Capítulo 2
Necesidad de mantener la fe (2,1-4)
1Es preciso, por tanto, que tengamos muy presente cuanto hemos oído, no vaya a ser que nos desviemos del camino.
2Porque si la palabra anunciada por medio de ángeles alcanzó tal fuerza que toda trasgresión y desobediencia recibió justa pena,
3¿cómo escaparemos nosotros del castigo, si descuidamos tan gran salvación? Ésta, que se inició con el anuncio del Señor, nos fue confirmada por quienes la habían oído,
4y también nos fue garantizada por Dios con señales y prodigios, con diversos milagros y dones del Espíritu Santo, distribuidos según su voluntad.
Jesús, hermano de los hombres, fue coronado de gloria y honor por encima de los Ángeles (2,5-18)
5Porque Dios no sometió a los ángeles el mundo futuro del que hablamos.
6Por eso, se afirmó en cierto lugar de este modo: ¿Qué es el hombre para que te acuerdes de él, o el hijo del hombre para que te ocupes de él?
7Le has hecho sólo un poco inferior a los ángeles y le has coronado de gloria y hono r.
8Todo lo has sometido bajo sus pie s. Al someter todo al hombre no dejó nada sin someterle. Sin embargo, ahora no vemos que todo le esté ya sometido.
9En cambio, a aquel que fue hecho por un momento inferior a los ángele s, a Jesús, le vemos coronado de gloria y honor a causa de la muerte padecida. De modo que, por gracia de Dios, experimentó la muerte en beneficio de todos.
10Porque convenía que Aquel para quien y por quien son todas las cosas, habiéndose propuesto llevar muchos hijos a la gloria, perfeccionase mediante los sufrimientos al que iba a llevarlos a la salvación.
11Porque quien santifica y quienes son santificados vienen todos de uno solo; por eso no se avergüenza de llamarlos hermanos,
12y dice: Anunciaré tu nombre a mis hermanos y en medio de la iglesia te alabar é.
13Dice también: Yo pondré en él mi confianz a. Y de nuevo: Aquí estamos, yo y los hijos que Dios me di o.
14Porque así como los hijos comparten la sangre y la carne, también él participó de ellas, para destruir con la muerte al que tenía el poder de la muerte, es decir, al diablo,
15y liberar así a todos los que con el miedo a la muerte estaban toda su vida sujetos a esclavitud.
16Porque es seguro que él no asumió a los ángeles sino al linaje de Abrahá n.
17Por eso tuvo que asemejarse en todo a sus hermanos, a fin de ser misericordioso y Sumo Sacerdote fiel en las cosas que se refieren a Dios, para expiar los pecados del pueblo.
18Por haber sido puesto a prueba en los padecimientos, es capaz de ayudar a los que también son sometidos a prueba.
Notas de la Facultad de Teología (4)
1,5-10,18Aunque la enseñanza doctrinal y moral se entremezcla a lo largo del escrito, los primeros diez capítulos tienen sobre todo carácter doctrinal. El autor sagrado trata de la superioridad de Cristo sobre los personajes más importantes del Antiguo Testamento –los ángeles (1,5-2,18), Moisés (3,1-4,13), los sacerdotes del orden levítico (4,14-7,28)– y sobre el culto de la Antigua Ley (8,1-10,18).
1,5-2,18La superioridad de Cristo sobre los ángeles inicia el argumento. Teniendo en cuenta que la veneración a los ángeles estaba muy extendida en el mundo judío, existía el peligro de considerar a Cristo, por su naturaleza humana, inferior a estas criaturas.
2,1-4Se intercala una exhortación fundada en la doctrina expuesta. Si Jesucristo es superior a los ángeles se debe mayor obediencia a su doctrina que a la «palabra anunciada por medio de ángeles» (v. 2), la Ley que se entregó a Moisés en el Sinaí, y que según una tradición judía, fue dada por mediación de los ángeles (cfr Ga 3,19).
2,5-18Los cristianos deben ser fieles a Cristo, porque Él, además de ser la causa y el comienzo de la salvación, ha sido constituido Señor del Universo. A Él todo le ha sido sometido en cuanto hombre. En este sentido se aplican a Cristo las palabras del Sal 8, ya que Él es la perfección de la humanidad, el hombre perfecto, que con su obediencia y humildad, su pasión y muerte, mereció ser coronado de gloria y honor (cfr Flp 2,6-11; 1 P 2,21-25). Así, por sus padecimientos, Cristo es el Señor, y todo, hasta la misma muerte (cfr
Sagrada Biblia, traducida y anotada por la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra — © Ediciones Universidad de Navarra (EUNSA).
