Lucas

Capítulo 16

X. ENSEÑANZAS DIVERSAS (16,1-19,27)

El administrador infiel (16,1-15)

1Decía también a los discípulos: —Había un hombre rico que tenía un administrador, al que acusaron ante el amo de malversar la hacienda.

2Le llamó y le dijo: «¿Qué es esto que oigo de ti? Dame cuentas de tu administración, porque ya no podrás seguir administrando».

3Y dijo para sí el administrador: «¿Qué voy a hacer, ya que mi señor me quita la administración? Cavar no puedo; mendigar me da vergüenza.

4Ya sé lo que haré para que me reciban en sus casas cuando me despidan de la administración».

5Y, convocando uno a uno a los deudores de su amo, le dijo al primero: «¿Cuánto debes a mi señor?»

6Él respondió: «Cien medidas de aceite». Y le dijo: «Toma tu recibo; aprisa, siéntate y escribe cincuenta».

7Después le dijo a otro: «¿Y tú cuánto debes?» Él respondió: «Cien cargas de trigo». Y le dijo: «Toma tu recibo y escribe ochenta».

8El amo alabó al administrador infiel por haber actuado sagazmente; porque los hijos de este mundo son más sagaces en lo suyo que los hijos de la luz.

9»Y yo os digo: haceos amigos con las riquezas injustas, para que, cuando falten, os reciban en las moradas eternas.

10»Quien es fiel en lo poco también es fiel en lo mucho; y quien es injusto en lo poco también es injusto en lo mucho.

11Por tanto, si no fuisteis fieles en la riqueza injusta, ¿quién os confiará la verdadera?

12Y si en lo ajeno no fuisteis fieles, ¿quién os dará lo vuestro?

13»Ningún criado puede servir a dos señores, porque o tendrá aversión a uno y amor al otro, o prestará su adhesión al primero y menospreciará al segundo: no podéis servir a Dios y a las riquezas.

14Oían todas estas cosas los fariseos, que eran amantes del dinero, y se burlaban de él.

15Y les dijo: —Vosotros os hacéis pasar por justos delante de los hombres, pero Dios conoce vuestros corazones; porque lo que parece ser excelso ante los hombres es abominable delante de Dios. (Mt 5,17.32; 11,12-13; 19,9; Mc 10,11)

La Ley y el Evangelio (16,16-18)

16»La Ley y los Profetas llegan hasta Juan; desde entonces se evangeliza el Reino de Dios y cada uno se esfuerza por él.

17»Es más fácil que pasen el cielo y la tierra que el que se anule un solo trazo de la Ley.

18»Todo el que repudia a su mujer y se casa con otra, comete adulterio; y el que se casa con la repudiada por su marido, comete adulterio.

El rico Epulón y el pobre Lázaro (16,19-31)

19»Había un hombre rico que vestía de púrpura y lino finísimo, y todos los días celebraba espléndidos banquetes.

20En cambio, un pobre llamado Lázaro yacía sentado a su puerta, cubierto de llagas,

21deseando saciarse de lo que caía de la mesa del rico. Y hasta los perros venían a lamerle las llagas.

22Sucedió, pues, que murió el pobre y fue llevado por los ángeles al seno de Abrahán; murió también el rico y fue sepultado.

23Estando en los infiernos, en medio de los tormentos, levantando sus ojos vio a lo lejos a Abrahán y a Lázaro en su seno;

24y gritando, dijo: «Padre Abrahán, ten piedad de mí y envía a Lázaro para que moje la punta de su dedo en agua y me refresque la lengua, porque estoy atormentado en estas llamas».

25Contestó Abrahán: «Hijo, acuérdate de que tú recibiste bienes durante tu vida y Lázaro, en cambio, males; ahora aquí él es consolado y tú atormentado.

26Además de todo esto, entre vosotros y nosotros se interpone un gran abismo, de modo que los que quieren atravesar de aquí hasta vosotros, no pueden; ni tampoco pueden pasar de ahí hasta nosotros».

27Y él dijo: «Te ruego entonces, padre, que le envíes a casa de mi padre,

28porque tengo cinco hermanos, para que les advierta y no vengan también a este lugar de tormentos».

29Pero replicó Abrahán: «Tienen a Moisés y a los Profetas. ¡Que los oigan!»

30Él dijo: «No, padre Abrahán; pero si alguno de entre los muertos va a ellos, se convertirán».

31Y le dijo: «Si no escuchan a Moisés y a los Profetas, tampoco se convencerán aunque uno resucite de entre los muertos».

Notas de la Facultad de Teología (5)

9,51-19,27Los tres sinópticos mencionan el viaje de Jesús desde Galilea a Jerusalén. Sin embargo, la narración de San Lucas es mucho más extensa –casi diez capítulos– y recoge muchas enseñanzas del Señor que no están presentes en los otros evangelios: la parábola del buen samaritano (10,25-37), las parábolas de la misericordia (15,1-32), la del fariseo y el publicano (18,9-14), la conversión de Zaqueo (19,1-10), etc. Estos pasajes reflejan con claridad los rasgos característicos del tercer evangelio: la misericordia de Dios, la universalidad de la salvación predicada por Jesús, la alegría de la conversión, etc. Al dedicarle tanta extensión a esta subida a Jerusalén Lucas señala de una manera gráfica la importancia de la Ciudad Santa en la historia de la salvación. En efecto, los comienzos de la actividad pública del Señor se realizan en Galilea (4,14-9-50); de ahí va el Señor a Jerusalén a través de Samaría (9,51-19,27), y en Jerusalén se consuma nuestra salvación (19,28-24,53). De modo inverso procederá en su segundo libro, los Hechos de los Apóstoles. Allí contemplamos como germina la Iglesia en Jerusalén (Hch 1,1-7,60 y se expande después a Samaría (8,1-25), y hasta el fin de la tierra (8,26-28,31).

