Capítulo 13
Recomendaciones para su próxima visita (13,1-10)
1Ahora, por tercera vez, voy donde vosotros: Por el testimonio de dos o tres testigos se zanjará todo asunt o.
2Os lo he dicho ya y, como lo dije estando presente la segunda vez, así lo repito ahora ausente a los que antes habían pecado y a todos los demás: si vuelvo otra vez, no seré indulgente,
3puesto que buscáis una prueba de que en mí habla Cristo, que no es débil con vosotros, sino que muestra su fuerza en vosotros.
4Porque, aunque fue crucificado en razón de la flaqueza, vive por el poder de Dios. Porque también nosotros somos débiles en él, pero viviremos con él por el poder de Dios sobre vosotros.
5Examinaos a vosotros mismos para ver si mantenéis la fe; haced prueba de vosotros. ¿Por ventura no conocéis en vosotros mismos que Cristo Jesús está en vosotros? A no ser que quizá hayáis decaído de lo que antes erais. — Torres Amat (1823)
6Espero que sepáis que nosotros no estamos reprobados.
7Pedimos, sin embargo, a Dios que no cometáis ningún mal; no para que nosotros seamos considerados hombres probados, sino para que vosotros practiquéis el bien, aun cuando nosotros aparezcamos como reprobados.
8Porque nada podemos contra la verdad, sino en favor de la verdad.
9En efecto, nos alegramos cuando somos débiles y vosotros fuertes. Y es eso lo que pedimos: vuestra perfección.
10Por eso os escribo esto estando ausente, para que, cuando esté presente, no tenga que proceder con severidad, conforme a la potestad que el Señor me confirió para edificar, y no para destruir.
VII. DESPEDIDA (13,11-13)
11Por lo demás, hermanos, alegraos, sed perfectos, exhortaos, tened un mismo sentir, vivid en paz, y el Dios de la caridad y de la paz estará con vosotros.
12Saludaos unos a otros con el beso santo. Todos los santos os saludan.
13La gracia del Señor Jesucristo y el amor de Dios y la comunión del Espíritu Santo estén con todos vosotros.
13,5 no llegó en el archivo de esta edición y se repone desde Torres Amat (1823).
Notas de la Facultad de Teología (4)
10,1-13,10Encontramos ahora una apología que San Pablo hace de su propia persona. Emplea un estilo duro, enérgico, pues la ruptura del Apóstol con la comunidad que él fundó supondría un grave peligro para aquella. En contraste con el tono de afecto y cariño de las secciones anteriores, sorprende el tono empleado en esta parte de la carta, en la que apela a su autoridad (10,1-11) y se gloría de su obra (11,1-12,18).
12,19-13,10La carta termina explicando por qué el apóstol hace su propia apología. Al mismo tiempo, en esta sección encontramos varias recomendaciones que preparan su próxima visita a Corinto.
13,1-10El Apóstol muestra cómo él actúa conforme a Cristo (vv. 1-4). El Señor, durante su vida terrena quiso mostrarse débil –especialmente al permitir su pasión y muerte–; sin embargo, en su resurrección gloriosa manifestó su poder divino, antes oculto. De manera semejante, Pablo, que ha venido mostrándose débil –soportando con paciencia a los rebeldes–, piensa utilizar ahora su autoridad apostólica, recibida de Dios. A continuación (vv. 5-10), les exhorta a corresponder a la gracia. «Para evitar los pecados son necesarias dos cosas: el libre albedrío y la gracia de Dios. (...) Por eso, mostrando que ambas cosas son necesarias, el Apóstol ruega a Dios para conseguir la gracia, y amonesta que mediante el libre albedrío se alejen del mal y hagan el bien» (S. Tomás de Aquino, Sup. epist. ad 2 Cor. in loc.).
13,11-13El beso era la forma habitual de saludo entre los orientales (cfr Lc 7,45). San Pablo le añade un significado religioso, como señal de la caridad sobrenatural y de la unión en la misma fe. En este sentido pasó a la liturgia eucarística más antigua. El saludo final (v. 13) –recogido por la liturgia de la Iglesia como una de las fórmulas introductorias de la Santa Misa– constituye un testimonio explícito de la fe en la Santísima Trinidad. Santo Tomás comenta que en este saludo van incluidos todos los bienes sobrenaturales necesarios: «La gracia de Cristo, por la que somos justificados y salvados; el amor de Dios Padre, por el que somos unidos a Él; y la comunión del Espíritu Santo, que nos distribuye los dones divinos» (Sup. epist. ad 2, Cor. in loc.).
Sagrada Biblia, traducida y anotada por la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra — © Ediciones Universidad de Navarra (EUNSA).
