1 Corintios

Capítulo 8

VI. LAS CARNES SACRIFICADAS A LOS ÍDOLOS (8,1-10-33)

Los ídolos no son nada (8,1-6)

1En cuanto a los animales sacrificados a los ídolos, somos conscientes de que todos sabemos discernir. El saber hincha pero la caridad edifica.

2Si alguno piensa que sabe algo, todavía no sabe como le conviene saber;

3pero si uno ama a Dios, ése ha sido conocido por Él.

4Ahora bien, en cuanto a comer de los animales sacrificados a los ídolos, somos conscientes de que no hay ídolos en el mundo y que no hay más dios que el Dios único.

5Porque, aunque algunos sean llamados dioses en el cielo o en la tierra, como si de hecho hubiera muchos dioses y muchos señores,

6para nosotros, sin embargo, no hay más que un solo Dios, el Padre, de quien todo procede y para quien somos nosotros, y un solo Señor, Jesucristo, por quien son todas las cosas, y nosotros también por él.

Evitar el escándalo de los débiles (8,7-13)

7Pero no todos tienen este saber: algunos, acostumbrados hasta ahora a los ídolos, comen esa carne como sacrificada a los ídolos, y su conciencia, que es débil, se mancha.

8La comida, desde luego, no nos favorecerá ante Dios; ni tendremos menos si no comemos, ni tendremos más si comemos.

9No obstante, tened cuidado de que vuestra libertad no vaya a ser tropiezo para los débiles.

10Porque si alguno te ve a ti, que tienes este saber, sentado a la mesa en un santuario idolátrico, su conciencia, que es débil, ¿no se verá animada a comer las carnes sacrificadas a los ídolos?

11Y por tu saber se perderá el débil, el hermano por el que murió Cristo.

12Y pecando así contra los hermanos e hiriendo su débil conciencia, pecáis contra Cristo.

13Por eso, si una comida escandaliza a mi hermano, no comeré carne jamás, para no escandalizar a mi hermano.

Notas de la Facultad de Teología (4)

7,1-15,58La segunda parte de la carta responde a las consultas planteadas por los fieles de Corinto. Se trata de cuestiones que afectaban a la vida cotidiana: comportamiento de los esposos entre sí y opción o no por el matrimonio (7,1-40), compras en los mercados de la ciudad (8,1-10,33), celebración de la Eucaristía (11,1-34), manifestaciones carismáticas (12,1-14,40) y, finalmente, la esperanza en la resurrección de los muertos (15,1-58). En la orientación de esas cuestiones, el primer criterio es el amor mutuo, la caridad (13,1-13) y, en consecuencia, evitar cualquier actitud o comportamiento que pudiera producir escándalo o aparecer como menosprecio de otros. Las dudas de algunos sobre la resurrección futura llevan a San Pablo a recordar el contenido del Evangelio que se predicaba desde el comienzo en la Iglesia, y que es el fundamento de la fe cristiana (15,1-4).

8,1-10-33En los cultos paganos, parte de las carnes sacrificadas a los dioses, llamadas idolotitos, podía ser vendida en el mercado. Algunos cristianos, temerosos de hacerse de alguna manera partícipes de los cultos idolátricos, se planteaban diversas cuestiones de orden práctico. El Apóstol explica primero los principios generales: pueden comerse esas carnes, ya que los ídolos no son nada (8, 1-6), pero la caridad exigirá a veces abstenerse de ellas (8, 7-13); después ilustra los principios con su ejemplo (9,1-27) y con las lecciones que da la historia de Israel (10,1-13); finalmente, resuelve algunos casos concretos que se planteaban (10,14-33).

8,1-6Ante el escándalo de algunos cristianos, Pablo recuerda a los corintios la insuficiencia de su sabiduría, por no estar acompañada de la caridad. «La fuente de todos los males de los corintios no estaba en la falta de ciencia, sino en la falta de caridad y de preocupación por el prójimo» (S. Juan Crisóstomo, Hom. in 1 Co, 20,2).

8,7-13La caridad exige abstenerse de los de los idolotitos, cuando su comida pueda ser motivo de escándalo para otros, pues el escándalo puede llevar a que alguno se pierda y Cristo ha muerto por todos y cada uno de los hombres.

Sagrada Biblia, traducida y anotada por la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra — © Ediciones Universidad de Navarra (EUNSA).

1 Corintios 8 — Parroquia Jesús Obrero