Capítulo 14
Profecía, don de lenguas e interpretación (14,1-25)
1Esforzaos por alcanzar la caridad. Aspirad también a los dones espirituales, especialmente al de profecía.
2Porque el que habla en lenguas no habla a los hombres, sino a Dios: porque nadie le entiende, pues en el Espíritu dice cosas misteriosas.
3Pero el que profetiza habla a los hombres para su edificación, exhortación y consolación.
4El que habla en lenguas se edifica a sí mismo, el que profetiza instruye a la Iglesia.
5Deseo que habléis todos en lenguas, pero más todavía que profeticéis; pues el que profetiza es mayor que el que habla en lenguas, a no ser que también interprete, para que la Iglesia reciba instrucción.
6Ahora bien, hermanos, si yo fuese donde vosotros hablando en lenguas, ¿qué os aprovecharía, si no os hablase instruyéndoos o con la revelación, o con la ciencia, o con la profecía, o con la doctrina?
7Así pasa con los instrumentos musicales inanimados, como la flauta o la cítara. Si no emiten sonidos nítidos, ¿cómo se distinguirá lo que toca la flauta o la cítara?
8Y si la trompeta da un toque confuso, ¿quién se preparará para el combate?
9De igual manera vosotros, si al hablar en lenguas no decís algo que se entienda, ¿cómo se comprenderá lo que estáis diciendo? Seríais como quien habla al viento.
10En efecto, tantas lenguas diferentes hay en el mundo, y ninguna carece de sentido.
11Pero si no entiendo el significado de sus palabras, seré un extranjero para el que me habla, y él será un extranjero para mí.
12Así también vosotros, ya que aspiráis a los dones espirituales, procurad tener en abundancia los que son para edificación de la Iglesia.
13Por eso, el que habla en lenguas, que pida el don de interpretación;
14pues si rezo en lenguas, mi espíritu reza, pero mi mente queda sin fruto.
15¿Qué hacer, entonces? Rezaré con el espíritu, pero rezaré también con la mente; cantaré salmos con el espíritu, pero los cantaré también con la mente.
16Porque si tú bendices sólo con el espíritu, ¿cómo responderá «¡Amén!» a tu acción de gracias el que asiste como simple oyente, si no sabe qué dices?
17Ciertamente, tú haces bien la acción de gracias, pero el otro no queda instruido.
18Doy gracias a Dios porque hablo en lenguas más que todos vosotros,
19pero en la iglesia prefiero decir cinco palabras con sentido, para instruir también a los demás, que diez mil palabras en lenguas.
20Hermanos, no seáis niños en el uso de la razón. Sed niños en la malicia, pero hombres maduros en el uso de la razón.
21Está escrito en la Ley: Con lenguas extrañas y por boca de extranjeros hablaré a este pueblo, y ni aun así me escucharán –dice el Señor.
22Pues las lenguas son signo no para los creyentes, sino para los incrédulos; la profecía, en cambio, no es para los incrédulos, sino para los creyentes.
23Si toda la iglesia está reunida en un lugar, y todos hablando en lenguas, y entrara una persona sencilla o un infiel, ¿no diría que estáis locos?
24En cambio, si todos profetizan y entrara algún infiel o una persona sencilla, todos le convencerán de sus errores, todos le harán reflexionar;
25los secretos de su corazón quedarán al descubierto, y cayendo sobre su rostro adorará a Dios proclamando: «Verdaderamente Dios está en medio de vosotros».
Normas prácticas para las reuniones litúrgicas (14,26-40)
26Entonces, ¿qué hacer, hermanos? Cuando os reunís, cada uno puede aportar un salmo, una enseñanza, una revelación, un discurso en lenguas, una interpretación. Pero que todo sea para edificación.
27Si se habla en lenguas, que hablen dos o como mucho tres, y por turno, y que otro interprete;
28pero si no hubiera intérprete, que se callen en la iglesia, y que cada uno hable consigo mismo y con Dios.
29En cuanto a los profetas, que hablen dos o tres, y que los demás disciernan;
30pero si uno de los que están sentados recibe una revelación, que se calle el primero.
31Podéis, por tanto, profetizar todos, uno por uno, para que todos aprendan y todos reciban aliento.