16,1-19,27En esta sección aparece de nuevo la heterogeneidad de contenidos propia de la segunda parte del Evangelio de Lucas. El relato sigue con otras parábolas del Señor (16,1-31), aunque ahora su enseñanza versa sobre el sentido y el peligro de las riquezas. Más tarde (18,18-30) Jesús volverá a exponer este motivo con ocasión de la vocación fallida del joven rico y, en sentido positivo, con la conversión de Zaqueo (19,1-10). Otras parábolas (18,1-14) sobre la oración o la humildad tienen su complemento en las sentencias de la mitad de la sección (17,1-10). Finalmente, el anuncio escatológico está presente tanto en el discurso directo del Señor (17,20-37) como en la parábola de las minas (19,11-27). Al final de la sección, el tercer anuncio de la pasión (18,31-34) y la confesión mesiánica del ciego de Jericó (18,38) nos preparan a los lectores para los acontecimientos que enseguida contemplaremos en Jerusalén.

16,1-15La parábola del administrador infiel puede desconcertarnos porque, a veces, entendemos las parábolas, que quieren resaltar una enseñanza, como alegorías en las que cada elemento o cada personaje tienen un significado. El Señor da por supuesta la inmoralidad de la actuación del administrador; pero quiere enseñar a sus discípulos que deben servirse de la sagacidad y el ingenio (v. 8) para la extensión del Reino de Dios: «¡Qué afán ponen los hombres en sus asuntos terrenos!: ilusiones de honores, ambición de riquezas, preocupaciones de sensualidad. –Ellos y ellas, ricos y pobres, viejos y hombres maduros y jóvenes y aún niños: todos igual. –Cuando tú y yo pongamos el mismo afán en los asuntos de nuestra alma tendremos una fe viva y operativa: y no habrá obstáculo que no venzamos en nuestras empresas de apostolado» (S. Josemaría Escrivá, Camino 317). Tras la parábola del administrador infiel, el evangelio recoge unas sentencias del Señor (vv. 9-15). Vienen introducidas por la expresión de gran solemnidad –«yo os digo» (v. 9)– y, dentro de una cierta diversidad, tienen un matiz común: en todos los momentos de nuestra vida, en la riqueza y en la pobreza, en lo grande y en lo pequeño, debemos mirar a Dios. Tal vez el centro de esas expresiones pueda ser el v. 13 donde el amor a las riquezas se concibe como una idolatría: «Todos se inclinan ante el dinero. A la riqueza tributa siempre la multitud de los hombres un homenaje instintivo. Miden la felicidad por la riqueza, y por la riqueza miden, a su vez, la respetabilidad de la persona. (...) Riqueza es el primer ídolo de este tiempo. Notoriedad el segundo. (...) La fama y el llamar la atención en el mundo se consideran como un gran bien en sí mismos, y un motivo de veneración. (...) La notoriedad, o fama de periódico como se la denomina también, (...) se ha convertido en una suerte de ídolo– (John H. Newman, Disc. sobre la fe. 5; cfr CCE 1723).

16,16-18Ahora el evangelista recoge unas sentencias del Señor, aunque con otro horizonte: el de la historia de la salvación (cfr v. 16). Jesús no ha venido a abolir la Ley (v. 17) sino a llevarla a plenitud: su doctrina sobre la indisolubilidad del matrimonio (v. 18) es un ejemplo de este proceder.

16,19-31La parábola disipa dos errores: el de los que negaban la supervivencia del alma después de la muerte –y por tanto, el Juicio y la retribución ultraterrena– y el de los que interpretaban la prosperidad material en esta vida como premio a la rectitud moral, y la adversidad, en cambio, como castigo. En el contexto en el que es recogida por el evangelio, esta parábola es el ejemplo más palmario de la doctrina sobre las riquezas expresada poco antes. Del rico Epulón no se dice que hiciera nada malo, simplemente que vestía muy bien y celebraba diariamente espléndidos banquetes (v. 19); pero, al vivir sólo para eso, no puede ver al prójimo en Lázaro y es incapaz de oír la voz de Dios aun con manifestaciones extraordinarias (vv. 29,31). La parábola es así una invitación a la sobriedad de vida y a la solidaridad: «Descendiendo a consecuencias prácticas y muy urgentes, el Concilio inculca el respeto al hombre, de modo que cada uno, sin ninguna excepción, debe considerar al prójimo como otro yo, cuidando, en primer lugar, de su vida y de los medios necesarios para vivirla dignamente, para que no imiten a aquel rico que se despreocupó totalmente del pobre Lázaro» (C. Vat. II, Gaud. et sp. 27).

Sagrada Biblia, traducida y anotada por la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra — © Ediciones Universidad de Navarra (EUNSA).

Lucas 16 — Parroquia Jesús Obrero