Capítulo 18
X. PASIÓN Y MUERTE DE JESÚS (18,1-19,42)
Prendimiento de Jesús (18,1-12)
1Cuando acabó de hablar, salió Jesús con sus discípulos al otro lado del torrente Cedrón, donde había un huerto en el que entraron él y sus discípulos.
2Judas, el que le iba a entregar, conocía el lugar, porque Jesús se reunía frecuentemente allí con sus discípulos.
3Entonces Judas, se llevó con él a la cohorte y a los servidores de los príncipes de los sacerdotes y de los fariseos, y llegaron allí con linternas, antorchas y armas.
4Jesús, que sabía todo lo que le iba a ocurrir, se adelantó y les dijo: —¿A quién buscáis?
5—A Jesús el Nazareno –le respondieron. Jesús les contestó: —Yo soy. Judas, el que le iba a entregar, estaba con ellos.
6Cuando les dijo: «Yo soy», se echaron hacia atrás y cayeron en tierra.
7Les preguntó de nuevo: —¿A quién buscáis? —A Jesús el Nazareno —respondieron ellos.
8Jesús contestó: —Os he dicho que yo soy; si me buscáis a mí, dejad marchar a éstos.
9Así se cumplió la palabra que había dicho: «No he perdido a ninguno de los que me diste».
10Simón Pedro, que llevaba una espada, la sacó, hirió al criado del sumo sacerdote y le cortó la oreja derecha. El criado se llamaba Malco.
11Jesús le dijo a Pedro: —Envaina tu espada. ¿Acaso no voy a beber el cáliz que el Padre me ha dado?
12Entonces la cohorte, el tribuno y los servidores de los judíos prendieron a Jesús y le ataron. Interrogatorio ante los príncipes de los sacerdotes (Mt 26,57-75; Mc 14,53-72; Lc 22,54-71)
Negaciones de San Pedro (18,13-27)
13Y le condujeron primero ante Anás, porque era suegro de Caifás, el sumo sacerdote aquel año.
14Caifás era el que había aconsejado a los judíos: «Conviene que un hombre muera por el pueblo».
15Simón Pedro y otro discípulo seguían a Jesús. Este otro discípulo era conocido del sumo sacerdote y entró con Jesús en el atrio del sumo sacerdote.
16Pedro, sin embargo, estaba fuera, en la puerta. Salió entonces el otro discípulo que era conocido del sumo sacerdote, habló con la portera e introdujo a Pedro.
17La muchacha portera le dijo a Pedro: —¿No eres también tú de los discípulos de este hombre? —No lo soy –respondió él.
18Estaban allí los criados y los servidores, que habían hecho fuego, porque hacía frío, y se calentaban. Pedro también estaba con ellos calentándose.
19El sumo sacerdote interrogó a Jesús sobre sus discípulos y sobre su doctrina.
20Jesús le respondió: —Yo he hablado claramente al mundo, he enseñado siempre en la sinagoga y en el Templo, donde todos los judíos se reúnen, y no he dicho nada en secreto.
21¿Por qué me preguntas? Pregunta a los que me oyeron de qué les he hablado: ellos saben lo que he dicho.
22Al decir esto, uno de los servidores que estaba allí le dio una bofetada a Jesús, diciendo: —¿Así es como respondes al sumo sacerdote?
23Jesús le contestó: —Si he hablado mal, declara ese mal; pero si tengo razón, ¿por qué me pegas?
24Entonces Anás le envió atado a Caifás, el sumo sacerdote.
25Simón Pedro estaba calentándose y le dijeron: —¿No eres tú también de sus discípulos? Él lo negó y dijo: —No lo soy.
26Uno de los criados del sumo sacerdote, pariente de aquel a quien Pedro le cortó la oreja, le dijo: —¿No te he visto yo en el huerto con él?
