2 Timoteo

Capítulo 2

Fidelidad y reciedumbre del apóstol (2,1-7)

1Tú, pues, hijo mío, hazte fuerte con la gracia de Cristo Jesús,

2y lo que me has escuchado, garantizado por muchos testigos, confíalo a hombres fieles que, a su vez, sean capaces de enseñar a otros.

3Comparte conmigo el sufrimiento como un noble soldado de Cristo Jesús.

4Nadie, mientras sirve en el ejército, se entromete en asuntos civiles si quiere satisfacer a quien le reclutó.

5Y tampoco el atleta consigue el triunfo si no ha competido reglamentariamente.

6El agricultor que brega debe ser el primero en beneficiarse de los frutos.

7Entiende bien lo que digo, pues el Señor te dará talento para discernir todas las cosas.

Jesucristo, modelo del apóstol (2,8-13)

8Acuérdate de Jesucristo resucitado de entre los muertos, descendiente de David, como predico en mi evangelio,

9por el que estoy sufriendo hasta verme entre cadenas como un malhechor: ¡pero la palabra de Dios no está encadenada!

10Por eso, todo lo soporto por los elegidos, para que también ellos alcancen la salvación, que está en Cristo Jesús, junto con la gloria eterna.

11Podéis estar seguros: Si morimos con él, también viviremos con él;

12si perseveramos, también reinaremos con él; si lo negamos, también él nos negará;

13si no somos fieles, él permanece fiel, pues no puede negarse a sí mismo.

II. LA DEFENSA DE LA RECTA DOCTRINA (2,14-4,8)

Evitar errores y discusiones inútiles (2,14-21)

14Esto has de enseñar, advirtiendo encarecidamente en la presencia de Dios que no se discuta sobre palabras, que no vale para nada, más que para la perdición de quienes lo están escuchando.

15Esmérate por presentarte ante Dios como un hombre honrado, trabajador que no tiene de qué avergonzarse, que expone con rectitud la doctrina verdadera.

16Evita las conversaciones profanas e inútiles, porque llevan cada vez más a la impiedad,

17y sus palabras corroen como la gangrena. De esos son Himeneo y Fileto,

18que se han desviado de la verdad al decir que ya ha tenido lugar la resurrección, y echan por tierra la fe de algunos.

19No obstante, el sólido cimiento de Dios se mantiene firme, con esta inscripción: El Señor conoció a los que son suyo s, y todo el que invoca el nombre del Señor, que se aparte del pecad o.

20En una casa grande, no sólo hay vasijas de oro y plata, sino también de madera y de barro: unas son para usos nobles, otras para usos vulgares.

21Pues bien, quien se purifique de los usos vulgares, será una vasija para uso noble, santificado y útil a su dueño, preparado para toda obra buena.

Paciencia con los que yerran (2,22-26)

22Huye de las pasiones juveniles y sigue en cambio la senda de la justicia, la fe, la caridad y la paz con los que invocan al Señor con corazón limpio.

23Evita las discusiones necias e insustanciales, pues ya se sabe que degeneran en peleas.

24Y no es propio de uno que sirve al Señor pelearse, sino ser amable con todos, hábil para enseñar, paciente,

25que corrija con mansedumbre a los que disienten, por si Dios les da un arrepentimiento que les lleve a reconocer la verdad

26, y a recobrar el sentido, escapando de los lazos del diablo, que los mantiene cautivos y sometidos a su voluntad.

Notas de la Facultad de Teología (7)

1,1-4,22La atención de esta carta, muy parecida a la anterior, se centra en el Evangelio, considerado como motivo por el que vale la pena sufrir cualquier penalidad (1,6-2,13), y como doctrina saludable, que se ha de conservar, defender y propagar (2,14-4,8). A lo largo de la carta abundan las noticias personales del Apóstol, que culminan en las recomendaciones a Timoteo (4,9-22).

1,6-2,13Las penalidades sufridas por San Pablo ocupan la primera sección de la carta. Pero son contempladas desde la perspectiva de Jesucristo y como estímulo para Timoteo.

2,1-7La fidelidad siempre ha sido considerada una virtud necesaria para quienes reciben la misión de vigilar. Por eso resulta especialmente necesaria para los obispos (episkopos, en griego, significa «vigilante»). El soldado, el atleta y el agricultor son tres ejemplos de profesiones que exigen realizar a conciencia el trabajo, con dedicación y esfuerzo.

2,8-13Los padecimientos de Pablo, encarcelado por predicar el Evangelio, son un título de gloria, pues en el martirio el discípulo se asemeja al Maestro. Por los méritos de Cristo se alcanza la salvación. El himno de los vv. 11-13 constituye un acicate para mantenerse fieles en circunstancias adversas, que pueden culminar en el martirio. Refleja la íntima unión del bautizado con Cristo muerto y resucitado; es un canto a la perseverancia cristiana fundamentada en la fidelidad eterna del Señor.

2,14-4,8Frente a la sana doctrina, están las discusiones vanas y las conductas desordenadas. De ellas previene esta segunda sección de la epístola.

2,14-21Ante los errores o malentendidos se subraya la firmeza de la Iglesia, utilizando la imagen de la edificación. Era costumbre unir a la primera piedra un llamado «documento fundacional»; si se trataba de un templo o una edificación religiosa, el documento fundacional solía contener unas frases que indicaban el origen y la finalidad del edificio. Siguiendo este símil, San Pablo imagina dos inscripciones básicas: la primera, tomada de Nm 16,5, recuerda la elección que Dios hace y el cuidado que tiene de los suyos; la segunda, tomada de Is 26,13, afirma la necesidad de la santidad. «Tú eres Santa, Iglesia, Madre mía, porque te fundó el Hijo de Dios, Santo: eres Santa, porque así lo dispuso el Padre, fuente de toda santidad; eres Santa, porque te asiste el Espíritu Santo, que mora en el alma de los fieles» (S. Josemaría Escrivá, Lealt. Igl.). Por otra parte, lo mismo que en cualquier casa hay vasijas de todo tipo, no hay que escandalizarse de que en la Iglesia haya pecadores o quienes lleven una conducta menos noble; más bien se ha de orar por su conversión.

2,22-26Es ésta una llamada a la paciencia y serenidad frente al error, para buscar el arrepentimiento y la rectificación. Hay que evitar la ruptura, que conlleva el riesgo de la pérdida definitiva de algunos miembros de la Iglesia.

Sagrada Biblia, traducida y anotada por la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra — © Ediciones Universidad de Navarra (EUNSA).

2 Timoteo 2 — Parroquia Jesús Obrero