Efesios

Capítulo 2

El don gratuito de la salvación (2,1-10)

1Y vosotros estabais muertos por vuestros delitos y pecados,

2en los cuales vivisteis inmersos en otro tiempo siguiendo el espíritu de este mundo, de acuerdo con el príncipe del poder del aire, el espíritu que actúa ahora en los hijos de la rebeldía.

3Entre éstos también todos nosotros vivimos en otro tiempo en la concupiscencia de nuestra carne, siguiendo los deseos de la carne y de los malos pensamientos, puesto que éramos por naturaleza hijos de la ira como los demás.

4Pero Dios, que es rico en misericordia, por el gran amor con que nos amó,

5aunque estábamos muertos por nuestros pecados, nos dio vida en Cristo –por gracia habéis sido salvados–,

6y con él nos resucitó y nos hizo sentar en los cielos por Cristo Jesús,

7a fin de manifestar a los siglos venideros las abundantes riquezas de su gracia, por su bondad con nosotros por medio de Cristo Jesús.

8Así pues, por gracia habéis sido salvados mediante la fe; y esto no procede de vosotros, puesto que es un don de Dios:

9es decir, no procede de las obras, para que nadie se gloríe,

10ya que somos hechura suya, creados en Cristo Jesús, para hacer las obras buenas, que Dios había preparado para que las practicáramos.

Reconciliación en Cristo de los gentiles (2,11-22)

11Recordad, por tanto, que en otro tiempo vosotros, los gentiles según la carne, los llamados «sin circuncisión» por los que se dicen «la circuncisión» –practicada por mano de hombre en la carne–,

12vivíais entonces sin Cristo, erais ajenos a la ciudadanía de Israel, extraños a las alianzas de la promesa, sin esperanza y sin Dios en el mundo.

13Ahora, sin embargo, por Cristo Jesús, vosotros, que en otro tiempo estabais lejos, habéis sido acercados por la sangre de Cristo.

14En efecto, él es nuestra paz: el que hizo de los dos pueblos uno solo y derribó el muro de la separación, la enemistad,

15anulando en su carne la ley decretada en los mandamientos. De ese modo creó en sí mismo de los dos un hombre nuevo, estableciendo la paz

16y reconciliando a ambos con Dios en un solo cuerpo, por medio de la cruz, dando muerte en sí mismo a la enemistad.

17Y en su venida os anunció la paz a vosotros, que estabais lejos, y también la paz a los de cerc a,

18pues por él unos y otros tenemos acceso al Padre en un mismo Espíritu.

19Por lo tanto, ya no sois extraños y advenedizos sino conciudadanos de los santos y miembros de la familia de Dios,

20edificados sobre el cimiento de los apóstoles y los profetas, siendo piedra angular el mismo Cristo Jesús,

21sobre quien toda la edificación se alza bien compacta para ser templo santo en el Señor,

22en quien también vosotros entráis a formar parte del edificio para ser morada de Dios por el Espíritu.

Notas de la Facultad de Teología (4)

1,3-3,21La Iglesia es el tema central del escrito. Ella es la manifestación del misterio salvífico de Dios, realizado en Jesucristo, en favor de judíos y gentiles (1,1-2,22). El ministerio de San Pablo es servir a la realización del proyecto salvador, mediante la predicación (3,1-13) y la oración (3,14-21). Estos capítulos, forman la primera parte o sección doctrinal de la carta.

1,3-2,22Pablo expone el plan divino de salvación contemplándolo en el misterio de la eternidad de Dios y su manifestación histórica a través de Cristo y de la Iglesia. La Iglesia ha sido «prefigurada ya desde el origen del mundo y preparada maravillosamente en la historia del pueblo de Israel y en la Antigua Alianza; se constituyó en los últimos tiempos, se manifestó por la efusión del espíritu y llegará gloriosamente a su plenitud al final de los siglos» (C. Vat. II, Lum. gent. 2).

2,1-10En estos versículos se resalta el amor misericordioso de Dios. Tanto en judíos como en gentiles, a pesar de la situación de pecado en que se encontraban (vv. 1-3), ha actuado el poder misericordioso de Dios (vv. 4-5), haciéndoles semejantes a Cristo en su triunfo glorioso (vv. 6-7). Y todo esto se ha realizado mediante el don gratuito de la fe (vv. 8-10). El «príncipe del poder del aire» (v. 2) se refiere a poderes sobrehumanos que, según la mentalidad de la época, habitaban en las regiones aéreas. Equivale aquí al poder del demonio como jefe de esos supuestos poderes.

2,11-22La obra redentora de Cristo en la cruz ha producido el acercamiento y la paz entre judíos y gentiles (vv. 13-15), y también la reconciliación de ambos con Dios (vv. 16-18). La realidad nueva que surge de la redención es la Iglesia, que San Pablo presenta con la imagen de un templo santo, edificado sobre el cimiento de los Apóstoles y Profetas (vv. 19-22). Por esa salvación, el cristiano se hace también templo santo donde habita la Trinidad. De esta inhabitación surgen un conocimiento más profundo y un amor más intenso al misterio de Dios: «¡La Trinidad! He aquí nuestra morada, nuestra querida intimidad, la casa paterna de la que no tenemos que salir nunca» (B. Isabel de la Trinidad, Ciel. en la tier. 1).

Sagrada Biblia, traducida y anotada por la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra — © Ediciones Universidad de Navarra (EUNSA).

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