27Pedro volvió a negarlo, e inmediatamente cantó el gallo. (Mt 27,11-14; Mc 15,1-15; Lc 23,1-5)
Juicio ante Pilato: Jesús Rey (18,28-40)
28De Caifás condujeron a Jesús al pretorio. Era muy temprano. Ellos no entraron en el pretorio para no contaminarse y así poder comer la Pascua.
29Entonces Pilato salió fuera, donde estaban ellos, y dijo: —¿Qué acusación traéis contra este hombre?
30—Si éste no fuera malhechor no te lo habríamos entregado –le respondieron.
31Les dijo Pilato: —Tomadle vosotros y juzgadle según vuestra ley. Los judíos le respondieron: —A nosotros no nos está permitido dar muerte a nadie
32–así se cumplía la palabra que Jesús había dicho al señalar de qué muerte iba a morir.
33Pilato entró de nuevo en el pretorio, llamó a Jesús y le dijo: —¿Eres tú el Rey de los judíos?
34Jesús contestó: —¿Dices esto por ti mismo, o te lo han dicho otros de mí?
35—¿Acaso soy yo judío? –respondió Pilato–. Tu gente y los príncipes de los sacerdotes te han entregado a mí: ¿qué has hecho?
36Jesús respondió: —Mi reino no es de este mundo; si mi reino fuera de este mundo, mis servidores lucharían para que no fuera entregado a los judíos; pero mi reino no es de aquí.
37Pilato le dijo: —¿O sea, que tú eres Rey? Jesús contestó: —Tú lo dices: yo soy Rey. Para esto he nacido y para esto he venido al mundo, para dar testimonio de la verdad; todo el que es de la verdad escucha mi voz.
38Pilato le dijo: —¿Qué es la verdad? Y después de decir esto, se dirigió otra vez a los judíos y les dijo: —Yo no encuentro en él ninguna culpa.
39Vosotros tenéis la costumbre de que os suelte a uno por la Pascua, ¿queréis que os suelte al Rey de los judíos?
40Entonces volvieron a gritar: —¡A ése no, a Barrabás! –Barrabás era un ladrón. (Mt 27,27-31; Mc 15,16-20)
Notas de la Facultad de Teología (5)
13,1-21,25Se pueden distinguir tres secciones en razón del tema que trata cada una: Última Cena y discursos de adiós; pasión y muerte; y resurrección del Señor. En las tres volvemos a encontrar la manifestación y revelación de Cristo, y las distintas reacciones de fe o de incredulidad ante Él. Esta segunda parte del evangelio suele denominarse «libro de la Gloria».
18,1-19,42El evangelio de Juan presenta la pasión y muerte de Jesús como una glorificación. Con numerosos detalles destaca que en la pasión se realiza la suprema manifestación de Jesús como el Mesías Rey. Así cuando dice «yo soy», los que van a prenderle retroceden y caen por tierra (18,5-8); ante Pilato se declara Rey (18,33-37; cfr 19,2-3.19-22) y, en todo momento, con actitud de serena majestad, manifiesta su pleno conocimiento y dominio de los acontecimientos (18,4; 19,28) en los que se cumple la Voluntad del Padre (18,11; 19,30). La Pasión es, por otra parte, la hora en que culmina el odio de sus adversarios y del mundo hacia Jesús; la hora del poder de las tinieblas que alcanza incluso a sus discípulos pues le abandonan o le niegan (18, 25-27). Pero al pie de la cruz se da también la suprema confesión de fe en Él; la fe de la Santísima Virgen, a la que el Señor entrega como Madre de los hombres representados en el discípulo amado (19,25-27). Cristo es el nuevo Cordero Pascual que con su muerte redentora quita el pecado del mundo (19,31; cfr 1,29); junto con la sangre, del costado del Señor brota agua, símbolo del Bautismo y del Espíritu Santo prometido (cfr 7,37-39).
