Colosenses

Capítulo 3

EL SEÑORÍO DE CRISTO EN EL CRISTIANO (§ 3,1-4,18)

III. CONSECUENCIAS MORALES (3,1-4,6)

Buscad las cosas de arriba (3,1-4)

1Así pues, si habéis resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba, donde Cristo está sentado a la derecha de Dios;

2sentid las cosas de arriba, no las de la tierra.

3Pues habéis muerto, y vuestra vida está escondida con Cristo en Dios.

4Cuando Cristo, vuestra vida, se manifieste, entonces también vosotros apareceréis gloriosos con él.

El apartamiento del pecado (3,5-11)

5Mortificad, pues, lo que hay de terrenal en vuestros miembros: la fornicación, la impureza, las pasiones, la concupiscencia mala y la avaricia que es una idolatría.

6Por ellas viene la ira de Dios sobre los hijos de la incredulidad.

7También vosotros las practicasteis en otro tiempo, cuando vivíais en ellas.

8Ahora, sin embargo, desechad también vosotros todas estas cosas: la ira, la indignación, la malicia, la blasfemia y la conversación deshonesta en vuestros labios.

9No os engañéis unos a otros, ya que os habéis despojado del hombre viejo con sus obras

10y os habéis revestido del hombre nuevo, que se renueva para lograr un conocimiento pleno según la imagen de su creador,

11para quien no hay griego o judío, circuncisión o no circuncisión, bárbaro o escita, siervo o libre, sino que Cristo es todo en todos.

El progreso de la vida interior (3,12-17)

12Por tanto, como elegidos de Dios, santos y amados, revestíos de entrañas de misericordia, de bondad, de humildad, de mansedumbre, de paciencia.

13Sobrellevaos mutuamente y perdonaos cuando alguno tenga queja contra otro; como el Señor os ha perdonado, hacedlo así también vosotros.

14Sobre todo, revestíos con la caridad, que es el vínculo de la perfección.

15Y que la paz de Cristo se adueñe de vuestros corazones: a ella habéis sido llamados en un solo cuerpo. Y sed agradecidos.

16Que la palabra de Cristo habite en vosotros abundantemente. Enseñaos con la verdadera sabiduría, animaos unos a otros con salmos, himnos y cánticos espirituales, cantando agradecidos en vuestros corazones.

17Y todo cuanto hagáis de palabra o de obra, hacedlo todo en nombre del Señor Jesús, dando gracias a Dios Padre por medio de él.

Comportamiento en la vida familiar (3,18-4,1)

18Mujeres: estad sujetas a vuestros maridos, como conviene en el Señor.

19Maridos: amad a vuestras mujeres y no seáis ásperos con ellas.

20Hijos: obedeced en todo a vuestros padres, pues esto es agradable al Señor.

21Padres: no os excedáis al reprender a vuestros hijos, no sea que se vuelvan pusilánimes.

22Siervos: obedeced en todo a vuestros amos de la tierra, no sólo para que os vean, como quien busca complacer a los hombres, sino con sinceridad de corazón y con temor del Señor.

23Todo cuanto hagáis hacedlo de corazón, como hecho para el Señor y no para los hombres,

24sabiendo que recibiréis del Señor el premio de la herencia. Servid a Cristo, el Señor.

25Porque el que obra injustamente recibirá lo merecido por la injusticia que hizo, ya que no hay acepción de personas.

Notas de la Facultad de Teología (6)

3,1-4,18La participación en el señorío de Cristo que por el Bautismo adquiere el cristiano coloca a éste en una situación nueva en la que va creciendo en santidad, conocimiento y amor, a medida que hace todas las cosas «en el nombre del Señor Jesús» (3,1 7).

3,1-4,6Presenta las exigencias espirituales y morales de la doctrina expuesta en los capítulos precedentes. Se fija sobre todo en la mortificación (3,1-11), en las relaciones mutuas (3,12-17), y en la vida familiar y social (3,18-4,1).

3,1-4Por el Bautismo el cristiano participa de la vida gloriosa de Jesucristo resucitado. Por eso, Cristo llena todos los horizontes de su vida. «Mi amor está crucificado (...). No me satisfacen los alimentos corruptibles y los placeres de este mundo. Lo que yo quiero es el pan de Dios, que es la carne de Cristo, nacido de la descendencia de David, y no deseo otra bebida que su sangre, que es la caridad incorruptible» (S. Ignacio de Antioquía, Ad Rom. 6,1-9,3).

3,5-11El «hombre viejo» (v. 9) es el que se deja dominar por las inclinaciones de la concupiscencia desordenada. El discípulo de Cristo, que ha sido renovado y vive para el Señor, posee un nuevo y más perfecto conocimiento de Dios y del mundo, ve las cosas con una perspectiva más alta, con visión sobrenatural, que no es sino «dejarse mover y poseer por la poderosa mano del autor de todo bien» (S. Ignacio de Loyola, Epist. 4,561-562).

3,12-17Las virtudes que enumera el Apóstol como características del hombre nuevo son diversas manifestaciones de la caridad que es el «vínculo de la perfección» (v. 14). De este modo, haciendo las cosas bien, por amor, todas las realidades auténticamente humanas son santificables y deben ser santificadas (v. 17). «Os aseguro, hijos míos, que cuando un cristiano desempeña con amor lo más intranscendente de las acciones diarias, aquello rebosa de la trascendencia de Dios. Por eso os he repetido, con un repetido martilleo, que la vocación cristiana consiste en hacer endecasílabos de la prosa de cada día. En la línea del horizonte, hijos míos, parecen unirse el cielo y la tierra. Pero no, donde de verdad se juntan es en vuestros corazones, cuando vivís santamente la vida ordinaria» (S. Josemaría Escrivá. Convers. 116).

3,18-4,1La aplicación de la doctrina precedente a la vida familiar tiene su fundamento en la caridad y en la necesidad de comportarse cara a Dios. Todas las relaciones humanas adquieren también así un sentido nuevo.

Sagrada Biblia, traducida y anotada por la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra — © Ediciones Universidad de Navarra (EUNSA).

Colosenses 3 — Parroquia Jesús Obrero