Capítulo 1
I. PRESENTACIÓN
Saludo (1,1-2)
1,1-4,23) (1,1-1,26) 1 Pablo y Timoteo, siervos de Cristo Jesús, a todos los santos en Cristo Jesús que están en Filipos, con los obispos y diáconos:
2la gracia y la paz de Dios, nuestro Padre, y del Señor Jesucristo estén con vosotros.
Acción de gracias y desvelo por los creyentes (1,3-11)
3Doy gracias a mi Dios cada vez que os recuerdo
4y siempre que rezo por todos vosotros, lo hago con alegría,
5por vuestra participación en la difusión del Evangelio desde el primer día hasta hoy,
6convencido de que quien comenzó en vosotros la obra buena la llevará a cabo hasta el día de Cristo Jesús.
7Es justo que yo sienta esto por cada uno de vosotros, ya que os tengo en el corazón, porque todos vosotros sois partícipes de mi gracia, tanto en mis cadenas como en la defensa y consolidación del Evangelio.
8Dios es testigo de cómo os amo a todos vosotros en las entrañas de Cristo Jesús.
9Pido también que vuestro amor crezca cada vez más en perfecto conocimiento y en plena sensatez,
10para que sepáis discernir lo mejor, a fin de que seáis puros y sin falta hasta el día de Cristo,
11llenos de los frutos de justicia que proceden de Jesucristo, para gloria y alabanza de Dios.
Situación de San Pablo (1,12-26)
12Quiero que sepáis, hermanos, que las cosas que me han ocurrido han servido para difundir más el Evangelio,
13de modo que, ante todo el pretorio y ante todos los demás, ha quedado patente que me encuentro encadenado por Cristo,
14y así la mayor parte de los hermanos en el Señor, alentados por mis cadenas, se han atrevido con más audacia a predicar sin miedo la palabra de Dios.
15Algunos, en efecto, predican a Cristo por envidia y rivalidad, otros en cambio con buena voluntad;
16éstos, ciertamente, por caridad, sabiendo que he sido constituido para defensa del Evangelio;
17aquellos, sin embargo, anuncian a Cristo por rivalidad, de modo no sincero, pensando aumentar la aflicción de mis cadenas.
18Pero ¡qué importa! Con tal de que en cualquier caso –por hipocresía o sinceramente– se anuncie a Cristo, yo con eso me alegro; aún más, me seguiré alegrando,
19pues sé que me aprovecha para la salvación, gracias a vuestras oraciones y al auxilio del Espíritu de Jesucristo.
20Así es mi expectación y esperanza, de que en nada seré defraudado, sino que con toda seguridad, ahora como siempre, Cristo será glorificado en mi cuerpo, tanto en mi vida como en mi muerte.
21Porque para mí, el vivir es Cristo, y el morir una ganancia.
22Pero si vivir en la carne me supone trabajar con fruto, entonces no sé qué escoger.
23Me siento apremiado por los dos extremos: el deseo que tengo de morir para estar con Cristo, lo cual es muchísimo mejor,
24o permanecer en la carne, que es más necesario para vosotros.
25A la vista de esto último, estoy persuadido de que me quedaré y permaneceré con todos vosotros para vuestro provecho y gozo de la fe;
26para que conmigo, con ocasión de mi presencia de nuevo entre vosotros, aumente vuestro orgullo de ser de Cristo Jesús.
II. ENSEÑANZAS DEL APÓSTOL (1,27-2,18)
Exhortación a la lucha por la fe (1,27-30)
27Sólo importa una cosa: que llevéis una vida digna del Evangelio de Cristo, para que, tanto si voy a veros como si estoy ausente, sepa que estáis firmes en un solo Espíritu, luchando unánimes por la fe del Evangelio,
28y sin dejaros intimidar en nada por los adversarios: lo que para ellos es señal de perdición, para vosotros, en cambio, es señal de salvación. Todo esto viene de Dios.
