1 Corintios

Capítulo 7

SEGUNDA PARTE RESPUESTAS A ALGUNAS CONSULTAS (§ 7,1-15,58)

V. MATRIMONIO Y VIRGINIDAD (7,1-40)

Relaciones entre los esposos (7,1-9)

1En cuanto a lo que me habéis escrito, más le vale al hombre no tocar a una mujer;

2pero ante el peligro de fornicación, que cada uno tenga su mujer y cada una su marido.

3Que el marido cumpla su deber conyugal con la mujer; y lo mismo la mujer con el marido.

4La mujer no es dueña de su propio cuerpo, sino el marido; del mismo modo, el marido no es dueño de su propio cuerpo, sino la mujer.

5No privéis al otro de lo que es suyo, a no ser de mutuo acuerdo, durante algún tiempo, para dedicaros a la oración; y de nuevo volved a vivir como antes, para que Satanás no os tiente por vuestra incontinencia.

6Esto lo digo como condescendencia, no como mandato.

7Me gustaría que todos los hombres fuesen como yo; pero cada cual tiene de Dios su propio don, uno de una manera, otro de otra.

8Pero a los no casados y a las viudas les digo que más les vale permanecer como yo.

9Y si no pueden guardar continencia, que se casen; mejor es casarse que abrasarse.

Indisolubilidad del matrimonio (7,10-11)

10En cambio, a los casados, les mando, no yo sino el Señor: que la mujer no se separe del marido,

11y en caso de que se separe, que permanezca sin casarse o que se reconcilie con su marido; y que el marido no despida a su mujer.

El privilegio paulino (7,12-16)

12A los demás les digo yo, no el Señor: si algún hermano tiene una mujer no creyente, y ella consiente en habitar con él, que no la despida;

13y si alguna mujer tiene un marido no creyente, y éste consiente en habitar con ella, que no despida al marido.

14Porque el marido no creyente es santificado por la mujer, y la mujer no creyente es santificada por el hermano. De no ser así, vuestros hijos serían impuros, y ahora son santos.

15Pero si el no creyente se separa, que se separe. En este caso, ni el hermano ni la hermana quedan ligados; porque Dios nos ha llamado a vivir en paz.

16Pues ¿qué sabes tú, mujer, si salvarás a tu marido? ¿Qué sabes tú, marido, si salvarás a tu mujer?

Permanencia en la propia vocación (7,17-24)

17Por lo demás, que cada uno permanezca en la condición que le asignó el Señor, en la que tenía cuando le llamó Dios. Así lo dispongo en todas las iglesias.

18¿Fue llamado alguien cuando estaba circuncidado? Que no lo oculte. ¿Ha sido llamado alguien cuando no estaba circuncidado? Que no se circuncide.

19Nada es la circuncisión ni es nada la falta de circuncisión: lo importante es la observancia de los mandamientos de Dios.

20Que cada uno permanezca en la vocación en que fue llamado.

21¿Fuiste llamado siendo siervo? No te preocupes; y aunque puedes hacerte libre, aprovecha más bien tu condición;

22porque el que siendo siervo fue llamado en el Señor, es liberto del Señor. Igualmente, el que fue llamado siendo libre, es siervo de Cristo.

23Habéis sido comprados mediante un precio; no os hagáis esclavos de los hombres.

24Que cada uno, hermanos, permanezca ante Dios en el estado en que fue llamado.

Excelencia de la virginidad (7,25-38)

25En cuanto a la virginidad, no tengo precepto del Señor, pero doy un consejo, como quien por la misericordia del Señor merece confianza.

26Así pues, considero que, por la presente necesidad, más le vale al hombre permanecer como está.

27¿Estás unido a una mujer? No busques la separación. ¿No estás unido a una mujer? No busques mujer.

28Si te casas, no pecas, y si una virgen se casa, no peca. Sin embargo, así tendrán la tribulación en la carne, que yo querría evitaros.

29Hermanos, os digo esto: el tiempo es corto. Por tanto, en lo que queda, los que tienen mujer, vivan como si no la tuviesen;

30y los que lloran, como si no llorasen; y los que se alegran, como si no se alegrasen; y los que compran, como si no poseyesen;

31y los que disfrutan de este mundo, como si no disfrutasen. Porque la apariencia de este mundo pasa.

32Os quiero libres de preocupaciones. El que no está casado se preocupa de las cosas del Señor, de cómo agradar al Señor;

33el casado se preocupa de las cosas del mundo, de cómo agradar a su mujer,

34y está dividido. La mujer no casada y la virgen se preocupan de las cosas del Señor, para ser santas en el cuerpo y en el espíritu; la casada, sin embargo, se preocupa de las cosas del mundo, de cómo agradar a su marido.

35Os digo esto sólo para vuestro provecho, no para tenderos un lazo, sino en atención a lo que es más noble y al trato con el Señor, sin otras distracciones.

36Si alguno considera que no se comporta honestamente con su virgen, ya que ella está en la flor de la edad, y es conveniente que se case, ponga por obra su deseo; no peca: que se casen.

