Capítulo 3
II. ANUNCIO DEL MISTERIO DE CRISTO (3,1-21)
Misión de San Pablo (3,1-13)
1Por eso yo, Pablo, soy el prisionero de Cristo Jesús por vosotros los gentiles.
2Ya habréis oído que Dios me concedió el encargo de administrar su gracia en favor vuestro,
3pues mediante una revelación se me dio a conocer el misterio, como brevemente lo he descrito antes.
4Por su lectura podéis captar el conocimiento que tengo del misterio de Cristo,
5que no se dio a conocer a los hijos de los hombres en otras generaciones, como ahora ha sido revelado a sus santos apóstoles y profetas por el Espíritu:
6a saber, que los gentiles son coherederos, miembros de un mismo cuerpo y copartícipes de las promesas en Cristo Jesús mediante el Evangelio,
7del cual he sido constituido servidor, según el don de la gracia de Dios, que me ha sido dada por su fuerza poderosa.
8A mí, el menor de todos los santos, me ha sido otorgada esta gracia: anunciar a los gentiles la insondable riqueza de Cristo
9e iluminar a todos acerca del cumplimiento del misterio que durante siglos estuvo escondido en Dios, el Creador de todas las cosas,
10para dar a conocer ahora a los principados y a las potestades en los cielos las múltiples formas de la sabiduría de Dios, por medio de la Iglesia,
11conforme al plan eterno que ha realizado por medio de Cristo Jesús, Señor nuestro,
12en quien tenemos la segura confianza de llegar a Dios, mediante la fe en él.
13Por ello pido que no os desaniméis a causa de mis tribulaciones por vosotros. Ellas son vuestra gloria.
Oración del Apóstol (3,14-19)
14Por este motivo, me pongo de rodillas ante el Padre,
15de quien toma nombre toda familia en los cielos y en la tierra,
16para que, conforme a las riquezas de su gloria, os conceda fortaleceros firmemente en el hombre interior mediante su Espíritu.
17Que Cristo habite en vuestros corazones por la fe, para que, arraigados y fundamentados en la caridad,
18podáis comprender con todos los santos cuál es la anchura y la longitud, la altura y la profundidad;
19y conocer también el amor de Cristo, que supera todo conocimiento, para que os llenéis por completo de toda la plenitud de Dios.
Doxología (3,20-21)
20Al que tiene poder sobre todas las cosas para concedernos infinitamente más de lo que pedimos o pensamos, gracias a la fuerza que despliega en nosotros,
SEGUNDA PARTE
21a Él sea dada la gloria en la Iglesia y en Cristo Jesús por todas las generaciones por los siglos de los siglos. ¡Amén!
Notas de la Facultad de Teología (5)
1,3-3,21La Iglesia es el tema central del escrito. Ella es la manifestación del misterio salvífico de Dios, realizado en Jesucristo, en favor de judíos y gentiles (1,1-2,22). El ministerio de San Pablo es servir a la realización del proyecto salvador, mediante la predicación (3,1-13) y la oración (3,14-21). Estos capítulos, forman la primera parte o sección doctrinal de la carta.
3,1-21Pablo se siente urgido a dar a conocer el plan salvífico de Dios porque mediante el conocimiento de ese misterio, es decir, mediante la fe, puede el hombre participar en la plenitud de la vida divina.
3,1-13La misión de San Pablo es anunciar a los gentiles la revelación del «misterio» (v. 3). «En el Símbolo de la fe, la Iglesia confiesa el misterio de la Santísima Trinidad y su «designio benevolente» (Ef 1,9) sobre toda la creación: El Padre realiza el «misterio de su voluntad» dando a su Hijo Amado y al Espíritu Santo para la salvación del mundo y para la gloria de su Nombre. Tal es el Misterio de Cristo, revelado y realizado en la historia según un plan, una «disposición» sabiamente ordenada que S. Pablo llama «la Economía del Misterio» (Ef 3,9) y que la tradición patrística llamará «la Economía del Verbo encarnado» o «la Economía de la salvación»» (CCE 1066).
3,14-19San Pablo pide que Dios fortalezca a los cristianos, que Cristo habite por la fe en sus corazones y que puedan comprender la dimensión del amor de Cristo, de forma que crezcan hasta la plenitud de Dios. Parece que haya querido resumir toda la riqueza del misterio de Cristo en un esquema bien gráfico: una cruz, cuyos brazos se extienden en las cuatro direcciones buscando abrazar al entero universo. «Por el Verbo de Dios, todo está bajo la influencia de la obra redentora, y el Hijo de Dios ha sido crucificado por todos, y ha trazado el signo de la cruz sobre todas las cosas» (S. Ireneo, Demons. praedic. apost. 34). En definitiva, conocer la historia de la salvación y el «misterio» de Cristo es darse cuenta de la magnitud del amor de Dios. Ahí está el fundamento de la vida cristiana. «Oh Jesús, suma benignidad, / admirable alegría del corazón, / bondad inabarcable, / tu amor nos abraza (Lit. Horas, Solem. Sgdo. Cor. de Jesús, Him. laudes).
3,20-21Alabanza al poder de Dios por la forma en que ha realizado su proyecto de salvación más allá de lo que los hombres pudieran pedir o pensar.
Sagrada Biblia, traducida y anotada por la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra — © Ediciones Universidad de Navarra (EUNSA).
