2 Timoteo

Capítulo 1

Saludo (1,1-5)

1Pablo, apóstol de Cristo Jesús por voluntad de Dios para anunciar la vida prometida que hay en Cristo Jesús,

2a Timoteo, mi querido hijo: gracia, misericordia y paz de parte de Dios Padre y de Cristo Jesús, Señor nuestro.

3Doy gracias a Dios, a quien sirvo, como mis antepasados, con una conciencia pura, porque continuamente te tengo presente en mis oraciones noche y día.

4Al acordarme de tus lágrimas estoy deseando verte para llenarme de alegría.

5Me viene a la memoria tu fe sincera, que arraigó primero en tu abuela Loide y en tu madre Eunice, y estoy seguro de que también en ti.

I. LA PREDICACIÓN DEL MENSAJE EVANGÉLICO (1,6-2,13)

Correspondencia a la gracia recibida (1,6-7)

6Por esta razón, te recuerdo que tienes que reavivar el don de Dios que recibiste por la imposición de mis manos,

7porque Dios no nos dio un espíritu de timidez, sino de fortaleza, caridad y templanza.

San Pablo, heraldo del Evangelio (1,8-14)

8Así pues, no te avergüences del testimonio de nuestro Señor, ni de mí, su prisionero; al contrario, comparte conmigo los sufrimientos por el Evangelio con fortaleza de Dios,

9que nos ha salvado y nos ha llamado con una vocación santa, no en razón de nuestras obras, sino por su designio y por la gracia que nos fue concedida por medio de Cristo Jesús desde la eternidad.

10Esta gracia ha sido mostrada ahora mediante la manifestación de Jesucristo nuestro Salvador, que ha destruido la muerte y ha revelado la vida y la inmortalidad por medio del Evangelio,

11del que yo he sido constituido predicador, apóstol y maestro.

12Y ésta es la razón por la que padezco esas cosas; pero no me avergüenzo, pues sé en quién he creído, y estoy seguro de que tiene poder para conservar mi depósito hasta aquel día.

13Ten por norma las palabras sanas que me escuchaste con la fe y la caridad que tenemos en Cristo Jesús.

14Guarda el buen depósito por medio del Espíritu Santo que habita en nosotros.

Comportamiento de algunos discípulos (1,15-18)

15Ya sabes que me han abandonado todos los de Asia, entre ellos Figelo y Hermógenes.

16Que el Señor tenga misericordia con la casa de Onesíforo, porque me alivió muchas veces y no se avergonzó de mis cadenas;

17es más, en cuanto vino a Roma, se apresuró a buscarme hasta que me encontró.

18¡Que el Señor le conceda encontrar misericordia aquel día! Por lo demás, tú sabes mejor cuántos servicios prestó en Éfeso.

Notas de la Facultad de Teología (6)

1,1-4,22La atención de esta carta, muy parecida a la anterior, se centra en el Evangelio, considerado como motivo por el que vale la pena sufrir cualquier penalidad (1,6-2,13), y como doctrina saludable, que se ha de conservar, defender y propagar (2,14-4,8). A lo largo de la carta abundan las noticias personales del Apóstol, que culminan en las recomendaciones a Timoteo (4,9-22).

1,1-5Estas líneas denotan un entrañable afecto por el discípulo. En cierto sentido evocan la despedida de los presbíteros de Mileto (cfr Hch20,37). La mención de la abuela y de la madre de Timoteo refleja también el tono íntimo de la carta y muestra el agradecimiento que se debe hacia quienes nos han transmitido la fe. «Los cristianos están obligados a una especial gratitud para con aquellos de quienes recibieron el don de la fe, la gracia del Bautismo y la vida en la Iglesia. Puede tratarse de los padres, de otros miembros de la familia, de los abuelos, de los pastores, de los catequistas, de otros maestros o amigos» (CCE 2220).

1,6-2,13Las penalidades sufridas por San Pablo ocupan la primera sección de la carta. Pero son contempladas desde la perspectiva de Jesucristo y como estímulo para Timoteo.

1,6-7El rito de la imposición de las manos mencionado ya antes por Pablo (cfr 1 Tm 4,14) comunicaba el don del ministerio apostólico, y ha pasado a ser en la Iglesia signo del sacramento del Orden.

1,8-14El Espíritu Santo está presente en la Iglesia desde el día de Pentecostés y actúa continuamente en ella para santificar a todos los fieles y para que los pastores –y en especial los sucesores de Pedro– «santamente custodiaran y fielmente expusieran la revelación transmitida por los Apóstoles, es decir, el depósito de la fe» (C. Vat. I, Past. Aetern. 4).

1,15-18No sabemos nada de estos discípulos que abandonaron a San Pablo, pero probablemente eran personas conocidas en Éfeso. En contraste, el consuelo que le produce la fidelidad de Onesíforo debe ser un estímulo de fidelidad para los pastores de la Iglesia.

Sagrada Biblia, traducida y anotada por la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra — © Ediciones Universidad de Navarra (EUNSA).

2 Timoteo 1 — Parroquia Jesús Obrero