Lucas

Capítulo 14

Jesús cura a un hidrópico en sábado (14,1-6)

1Un sábado, entró él a comer en casa de uno de los principales fariseos y ellos le estaban observando.

2Y resultó que delante de él había un hombre hidrópico.

3Y tomando la palabra, les dijo Jesús a los doctores de la Ley y a los fariseos: —¿Es lícito curar en sábado o no?

4Pero ellos callaron. Y tomándolo, lo curó y lo despidió.

5Y les dijo: —¿Quién de vosotros, si se le cae al pozo un hijo o un buey, no lo saca enseguida un día de sábado?

6Y no pudieron responderle a esto.

Lección sobre la humildad (14,7-11)

7Les proponía a los invitados una parábola, al notar como iban eligiendo los primeros puestos:

8Cuando alguien te invite a una boda, no vayas a sentarte en el primer puesto, no sea que otro más distinguido que tú haya sido invitado por él

9y, al llegar el que os invitó a ti y al otro, te diga: «Cédele el sitio a éste», y entonces empieces a buscar, lleno de vergüenza, el último lugar.

10Al contrario, cuando te inviten, ve a ocupar el último lugar, para que cuando llegue el que te invitó te diga: «Amigo, sube más arriba». Entonces quedarás muy honrado ante todos los comensales.

11Porque todo el que se ensalza será humillado, y el que se humilla será ensalzado.

Actitud ante los pobres (14,12-14)

12Decía también al que le había invitado: —Cuando des una comida o cena, no llames a tus amigos, ni a tus hermanos, ni a tus parientes, ni a vecinos ricos, no sea que también ellos te devuelvan la invitación y te sirva de recompensa.

13Al contrario, cuando des un banquete, llama a pobres, a tullidos, a cojos y a ciegos;

14y serás bienaventurado, porque no tienen para corresponderte. Se te recompensará en la resurrección de los justos.

Parábola de los invitados a las bodas (14,15-24)

Mt 22,1-14

15Cuando oyó esto uno de los comensales, le dijo: —Bienaventurado el que coma el pan en el Reino de Dios.

16Pero él le dijo: —Un hombre daba una gran cena e invitó a muchos.

17Y envió a su siervo a la hora de la cena para decir a los invitados: «Venid, que ya está todo preparado».

18Y todos a una comenzaron a excusarse. El primero le dijo: «He comprado un campo y tengo necesidad de ir a verlo; te ruego que me des por excusado».

19Y otro dijo: «Compré cinco yuntas de bueyes, y voy a probarlas; te ruego que me des por excusado».

20Otro dijo: «Acabo de casarme, y por eso no puedo ir».

21Regresó el siervo y contó esto a su señor. Entonces, irritado el amo de la casa, le dijo a su siervo: «Sal ahora mismo a las plazas y calles de la ciudad y trae aquí a los pobres, a los tullidos, a los ciegos y a los cojos».

22Y el siervo dijo: «Señor, se ha hecho lo que mandaste, y todavía hay sitio».

23Entonces dijo el señor a su siervo: «Sal a los caminos y a los cercados y obliga a entrar, para que se llene mi casa.

24Porque os aseguro que ninguno de aquellos hombres invitados gustará mi cena».

Condiciones para seguir a Jesús (14,25-35)

Mt 10,37-38; 5,13

25Iba con él mucha gente, y se volvió hacia ellos y les dijo:

26—Si alguno viene a mí y no odia a su padre y a su madre y a su mujer y a sus hijos y a sus hermanos y a sus hermanas, hasta su propia vida, no puede ser mi discípulo.

27Y el que no carga con su cruz y viene detrás de mí, no puede ser mi discípulo.

28»Porque, ¿quién de vosotros, al querer edificar una torre, no se sienta primero a calcular los gastos a ver si tiene para acabarla?

29No sea que, después de poner los cimientos y no poder acabar, todos los que lo vean empiecen a burlarse de él,

30y digan: «Este hombre comenzó a edificar y no pudo terminar».

31¿O qué rey, que sale a luchar contra otro rey, no se sienta antes a deliberar si puede enfrentarse con diez mil hombres al que viene contra él con veinte mil?

32Y si no, cuando todavía está lejos, envía una embajada para pedir condiciones de paz.

33Así pues, cualquiera de vosotros que no renuncie a todos sus bienes no puede ser mi discípulo.

34»La sal es buena; pero si la sal se vuelve sosa, ¿con qué se sazonará?

Mt 18,12-14

35No es útil ni para la tierra ni para el estercolero; la tiran fuera. Quien tenga oídos para oír, que oiga.

