Efesios

Capítulo 6

A los hijos y a los padres (6,1-4)

1Hijos: obedeced a vuestros padres en el Señor, porque esto es lo justo.

2Honra a tu padre y a tu madr e. Este es el primer mandamiento con promesa:

3para que te vaya bien y vivas largo tiempo en la tierr a.

4Padres: no irritéis a vuestros hijos; antes bien, educadles en la doctrina y enseñanzas del Señor.

A los siervos y a los amos (6,5-9)

5Siervos: obedeced a los amos de la tierra, con temor y respeto, como si fuera a Cristo, con sencillez de corazón,

6no para que os vean, como quien busca complacer a los hombres, sino como siervos de Cristo que hacen de corazón la voluntad de Dios,

7sirviendo de buena gana, como quien sirve al Señor y no a los hombres,

8conscientes de que cada uno, sea siervo o sea libre, será recompensado por el Señor según el bien que haya hecho.

9Y vosotros, amos, haced lo mismo con ellos, dejando las amenazas, conscientes de que el Señor de los cielos es el Señor vuestro y de ellos, y que no hace acepción de personas.

VI. CONCLUSIÓN (6,10-24)

Las armas para la lucha ascética (6,10-20)

10Por lo demás, reconfortaos en el Señor y en la fuerza de su poder,

11revestíos con la armadura de Dios para que podáis resistir las insidias del diablo,

12porque no es nuestra lucha contra la sangre o la carne, sino contra los principados, las potestades, las dominaciones de este mundo de tinieblas, y contra los espíritus malignos que están en los aires.

13Por eso, poneos la armadura de Dios para que podáis resistir en el día malo y, tras vencer en todo, permanezcáis firmes.

14Así pues, estad firmes, ceñidos en la cintura con la verdad, revestidos con la coraza de la justicia

15y calzados los pies, prontos para proclamar el Evangelio de la pa z;

16tomando en todo momento el escudo de la fe, con el que podáis apagar los dardos encendidos del Maligno.

17Recibid también el yelmo de la salvación y la espada del Espírit u, que es la palabra de Dio s,

18mediante oraciones y súplicas, orando en todo tiempo movidos por el Espíritu, vigilando además con toda constancia y súplica por todos los santos,

19y también por mí, para que, cuando hable, me sea dada la palabra para dar a conocer con libertad el misterio del Evangelio

20del que soy mensajero, aunque encadenado, y que pueda hablar de él libremente y anunciarlo como debo.

Conclusión y saludos (6,21-24)

21Para que también vosotros sepáis qué es de mí y cómo me encuentro, todo os lo hará saber Tíquico, hermano querido y fiel servidor en el Señor,

22a quien os envío para esto mismo, para que sepáis de nosotros y consuele vuestros corazones.

23La paz esté con los hermanos, y el amor acompañado de la fe, de parte de Dios Padre y del Señor Jesucristo.

24La gracia esté con todos los que aman a nuestro Señor Jesucristo con amor incorruptible.

Notas de la Facultad de Teología (7)

4,1-6,24Tras exponer la realización a través de Jesucristo del proyecto salvador de Dios –misterio escondido y ahora manifestado– San Pablo pasa a considerar las consecuencias morales que se derivan para el cristiano como miembro de la Iglesia. Es la segunda parte de la carta, la parte moral.

5,21-6,9El Apóstol considera la nueva situación en que se encuentran el marido y la mujer, los padres y los hijos, los señores y los esclavos, tras su inserción en Cristo. Al mismo tiempo exhorta al amor, a la obediencia y al respeto, que ahora tienen una dimensión nueva ya que reflejan al mismo Cristo y a la Iglesia.

6,1-4Recuerda Pablo el cuarto precepto del Decálogo (cfr Ex 20,12; Dt 5,16). El cumplimiento de este mandato proporciona, con los frutos espirituales, frutos temporales de paz y de prosperidad (cfr CCE 2200). Después (v. 4), el Apóstol se refiere a las obligaciones de los padres. «Los padres deben mirar a sus hijos como a hijos de Dios y respetarlos como a personas humanas. Han de educar a sus hijos en el cumplimiento de la ley de Dios, mostrándose ellos mismos obedientes a la voluntad del Padre de los cielos» (ibid. 2222).

6,5-9Las relaciones laborales en esa época estaban basadas, en gran parte, en la esclavitud. San Pablo establece el fundamento de las relaciones entre amos y siervos. Al poner de relieve la dignidad de la persona humana, enseña claramente que las relaciones humanas se sobrenaturalizan si se elevan hasta Cristo. Se establecen así las condiciones que, siglos después, llevarán a la abolición de la esclavitud.

6,10-24El Apóstol termina su carta animando vivamente a los fieles en su lucha contra el mal y haciéndoles conscientes de que disponen de las armas para vencer.

6,10-20Empleando una imagen tomada de la milicia, Pablo invita a todos a revestirse de la armadura divina, para poder vencer los ataques del mal; y exhorta a la perseverancia en la oración, que solicita también por él y por su ministerio. «Las dominaciones de este mundo» (v. 12) son los ángeles que se rebelaron contra Dios. Aunque ya fueron vencidos por Cristo, nosotros aún hemos de mantener la lucha contra ellos. Entre los diversos medios sobrenaturales para luchar contra las asechanzas del enemigo se destaca la oración (v. 18): ««No nos ha sido prescrito trabajar, vigilar y ayunar constantemente; pero sí tenemos una ley que nos manda orar sin cesar» (Evagrio, Cap. pract. 49). Este ardor incansable no puede venir más que del amor. Contra nuestra inercia y nuestra pereza, el combate de la oración es el del amor humilde, confiado y perseverante» (CCE 2742).

6,21-24En la carta el Apóstol no ha dado noticias sobre su estado; esto lo encarga al portador de la misiva.

Sagrada Biblia, traducida y anotada por la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra — © Ediciones Universidad de Navarra (EUNSA).

Efesios 6 — Parroquia Jesús Obrero