Lucas

Capítulo 13

Necesidad de la conversión (13,1-5)

1Estaban presentes en aquel momento unos que le contaban lo de los galileos, cuya sangre mezcló Pilato con la de sus sacrificios.

2Y en respuesta les dijo: —¿Pensáis que estos galileos eran más pecadores que todos los galileos, porque padecieron tales cosas?

3No, os lo aseguro; pero si no os convertís, todos pereceréis igualmente.

4O aquellos dieciocho sobre los que cayó la torre de Siloé y los mató, ¿pensáis que eran más culpables que todos los hombres que vivían en Jerusalén?

5No, os lo aseguro; pero si no os convertís, todos pereceréis igualmente.

Parábola de la higuera estéril (13,6-9)

6Les decía esta parábola: —Un hombre tenía una higuera plantada en su viña y fue a buscar en ella fruto y no lo encontró.

7Entonces le dijo al viñador: «Mira, hace tres años que vengo a buscar fruto en esta higuera sin encontrarlo; córtala, ¿para qué va a ocupar terreno en balde?»

8Pero él le respondió: «Señor, déjala también este año hasta que cave a su alrededor y eche estiércol,

9por si produce fruto; si no, ya la cortarás».

Jesús cura a una mujer en sábado (13,10-17)

10Un sábado estaba enseñando en una de las sinagogas.

11Y había allí una mujer poseída por un espíritu, enferma desde hacía dieciocho años, y estaba encorvada sin poder enderezarse de ningún modo.

12Al verla Jesús, la llamó y le dijo: —Mujer, quedas libre de tu enfermedad.

13Y le impuso las manos, y al instante se enderezó y glorificaba a Dios.

14Tomando la palabra el jefe de la sinagoga, indignado porque Jesús curaba en sábado, decía a la muchedumbre: —Hay seis días para trabajar; venid, pues, en ellos a ser curados, y no un día de sábado.

15El Señor le respondió: —¡Hipócritas!, cualquiera de vosotros ¿no suelta del pesebre en sábado su buey o su asno y lo lleva a beber?

16Y a ésta, que es hija de Abrahán, a la que Satanás ató hace ya dieciocho años, ¿no había que soltarla de esta atadura aun un día de sábado?

17Y cuando decía esto, quedaban avergonzados todos sus adversarios, y toda la gente se alegraba por todas las maravillas que hacía. (Mt 13,31-35; Mc 4,30-32)

Parábolas del grano de mostaza y de la levadura (13,18-21)

18Y decía: —¿A qué se parece el Reino de Dios y con qué lo compararé?

19Es como un grano de mostaza, que tomó un hombre y lo echó en su huerto, y creció y llegó a hacerse un árbol, y las aves del cielo anidaron en sus ramas.

20Y dijo también: —¿Con qué compararé el Reino de Dios?

21Es como la levadura que tomó una mujer y la mezcló con tres medidas de harina hasta que fermentó todo.

La puerta angosta (13,22-30)

Mt 7,13-14.21-23

22Y recorría ciudades y aldeas enseñando, mientras caminaba hacia Jerusalén.

23Y uno le dijo: —Señor, ¿son pocos los que se salvan? Él les contestó:

24—Esforzaos para entrar por la puerta angosta, porque muchos, os digo, intentarán entrar y no podrán.

25Una vez que el dueño de la casa haya entrado y haya cerrado la puerta, os quedaréis fuera y empezaréis a golpear la puerta, diciendo: «Señor, ábrenos». Y os responderá: «No sé de dónde sois».

26Entonces empezaréis a decir: «Hemos comido y hemos bebido contigo, y has enseñado en nuestras plazas».

27Y os dirá: «No sé de dónde sois; apartaos de mí todos los servidores de la iniquidad».

28Allí habrá llanto y rechinar de dientes, cuando veáis a Abrahán y a Isaac y a Jacob y a todos los profetas en el Reino de Dios, mientras que vosotros sois arrojados fuera.

29Y vendrán de oriente y de occidente y del norte y del sur y se sentarán a la mesa en el Reino de Dios.

30Pues hay últimos que serán primeros, y primeros que serán últimos.

Respuesta de Jesús a Herodes (13,31-35)

31En aquel momento se acercaron algunos fariseos diciéndole: —Sal y aléjate de aquí, porque Herodes te quiere matar.

32Y les dijo: —Id a decir a ese zorro: «Mira: expulso demonios y realizo curaciones hoy y mañana, y al tercer día acabo.

33Pero es necesario que yo siga mi camino hoy y mañana y al día siguiente, porque no es posible que un profeta muera fuera de Jerusalén». Queja contra Jerusalén

Mt 23,37-39

34»¡Jerusalén, Jerusalén!, que matas a los profetas y lapidas a los que te son enviados. Cuántas veces he querido reunir a tus hijos como la gallina a sus polluelos bajo las alas, y no quisiste.

35Mirad que vuestra casa se os va a quedar desiert a. Os aseguro que no me veréis hasta que llegue el día en que digáis: Bendito el que viene en nombre del Seño r.