32Además, el espíritu de los profetas está sujeto a los profetas,
33porque Dios no es un Dios de confusión sino de paz. Como enseño en todas las iglesias de los santos,
34las mujeres deben callar en las iglesias, pues no se les permite hablar; antes bien, deben estar sujetas, como también dice la Ley.
35Si quieren aprender algo, que pregunten en casa a sus maridos, pues es indecoroso para la mujer hablar en la iglesia.
36¿Acaso la palabra de Dios procedió de vosotros, o ha llegado sólo a vosotros?
37Si alguno se considera profeta o persona espiritual, que reconozca que esto que os escribo es un mandato del Señor.
38Si alguno lo rechaza, será él rechazado.
39Por tanto, hermanos míos, aspirad al don de profecía y no impidáis hablar en lenguas;
40pero que todo se haga con respeto y con orden.
Notas de la Facultad de Teología (4)
7,1-15,58La segunda parte de la carta responde a las consultas planteadas por los fieles de Corinto. Se trata de cuestiones que afectaban a la vida cotidiana: comportamiento de los esposos entre sí y opción o no por el matrimonio (7,1-40), compras en los mercados de la ciudad (8,1-10,33), celebración de la Eucaristía (11,1-34), manifestaciones carismáticas (12,1-14,40) y, finalmente, la esperanza en la resurrección de los muertos (15,1-58). En la orientación de esas cuestiones, el primer criterio es el amor mutuo, la caridad (13,1-13) y, en consecuencia, evitar cualquier actitud o comportamiento que pudiera producir escándalo o aparecer como menosprecio de otros. Las dudas de algunos sobre la resurrección futura llevan a San Pablo a recordar el contenido del Evangelio que se predicaba desde el comienzo en la Iglesia, y que es el fundamento de la fe cristiana (15,1-4).
12,1-14,40San Pablo inicia el tema de los dones espirituales o carismas, cuyo ejercicio llevaba consigo algunos desórdenes en las celebraciones litúrgicas. Aprovechará para resaltar que el don más importante es la caridad.
14,1-25San Pablo enseña el valor de los distintos dones del Espíritu Santo. El don de profecía hace referencia en este caso a la facultad de hablar por impulso y en nombre de Dios para consuelo y edificación de los oyentes, sin incluir necesariamente el anuncio de cosas futuras u ocultas. El don de lenguas entre los cristianos era considerado como la facultad sobrenatural de orar o de cantar las alabanzas de Dios con gran entusiasmo, mediante palabras desconocidas: con frecuencia un intérprete –que gozaba del don de interpretar aquellas palabras– explicaba el sentido de lo que decía el poseedor de este don. Aunque parece ser que los paganos quedaban impresionados y se admiraban ante ese don, San Pablo le concede un valor relativo.
14,26-40Parece que en aquellas celebraciones los corintios, llevados de su propio entusiasmo e influidos quizá por un ambiente de manifestaciones religiosas exaltadas, corrían el riesgo de caer en la confusión y el desorden. Por eso el Apóstol vuelve a dar unas normas prácticas sobre el comportamiento en las celebraciones litúrgicas. Se dirige a los que hablan en lenguas (vv. 27-28), a los que profetizan (vv. 29-33) y a las mujeres (vv. 34-35). Finalmente, recapitula las ideas que ha venido desarrollando (vv. 36-40). En lo que se refiere a las mujeres (v. 34), no se opone a que profeticen (cfr 11,5), sino que se expresa así dadas las circunstancias que concurrían en las asambleas de los corintios. «La prohibición se refiere únicamente a la función oficial de enseñar en la asamblea. (...) No hay que olvidar, por lo demás, que debemos a San Pablo uno de los textos más vigorosos del Nuevo Testamento acerca de la igualdad fundamental entre el hombre y la mujer como hijos de Dios en Cristo» (Cong. Doc. Fe, Inter insigniores 4,20). A la igualdad esencial que existe entre el hombre y la mujer, no se opone la diversidad de funciones en el seno de la Iglesia, de manera que el sacerdocio ministerial quede reservado a los varones elegidos por Dios, recordando que «los más grandes en el reino de los cielos no son los ministros, sino los santos» (ibid. 6,39).
Sagrada Biblia, traducida y anotada por la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra — © Ediciones Universidad de Navarra (EUNSA).
