Filipenses

Capítulo 3

IV. LA VIDA CRISTIANA (3,1-4,23)

Cuidado con los judaizantes (3,1-6)

1Por lo demás, hermanos míos, alegraos en el Señor. Escribiros lo que os he dicho en otras ocasiones no me molesta, y para vosotros es motivo de seguridad.

2¡Cuidado con los perros! ¡Cuidado con los malos obreros! ¡Cuidado con los de la mutilación!

3Pues nosotros somos la circuncisión, los que servimos en el Espíritu de Dios y nos gloriamos en Cristo Jesús y no confiamos en la carne,

4aunque yo podría confiar en la carne. Si algún otro piensa que puede confiar en la carne, yo aún más:

5fui circuncidado al octavo día, soy del linaje de Israel, de la tribu de Benjamín, hebreo, hijo de hebreos, y, ante la Ley, fariseo;

6a causa del celo por ella, perseguidor de la Iglesia. En lo que se refiere a la justicia de la Ley, llegué a ser irreprochable.

La justicia de Dios, superior a la justicia de la Ley (3,7-11)

7Sin embargo, cuanto era para mí ganancia, por Cristo lo considero como pérdida.

8Es más, considero que todo es pérdida ante la sublimidad del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor. Por él perdí todas las cosas, y las considero como basura con tal de ganar a Cristo

9y vivir en él, no por mi justicia, la que procede de la Ley, sino por la que viene de la fe en Cristo, justicia que procede de Dios, por la fe.

10Y, de este modo, lograr conocerle a él y la fuerza de su resurrección, y participar así de sus padecimientos, asemejándome a él en su muerte,

11con la esperanza de alcanzar la resurrección de entre los muertos.

La lucha ascética, deporte sobrenatural (3,12-16)

12No es que ya lo haya conseguido, o que ya sea perfecto, sino que continúo esforzándome por ver si lo alcanzo, puesto que yo mismo he sido alcanzado por Cristo Jesús.

13Hermanos, yo no pienso haberlo conseguido aún; pero, olvidando lo que queda atrás, una cosa intento: lanzarme hacia lo que tengo por delante,

14correr hacia la meta, para alcanzar el premio al que Dios nos llama desde lo alto por Cristo Jesús.

15Así pues, los que somos perfectos tengamos estos sentimientos. Y si en algo pensáis de otro modo, también eso Dios os lo hará ver.

16En todo caso, mantengámonos en lo que ya hemos alcanzado.

Ciudadanos del Cielo (3,17-21)

17Hermanos, sed imitadores míos y fijaos en los que caminan según el modelo que tenéis en nosotros.

18Porque muchos –esos de quienes con frecuencia os hablaba y os hablo ahora llorando– se comportan como enemigos de la cruz de Cristo:

19su fin es la perdición, su dios el vientre, y su gloria la propia vergüenza, porque ponen el corazón en las cosas terrenas.

20Pero nosotros somos ciudadanos del cielo, de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo,

21el cual transformará nuestro cuerpo vil en un cuerpo glorioso como el suyo, en virtud del poder que tiene para someter a su dominio todas las cosas.

Notas de la Facultad de Teología (6)

1,1-4,23En esta carta, San Pablo va a abrir su corazón de Apóstol a los fieles de Filipos. Comienza por expresar la alegría que siente –a pesar de estar entre cadenas (1,1-26)– al pensar en ellos y en el Evangelio. Les pide que, aun estando él ausente, colmen su alegría viviendo la unidad en la humildad. En el abajamiento de Cristo tienen el ejemplo (1,2-2,18). Pablo compensa su ausencia de Filipos con el envío de unos hermanos (2,19-30) y con la carta, con la que, para fortalecer su vida cristiana, les previene frente a algunos intrusos, aviva su esperanza en el Cielo y les agradece la ayuda que le prestan (3,1-4,23).

3,1-4,23Tras dar noticias sobre él y sus colaboradores, San Pablo anima a los filipenses a la fidelidad y al progreso en la vida cristiana. Para ello se propone él mismo como ejemplo: primero, frente a los judaizantes, expone el cambio que él ha experimentado al hacerse cristiano (3,1-16); después, les habla de la meta que él se esfuerza en conseguir, el Cielo (3,1 7-21); finalmente, les comenta la alegría y gratitud que siente al pensar en ellos (4,1-20).

3,1-6El Apóstol manifiesta su condición de judío para mostrar a los filipenses su autoridad moral frente a los judaizantes que enseñaban la necesidad de la circuncisión (v. 2). (perro; apelativo aplicado por el judaísmo a los paganos cf. Mat 15,16 más por impíos (lejos de Dios y de Xto) que por descarados. Tener en cuenta que en Oriente los perros sin dueño, hambrientos, eran plaga // mutilación (juego palabras) tomado como incisión (ejemplo único en la Biblia) katatom» = desgarro en la carne, considerada como mutilación y prohibida por la ley. Circuncisión. = peritom»)

3,7-11Todo lo que antes de su conversión constituía para él timbre de gloria, ahora carece de valor comparado con el sublime conocimiento de Cristo. Es éste el que hace justo al hombre, no la Ley de Moisés (cfr Rm 3,21). Por eso, es necesario dejar todo por Cristo y esforzarse por ir configurándose con Él hasta alcanzar la gloria de la resurrección.

3,12-16En el camino hacia la identificación con Cristo, es decir, hacia la santidad, es importante buscar siempre el progreso interior. «Que siempre te desagrade lo que eres, si quieres llegar a lo que todavía no eres. Pues cuando te agradaste a ti mismo, ahí te quedaste. Pues si dijeras «basta», en ese momento has perecido. Crece siempre, camina siempre, avanza siempre» (S. Agustín, Serm. 169,18).

3,17-21La imitación de los santos –y no la de los enemigos de la cruz del Señor– es camino seguro para ser eficaces en el servicio a Dios y a los demás. Como ciudadanos del Cielo los cristianos debemos vivir una vida alegre y confiada, propia de hijos de Dios, que se funda en la esperanza de la venida del Señor y de la resurrección.

Sagrada Biblia, traducida y anotada por la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra — © Ediciones Universidad de Navarra (EUNSA).

Filipenses 3 — Parroquia Jesús Obrero