1 Pedro

Capítulo 4

El cristiano ha roto con el pecado (4,1-6)

1Puesto que Cristo padeció en su carne, armaos también vosotros con esta consideración: quien padeció en la carne ha roto con el pecado,

2para vivir el tiempo que le queda de su vida mortal, no ya según las concupiscencias humanas, sino según la voluntad de Dios.

3Porque ya habéis pasado bastante tiempo obrando como les gusta a los gentiles, viviendo de manera licenciosa, entre concupiscencias, borracheras, comilonas, embriagueces y abominables idolatrías.

4Por eso se extrañan de que ya no os precipitáis con ellos en ese libertinaje desenfrenado, y os llenan de insultos.

5Pero tendrán que rendir cuentas al que está ya preparado para juzgar a vivos y muertos.

6Pues para esto fue anunciado el Evangelio incluso a los muertos, para que, aunque condenados en su vida corporal según el juicio de los hombres, vivan sin embargo en espíritu según el juicio de Dios.

Exhortación a la caridad (4,7-11)

7El final de todas las cosas está cerca. Sed, por eso, sensatos y sobrios para poder rezar.

8Ante todo, mantened entre vosotros una ferviente caridad, porque la caridad cubre la multitud de los pecados.

9Sed hospitalarios unos con otros, sin quejaros.

10Que cada uno ponga al servicio de los demás el don que ha recibido, como buenos administradores de la múltiple y variada gracia de Dios.

11Si uno toma la palabra, que sea de verdad palabra de Dios; si uno ejerce un ministerio, hágalo en virtud del poder que Dios le otorga, para que en todas las cosas Dios sea glorificado por Jesucristo. Para él es la gloria y el poder por los siglos de los siglos. Amén.

Sentido cristiano de las contradicciones (4,12-19)

12Queridísimos: no os extrañéis –como si fuera algo insólito– del incendio que ha prendido entre vosotros para probaros;

13sino alegraos, porque así como participáis en los padecimientos de Cristo, así también os llenaréis de gozo en la revelación de su gloria.

14Bienaventurados si os insultan por el nombre de Cristo, porque el Espíritu de la gloria, que es el Espíritu de Dios, reposa sobre vosotros.

15Que, ninguno de vosotros tenga que sufrir por ser homicida, ladrón, malhechor o entrometido en lo ajeno;

16pero si es por ser cristiano, que no se avergüence, sino que glorifique a Dios por llevar este nombre.

17Porque ha llegado el momento de que el juicio comience por la casa de Dios; y, si empieza por nosotros, ¿cuál será el fin de los que no creen en el Evangelio de Dios?

18Pues si el justo a duras penas se salva, el impío y el pecador, ¿dónde irán a parar?

19Por tanto, incluso los que tengan que sufrir de acuerdo con la voluntad de Dios, que encomienden sus almas al Creador, que es fiel, mediante la práctica del bien.

Notas de la Facultad de Teología (5)

1,1-5,14San Pedro dirige esta carta preferentemente a cristianos convertidos del paganismo. En ella, tras dar gracias a Dios por habernos salvado mediante Jesucristo (1,3-12), va desarrollando algunos aspectos de la vida cristiana derivada del Bautismo: la llamada a la santidad (1,13-2,10), la conducta ejemplar del cristiano en medio del mundo (2,11-3, 12), la paciencia en las tribulaciones, grandes o pequeñas (3,13-4, 19) y, finalmente, el buen comportamiento de los presbíteros hacia los fieles y viceversa (5,1-11). Concluye detallando algunas de las circunstancias en que se escribe la carta (5,12-14).

3,13-4,19Esta parte de la carta trata de cómo el cristiano, mediante sus padecimientos, participa del misterio redentor de Cristo.

4,1-6El comportamiento del cristiano no puede ser como el de antes del Bautismo, o como el de quien no está bautizado, aunque ello pueda acarrearle incomprensiones y calumnias. Debemos tener presente que todos compareceremos ante el Juez de vivos y muertos, Jesucristo. El v. 6 es de difícil interpretación. Puede aludir al descenso del Señor al seno de Abrahán o a los cristianos que han muerto sin ver el triunfo final de Cristo. En cualquier caso se estaría hablando de los que han permanecido fieles a Dios, cuyo paso por esta tierra parece un desatino para quienes carecen de visión sobrenatural. El texto evoca Sb 3,1-4.

4,7-11Con la Encarnación de Jesucristo han comenzado los últimos tiempos, que se extienden hasta el fin del mundo y el Juicio Final. En esta situación, el autor sagrado urge a la práctica de la oración, de la caridad y de la hospitalidad.

4,12-19Se vuelve al tema central de esta sección. Los que participan de los sufrimientos de Cristo también participarán de su gloria. «Dios quiere abrir vuestros ojos para considerar cuántas mercedes nos hace en lo que el mundo piensa que son desfavores, y cuán honrados somos en ser deshonrados por buscar la honra de Dios» (S. Juan de Ávila, Epist. 58).

Sagrada Biblia, traducida y anotada por la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra — © Ediciones Universidad de Navarra (EUNSA).

1 Pedro 4 — Parroquia Jesús Obrero