Capítulo 4
el descanso prometido por Dios (4,1-11)
1Puesto que la promesa de entrar en su descanso permanece en vigor, tengamos cuidado: no vaya a ser que alguno de vosotros piense que queda excluido.
2Porque a nosotros se nos ha anunciado el Evangelio igual que a ellos; pero a ellos de nada les aprovechó la palabra que oyeron, porque no estaban unidos mediante la fe a los que la habían escuchado.
3Porque los que hemos creído hemos entrado en el descanso, según está dicho: Por eso juré en mi ira: «¡No entrarán en mi descanso! », aunque las obras divinas estaban ya hechas desde la creación del mundo.
4Porque en un lugar se dice sobre el día séptimo: Y descansó Dios el día séptimo de todas sus obra s.
5Y en este lugar repite: ¡No entrarán en mi descanso!
6Dado, por tanto, que algunos habrán de entrar en él, y que los primeros en recibir la buena nueva no entraron a causa de su desobediencia,
7vuelve a fijar un día, ho y, cuando afirma por David al cabo de tanto tiempo, como ya se ha dicho: Si hoy escucháis su voz, no endurezcáis vuestros corazone s.
8Porque si Josué les hubiera proporcionado el descanso, Él no habría hablado después sobre otro día.
9Queda por tanto reservado un tiempo de descanso para el pueblo de Dios.
10Porque quien entra en el descanso de Dios, descansa también él de sus trabajos, lo mismo que Dios de sus obras.
11Apresurémonos a entrar en ese descanso, a fin de que ninguno caiga en la misma clase de desobediencia.
El poder de la palabra divina (4,12-13)
12Ciertamente, la palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que una espada de doble filo: entra hasta la división del alma y del espíritu, de las articulaciones y de la médula, y descubre los sentimientos y pensamientos del corazón.
13No hay ante ella criatura invisible, sino que todo está desnudo y patente a los ojos de Aquel a quien hemos de rendir cuenta.
III. CRISTO, SUMO SACERDOTE, ES SUPERIOR A LOS SACERDOTES DE LA LEY MOSAICA (4,14-7,28)
Nuestra confianza se apoya en el sacerdocio de Cristo (4,14-16)
14Ya que tenemos un Sumo Sacerdote que ha entrado en los cielos –Jesús, el Hijo de Dios–, mantengamos firme nuestra confesión de fe.
15Porque no tenemos un sumo sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras debilidades, sino que, de manera semejante a nosotros, ha sido probado en todo, excepto en el pecado.
16Por lo tanto, acerquémonos confiadamente al trono de la gracia, para que alcancemos misericordia y encontremos la gracia que nos ayude en el momento oportuno.
Notas de la Facultad de Teología (6)
1,5-10,18Aunque la enseñanza doctrinal y moral se entremezcla a lo largo del escrito, los primeros diez capítulos tienen sobre todo carácter doctrinal. El autor sagrado trata de la superioridad de Cristo sobre los personajes más importantes del Antiguo Testamento –los ángeles (1,5-2,18), Moisés (3,1-4,13), los sacerdotes del orden levítico (4,14-7,28)– y sobre el culto de la Antigua Ley (8,1-10,18).
3,1-4,13Los judíos consideraban a Moisés el verdadero fundador, libertador y legislador del pueblo elegido. En estos dos capítulos se enseña la excelencia incomparable sobre él de Jesucristo, el «nuevo Moisés» (cfr notas a Mt 2,13-18; 4,1-11; 5,17-48; etc.).
4,1-11Se reitera la exhortación a la fidelidad y se desarrolla el tema del «descanso», que el pueblo de Israel no había podido conseguir ni siquiera al entrar en la tierra prometida. Por eso sigue abierta la promesa tal como canta el Salmo 95, escrito después de entrar en la tierra; sigue abierto el «hoy». La comparación entre Moisés y Jesús se extiende ahora a israelitas y cristianos. Moisés se había dirigido al pueblo elegido para que fuera fiel y alcanzara así el lugar de descanso (cfr Dt 12,9-10). Estableció el precepto del descanso sabático (cfr Dt 5,12-15; Ex 20,8-11; 35,1-3; Nm 15,32-36) como recuerdo del descanso de Dios en la creación, como señal de la Alianza y figura del descanso eterno. Cristo promete en el Evangelio un descanso nuevo y definitivo: la vida en la casa del Padre (cfr Jn 14,1-3). Los cristianos han recibido una nueva invitación de parte de Dios para entrar en el descanso divino (v. 2). Comienza así otro «hoy», otro momento en el cual se puede escoger la felicidad y ganar la verdadera Tierra Prometida.
4,12-13Entrar en el descanso exige aceptar la Palabra de Dios. En estos versículos la «Palabra» se refiere posiblemente a la totalidad de la revelación, que se manifiesta de modo pleno y perfecto en Cristo mismo. «Es tan grande el poder y la fuerza de la palabra de Dios, que constituye sustento y vigor de la Iglesia, firmeza de fe para sus hijos, alimento del alma, fuente límpida y perenne de vida espiritual» (C. Vat. II, Dei Verb. 21).
4,14-7,28Se inicia propiamente el tema central de la carta, el sacerdocio de Cristo, y se enseña su superioridad sobre el sacerdocio levítico.
4,14-16El cristiano debe poner su confianza en el nuevo Sumo Sacerdote, Cristo. Él ha entrado en los Cielos y es misericordioso, ya que se compadece de nuestras debilidades. «Los enemigos de nuestra santificación nada podrán, porque esa misericordia de Dios nos previene; y si –por nuestra culpa y nuestra debilidad– caemos, el Señor nos socorre y nos levanta» (S Josemaría Escrivá, Hom. 1. 7). La impecabilidad de Cristo, afirmada en la Sagrada Escritura (cfr Jn 8,46; Rm 8,3; 2 Co 5,21; 1 P 1,19; 2,21-24), es lógica consecuencia de su condición divina y de su integridad y santidad humana. Al mismo tiempo la debilidad de Cristo, voluntariamente padecida por amor a los hombres, es una invitación de Dios a que le pidamos las fuerzas para resistir al pecado.
Sagrada Biblia, traducida y anotada por la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra — © Ediciones Universidad de Navarra (EUNSA).
