Capítulo 12
VIII. LOS DISTINTOS CARISMAS (12,1-14,40)
Diversidad de los dones espirituales (12,1-11)
1En cuanto a los dones espirituales, no quiero, hermanos, que estéis en la ignorancia.
2Sabéis que, cuando erais gentiles, os dejabais arrastrar hacia los ídolos mudos.
3Por eso os hago saber que nadie que hable en el Espíritu de Dios dice: «¡Anatema Jesús!», y nadie puede decir: «¡Señor Jesús!», sino por el Espíritu Santo.
4Hay diversidad de dones, pero el Espíritu es el mismo;
5y diversidad de ministerios, pero el Señor es el mismo;
6y diversidad de acciones, pero Dios es el mismo, que obra todo en todos.
7A cada uno se le concede la manifestación del Espíritu para provecho común:
8a uno se le concede por el Espíritu palabra de sabiduría, a otro palabra de ciencia según el mismo Espíritu;
9a uno fe en el mismo Espíritu, a otro don de curaciones en el único Espíritu;
10a uno poder de obrar milagros, a otro profecía, a otro discernimiento de espíritus; a uno diversidad de lenguas, a otro interpretación de lenguas.
11Pero todas estas cosas las realiza el mismo y único Espíritu, que las distribuye a cada uno según quiere.
Variedad en la unidad del Cuerpo místico de Cristo (12,12-31)
12Porque así como el cuerpo es uno y tiene muchos miembros, y todos los miembros del cuerpo, aun siendo muchos, son un solo cuerpo, así también Cristo.
13Porque todos nosotros, tanto judíos como griegos, tanto siervos como libres, fuimos bautizados en un mismo Espíritu para formar un solo cuerpo. Y todos hemos bebido de un solo Espíritu.
14Pues tampoco el cuerpo es un solo miembro, sino muchos.
15Si el pie dijera: «Como no soy mano, no soy del cuerpo», no por eso dejaría de ser del cuerpo.
16Y si dijera el oído: «Como no soy ojo, no soy del cuerpo», no por eso dejaría de ser del cuerpo.
17Si todo el cuerpo fuera ojo, ¿dónde estaría el oído? Si todo fuera oído, ¿dónde estaría el olfato?
18Ahora bien, Dios dispuso cada uno de los miembros en el cuerpo como quiso.
19Si todos fueran un solo miembro, ¿donde estaría el cuerpo?
20Ciertamente muchos son los miembros, pero uno solo el cuerpo.
21No puede el ojo decir a la mano: «No te necesito»; ni tampoco la cabeza a los pies: «No os necesito».
22Más aún, los miembros del cuerpo que parecen más débiles son más necesarios;
23y a los miembros del cuerpo que parecen más viles, los rodeamos de mayor honor, y a los indecorosos los tratamos con mayor decoro;
24los miembros decorosos, en cambio, no necesitan más. Dios ha dispuesto el cuerpo dando mayor honor a lo que carecía de él,
25para que no haya división en el cuerpo, sino que todos los miembros se preocupen por igual unos de otros.
26Si un miembro padece, todos los miembros padecen con él; y si un miembro es honrado, todos los miembros se gozan con él.
27Vosotros sois cuerpo de Cristo, y cada uno un miembro de él.
28Y Dios los dispuso así en la Iglesia: primero apóstoles, segundo profetas, tercero doctores, luego el poder de obrar milagros, después el don de curaciones, de asistencia a los necesitados, de gobierno, de diversidad de lenguas.
29¿Son todos apóstoles? ¿O todos profetas? ¿O todos doctores? ¿O todos tienen poder de obrar milagros?
30¿Tienen todos don de curación? ¿O hablan todos lenguas? ¿O todos tienen don de interpretación?
31Aspirad a los carismas mejores. Sin embargo, todavía os voy a mostrar un camino más excelente.
Notas de la Facultad de Teología (4)
7,1-15,58La segunda parte de la carta responde a las consultas planteadas por los fieles de Corinto. Se trata de cuestiones que afectaban a la vida cotidiana: comportamiento de los esposos entre sí y opción o no por el matrimonio (7,1-40), compras en los mercados de la ciudad (8,1-10,33), celebración de la Eucaristía (11,1-34), manifestaciones carismáticas (12,1-14,40) y, finalmente, la esperanza en la resurrección de los muertos (15,1-58). En la orientación de esas cuestiones, el primer criterio es el amor mutuo, la caridad (13,1-13) y, en consecuencia, evitar cualquier actitud o comportamiento que pudiera producir escándalo o aparecer como menosprecio de otros. Las dudas de algunos sobre la resurrección futura llevan a San Pablo a recordar el contenido del Evangelio que se predicaba desde el comienzo en la Iglesia, y que es el fundamento de la fe cristiana (15,1-4).
12,1-14,40San Pablo inicia el tema de los dones espirituales o carismas, cuyo ejercicio llevaba consigo algunos desórdenes en las celebraciones litúrgicas. Aprovechará para resaltar que el don más importante es la caridad.
12,1-11Entre los corintios se daban fenómenos extraordinarios de lenguaje, tales como hablar en éxtasis o en otras lenguas (cfr cap. 14). El fenómeno podría deberse a carismas auténticos pero también a un estado de exaltación seudorreligiosa, como sucedía, entre los paganos, en el templo de la diosa Pitón, en Delfos, cerca de Corinto. San Pablo establece un criterio para discernir si en aquellos fenómenos actuaba o no el Espíritu de Dios: que se reconociese a Jesús y se expresara su alabanza. El Apóstol valora otros dones y manifestaciones del Espíritu que menciona a continuación más que aquellos fenómenos extáticos. Son los carismas y ministerios que contribuyen a edificar la comunidad.
12,12-31A partir de la comparación de la sociedad con un cuerpo aplicada a la Iglesia, Pablo añade dos características importantes: la identificación de la Iglesia con Cristo (v. 12) y el Espíritu Santo como principio vital (v. 13). De este principio proviene, y por Él tiende al mismo fin: la «edificación» de la Iglesia. Esto hace que todos los miembros, cualquiera que sea su posición, tengan la misma dignidad fundamental y la misma importancia. La unión vital y la mutua acción de unos miembros en otros que San Pablo expone aquí ha sido enseñada desde el principio por la Iglesia y confesada en el Credo con la fórmula Comunión de los Santos. «Esta expresión designa primeramente las «cosas santas» [sancta], y ante todo la Eucaristía, «que significa y al mismo tiempo realiza la unidad de los creyentes, que forman un solo cuerpo en Cristo» (LG 3). Este término designa también la comunión entre las «personas santas» [sancti] en Cristo que ha «muerto por todos», de modo que lo que cada uno hace o sufre en y por Cristo da fruto para todos» (CCE 960 y 961).
Sagrada Biblia, traducida y anotada por la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra — © Ediciones Universidad de Navarra (EUNSA).