18,1-12Getsemaní es el primero de los escenarios en los que acontecen los padecimientos de Jesús. Juan no recoge la oración del Señor en el huerto de los olivos, pero sí es el único que recuerda que los que van a prender a Jesús retroceden y caen en tierra ante sus palabras (vv. 4-6). El texto evoca el Salmo 56,10: «Retrocederán mis enemigos el día que yo clame», y hace resplandecer la majestad de Cristo que se entrega voluntaria y libremente. «Si Él no lo hubiera permitido, nunca hubieran realizado su intento de apresarle, pero tampoco Él hubiera cumplido su misión. Ellos buscaban con odio al que querían matar; Jesús, en cambio, nos buscaba con amor queriendo morir» (S. Agustín, In loann. Ev. 112,3).
18,13-27El segundo escenario de la pasión es la casa de Anás. Jesús que había «desatado» a Lázaro (11,44) es llevado atado. También Isaac fue «atado» previamente a su sacrificio (cfr Gn 22,9). En el interrogatorio Jesús insiste en el carácter público y notorio de su predicación y de su conducta. Todo el pueblo ha podido escuchar sus palabras y contemplar sus milagros, de ahí que le hayan aclamado como Mesías. Los mismos pontífices habían vigilado su actividad en el Templo y en las sinagogas, pero, como no quieren ver, ni creer, atribuyen algo oculto y siniestro a los planes de Jesús. . Las negaciones se narran con más brevedad que en los otros evangelios, quizá porque el suceso era muy conocido por los primeros cristianos. Después de la resurrección quedará más patente el alcance del perdón de Jesús que confirma a Pedro en su misión de Príncipe de los Apóstoles (cfr 21,15-17).
18,28-40El proceso ante Pilato, que comienza ahora y se prolonga hasta 19,16, tiene aquí mayor relieve y amplitud que en los sinópticos. Es el centro de los cinco escenarios en los que se divide el relato de la pasión. El detalle con que se narra lo ocurrido en el pretorio destaca la majestad de Jesucristo como Rey mesiánico. Contrasta, a la vez, con el rechazo de los judíos. El proceso se desarrolla en siete momentos, marcados por las salidas y entradas de Pilato en el pretorio. Primero (vv. 29-32) los judíos plantean de modo genérico la acusación: es un malhechor. Sigue el diálogo de Pilato con Jesús (vv. 33-37), que culmina con la afirmación de Cristo: «Yo soy Rey». A continuación Pilato intenta salvar al Señor (vv. 38-40), preguntando si quieren que suelte al «Rey los judíos». El momento central es la coronación de espinas, en la que los soldados saludan a Cristo en tono de burla como «Rey de los judíos» (19,1-3). Sigue la presentación del Señor como Ecce homo, coronado de espinas y con el manto de púrpura, y la acusación de los judíos de que Jesús se ha hecho Hijo de Dios (19,4-7). De nuevo Pilato, dentro del pretorio, dialoga con Jesús (19,8-12) e intenta averiguar algo más sobre su origen misterioso: ahora los judíos concentran su odio en una acusación directamente política: «El que se hace rey va contra el César» (19,12). Por último (19,13-16), de modo solemne, con indicación de lugar y hora, Pilato señala a Jesús y dice: «Aquí está vuestro Rey» (19,14). Los representantes de los judíos rechazan abiertamente a quien es el verdadero Rey anunciado por los profetas. Comienza el proceso con la primera comparecencia ante Pilato (vv. 28-40). Ante el Sumo Pontífice la acusación era religiosa (por ser Hijo de Dios, cfr. Mt 26,57-68). Ahora es de carácter político. Con ella quieren comprometer la autoridad del Imperio romano: Jesús, al declararse Mesías y Rey de los judíos, era un revolucionario que conspiraba contra el César. Pero, como Jesús explica a Pilato, la verdad de su mesianismo trasciende una concepción terrena.
Sagrada Biblia, traducida y anotada por la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra — © Ediciones Universidad de Navarra (EUNSA).
