Capítulo 13
VIAJES MISIONEROS DE SAN PABLO (13,1-20,38)
VIII. PRIMER VIAJE APOSTÓLICO DE SAN PABLO (13,1-14,28)
Designación de San Pablo y de San Bernabé (13,1-3)
1En la iglesia de Antioquía había profetas y maestros: Bernabé y Simón, que era llamado el Negro, Lucio, el de Cirene, y Manahén, hermano de leche del tetrarca Herodes, y Saulo.
2Mientras celebraban el culto del Señor y ayunaban, dijo el Espíritu Santo: —Separadme a Bernabé y a Saulo para la obra que les he destinado.
3Y después de ayunar, orar e imponerles las manos, los despidieron.
En Chipre (13,4-14)
4Entonces ellos, enviados por el Espíritu Santo, bajaron a Seleucia, y de allí navegaron rumbo a Chipre.
5Al llegar a Salamina se pusieron a predicar la palabra de Dios en las sinagogas de los judíos, y tenían a Juan como colaborador.
6Atravesaron toda la isla hasta Pafos, y encontraron a un mago, falso profeta judío, que se llamaba Barjesús,
7que estaba con el procónsul Sergio Pablo, hombre prudente. Éste hizo llamar a Bernabé y a Saulo, con el deseo de oír la palabra de Dios;
8pero el mago Elimas –que así se traduce su nombre– se les oponía, intentando apartar de la fe al procónsul.
9Entonces Saulo, también llamado Pablo, lleno del Espíritu Santo y mirándolo fijamente,
10le dijo: —¡Tú, lleno de todo engaño y de toda malicia, hijo del diablo, enemigo de toda justicia! ¿No dejarás de torcer los rectos caminos del Señor?
11La mano del Señor va a caer sobre ti y te vas a quedar ciego sin ver el sol hasta el tiempo señalado. Al momento la niebla y la oscuridad le rodearon y se puso a dar vueltas buscando alguien que le llevara de la mano.
12Al ver lo sucedido, el procónsul creyó, admirado de la doctrina del Señor. Paso al Asia Menor
13Pablo y sus compañeros navegaron desde Pafos hasta llegar a Perge de Panfilia; pero Juan se separó de ellos y volvió a Jerusalén.
14Ellos siguieron desde Perge y llegaron a Antioquía de Pisidia. El sábado entraron en la sinagoga y tomaron asiento.
Predicación en la sinagoga de Antioquía de Pisidia (13,15-43)
15Después de la lectura de la Ley y los Profetas, los jefes de la sinagoga se dirigieron a ellos: —Hermanos, si tenéis alguna palabra de exhortación para el pueblo, decidla.
16Pablo se levantó, pidió con la mano silencio y dijo: —Varones israelitas y los temerosos de Dios, escuchad:
17el Dios de este pueblo de Israel eligió a nuestros padres, enalteció al pueblo durante su permanencia en el país de Egipto, y con brazo fuerte los sacó de allí.
18Durante unos cuarenta años los cuidó en el desierto;
19destruyó siete naciones en el país de Canaán y distribuyó su tierra entre ellos
20a lo largo de unos cuatrocientos cincuenta años. Después de esto, les dio jueces hasta el profeta Samuel.
21Pidieron entonces un rey y Dios les dio durante cuarenta años a Saúl, hijo de Cis, varón de la tribu de Benjamín.
22Cuando lo depuso, les suscitó como rey a David, a quien acreditó diciendo: Encontré a Davi d, hijo de Jesé, hombre según mi corazó n, que hará en todo mi voluntad.
23»De su descendencia, Dios, según la promesa, hizo surgir para Israel un Salvador, Jesús.
24Juan había predicado, ante la proximidad de su venida, un bautismo de penitencia a todo el pueblo de Israel.
25Cuando estaba Juan para terminar su carrera decía: «¿Quién pensáis que soy? No soy yo, sino mirad que detrás de mí viene uno a quien no soy digno de desatar el calzado de los pies».
26»Hermanos, hijos de Abrahán y los que entre vosotros sois temerosos de Dios: a nosotros se nos ha enviado esta palabra de Salvación.
27Los habitantes de Jerusalén y sus jefes le ignoraron y, al condenarle, cumplieron las palabras de los Profetas que se leen todos los sábados.