37Pero el que permanece firme en su corazón, no por necesidad, sino pudiendo disponer por voluntad propia, y en su corazón determina guardarla virgen, hará bien.

38Por tanto, quien desposa a su virgen obra bien; y quien no la desposa obra mejor.

Consejo a las viudas (7,39-40)

39La mujer está ligada a su marido, mientras él vive; pero si muere su marido, queda libre para casarse con quien quiera, pero sólo en el Señor.

40Más feliz será, sin embargo, si permanece así, según mi consejo; que pienso que yo también tengo el Espíritu de Dios.

Notas de la Facultad de Teología (8)

7,1-15,58La segunda parte de la carta responde a las consultas planteadas por los fieles de Corinto. Se trata de cuestiones que afectaban a la vida cotidiana: comportamiento de los esposos entre sí y opción o no por el matrimonio (7,1-40), compras en los mercados de la ciudad (8,1-10,33), celebración de la Eucaristía (11,1-34), manifestaciones carismáticas (12,1-14,40) y, finalmente, la esperanza en la resurrección de los muertos (15,1-58). En la orientación de esas cuestiones, el primer criterio es el amor mutuo, la caridad (13,1-13) y, en consecuencia, evitar cualquier actitud o comportamiento que pudiera producir escándalo o aparecer como menosprecio de otros. Las dudas de algunos sobre la resurrección futura llevan a San Pablo a recordar el contenido del Evangelio que se predicaba desde el comienzo en la Iglesia, y que es el fundamento de la fe cristiana (15,1-4).

7,1-40Es posible que la consulta sobre la virginidad y el celibato viniera propuesta por algunos que consideraban las relaciones conyugales como algo malo y, en consecuencia, creían que el celibato y la virginidad eran obligatorios para el cristiano. Pablo tratará estas cuestiones incluyendo también la situación de las viudas.

7,1-9El Apóstol expone brevemente la legitimidad del matrimonio. El celibato, en términos absolutos, es superior al matrimonio, pero éste es bueno y santo para los que son llamados a él. Para vivir el celibato se necesita una gracia especial de Dios. Quienes no tienen ese don, es mejor que vivan en el matrimonio, que también es un don de Dios (v. 7). «El matrimonio es un camino divino en la tierra. (...) Quien es llamado al estado matrimonial, encuentra en ese estado –con la gracia de Dios– todo lo necesario para ser santo, para identificarse cada día más con Jesucristo, y para llevar hacia el Señor a las personas con las que convive» (S. Josemaría Escrivá, Convers. 91).

7,10-11En lo que respecta a la indisolubilidad del matrimonio, el Apóstol deja bien claro que sí tiene un precepto firme, no suyo, sino del Señor. «Él (Dios) quiere y da la indisolubilidad del matrimonio como fruto, signo y exigencia del amor absolutamente fiel que Dios tiene al hombre y que el Señor Jesús vive hacia su Iglesia. (...) Dar testimonio del inestimable valor de la indisolubilidad y fidelidad matrimonial es uno de los deberes más preciosos y urgentes de las parejas cristianas de nuestro tiempo» (Juan Pablo II, Fam. cons. 20).

7,12-16La disciplina de la Iglesia ha seguido la solución prevista por San Pablo y permite que cuando se convierte uno de los cónyuges, y la parte pagana rompe la convivencia matrimonial o no deja vivir al bautizado conforme a la fe, la parte bautizada queda libre para separarse y casarse de nuevo (cfr CIC 1143-1147).

7,17-24Quizá algunos, aplicando mal las consecuencias del nuevo nacimiento que supone el Bautismo, pretendían un cambio total, no sólo interior, sino también en las condiciones sociales de su vida. El Apóstol les explica, mediante el ejemplo de la circuncisión y de la esclavitud, que las circunstancias externas no entorpecen la vida cristiana, sino que son el medio querido por Dios para desarrollarla. La vocación cristiana no saca a nadie de su sitio, ni tiene por qué cambiar las circunstancias exteriores. «La vocación enciende una luz que nos hace reconocer el sentido de nuestra existencia. Es convencerse, con el resplandor de la fe, del porqué de nuestra realidad terrena. (...) Todos los sucesos y acontecimientos ocupan ahora su verdadero sitio: entendemos adónde quiere conducirnos el Señor» (S. Josemaría Escrivá. Hom. 1. 45).

7,25-38La excelencia de la virginidad –tanto de mujeres como de hombres– se fundamenta en el amor de Dios, al cual puede dedicarse el célibe con una exclusividad que no se da en la persona casada. «Estas dos realidades, el sacramento del Matrimonio y la virginidad por el Reino de Dios, vienen del Señor mismo. Es Él quien les da sentido y les concede la gracia indispensable para vivirlos conforme a su voluntad» (CCE 1620). Los vv. 36-38 reflejan un contexto social en el que los padres decidían el matrimonio de los hijos.

7,39-40Sobre instrucciones a las viudas cfr también 1 Tm 5,3-16.

Sagrada Biblia, traducida y anotada por la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra — © Ediciones Universidad de Navarra (EUNSA).

1 Corintios 7 — Parroquia Jesús Obrero