Capítulo 10
TERCERA PARTE APOLOGÍA DE SAN PABLO (§ 10,1-13,10)
IV. RESPUESTA A ALGUNAS ACUSACIONES (10,1-18)
Dispuesto a usar su autoridad apostólica (10,1-11)
1Yo personalmente, Pablo –que cuando estoy presente entre vosotros soy tímido, pero ausente soy audaz–, os exhorto por la mansedumbre y la benignidad de Cristo.
2Ruego que, cuando esté presente, no tenga que mostrarme audaz, con la confianza con que pienso obrar resueltamente contra algunos que nos tienen como si procediésemos según la carne.
3Porque, aunque vivimos en la carne, no militamos según la carne;
4porque las armas de nuestro combate no son carnales, sino que Dios las hace poderosas para derribar fortalezas: deshacemos sofismas
5y toda altanería que se levanta contra la ciencia de Dios, y sometemos a la obediencia de Cristo, como a un prisionero, a todo entendimiento,
6dispuestos a castigar toda desobediencia cuando vuestra obediencia sea completa.
7Sólo veis según las apariencias. Si alguno se cree que es de Cristo, que tenga también en cuenta esto: tan de Cristo somos nosotros como él.
8Pues aunque yo me excediera un poco en gloriarme de la potestad que el Señor nos dio para vuestro bien, y no para vuestra ruina, no tendría de qué avergonzarme.
9Y que nadie piense que pretendo atemorizaros con mis cartas.
10Porque hay quien dice: «Sus cartas son duras y fuertes, pero en persona es poca cosa, y su palabra no vale nada».
11Que tenga en cuenta ése que lo mismo que decimos en nuestras cartas, estando ausentes, eso mismo haremos cuando estemos presentes.
Su campo de trabajo incluye Corinto (10,12-18)
12Porque no nos atrevemos a equiparamos ni a compararnos con algunos que se recomiendan a sí mismos; pues ellos, midiéndose según su opinión y tomándose a sí mismos por medida, proceden con insensatez.
13Nosotros, en cambio, no nos gloriaremos desmedidamente, sino que tomamos por medida los límites que Dios nos ha asignado, que también os deben alcanzar a vosotros.
14Al incluiros no nos hemos excedido, porque nosotros fuimos los primeros en predicaros el Evangelio de Cristo.
15No nos gloriamos desmedidamente atribuyéndonos los frutos del trabajo ajeno, sino que tenemos la esperanza de que, creciendo vuestra fe, con vosotros nuestros límites se ampliarán cada vez más,
16hasta evangelizar a los que están más allá de vosotros, sin gloriarnos en campo ajeno con trabajos ya realizados por otros.
17El que se gloría, que se gloríe en el Seño r.
18Pues no es hombre probado quien se recomienda a sí mismo, sino aquel a quien el Señor recomienda.
Notas de la Facultad de Teología (4)
10,1-13,10Encontramos ahora una apología que San Pablo hace de su propia persona. Emplea un estilo duro, enérgico, pues la ruptura del Apóstol con la comunidad que él fundó supondría un grave peligro para aquella. En contraste con el tono de afecto y cariño de las secciones anteriores, sorprende el tono empleado en esta parte de la carta, en la que apela a su autoridad (10,1-11) y se gloría de su obra (11,1-12,18).
10,1-18El Apóstol sale al paso de las acusaciones de quienes pretendían desacreditarle, aprovechando su ausencia. Al parecer aquellos detractores de Pablo presumían de proceder del judaísmo y tener una ciencia sobre Dios superior a la del Apóstol.
10,1-11Pablo comienza defendiéndose de las acusaciones de debilidad en el ejercicio de su misión. Era perfectamente consciente de la autoridad apostólica que había recibido de Cristo y del poder que obraba en él. Pero, siguiendo el ejemplo del Maestro (cfr Mt 11,29), prefería, mientras fuera posible, hacer uso de esta potestad sólo para edificar, no para destruir. Presenta su vida como una milicia, en la que cuenta con las armas de Dios –sobrenaturales, irresistibles– para vencer todas las falsedades, la soberbia y la desobediencia de sus enemigos (cfr 6,7-8).
10,12-18Con estilo un tanto complicado, responde a las acusaciones, señalando los derechos que tiene para trabajar apostólicamente en Corinto. Dios le ha encomendado un campo –la conversión de los gentiles– y la evangelización que realiza dentro de ese campo. Con las palabras de Jr 9,22s., ya citadas en 1 Co 1,31, recalca lo absurdo que es pretender jactarse de sí o recomendarse a sí mismo, cuando la única recomendación válida es la de Dios.
Sagrada Biblia, traducida y anotada por la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra — © Ediciones Universidad de Navarra (EUNSA).
