Juan

Capítulo 2

II. JESÚS AUTOR DE LA NUEVA ECONOMIA SALVÍFICA: PRIMERAS MANIFESTACIONES DE FE (2,1-4,54) (2,1-12)

1Al tercer día se celebraron unas bodas en Caná de Galilea, y estaba allí la madre de Jesús.

2También fueron invitados a la boda Jesús y sus discípulos.

3Y, como faltó vino, la madre de Jesús le dijo: —No tienen vino.

4Jesús le respondió: —Mujer, ¿qué nos importa a ti y a mí? Todavía no ha llegado mi hora.

5Dijo su madre a los sirvientes: —Haced lo que él os diga.

6Había allí seis tinajas de piedra preparadas para las purificaciones de los judíos, cada una con capacidad de unas dos o tres metretas.

7Jesús les dijo: —Llenad de agua las tinajas. Y las llenaron hasta arriba.

8Entonces les dijo: —Sacadlas ahora y llevadlas al maestresala. Así lo hicieron.

9Cuando el maestresala probó el agua convertida en vino, sin saber de dónde provenía –aunque los sirvientes que sacaron el agua lo sabían– llamó al esposo

10y le dijo: —Todos sirven primero el mejor vino, y cuando ya han bebido bien, el peor; tú, al contrario, has reservado el vino bueno hasta ahora.

11Así, en Caná de Galilea hizo Jesús el primero de los signos con el que manifestó su gloria, y sus discípulos creyeron en él.

12Después de esto bajó a Cafarnaún con su madre, sus hermanos y sus discípulos; y se quedaron allí unos días. (Mt 21,12-17; Mc 11,15-19; Lc 19,45-48)

Purificación del Templo (2,13-25)

13Pronto iba a ser la Pascua de los judíos y Jesús subió a Jerusalén.

14Encontró en el Templo a los vendedores de bueyes, ovejas y palomas, y a los cambistas en sus puestos.

15Con unas cuerdas hizo un látigo y arrojó a todos del Templo, con las ovejas y los bueyes; tiró las monedas de los cambistas y volcó las mesas.

16Y les dijo a los que vendían palomas: —Quitad esto de aquí: no hagáis de la casa de mi Padre un mercado.

17Recordaron sus discípulos que está escrito: El celo de tu casa me consum e.

18Entonces los judíos replicaron: —¿Qué signo nos das para hacer esto?

19Jesús respondió: —Destruid este Templo y en tres días lo levantaré.

20Los judíos contestaron: —¿En cuarenta y seis años ha sido construido este Templo, y tú lo vas a levantar en tres días?

21Pero él se refería al Templo de su cuerpo.

22Cuando resucitó de entre los muertos, recordaron sus discípulos que él había dicho esto, y creyeron en la Escritura y en las palabras que había pronunciado Jesús.

23Mientras estaba en Jerusalén durante la fiesta de la Pascua, muchos creyeron en su nombre al ver los signos que hacía.

24Pero Jesús no se fiaba de ellos, porque los conocía a todos,

25y no necesitaba que nadie le diera testimonio acerca de hombre alguno, porque conocía el interior de cada hombre.

Notas de la Facultad de Teología (4)

1,19-12,50Juan presenta a Jesús que se manifiesta progresivamente mediante sus milagros –signos de su divinidad– y mediante sus palabras, en las que se declara Mesías, Hijo de Dios e igual al Padre. Todo esto se desarrolla en un crescendo dramático hasta llegar a la «hora» de Jesús, que culmina en su muerte y resurrección, objeto de la segunda parte del evangelio. Teniendo cuenta estos contenidos, la primera parte del Evangelio de Juan ha sido llamada con razón «el libro de los signos».

2,1-4,54Esta sección comprende el ministerio de Jesús en Galilea, en Jerusalén y en Samaría. Los episodios están narrados de tal manera que cubren una semana, cuyos días se van enumerando. Lo que da unidad a toda la sección es que Jesús se manifiesta como Mesías fundador de la nueva economía de la gracia, superior a la antigua del Templo y de la Ley. Así se refleja en el agua convertida en vino en Caná de Galilea (2,9), en el comentario que el evangelista hace en el episodio de la purificación del Templo («él se refería al Templo de su cuerpo»: 2,21), la revelación a Nicodemo del nuevo nacimiento por el Bautismo (3,5), y en la conversación del Señor con la samaritana, cuando establece que la verdadera adoración debe ser «en espíritu y en verdad» (4,24). Ante la manifestación de Jesús no cabe la indiferencia; por eso San Juan narra los primeros sentimientos de fe en los discípulos y en el pueblo, y las primeras reacciones de repulsa por parte de algunos judíos.

2,1-12Con el milagro de las bodas de Caná Jesús comienza la manifestación de su gloria y la inauguración de los tiempos mesiánicos. El milagro o, como dice literalmente el texto, el «signo», del agua convertida en vino anticipa la «hora» de la glorificación de Jesús (v. 4). Juan subraya la abundancia del don concedido por el Señor (más de 500 litros de vino), señal de la llegada del Mesías y símbolo, a su vez, de los dones sobrenaturales que Cristo nos alcanza. La presencia de la Santísima Virgen en este milagro, como después en el Calvario (19,25), muestra el cometido de Nuestra Madre en la obra de la Redención. María colabora en la obra de Jesús desde el comienzo hasta el fin, actúa como verdadera Madre y muestra su especial solicitud hacia los hombres. En Caná intercede cuando todavía no ha llegado «la hora»; en el Calvario ofrece al Padre la muerte redentora de su Hijo, aceptando la misión que Jesús le confiere de ser Madre de todos los creyentes, representados por el discípulo amado. «El corazón de María, que no puede menos de compadecer a los desgraciados (...), la impulsó a encargarse por sí misma del oficio de intercesora y pedir al Hijo el milagro, a pesar de que nadie se lo pidiera (...). Si esta buena Señora obró así sin que se lo pidieran, ¿qué hubiera sido si le rogaran?. (S. Alfonso M. Ligorio, Serm. abrev. 48,2,1). La Iglesia concede gran importancia a la presencia de Jesús en estas bodas. Ve en ella la confirmación de la bondad del matrimonio y el anuncio de que en adelante éste será un signo eficaz de la presencia de Cristo (cfr CCE 1613). Sobre los «hermanos» de Jesús (v.12) cfr Mt 12,46-50.

2,13-25San Juan presenta el ministerio de Jesús jalonado por las fiestas judías. Aquí, la purificación del Templo, antes de la Pascua, es el centro de la primera sección del evangelio, y tiene un sentido más profundo que el que aparece en los otros evangelios: Jesús no sólo manifiesta ser el Mesías (cfr Mt 21,12-13), sino que Él es el nuevo y definitivo Templo de Dios entre los hombres. Cuando Jesús compara el Templo de Jerusalén con su propio Cuerpo, revela la verdad más profunda sobre Él mismo: la Encarnación. El evangelista deja constancia, sin embargo, de que sólo a luz de los acontecimientos de la última Pascua (v. 22) nos es posible comprender esa verdad sobre Jesús.

Sagrada Biblia, traducida y anotada por la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra — © Ediciones Universidad de Navarra (EUNSA).

Juan 2 — Parroquia Jesús Obrero