Notas de la Facultad de Teología (8)

9,51-19,27Los tres sinópticos mencionan el viaje de Jesús desde Galilea a Jerusalén. Sin embargo, la narración de San Lucas es mucho más extensa –casi diez capítulos– y recoge muchas enseñanzas del Señor que no están presentes en los otros evangelios: la parábola del buen samaritano (10,25-37), las parábolas de la misericordia (15,1-32), la del fariseo y el publicano (18,9-14), la conversión de Zaqueo (19,1-10), etc. Estos pasajes reflejan con claridad los rasgos característicos del tercer evangelio: la misericordia de Dios, la universalidad de la salvación predicada por Jesús, la alegría de la conversión, etc. Al dedicarle tanta extensión a esta subida a Jerusalén Lucas señala de una manera gráfica la importancia de la Ciudad Santa en la historia de la salvación. En efecto, los comienzos de la actividad pública del Señor se realizan en Galilea (4,14-9-50); de ahí va el Señor a Jerusalén a través de Samaría (9,51-19,27), y en Jerusalén se consuma nuestra salvación (19,28-24,53). De modo inverso procederá en su segundo libro, los Hechos de los Apóstoles. Allí contemplamos como germina la Iglesia en Jerusalén (Hch 1,1-7,60 y se expande después a Samaría (8,1-25), y hasta el fin de la tierra (8,26-28,31).

12,1-14,35Esta nueva sección sigue estando presidida por las enseñanzas de Jesús. Sin embargo, ahora el tema principal es el escatológico: las palabras de Cristo son una invitación a la vigilancia y a mirar al reino futuro (12,1-13,9; 13,22-30; 14,15-24). Junto con este motivo aparecen otros muy queridos por San Lucas: la pobreza auténtica, la humildad, etc.

13,1-5El Señor se servía de los sucesos de actualidad para adoctrinar a las muchedumbres. Ahora enseña que aquellas dos desgracias (vv. 1.4) no hay que atribuirlas a los pecados de quienes murieron, sino que son una llamada a la conversión. La misma llamada resuena también en cada uno, con ocasión de una multitud de sucesos que ve en su vida: «Recorramos todas las etapas de la historia y veremos cómo en cualquier época el Señor ha concedido oportunidad de arrepentirse a todos los que han querido convertirse a Él» (S. Clemente Romano, Ad Cor. 7,5).

13,6-9Con esta parábola enseña Jesús dos cosas: la necesidad de dar frutos, y la paciencia y cuidado que tiene Dios con nosotros para que los demos.

13,10-17En otros lugares de los evangelios (cfr Mt 12,9-14; Mc 3,1-6; Lc 6,6-11; 14,1-6) se relatan episodios semejantes a éste: Jesús cura en sábado poniendo de manifiesto la grandeza de su proceder divino y la pequeñez de quienes le acusaban por ello. En este episodio, a estas notas, se añade una más: el sábado (cfr Ex 20,11; 23,12) lo bendijo Dios y lo dio al hombre para que descansara, por tanto es día de alabanza a Dios y de alegría; y de ahí la conveniencia de curar a aquella mujer en sábado (v. 16). La alegría de la gente, notada por el evangelista (v. 17), confirma la finura del razonamiento de Jesús.

13,18-21Cfr nota a Mc 4,1-34.

13,22-30A propósito de una pregunta típicamente rabínica, Jesús expone su doctrina: la salvación no está ligada a un privilegio de raza, sino al combate espiritual. «Dios quiere que todos los hombres se salven» (1 Tm 2,4), aunque para alcanzar la salvación los creyentes han de emplear todas sus fuerzas, según la medida del don de Cristo, para entregarse totalmente a la gloria de Dios y al servicio del prójimo. Lo harán siguiendo las huellas de Cristo, haciéndose conformes a su imagen y siendo obedientes en todo a la voluntad del Padre» (C. Vat. II, Lum. gent. 40).

13,31-35Como en otras ocasiones (cfr 7,36; 12,37; etc.), Lucas deja notar aquí (v. 31) que Jesús tenía un trato asiduo con los fariseos, y que, con las acusaciones que dirigía a su conducta, sólo quería poner al descubierto lo que estaba corrompido para que pudieran corregirse. El pasaje es muy revelador del sentido que dio Jesús a su vida y a su muerte: «Aceptó libremente su pasión y su muerte por amor a su Padre y a los hombres que el Padre quiere salvar: «Nadie me quita la vida; yo la doy voluntariamente» (Jn 10,18). De aquí la soberana libertad del Hijo de Dios cuando Él mismo se encamina hacia la muerte» (CCE 609). Jesús sabe además que el fracaso de su misión a los judíos es sólo aparente, pues llegará el momento en que le confiesen como el Mesías que iba a venir (v. 35).

Sagrada Biblia, traducida y anotada por la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra — © Ediciones Universidad de Navarra (EUNSA).

Lucas 13 — Parroquia Jesús Obrero