Capítulo 15
IX. LA RESURRECCIÓN DELOS MUERTOS (15,1-58)
Resurrección y apariciones de Cristo (15,1-11)
1Os recuerdo, hermanos, el Evangelio que os prediqué, que recibisteis, en el que os mantenéis firmes,
2y por el cual sois salvados, si lo guardáis tal como os lo anuncié. ¡Y si no, habéis creído en vano!
3Porque os transmití en primer lugar lo mismo que yo recibí: que Cristo murió por nuestros pecados, según las Escrituras;
4que fue sepultado y que resucitó al tercer día, según las Escrituras;
5y que se apareció a Cefas, y después a los doce.
6Después se apareció a más de quinientos hermanos a la vez, la mayoría de los cuales vive todavía y algunos ya han muerto.
7Luego se apareció a Santiago, y después a todos los apóstoles.
8Y en último lugar, como a un abortivo, se me apareció también a mí.
9Porque soy el menor de los apóstoles, que no soy digno de ser llamado apóstol, ya que perseguí a la Iglesia de Dios.
10Pero por la gracia de Dios soy lo que soy, y la gracia que se me dio no resultó inútil; al contrario, he trabajado más que todos ellos; pero no yo, sino la gracia de Dios que está conmigo.
11Por consiguiente, tanto ellos como yo esto es lo que predicamos y esto lo que habéis creído.
Fundamento de nuestra fe (15,12-19)
12Pero si se predica que Cristo ha resucitado de entre los muertos, ¿cómo es que algunos de entre vosotros dicen que no hay resurrección de los muertos?
13Si no hay resurrección de los muertos, tampoco Cristo ha resucitado.
14Y si Cristo no ha resucitado, inútil es nuestra predicación, inútil es también vuestra fe.
15Resultamos ser además falsos testigos de Dios, porque, en contra de Dios, testimoniamos que resucitó a Cristo, a quien no resucitó, si de verdad los muertos no resucitan.
16Pues si los muertos no resucitan, tampoco Cristo ha resucitado;
17pero si Cristo no ha resucitado, vana es vuestra fe, todavía estáis en vuestros pecados.
18E incluso los que han muerto en Cristo perecieron.
19Y si tenemos puesta la esperanza en Cristo sólo para esta vida, somos los más miserables de todos los hombres.
Causa de nuestra resurrección (15,20-34)
20Ahora bien, Cristo ha resucitado de entre los muertos, como primer fruto de los que mueren.
21Porque como por un hombre vino la muerte, también por un hombre la resurrección de los muertos.
22Y así como en Adán todos mueren, así también en Cristo todos serán vivificados.
23Pero cada uno en su propio orden: como primer fruto, Cristo; luego, con su venida, los que son de Cristo.
24Después llegará el fin, cuando entregue el Reino a Dios Padre, cuando haya aniquilado todo principado, toda potestad y poder.
25Pues es necesario que él reine, hasta que ponga a todos los enemigos bajo sus pie s.
26Como último enemigo será destruida la muerte;
27porque ha sometido todas las cosas bajo sus pie s, si bien cuando dice que todas las cosas están sometidas, es indudable que exceptúa al que sometió todo a él.
28Y cuando le hayan sido sometidas todas las cosas, entonces también el mismo Hijo se someterá a quien a él sometió todo, para que Dios sea todo en todas las cosas.
29De no ser así, ¿qué conseguirán los que se bautizan por los muertos? Si los muertos no resucitan de ninguna manera, ¿para qué se bautizan por ellos?
30Y nosotros ¿para qué nos ponemos continuamente en peligro?
31Sí, hermanos, cada día estoy a punto de morir por la gloria que sois vosotros para mí en Cristo Jesús, Señor nuestro.
32Si por miras humanas luché contra bestias en Éfeso, ¿de qué me sirve? Si los muertos no resucitan, comamos y bebamos, que mañana moriremo s.
33No os dejéis seducir: las malas compañías corrompen las buenas costumbres.
