1 Tesalonicenses

Capítulo 3

Viaje de Timoteo a Tesalónica (3,1-5)

1Por esta razón, incapaces de aguantar más, preferimos quedarnos solos en Atenas

2y os enviamos a Timoteo, nuestro hermano y colaborador de Dios en el Evangelio de Cristo, para confirmaros y animaros en vuestra fe,

3para que nadie flaquee en esas tribulaciones. Bien sabéis que eso es lo que nos espera;

4pues ya cuando estábamos entre vosotros os predecíamos que íbamos a sufrir tribulaciones, como sabéis que ha sucedido.

5Y por eso yo, incapaz de aguantar más, le envié para informarme de vuestra fe, preocupado por si os hubiera seducido el tentador y nuestro trabajo hubiera resultado infecundo.

Alegría por las noticias que trae Timoteo (3,6-10)

6Pero ahora Timoteo, que acaba de regresar de ahí, nos ha traído buenas noticias de vuestra fe y de vuestra caridad, de que guardáis siempre buen recuerdo de nosotros y deseáis vernos, como también nos sucede a nosotros.

7Por eso hemos recibido de vuestra parte, hermanos, gracias a vuestra fe, un gran consuelo en medio de todas nuestras adversidades y tribulaciones:

8ahora sí vivimos, ya que permanecéis firmes en el Señor.

9¿Y cómo podremos dar gracias suficientes a Dios por toda la alegría que nos proporcionáis y con la que nos gozamos por vosotros ante nuestro Dios?

10Le rogamos noche y día, sin cesar, que podamos veros y completar lo que falta a vuestra fe.

Oración por los tesalonicenses (3,11-13)

11Que Dios mismo, nuestro Padre, y nuestro Señor Jesús, dirija nuestro camino para poder veros;

12y que el Señor os colme y os haga rebosar en la caridad de unos con otros y en la caridad hacia todos, como es la nuestra hacia vosotros,

13para que se confirmen vuestros corazones en una santidad sin tacha ante Dios, nuestro Padre, el día de la venida de nuestro Señor Jesús con todos sus santos. Amén.

Notas de la Facultad de Teología (5)

1,1-5,28De las cartas de San Pablo, ésta es la más antigua que conservamos. Tras saludar a la comunidad que él mismo había fundado, dedica un amplio espacio a dar gracias a Dios por el fruto de la evangelización y por la fidelidad de aquellos cristianos (1,2-3,13). Después, movido, al parecer, por el dolor de los fieles de Tesalónica ante la muerte de seres queridos, les exhorta a llevar una vida santa en la esperanza de la segunda venida de Cristo (4,1-5,28).

1,2-3,13La acción de gracias del Apóstol incluye tanto el recuerdo de la evangelización de Tesalónica (1,2-2,16), como las noticias que él tiene de la perseverancia en la fe de aquellos cristianos (2,17-3,10). La sección termina con una oración por dicha iglesia (3,11-13).

3,1-5El discípulo no es más que su Señor (cfr Mt 10,24). San Pablo enseñó desde sus primeros viajes misionales «que es preciso que entremos en el Reino de Dios a través de muchas tribulaciones» (Hch 14,22) y repitió la misma idea hasta en su última carta: «Todos los que quieren vivir piadosamente en Cristo Jesús serán perseguidos» (2 Tm 3,12). «Estar con Jesús es, seguramente, toparse con su Cruz. (...) Así esculpe Jesús las almas de los suyos, sin dejar de darles interiormente serenidad y gozo» (S. Josemaría Escrivá, Hom. 2. 301).

3,6-10La fuerza para perseverar firmes en la fe, a pesar de las persecuciones, no se debe sólo a los méritos de los tesalonicenses, sino, sobre todo, a la gracia de Dios.

3,11-13La exhortación a estar vigilantes para la Parusía, o segunda venida de Cristo, es un tema que subyace en toda la carta. Como no se sabe cuándo tendrá lugar aquélla (cfr 5,2), la actitud del cristiano debe ser la de llevar una vida digna de Cristo, en la que por encima de todo prevalezca la caridad. Ésta hace irreprochable al hombre ante Dios.

Sagrada Biblia, traducida y anotada por la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra — © Ediciones Universidad de Navarra (EUNSA).

1 Tesalonicenses 3 — Parroquia Jesús Obrero