1 Corintios

Capítulo 11

VII. EL MODO DE CELEBRAR LA EUCARISTÍA (11,1-34)

La mujer en las reuniones litúrgicas (11,1-16)

1Sed imitadores míos, como yo lo soy de Cristo.

2Os alabo porque en todo os acordáis de mí, y mantenéis las tradiciones como os las transmití.

3Quiero que sepáis que la cabeza de todo hombre es Cristo, la cabeza de la mujer es el hombre, y la cabeza de Cristo es Dios.

4Todo hombre que reza o profetiza con la cabeza cubierta deshonra su cabeza,

5y toda mujer que reza o profetiza con la cabeza descubierta deshonra su cabeza, pues es lo mismo que si se rapara.

6Por tanto, si no se quiere cubrir con el velo, que se corte el pelo. Si es vergonzoso para la mujer cortarse el pelo o raparse, que se cubra con el velo.

7El hombre, en efecto, no debe cubrirse la cabeza, puesto que es imagen y gloria de Dios; la mujer, en cambio, es gloria del hombre;

8porque no procede el hombre de la mujer, sino la mujer del hombre,

9ni fue creado el hombre por razón de la mujer, sino la mujer por razón del hombre.

10Por tanto, la mujer debe mostrar sobre su cabeza la señal de sumisión por razón de los ángeles.

11Por lo demás, ni la mujer sin el hombre, ni el hombre sin la mujer, en el Señor.

12Porque si la mujer procede del hombre, así el hombre nace de la mujer; y todo de Dios.

13Juzgad por vosotros mismos: ¿es conveniente que la mujer rece a Dios con la cabeza descubierta?

14¿Acaso la misma naturaleza no os enseña que es afrenta para el hombre llevar larga cabellera,

15mientras que la mujer se honra dejándola crecer? Porque la cabellera le ha sido dada como velo.

16Y si alguno quiere discutir, nosotros no tenemos esa costumbre, ni tampoco las iglesias de Dios.

Abusos en la celebración de la Eucaristía (11,17-22)

17Al recomendaros esto, no os alabo, porque no os reunís para vuestro bien espiritual, sino para vuestro daño.

18En primer lugar oigo que, cuando os reunís en asamblea litúrgica, hay divisiones entre vosotros, y en parte lo creo,

19pues conviene que haya entre vosotros disensiones, para que se descubran entre vosotros los de virtud probada.

20Pues, cuando os reunís, no es ya para tomar la Cena del Señor;

21porque al comer, cada uno se adelanta a tomar su propia cena, y mientras uno pasa hambre, otro está ebrio.

22¿No tenéis casas para comer y beber? ¿O despreciáis la Iglesia de Dios y avergonzáis a los que no tienen nada? ¿Qué voy a deciros? ¿Os alabaré? En esto no os alabo. (Mt 26,26-29; Mc 14,22-25; Lc 22,14-20)

Institución de la Eucaristía. Recibirladignamente (11,23-34)

23Porque yo recibí del Señor lo que también os transmití: que el Señor Jesús, la noche en que fue entregado, tomó pan,

24y dando gracias, lo partió y dijo: «Esto es mi cuerpo, que se da por vosotros; haced esto en conmemoración mía».

25Y de la misma manera, después de cenar, tomó el cáliz, diciendo: «Este cáliz es la nueva alianza en mi sangre; cuantas veces lo bebáis, hacedlo en conmemoración mía».

26Porque cada vez que coméis este pan y bebéis este cáliz, anunciáis la muerte del Señor, hasta que venga.

27Así pues, quien coma el pan o beba el cáliz del Señor indignamente, será reo del cuerpo y de la sangre del Señor.

28Examínese, por tanto, cada uno a sí mismo, y entonces coma del pan y beba del cáliz;

29porque el que come y bebe sin discernir el Cuerpo, come y bebe su propia condenación.

30Por eso hay entre vosotros muchos enfermos y débiles, y mueren tantos.

31Si nos examináramos a nosotros mismos, no seríamos condenados.

32Pero al ser juzgados, somos corregidos por el Señor, para no ser condenados con el mundo.