34Despertaos, como es justo, y dejad de pecar. Porque hay algunos que desconocen a Dios. Lo digo para vergüenza vuestra.
Modo de la resurrección (15,35-58)
35Pero dirá alguno: «¿Cómo resucitan los muertos? ¿Con qué cuerpo vuelven a la vida?»
36Necio. Lo que tú siembras no revive si antes no muere;
37y lo que siembras, no es el cuerpo que llegará a ser, sino un simple grano, de trigo por ejemplo, o de alguna otra cosa.
38Dios en cambio, le da un cuerpo según su voluntad: a cada semilla su propio cuerpo.
39No toda carne es igual, sino que una es la carne de los hombres, otra la de las bestias, otra la de las aves, otra la de los peces.
40Hay también cuerpos celestes y cuerpos terrestres; pero uno es el resplandor de los celestes, y otro el de los terrestres.
41Uno es el resplandor del sol, otro el de la luna y otro el de las estrellas; y una estrella se diferencia de otra en el resplandor.
42Así será en la resurrección de los muertos: se siembra en corrupción, resucita en incorrupción;
43se siembra en vileza, resucita en gloria; se siembra en debilidad, resucita en poder;
44se siembra un cuerpo natural, resucita un cuerpo espiritual. Porque si hay un cuerpo natural, también lo hay espiritual.
45Así está escrito: El primer hombr e, Adán, fue hecho ser viv o; el último Adán, espíritu que da vida.
46Pero no es primero lo espiritual, sino lo natural; después lo espiritual.
47El primer hombre, sacado de la tierra, es terreno; el segundo hombre es del cielo.
48Como el hombre terreno, así son los hombres terrenos; como el celestial, así son los celestiales.
49Y como hemos llevado la imagen del hombre terreno, llevaremos también la imagen del hombre celestial.
50Esto os digo, hermanos: que la carne y la sangre no pueden heredar el Reino de Dios, ni la corrupción heredará la incorrupción.
51Mirad, os declaro un misterio: no todos moriremos, pero todos seremos transformados,
52en un instante, en un abrir y cerrar de ojos, al son de la trompeta final; porque sonará la trompeta, y los muertos resucitarán incorruptibles, y nosotros seremos transformados.
53Porque es necesario que este cuerpo corruptible se revista de incorruptibilidad, y este cuerpo mortal se revista de inmortalidad.
54Y cuando este cuerpo corruptible se haya revestido de incorruptibilidad, y este cuerpo mortal se haya revestido de inmortalidad, entonces se cumplirá la palabra que está escrita: La muerte ha sido absorbida en la victori a.
55¿Dónde está, muerte, tu victoria? ¿Dónde está, muerte, tu aguijón?
56El aguijón de la muerte es el pecado; y la fuerza del pecado, la ley.
57Pero demos gracias a Dios, que nos da la victoria por nuestro Señor Jesucristo.
58Por tanto, amados hermanos míos, manteneos firmes, inconmovibles, progresando siempre en la obra del Señor, sabiendo que vuestro trabajo no es vano en el Señor.
Notas de la Facultad de Teología (6)
7,1-15,58La segunda parte de la carta responde a las consultas planteadas por los fieles de Corinto. Se trata de cuestiones que afectaban a la vida cotidiana: comportamiento de los esposos entre sí y opción o no por el matrimonio (7,1-40), compras en los mercados de la ciudad (8,1-10,33), celebración de la Eucaristía (11,1-34), manifestaciones carismáticas (12,1-14,40) y, finalmente, la esperanza en la resurrección de los muertos (15,1-58). En la orientación de esas cuestiones, el primer criterio es el amor mutuo, la caridad (13,1-13) y, en consecuencia, evitar cualquier actitud o comportamiento que pudiera producir escándalo o aparecer como menosprecio de otros. Las dudas de algunos sobre la resurrección futura llevan a San Pablo a recordar el contenido del Evangelio que se predicaba desde el comienzo en la Iglesia, y que es el fundamento de la fe cristiana (15,1-4).
