Capítulo 11
V. MOTIVOS DE GLORIA DEL APÓSTOL (11,1-12,18)
Celo de San Pablo por los corintios (11,1-6)
1¡Ojalá pudierais soportar un poco mi necedad! ¡Pero sí, soportadme!
2Porque estoy celoso de vosotros con celo de Dios: os he desposado con un solo esposo para presentaros a Cristo como a una virgen casta.
3Pero temo que, como la serpiente sedujo a Eva con su astucia, así se corrompan vuestros pensamientos, y se aparten de la sinceridad y castidad debidas a Cristo.
4Porque si viniera alguno anunciando un Jesús distinto del que os hemos predicado, o recibierais un espíritu distinto del que habéis recibido, o un Evangelio distinto del que habéis abrazado, de buena gana lo soportaríais.
5Pues yo en nada me considero inferior a esos «superapóstoles»;
6y, aunque soy inexperto en la elocuencia, no lo soy en la ciencia, sino que en todo y en presencia de todos os lo hemos manifestado.
Rectitud con que predica el Evangelio (11,7-15)
7¿Acaso cometí pecado cuando, rebajándome yo para ensalzaros a vosotros, os prediqué gratis el Evangelio de Dios?
8Despojé a otras iglesias, aceptando que cubrieran mis necesidades para serviros a vosotros;
9y estando entre vosotros y hallándome necesitado, no fui gravoso a nadie, pues fueron los hermanos llegados de Macedonia quienes remediaron mi necesidad; y en todo me cuidé mucho y me cuidaré de seros gravoso.
10Por la verdad de Cristo, que está en mí, os aseguro que esta gloria no me será arrebatada en las regiones de Acaya.
11¿Por qué? ¿Porque no os amo? ¡Dios lo sabe!
12Y lo que hago lo seguiré haciendo, para quitar toda ocasión a los que buscan un pretexto para gloriarse de ser considerados iguales a nosotros.
13Porque éstos son unos falsos apóstoles, unos obreros engañosos, que se disfrazan de apóstoles de Cristo.
14Y nada tiene de extraño, pues el mismo Satanás se transforma en ángel de luz.
15Por tanto, no es algo extraordinario que también sus ministros se transfiguren en ministros de justicia. Su final será según sus obras.
Pide excusas por gloriarse (11,16-21)
16Repito: que nadie me tome por necio; en todo caso, aunque sea como a un necio, permitidme que también yo pueda gloriarme un poco.
17Lo que voy a decir a propósito de mi jactancia, no lo digo según el Señor, sino como si fuera un insensato.
18Dado que muchos se glorían según la carne, también lo haré yo.
19Porque vosotros, que sois tan sensatos, soportáis con gusto a los insensatos;
20pues soportáis que os esclavicen, que os devoren, que os roben, que os traten con altanería, que os abofeteen.
Padecimientos por Cristo (11,21-33)
21Con vergüenza lo digo: nos hemos mostrado débiles. En cualquier cosa que alguien presuma –lo digo como un insensato– también presumo yo.
22¿Son hebreos? También yo. ¿Son israelitas? También yo. ¿Son descendencia de Abrahán? También yo.
23¿Son ministros de Cristo? Pues –delirando hablo– yo más: en fatigas, más; en cárceles, más; en azotes, mucho más. En peligros de muerte, muchas veces.
24Cinco veces recibí de los judíos cuarenta azotes menos uno,
25tres veces me azotaron con varas, una vez fui lapidado, tres veces naufragué, un día y una noche pasé náufrago en alta mar.
26En mis repetidos viajes sufrí peligros de ríos, peligros de ladrones, peligros de los de mi raza, peligros de los gentiles, peligros en ciudad, peligros en despoblado, peligros en el mar, peligros entre falsos hermanos;
27trabajos y fatigas, frecuentes vigilias, con hambre y sed, con frecuentes ayunos, con frío y desnudez.
28Y además de otras cosas, mi responsabilidad diaria: el desvelo por todas las iglesias.
29¿Quién desfallece sin que yo desfallezca? ¿Quién tiene un tropiezo sin que yo me abrase de dolor?
30Si es preciso gloriarse, me gloriaré en mis flaquezas.
31El Dios y Padre del Señor Jesús –que es bendito por siempre– sabe que no miento.
32En Damasco, el gobernador del rey Aretas custodiaba la ciudad de los damascenos para prenderme,
33y, por una ventana, fui descolgado en una espuerta muralla abajo y pude escapar de sus manos.
Notas de la Facultad de Teología (6)
10,1-13,10Encontramos ahora una apología que San Pablo hace de su propia persona. Emplea un estilo duro, enérgico, pues la ruptura del Apóstol con la comunidad que él fundó supondría un grave peligro para aquella. En contraste con el tono de afecto y cariño de las secciones anteriores, sorprende el tono empleado en esta parte de la carta, en la que apela a su autoridad (10,1-11) y se gloría de su obra (11,1-12,18).
11,1-12,18A Pablo le repugna hacer su propia apología y por eso pide disculpas. Pero se ve obligado a ello para contrarrestar la labor de sus enemigos. Compara sus títulos de gloria con los de sus adversarios.
11,1-6El Apóstol hace las veces del «amigo del esposo» (cfr Jn 3,29), que debe velar por la virginidad de la futura esposa (la Iglesia) y ve el peligro a que la someten las asechanzas de los oponentes. Con la expresión «superapóstoles», (v. 5), [traducción literal] se refiere de manera irónica a sus adversarios, que quizá pretendían presentarse con autoridad apostólica.
11,7-15San Pablo tenía por norma predicar gratuitamente el Evangelio, prescindiendo de su derecho a ser sustentado por los fieles, ganando con su trabajo lo necesario para vivir: es una clara prueba de la rectitud de intención con que trabaja (cfr 1 Co 9,4-18) frente a las acusaciones de sus detractores.
11,16-21Con ironía, el Apóstol caricaturiza la insensatez de los corintios, que se creían tan sensatos (cfr 1 Co 1,18-4,21). Su insensatez les ha llevado a soportar con indiferencia los malos tratos de los intrusos llegados a la comunidad.
11,21-33Comienza la apología propiamente dicha, señalando su condición y sus méritos, en contraste con los de sus adversarios. En cuanto a la raza es igual que ellos (v. 22); en cuanto a ministro de Cristo les supera claramente: como pruebas ofrece sus padecimientos físicos y morales en el desempeño de su ministerio. No puede leerse sin emoción el impresionante elenco de sufrimientos que hace Pablo, en el cual nos suministra preciosos datos autobiográficos que no figuran en los Hechos de los Apóstoles. Es muy significativo que presente precisamente sus sufrimientos como muestra de su superioridad en el ministerio de Cristo (cfr Hch 9,15-16). Ya había advertido el Señor: «Si alguno quiere venir detrás de mí, que se niegue a sí mismo, que tome su cruz cada día, y que me siga» (Lc 9,23). El dolor, la cruz, son compañeros inseparables de la vida cristiana y señales inconfundibles de que se están siguiendo las huellas del Maestro. Es una muestra más de la paradoja que supone la vida cristiana: Cristo triunfó en la cruz y sus apóstoles gozan y se glorían de sufrir por Él. [cfr. Hch 9,24. Hasta la muerte de Tiberio no es admisible que Aretas (etnarca) se adueñara de Damasco. Por esto el episodio hay que situarlo en torno al año 36, que es la fecha más probable de la conversión de San Pablo.]
Sagrada Biblia, traducida y anotada por la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra — © Ediciones Universidad de Navarra (EUNSA).