33Por tanto, hermanos míos, cuando os reunáis para comer, esperaos unos a otros.

34Si alguno tiene hambre, que coma en casa, para que no os reunáis para vuestra condenación. El resto lo dispondré cuando llegue.

Notas de la Facultad de Teología (5)

7,1-15,58La segunda parte de la carta responde a las consultas planteadas por los fieles de Corinto. Se trata de cuestiones que afectaban a la vida cotidiana: comportamiento de los esposos entre sí y opción o no por el matrimonio (7,1-40), compras en los mercados de la ciudad (8,1-10,33), celebración de la Eucaristía (11,1-34), manifestaciones carismáticas (12,1-14,40) y, finalmente, la esperanza en la resurrección de los muertos (15,1-58). En la orientación de esas cuestiones, el primer criterio es el amor mutuo, la caridad (13,1-13) y, en consecuencia, evitar cualquier actitud o comportamiento que pudiera producir escándalo o aparecer como menosprecio de otros. Las dudas de algunos sobre la resurrección futura llevan a San Pablo a recordar el contenido del Evangelio que se predicaba desde el comienzo en la Iglesia, y que es el fundamento de la fe cristiana (15,1-4).

11,1-34En esta sección de la carta Pablo resuelve algunos problemas que se planteaban los corintios en relación con las reuniones cultuales y transmite además la doctrina sobre la Eucaristía.

11,1-16San Pablo, que en otros lugares subrayó la esencial igualdad en Cristo de varón y mujer –«ya no hay diferencia entre judío y griego, ni entre esclavo y libre, ni entre varón y mujer, porque todos vosotros sois uno solo en Cristo Jesús» (Ga 3,28)– trata ahora de la cuestión del velo de la mujer en las reuniones litúrgicas. Era un problema no relevante, pero objeto de discusión entre los corintios (v. 16). El Apóstol contesta según las costumbres judías de su tiempo, conforme a las «tradiciones» (v. 2) que les había transmitido. Es posible que vislumbrara bajo el problema del velo cuestiones más profundas que el simple atuendo. En cualquier caso, la conducta externa es manifestación de las disposiciones interiores.

11,17-22Pablo sale al paso de un problema mayor. Aquellos cristianos, de muy diversa condición social y cultural, celebraban la Eucaristía junto con una comida, en la que se habían introducido abusos y discriminaciones. Muy pronto, ya en la primitiva cristiandad, se producirá la separación entre la Eucaristía y esas comidas, que se transformarían en comidas de fraternidad.

11,23-34En la doctrina sobre la Eucaristía que aquí transmite San Pablo resplandece la importancia de la Tradición apostólica (v. 23). Junto con los de Mt, Mc y Lc, los vv. 23-25 constituyen el cuarto relato de la institución de la Eucaristía que conserva el Nuevo Testamento. El texto contiene los puntos fundamentales de la fe cristiana sobre el misterio eucarístico: 1) Institución de este sacramento por Jesucristo y presencia real del Señor. 2) Institución del sacerdocio cristiano. 3) La Eucaristía, sacrificio del Nuevo Testamento. «Haced esto en conmemoración mía» (v. 24) no es recordar meramente la cena del Señor, sino renovar su propio sacrificio pascual del calvario, que está ya anticipadamente presente en la última Cena. Las palabras de los vv. 27-32 son una inequívoca afirmación de la presencia real de Jesucristo en las especies eucarísticas. Esta presencia real del Señor es la razón de las disposiciones de alma y cuerpo con que debe ser recibido, y de las graves consecuencias que tiene el recibirlo indignamente (vv. 27-29). El Catecismo de la Iglesia Católica, recogiendo esta enseñanza recuerda que «quien tiene conciencia de estar en pecado grave debe recibir el sacramento de la Reconciliación antes de acercarse a comulgar. (CCE 1385; cfr CIC 919,1).

Sagrada Biblia, traducida y anotada por la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra — © Ediciones Universidad de Navarra (EUNSA).

1 Corintios 11 — Parroquia Jesús Obrero