28Y sin haber encontrado causa alguna de muerte, pidieron a Pilato que le hiciera morir.
29Cuando cumplieron todo lo que sobre él estaba escrito, le bajaron del madero y lo pusieron en el sepulcro.
30Pero Dios le resucitó de entre los muertos:
31se apareció muchos días a los que habían subido con él de Galilea a Jerusalén, los mismos que ahora son sus testigos ante el pueblo.
32»También nosotros os anunciamos la buena nueva de que la promesa hecha a nuestros padres
33la ha cumplido Dios en nosotros, sus hijos, al resucitar a Jesús, como estaba escrito en el Salmo segundo: Tú eres mi Hij o, yo te he engendrado ho y.
34»Y que lo resucitó de entre los muertos para jamás volver a la corrupción lo dijo así: Os daré las santas y firmes promesas hechas a Davi d.
35»Por lo cual dice también en otro lugar: No dejarás a tu Santo experimentar la corrupció n.
36»Porque David, después de haber cumplido durante su vida la voluntad de Dios, murió, fue sepultado con sus padres y experimentó la corrupción;
37pero aquel a quien Dios resucitó no experimentó la corrupción.
38Sabed, pues, hermanos, que por éste se os anuncia el perdón de los pecados; y que de todo lo que no pudisteis ser justificados por la Ley de Moisés,
39queda justificado todo el que cree en él.
40Por tanto, cuidad que no suceda lo dicho en los Profetas:
41Mirad, los despreciadore s, asombraos y ocultao s, porque voy a realizar una obra en vuestros día s, una obra que no creeríais si alguien os la contara.
42Al salir les rogaban que el sábado siguiente les hablaran de eso mismo.
43Terminada la reunión, muchos judíos y prosélitos que adoraban a Dios siguieron a Pablo y a Bernabé, que les exhortaban y persuadían a permanecer en la gracia de Dios.
San Pablo y San Bernabé se dirigen a los gentiles (13,44-52)
44El sábado siguiente se congregó casi toda la ciudad para oír la palabra del Señor.
45Cuando los judíos vieron la muchedumbre se llenaron de envidia y contradecían con injurias las afirmaciones de Pablo.
46Entonces Pablo y Bernabé dijeron con valentía: —Era necesario anunciaros en primer lugar a vosotros la palabra de Dios, pero ya que la rechazáis y os juzgáis indignos de la vida eterna, nos volvemos a los gentiles.
47Pues así nos lo mandó el Señor: Te he puesto como luz de los gentile s, para que lleves la salvación hasta los confines de la tierr a.
48Al oír esto los gentiles se alegraban y glorificaban la palabra del Señor, y creyeron todos los que estaban destinados a la vida eterna.
49Y la palabra del Señor se propagaba por toda la región.
50Pero los judíos incitaron a mujeres piadosas y distinguidas y a los principales de la ciudad, promovieron una persecución contra Pablo y Bernabé y los expulsaron de su territorio.
51Éstos se sacudieron el polvo de los pies contra ellos y se dirigieron a Iconio.
52Los discípulos quedaron llenos de alegría y del Espíritu Santo.
Notas de la Facultad de Teología (6)
13,1-20,38En la perspectiva del libro de los Hechos entra el narrar cómo la salvación se extiende desde Jerusalén hasta los confines de la tierra. Pablo es el instrumento elegido por Dios para ello (cfr 9,1 5). En esta tercera parte se relatan sus viajes apostólicos extendiendo la predicación del Evangelio y fundando nuevas comunidades. Es de notar que, desde este momento, cobra una singular importancia la labor misionera de la iglesia de Antioquía; sin embargo, el libro de los Hechos no deja de señalar que cada nuevo impulso evangelizador pasa también por Jerusalén (9,26; 15,2; 20,16; 21,15).
13,1-14,28Después de una breve descripción de la comunidad de Antioquía (vv. 1-3), el relato se detiene en la narración del primer viaje apostólico de San Pablo y San Bernabé por tierras de Asia Menor. Salieron de Antioquía en la primavera del año 45 y volvieron a esta ciudad unos cuatro años más tarde. En su ministerio, recorren Chipre y gran parte de las regiones de Cilicia, Panfilia, Licaonia y Pisidia, se dirigen a judíos y gentiles y fundan comunidades en los lugares por donde pasan. Más tarde, vuelven a los mismos lugares para confirmarles en la fe que habían recibido.
