Apocalipsis

Capítulo 3

Carta a la iglesia de Sardes (3,1-6)

1Al ángel de la iglesia de Sardes escríbele: «Esto dice el que tiene los siete espíritus de Dios y las siete estrellas: «Conozco tus obras, que estás vivo de nombre, pero de hecho estás muerto.

2Manténte alerta y consolida lo que queda y está a punto de morir, porque no he encontrado tus obras perfectas delante de mi Dios.

3Acuérdate, por tanto, de cómo has recibido y oído la palabra, guárdala y arrepiéntete; porque si no estás vigilante, vendré como un ladrón; sin que sepas a qué hora vendré a ti.

4Sin embargo, tienes en Sardes algunas personas que no han manchado sus vestidos y que caminarán conmigo con vestidos blancos, porque son dignos.

5El vencedor será revestido con vestiduras blancas y no borraré su nombre del libro de la vida; confesaré su nombre en la presencia de mi Padre y delante de sus ángeles»».

6El que tenga oídos, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias.

Carta a la iglesia de Filadelfia (3,7-13)

7Al ángel de la iglesia de Filadelfia escríbele: «Esto dice el Santo, el Veraz, el que tiene la llave de David, el que abre y nadie puede cerrar, y cierra y nadie puede abri r:

8Conozco tus obras –mira que he puesto ante ti una puerta abierta que nadie puede cerrar–, porque aunque tienes poca fuerza guardaste mi palabra y no negaste mi nombre.

9Mira, te daré a algunos de la sinagoga de Satanás, que dicen ser judíos y no lo son, sino que mienten; haré que ellos vengan a postrarse ante tus pies y conocerán que yo te he amado.

10Porque has guardado mi mandato de perseverar, yo también te guardaré a la hora de la tentación que va a venir sobre todo el mundo, para probar a los habitantes de la tierra.

11Voy enseguida. Conserva lo que tienes, para que nadie arrebate tu corona.

12Al que venza le haré columna en el templo de mi Dios, y no saldrá fuera nunca más, escribiré sobre él el nombre de mi Dios, el nombre de la ciudad de mi Dios, la nueva Jerusalén que desciende del cielo desde mi Dios, y mi nombre nuevo»».

13El que tenga oídos, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias.

Carta a la iglesia de Laodicea (3,14-22)

14Al ángel de la iglesia de Laodicea escríbele: «Esto dice el Amén, el testigo fiel y veraz, el principio de la creación de Dios:

15«Conozco tus obras, que no eres frío ni caliente. ¡Ojalá fueras frío o caliente!

16Y así, porque eres tibio, y no caliente ni frío, voy a vomitarle de mi boca.

17Porque dices: 'Soy rico, me he enriquecido y de nada tengo necesidad', y no sabes que eres un desdichado y miserable, pobre, ciego y desnudo.

18Te aconsejo que me compres oro acrisolado por el fuego para que te enriquezcas, túnicas blancas para que te vistas y no aparezca la vergüenza de tu desnudez, y colirio con que ungirte los ojos para que veas.

19Yo, a cuantos amo, los reprendo y castigo. Por tanto, ten celo y arrepiéntete.

20Mira, estoy a la puerta y llamo: si alguno escucha mi voz y abre la puerta, entraré en su casa y cenaré con él, y él conmigo.

21Al que venza le concederé sentarse conmigo en mi trono, igual que yo he vencido y me he sentado con mi Padre en su trono»».

SEGUNDAPARTE

22El que tenga oídos, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias.

Notas de la Facultad de Teología (4)

1,4-3,22El libro va dirigido a la totalidad de la Iglesia, representada en esas siete iglesias del Asia Menor. El autor sagrado expone primero cómo recibe la revelación divina y el mandato de comunicarla (1,4-20), y después lo que el Señor dice a cada iglesia en su situación específica: lo que corrige y lo que promete a los que venzan el mal.

3,1-6Sardes era un importante nudo de comunicaciones y tenía un ambiente moral relajado. A la comunidad cristiana le es presentado Cristo como aquel que envía el Espíritu capaz de transformar interiormente. Se acusa a Sardes de aparecer como cristiana, cuando muchos de sus miembros viven en pecado y sin vida interior.

3,7-13Filadelfia era la puerta de acceso a la región de Frigia. Había sufrido un terremoto el año 17 a.C. y al ser reconstruida se le cambió el nombre a Neocesarea, que pronto cayó en desuso. En este contexto, el nombre que aquí se promete (cfr v. 12) permanecerá para siempre. A los fieles de aquella ciudad se les recuerda que Cristo tiene las llaves del Reino de Dios, y se les asegura la conversión de muchos judíos.

3,14-22Laodicea era una ciudad próspera. Cerca había fuentes termales. Cristo es presentado como verdadero Dios fiel a sus promesas y exige un amor encendido. «Lucha contra esa flojedad que te hace perezoso y abandonado en tu vida espiritual. —Mira que puede ser el principio de la tibieza..., y, en frase de la Escritura, a los tibios los vomitará Dios» (S. Josemaría Escrivá, Camino 325).

Sagrada Biblia, traducida y anotada por la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra — © Ediciones Universidad de Navarra (EUNSA).

Apocalipsis 3 — Parroquia Jesús Obrero