Capítulo 4
Exhortación a la perseverancia y la alegría (4,1-9)
1Por tanto, hermanos míos muy queridos y añorados, mi gozo y mi corona, ¡permaneced así, queridísimos míos, firmes en el Señor!
2Suplico a Evodia y a Síntique que tengan un mismo sentir en el Señor.
3También te ruego a ti, fiel compañero, que ayudes a éstas, que trabajaron conmigo por el Evangelio con Clemente y mis otros colaboradores, cuyos nombres están en el libro de la vida.
4Alegraos siempre en el Señor; os lo repito, alegraos.
5Que vuestra comprensión sea patente a todos los hombres. El Señor está cerca.
6No os preocupéis por nada; al contrario: en toda oración y súplica, presentad a Dios vuestras peticiones con acción de gracias.
7Y la paz de Dios que supera todo entendimiento custodiará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús.
8Por lo demás, hermanos, cuanto hay de verdadero, de honorable, de justo, de íntegro, de amable y de encomiable; todo lo que sea virtuoso y digno de alabanza, tenedlo en estima.
9Lo que aprendisteis y recibisteis, lo que oísteis y visteis en mí, ponedlo por obra; y el Dios de la paz estará con vosotros.
Gratitud del Apóstol (4,10-20)
10Me alegré mucho en el Señor de que por fin hayáis podido manifestar de nuevo el afecto que ya me teníais, aunque no se había presentado ocasión de expresarlo.
11No os lo digo porque esté necesitado, pues he aprendido a contentarme con lo que tengo:
12he aprendido a vivir en la pobreza, he aprendido a vivir en la abundancia, estoy acostumbrado a todo en todo lugar, a la hartura y a la escasez, a la riqueza y a la pobreza.
13Todo lo puedo en Aquel que me conforta.
14No obstante, habéis hecho bien al compartir mi tribulación.
15Sabéis bien vosotros, filipenses, que al principio de la evangelización, cuando salí de Macedonia, ninguna iglesia me abrió una cuenta de «debe» y «haber», excepto vosotros,
16pues una y otra vez enviasteis a Tesalónica con qué atender a mis necesidades.
17No es que yo busque dádivas, sino que deseo que aumenten los intereses en vuestra cuenta.
18He recibido todo y tengo de sobra, estoy colmado con los bienes recibidos de parte vuestra por medio de Epafrodito, una ofrenda aceptable, de suave olor, agradable ante Dios.
19Mi Dios colmará todas vuestras necesidades, generosamente según su riqueza, con la gloria por Cristo Jesús.
20A Dios y Padre nuestro la gloria por los siglos de los siglos. Amén.
Despedida (4,21-23)
21Saludad a todos los santos en Cristo Jesús. Os saludan los hermanos que están conmigo.
22También os saludan todos los santos, en especial los de la casa del César.
23La gracia del Señor Jesucristo esté con vuestro espíritu. Amén.
Notas de la Facultad de Teología (5)
1,1-4,23En esta carta, San Pablo va a abrir su corazón de Apóstol a los fieles de Filipos. Comienza por expresar la alegría que siente –a pesar de estar entre cadenas (1,1-26)– al pensar en ellos y en el Evangelio. Les pide que, aun estando él ausente, colmen su alegría viviendo la unidad en la humildad. En el abajamiento de Cristo tienen el ejemplo (1,2-2,18). Pablo compensa su ausencia de Filipos con el envío de unos hermanos (2,19-30) y con la carta, con la que, para fortalecer su vida cristiana, les previene frente a algunos intrusos, aviva su esperanza en el Cielo y les agradece la ayuda que le prestan (3,1-4,23).
3,1-4,23Tras dar noticias sobre él y sus colaboradores, San Pablo anima a los filipenses a la fidelidad y al progreso en la vida cristiana. Para ello se propone él mismo como ejemplo: primero, frente a los judaizantes, expone el cambio que él ha experimentado al hacerse cristiano (3,1-16); después, les habla de la meta que él se esfuerza en conseguir, el Cielo (3,1 7-21); finalmente, les comenta la alegría y gratitud que siente al pensar en ellos (4,1-20).
4,1-9Para la verdadera alegría no es obstáculo que las circunstancias en que se desarrolla la existencia de una persona sean difíciles o puedan resultar dolorosas. El Señor está siempre cerca del cristiano con su providencia (v. 5). Sólo espera que él le exponga su situación con confianza, hablándole en la oración con la sencillez de un hijo (v. 6). Mientras está en esta vida todas las realidades terrenas y las cosas nobles de este mundo tienen un valor divino, son buenas, y le sirven para acercarse a Dios (v. 8). «Allí donde están vuestros hermanos los hombres, allí donde están vuestras aspiraciones, vuestro trabajo, vuestros amores, allí está el sitio de vuestro encuentro cotidiano con Cristo» (S. Josemaría Escrivá, Convers. 113). (fiel compañero puede ser un apelativo general)
4,10-20Las posibles dificultades que puedan presentarse en la vida no constituyen un obstáculo insalvable ni pueden ser ocasión de perder la paz. El cristiano cuenta con la fortaleza que Dios proporciona. La generosidad de los filipenses emociona a San Pablo (vv. 14-20). No busca dádivas de los de Filipos, sino el fruto que a ellos mismos les reportarán sus limosnas. Como Dios es remunerador, resulta mucho más beneficiado quien da limosna que quien la recibe. Quien da recibirá la gloria eterna ganada por Cristo Jesús. «Que quien distribuye limosnas lo haga con despreocupación y alegría, ya que, cuanto menos se reserve para sí, mayor será la ganancia que obtendrá» (S. León Magno, Serm. 10 de Quadrag. 5).
4,21-23«Los de la casa del Cesar» (v. 22). Serían funcionarios, empleados de la administración imperial, convertidos al cristianismo. La expresión puede aplicarse tanto a los que estaban en Roma como a los que vivían en alguna ciudad grande del Imperio (desde funcionarios superiores hasta esclavos).
Sagrada Biblia, traducida y anotada por la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra — © Ediciones Universidad de Navarra (EUNSA).
