dones de la alegría espiritual y los premios eternos.
Amén.
Y la bendición de Dios todopoderoso, del Padre, del Hijo ✚ y del Espíritu Santo, descienda sobre ustedes y permanezca para siempre.
Amén.
San Pedro y san Pablo
Dios todopoderoso que los consolidó por el testimonio de san Pedro, y los estableció en la sólida fe de la Iglesia, los bendiga.
Amén.
A ustedes, que fueron instruidos por la incansable predicación de san Pablo, con su ejemplo les conceda ganar a sus hermanos para Cristo.
Amén.
Pedro por el poder de las llaves, Pablo por su doctrina, y ambos por su intercesión, nos conduzcan a la patria que ellos merecieron alcanzar, uno por la cruz y el otro por la espada.
Amén.
Y la bendición de Dios todopoderoso, del Padre, del Hijo ✚ y del Espíritu Santo, descienda sobre ustedes y permanezca para siempre.
Amén.
Apóstoles
Dios todopoderoso, que los estableció sobre el fundamento apostólico los bendiga por la intercesión de los gloriosos apóstoles N. y N. (del apóstol N.)
Amén.
Él, que quiso instruirlos con la doctrina y los ejemplos de los apóstoles, los ayude a ser ante todos los hombres testigos de la verdad.
Amén.
Que la intercesión de los santos apóstoles, que los instruyeron en la sólida doctrina de la fe, les permita a todos ustedes, alcanzar la herencia eterna.
Amén.
Y la bendición de Dios todopoderoso, del Padre, del Hijo ✚ y del Espíritu Santo, descienda sobre ustedes y permanezca para siempre.
Amén.
Todos los Santos
Dios, gloria y felicidad de los Santos, que les concedió celebrar esta fiesta, los santifique con su eterna bendición.
Amén.
La intercesión de los Santos los libre de todo mal, y su ejemplo los estimule para servir incansablemente a Dios y a los hermanos.
Amén.
Dios les conceda reunirse con los Santos en la felicidad del Reino eterno, donde la Iglesia contempla con gozo a sus hijos, entre los ciudadanos del cielo.
Amén.
Y la bendición de Dios todopoderoso, del Padre, del Hijo ✚ y del Espíritu Santo, descienda sobre ustedes y permanezca para siempre.
Amén.
Fiesta de un Santo
Dios, nuestro Padre, que nos ha congregado para celebrar hoy la fiesta de san N., [Patrono de nuestra comunidad N. parroquial, diocesana, nacional ], los bendiga, proteja y confirme en su paz.
Amén.
Cristo, el Señor, que ha manifestado en san N. la fuerza renovadora del misterio pascual, los haga auténticos testigos de su Evangelio.
Amén.
El Espíritu Santo, que en san N. nos ha ofrecido un ejemplo de caridad evangélica, les conceda la gracia de acrecentar en la Iglesia la verdadera comunión de fe y amor.
Amén.
Y la bendición de Dios todopoderoso, del Padre, del Hijo ✚ y del Espíritu Santo, descienda sobre ustedes y permanezca para siempre.
Amén.
En la dedicación de una iglesia
Dios, Señor del cielo y de la tierra que los ha reunido hoy para la dedicación de esta iglesia los colme con la abundancia de su bendición.
Amén.
Él, que quiso congregar por medio de su Hijo único a todos sus hijos dispersos, les conceda ser templo y morada del Espíritu Santo.
Amén.
Él, que los ha purificado habite en ustedes, y les conceda alcanzar, junto con todos los santos, la felicidad eterna,
Amén.
Y la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo ✚ y Espíritu Santo, descienda sobre ustedes y permanezca para siempre.
Amén.
Celebraciones de difuntos
El Dios de todo consuelo, que por su bondad infinita creó al hombre y por la Resurrección de su Hijo, concedió a los creyentes la esperanza en la resurrección los bendiga.
Amén.
Nos conceda el perdón de los pecados a los que aún vivimos, y conduzca a todos nuestros hermanos difuntos al lugar de la luz y de la paz.
Amén.
Para que todos vivamos eternamente con Cristo, a quien proclamamos resucitado de entre los muertos.
Amén.
Y la bendición de Dios todopoderoso, del Padre, del Hijo ✚ y del Espíritu Santo, descienda sobre ustedes y permanezca para siempre.
Amén.
Misal Romano, 3ª edición típica — aprobado para Chile (Prot. N. 453/08/L, 7 de julio de 2008). Publicado con autorización del Arzobispado de Santiago.