13,1-3El libro de los Hechos se centra ahora en la iglesia de Antioquía y en la penetración del mensaje apostólico en el mundo pagano. La iglesia antioquena era una comunidad floreciente, cuya organización presenta rasgos análogos a los de la iglesia de Jerusalén, con algunos aspectos diferenciales. Hay en ella unos ministros ordenados que la gobiernan y atienden con la predicación y los sacramentos (cfr v. 2). Junto a ellos se encuentran profetas y maestros como miembros cualificados de la comunidad. Los «maestros» eran, en las primitivas iglesias cristianas, aquellos discípulos versados en la Sagrada Escritura que habían recibido un encargo de catequesis. Un documento del siglo II enuncia así el ideal de todo maestro cristiano: «No hablo de cosas peregrinas ni voy a la búsqueda de lo novedoso, sino, como discípulo que he sido de los Apóstoles, me puedo convertir en maestro de pueblos. Yo no hago otra cosa que transmitir lo que me ha sido entregado a quienes se han hecho discípulos dignos de la verdad» (Epist. ad Diognet. 11,1).
13,4-14Se nos dice incidentalmente que Saulo ha cambiado su nombre y que ahora también se llama Pablo (v. 9). Éste será el nombre que conservará a partir de ahora en el Nuevo Testamento. La acción de Pablo sobre Barjesús-Elimas es uno de los pocos milagros punitivos del Nuevo Testamento. Los comentaristas hacen notar el carácter medicinal y pasajero de este castigo (cfr v. 11): «Pablo desea convertirle con un milagro análogo al que sirvió para convertirle a él. La frase «hasta el tiempo señalado» no es la palabra de uno que castiga sino de quien convierte». (S. Juan Crisóstomo, Hom. in Act. 28,1).
13,15-43El discurso de Pablo en la sinagoga de Antioquía de Pisidia nos informa admirablemente sobre su manera de presentar el Evangelio a una congregación de judíos y prosélitos. Describe un cuadro general de la historia de la salvación, donde finalmente sitúa a Jesús como el Mesías esperado, en el que convergen los caminos de esta historia y las promesas de Dios. Las diversas etapas que conducen a Jesucristo, incluida la del Bautista, adquieren en la exposición un carácter transitorio. Lo antiguo y provisional debe hacerse a un lado para dejar paso en Cristo a lo nuevo y definitivo. El discurso recoge los que eran temas principales de la predicación apostólica: iniciativa divina salvadora en la historia de Israel (vv. 17-22), referencia al Precursor (vv. 24-25), anuncio del Evangelio o kérygma propiamente dicho (vv. 26b-31a), mención de Jerusalén (v. 31b), argumentos de Sagrada Escritura (vv. 33-37), complemento de doctrina y tradición apostólica (vv. 38-39) y exhortación final de carácter escatológico –anuncio del futuro– (vv. 40-41). El texto presenta abundantes semejanzas con los discursos de San Pedro (cfr 2,14ss.; 3,12ss.), especialmente en la proclamación de Jesús como Mesías y en las numerosas citas de la Sagrada Escritura que se aducen para interpretar el hecho decisivo de la resurrección como garantía de la divinidad de Cristo.
13,44-52Pablo esperaba quizá que el cristianismo arraigara entre los judíos, de modo que la sinagoga entera desembocara pacífica y religiosamente en el Evangelio, que era su natural culminación según los planes divinos. La experiencia le dio a conocer una realidad muy distinta, y le enfrentó con el desconcertante misterio de la infidelidad de gran parte del pueblo elegido, que era su propio pueblo (cfr Rm 9,1-11,36). Sin embargo, la evangelización del mundo pagano no es una consecuencia del endurecimiento judío. Deriva, por el contrario, del carácter universal del cristianismo, que ofrece a todos los hombres la única gracia que puede salvar, perfecciona la Ley mosaica y supera los limites étnicos y geográficos del judaísmo.
Sagrada Biblia, traducida y anotada por la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra — © Ediciones Universidad de Navarra (EUNSA).