29Porque a vosotros os ha sido concedida la gracia por Cristo, no sólo para que creáis en él, sino también para que padezcáis por él,
30sosteniendo el mismo combate que visteis en mí, y del que ahora os hablo.
Notas de la Facultad de Teología (7)
1,1-4,23En esta carta, San Pablo va a abrir su corazón de Apóstol a los fieles de Filipos. Comienza por expresar la alegría que siente –a pesar de estar entre cadenas (1,1-26)– al pensar en ellos y en el Evangelio. Les pide que, aun estando él ausente, colmen su alegría viviendo la unidad en la humildad. En el abajamiento de Cristo tienen el ejemplo (1,2-2,18). Pablo compensa su ausencia de Filipos con el envío de unos hermanos (2,19-30) y con la carta, con la que, para fortalecer su vida cristiana, les previene frente a algunos intrusos, aviva su esperanza en el Cielo y les agradece la ayuda que le prestan (3,1-4,23).
1,1-1,26La carta se caracteriza por reflejar con más fuerza que ninguna otra los sentimientos de cariño y aprecio de San Pablo a los cristianos de las comunidades que había fundado. Además del saludo (vv. 1-2) y la acción de gracias por la fidelidad de las destinatarios (vv. 3-11), puntos que son habituales en su epistolario, aquí encontramos reflexiones del Apóstol sobre su situación personal (vv. 12-26).
1,1-2Aunque en aquella época los nombres de «obispos y diáconos» no se utilizaban con el sentido preciso que tienen actualmente, su mención da a entender que ya entonces las iglesias locales tenían una organización jerárquica.
1,3-11La alegría es una de las notas sobresalientes de este escrito, causada de modo especial por el buen espíritu y comportamiento de los filipenses. La identificación de San Pablo con Jesucristo es tan grande que puede decir que han pasado a su corazón los mismos afectos del corazón de Cristo (v. 8).
1,12-26Pablo contempla agradecido su situación en prisión, pues las consecuencias son favorables para la difusión del Evangelio. No sabemos a quién se refiere cuando menciona a los que predican a Cristo «por envidia y rivalidad» (v. 15). Pero, en cualquier caso, se alegra de que sea predicado el Evangelio (cfr Mc 9,38-40). El creyente –como Pablo– debe identificarse con Cristo (vv. 21-26). La vida corporal del cristiano, con sus sufrimientos e incluso su muerte, se identifican de alguna manera con la vida misma de Cristo: ésta es la meta de la vida cristiana ya en este mundo. Así también se entiende que la muerte sea una «ganancia» (v. 21), pues supone poder ver a Dios definitivamente cara a cara (cfr 1 Co 13,12) y llegar a la unión perenne con Cristo. Este deseo de ver y gozar de Dios en el Cielo hacía cantar a Santa Teresa de Jesús: «Vivo sin vivir en mí / y tan alta vida espero / que muero porque no muero» (Poes. 2).
1,27-2,18Algunas dificultades marcaban la vida de los cristianos de Filipos: quizá cierta persecución, y, por otra parte, la existencia de rivalidades suscitadas, al parecer, por algunos predicadores. San Pablo les exhorta a la fortaleza (1,27-30) y a la unidad basada en la humildad, como Cristo (2,1-18).
1,27-30El dolor y las dificultades son ocasiones providenciales que permiten al cristiano identificarse más plenamente con Cristo, abrazándose sin temor a su cruz (v. 29). «¿No es verdad que en cuanto dejas de tener miedo a la Cruz, a eso que la gente llama cruz, cuando pones tu voluntad en aceptar la Voluntad divina, eres feliz, y se pasan todas las preocupaciones, los sufrimientos físicos o morales?» (S. Josemaría Escrivá, V. Cruc, 2).
Sagrada Biblia, traducida y anotada por la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra — © Ediciones Universidad de Navarra (EUNSA).