15,1-58Algunos fieles de Corinto se resistían a aceptar la resurrección de los muertos, quizá porque entre los griegos nunca había existido esa creencia –ni siquiera entre los que afirmaban la inmortalidad del alma– y pensaban que la salvación en Cristo ya estaba completa con la situación espiritual adquirida por el Bautismo. San Pablo va a mostrarles la dimensión escatológica de la salvación.
15,1-11Pablo les recuerda en primer lugar el Evangelio predicado por los Apóstoles desde el primer momento. Este Evangelio proclama el hecho histórico de la resurrección de Jesucristo. Es el argumento supremo en favor de la divinidad de Jesús y de su misión redentora divina. La resurrección de Cristo es el dogma central de la fe cristiana. Su importancia es tan grande, que los Apóstoles son, sobre todo, testigos de la resurrección de Jesús. El pasaje de San Pablo tiene especial relieve por tratarse de la exposición por escrito más antigua –anterior a la redacción de los evangelios– de la resurrección del Señor, cuando han transcurrido poco más de veinte años desde que ocurrió el acontecimiento. La garantía de que Cristo ha resucitado la tiene el cristiano en el testimonio de las Sagrada Escritura y de los Apóstoles a los que se apareció vivo y glorioso.
15,12-19Al resucitar, Cristo completa la obra de la Redención. Si muriendo en la cruz había vencido al pecado, era necesario que resucitase, venciendo así a la muerte, consecuencia del pecado (cfr Rm 5,12). «La Resurrección constituye ante todo la confirmación de todo lo que Cristo hizo y enseñó. Todas las verdades, incluso las más inaccesibles al espíritu humano, encuentran su justificación si Cristo, al resucitar, ha dado la prueba definitiva de su autoridad divina según lo había prometido» (CCE 651).
15,20-34Subraya la unión entre Cristo y los cristianos: como miembros todos de un mismo Cuerpo, en el que Cristo es la Cabeza, constituimos como un único organismo. Por eso, afirmada la resurrección de Jesucristo, es necesario afirmar la resurrección de los justos. De manera semejante a como la desobediencia de Adán trajo como consecuencia la muerte de todos, Jesucristo –nuevo Adán– ha merecido la resurrección de todos. La salvación del cristiano culminará tras la muerte con la resurrección del cuerpo, al final de los tiempos. San Pablo expone toda la obra mesiánica y redentora de Cristo: según el designio del Padre, Cristo ha sido constituido soberano del universo, dando cumplimiento a las Escrituras (Sal 110,1 y 8,7). La soberanía de Cristo sobre toda la creación se cumple ya en el tiempo, pero alcanzará su plenitud definitiva tras el Juicio Final. La Iglesia celebra todos los años, en el último domingo del tiempo ordinario, la festividad de Jesucristo, Rey del Universo, para recordar su imperio supremo y absoluto sobre todas las cosas. El v. 29 no tiene una interpretación segura. Puede referirse a una costumbre, pronto desaparecida, de asociar intencionalmente al propio Bautismo a los amigos y familiares queridos ya difuntos.
15,35-58Una vez mostrada la resurrección de los muertos, el Apóstol trata del modo como tendrá lugar, utilizando comparaciones tomadas del reino vegetal, animal y mineral, para que pueda entenderse mejor (vv. 36-41). Seguidamente expone las cualidades de los cuerpos resucitados, extendiéndose en explicar una de ellas –la espiritualidad o sutileza– (vv. 42-50), para seguir con las circunstancias y la manera en que sucederá la resurrección (vv. 51-53). Termina con un canto de alegría y acción de gracias a Dios por tantas maravillas (vv. 54-58). Se llama cuerpo espiritual (v. 44) «no porque se convierta en espíritu, sino porque está sujeto de tal manera al espíritu, que para que convenga a la habitación celestial, toda fragilidad e imperfección terrena es cambiada y convertida en estabilidad celeste» (S. Agustín, De fid. et symb. 6).
Sagrada Biblia, traducida y anotada por la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra — © Ediciones Universidad de Navarra (EUNSA).