Notas de la Facultad de Teología (7)

9,51-19,27Los tres sinópticos mencionan el viaje de Jesús desde Galilea a Jerusalén. Sin embargo, la narración de San Lucas es mucho más extensa –casi diez capítulos– y recoge muchas enseñanzas del Señor que no están presentes en los otros evangelios: la parábola del buen samaritano (10,25-37), las parábolas de la misericordia (15,1-32), la del fariseo y el publicano (18,9-14), la conversión de Zaqueo (19,1-10), etc. Estos pasajes reflejan con claridad los rasgos característicos del tercer evangelio: la misericordia de Dios, la universalidad de la salvación predicada por Jesús, la alegría de la conversión, etc. Al dedicarle tanta extensión a esta subida a Jerusalén Lucas señala de una manera gráfica la importancia de la Ciudad Santa en la historia de la salvación. En efecto, los comienzos de la actividad pública del Señor se realizan en Galilea (4,14-9-50); de ahí va el Señor a Jerusalén a través de Samaría (9,51-19,27), y en Jerusalén se consuma nuestra salvación (19,28-24,53). De modo inverso procederá en su segundo libro, los Hechos de los Apóstoles. Allí contemplamos como germina la Iglesia en Jerusalén (Hch 1,1-7,60 y se expande después a Samaría (8,1-25), y hasta el fin de la tierra (8,26-28,31).

12,1-14,35Esta nueva sección sigue estando presidida por las enseñanzas de Jesús. Sin embargo, ahora el tema principal es el escatológico: las palabras de Cristo son una invitación a la vigilancia y a mirar al reino futuro (12,1-13,9; 13,22-30; 14,15-24). Junto con este motivo aparecen otros muy queridos por San Lucas: la pobreza auténtica, la humildad, etc.

14,1-6El relato lleva a pensar que estamos ante una escena preparada: los fariseos invitan a Jesús, le sitúan frente a aquel hidrópico y observan. En los tiempos de Jesús la hidropesía era considerada una enfermedad que se contraía a causa de algún pecado, por tanto no era lícito curarla en sábado. La argumentación de Jesús revela también cómo entiende su misión a los hombres: al igual que un hombre no deja de salvar a su hijo o su buey en sábado, Él cura a aquel hombre porque tiene como propias todas nuestras necesidades.

14,7-11El marco de la comida a la que ha sido invitado proporciona a Jesús ocasión para varias enseñanzas. Con la imagen de la condición de los invitados desarrolla una lección sobre la humildad. «Una vez estaba yo considerando por qué razón era nuestro Señor tan amigo de esta virtud de la humildad, y púsoseme delante –a mi parecer sin considerarlo, sino de presto– esto: que es porque Dios es suma Verdad, y la humildad es andar en verdad; que lo es muy grande no tener cosa buena de nosotros, sino la miseria y ser nada; y quien esto no entiende, anda en mentira. A quien más lo entiende, agrada más a la suma Verdad, porque anda en ella. Plega a Dios, hermanas, nos haga merced de no salir jamás de este propio conocimiento, amén» (S. Teresa de Jesús, Morad. 6,10,8).

14,12-14Sigue Jesús enseñando con la imagen del banquete. La humildad ha de completarse con la práctica de la caridad. También al dar hay que mirar primero a Dios (cfr 12,22-34 y nota).

14,15-24La imagen del banquete adquiere ahora una significación peculiar, pues sirve a Jesús para describir el Reino de Dios. Con esta parábola explica la formación de la Iglesia como llamada universal a la salvación. Dios había elegido a Israel para que fuera mediador de esa salvación (cfr Is 45); pero cuando estaba ya todo preparado (v. 17) y envió a su Hijo, los primeros invitados –el Israel más digno– lo rechazaron. Por eso Dios ahora fundará su Iglesia con los despreciados de Israel (v. 21) y con los paganos (v. 23).

14,25-35El evangelista presenta ahora a Jesús en un contexto diferente. Mucha gente le sigue (v. 25) pero el Señor les explica que seguirle verdaderamente es algo más radical que el mero sentirse atraído por su doctrina: «La doctrina que el Hijo de Dios vino a enseñar fue el menosprecio de todas las cosas, para poder recibir el precio del espíritu de Dios en sí; porque, en tanto que de ellas no se deshiciere el alma, no tiene capacidad para recibir el espíritu de Dios en pura transformación» (S. Juan de la Cruz, Sub. Mont. Carm. 1,5,2).

Sagrada Biblia, traducida y anotada por la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra — © Ediciones Universidad de Navarra (EUNSA).

Lucas 14 — Parroquia Jesús Obrero