Lucas

Capítulo 17

El escándalo (17,1-10)

1Les dijo a sus discípulos: (Mt 18,6-7; Mc 9,42) —Es imposible que no vengan los escándalos; pero, ¡ay de aquel por quien vienen!

2Más le valdría que le ajustaran al cuello una piedra de molino y que le arrojaran al mar, que escandalizar a uno de esos pequeños:

Mt 18,15-17.21-22

3andaos con cuidado. Perdón de las ofensas »Si tu hermano peca, repréndele; y, si se arrepiente, perdónale.

4Y si peca siete veces al día contra ti, y siete veces vuelve a ti, diciendo: «Me arrepiento», le perdonarás. Fuerza de la fe (Mt 21,21; Mc 11,22-24)

5Los apóstoles le dijeron al Señor: —Auméntanos la fe.

6Respondió el Señor: —Si tuvierais fe como un grano de mostaza, diríais a esta morera: arráncate y plántate en el mar, y os obedecería. Humildad en el servicio

7»Si uno de vosotros tiene un siervo en la labranza o con el ganado y regresa del campo, ¿acaso le dice: «Entra enseguida y siéntate a la mesa»?

8Por el contrario, ¿no le dirá más bien: «Prepárame la cena y dispónte a servirme mientras como y bebo, que después comerás y beberás tú»?

9¿Es que tiene que agradecerle al siervo el que haya hecho lo que se le había mandado?

10Pues igual vosotros, cuando hayáis hecho todo lo que se os ha mandado, decid: «Somos unos siervos inútiles; no hemos hecho más que lo que teníamos que hacer».

Los diez leprosos (17,11-19)

11Al ir de camino a Jerusalén, atravesaba los confines de Samaría y Galilea;

12y, cuando iba a entrar en un pueblo, le salieron al paso diez leprosos, que se detuvieron a distancia

13y le dijeron gritando: —¡Jesús, Maestro, ten piedad de nosotros!

14Al verlos, les dijo: —Id y presentaos a los sacerdotes. Y mientras iban quedaron limpios.

15Uno de ellos, al verse curado, se volvió glorificando a Dios a gritos,

16y fue a postrarse a sus pies dándole gracias. Y éste era samaritano.

17Ante lo cual dijo Jesús: —¿No son diez los que han quedado limpios? Los otros nueve, ¿dónde están?

18¿No ha habido quien volviera a dar gloria a Dios más que este extranjero?

19Y le dijo: —Levántate y vete; tu fe te ha salvado.

La venida del Reino de Dios (17,20-37)

20Interrogado por los fariseos sobre cuándo llegaría el Reino de Dios, él les respondió: —El Reino de Dios no viene con espectáculo;

21ni se podrá decir: «Mirad, está aquí», o «está allí»; porque, daos cuenta de que el Reino de Dios está ya en medio de vosotros. El día de la venida de Cristo

Mt 24,36-41

22Y les dijo a los discípulos: —Vendrá un tiempo en que desearéis ver uno solo de los días del Hijo del Hombre, y no lo veréis.

23Entonces os dirán: «Mirad, está aquí», o «mirad, está allí». No vayáis ni corráis detrás.

24Porque, como el relámpago fulgurante brilla de un extremo a otro del cielo, así será en su día el Hijo del Hombre.

25Pero es necesario que antes padezca mucho y sea reprobado por esta generación.

26Y como ocurrió en los días de Noé, así será también en los días del Hijo del Hombre.

27Comían y bebían, tomaban mujer o marido, hasta el día en que Noé entró en el arca, y vino el diluvio e hizo perecer a todos.

28Lo mismo sucedió en los días de Lot: comían y bebían, compraban y vendían, plantaban y edificaban;

29pero el día en que salió Lot de Sodoma, llovió del cielo fuego y azufre y los hizo perecer a todos.

30Del mismo modo sucederá el día en que se manifieste el Hijo del Hombre.

31Ese día, quien esté en el terrado y tenga sus cosas en la casa, que no baje por ellas; y lo mismo quien esté en el campo, que no vuelva atrás.

32Acordaos de la mujer de Lot.

33Quien pretenda guardar su vida la perderá; y quien la pierda la conservará viva.

34Yo os digo que esa noche estarán dos en el mismo lecho: uno será tomado y el otro dejado.

35Estarán dos moliendo juntas: una será tomada y la otra dejada. (

37Y a esto le dijeron: —¿Dónde, Señor? Él les respondió: —Dondequiera que esté el cuerpo, allí se reunirán los buitres.

17,36 no lo traen los manuscritos más antiguos y esta edición lo deja en blanco.

Notas de la Facultad de Teología (5)

9,51-19,27Los tres sinópticos mencionan el viaje de Jesús desde Galilea a Jerusalén. Sin embargo, la narración de San Lucas es mucho más extensa –casi diez capítulos– y recoge muchas enseñanzas del Señor que no están presentes en los otros evangelios: la parábola del buen samaritano (10,25-37), las parábolas de la misericordia (15,1-32), la del fariseo y el publicano (18,9-14), la conversión de Zaqueo (19,1-10), etc. Estos pasajes reflejan con claridad los rasgos característicos del tercer evangelio: la misericordia de Dios, la universalidad de la salvación predicada por Jesús, la alegría de la conversión, etc. Al dedicarle tanta extensión a esta subida a Jerusalén Lucas señala de una manera gráfica la importancia de la Ciudad Santa en la historia de la salvación. En efecto, los comienzos de la actividad pública del Señor se realizan en Galilea (4,14-9-50); de ahí va el Señor a Jerusalén a través de Samaría (9,51-19,27), y en Jerusalén se consuma nuestra salvación (19,28-24,53). De modo inverso procederá en su segundo libro, los Hechos de los Apóstoles. Allí contemplamos como germina la Iglesia en Jerusalén (Hch 1,1-7,60 y se expande después a Samaría (8,1-25), y hasta el fin de la tierra (8,26-28,31).

16,1-19,27En esta sección aparece de nuevo la heterogeneidad de contenidos propia de la segunda parte del Evangelio de Lucas. El relato sigue con otras parábolas del Señor (16,1-31), aunque ahora su enseñanza versa sobre el sentido y el peligro de las riquezas. Más tarde (18,18-30) Jesús volverá a exponer este motivo con ocasión de la vocación fallida del joven rico y, en sentido positivo, con la conversión de Zaqueo (19,1-10). Otras parábolas (18,1-14) sobre la oración o la humildad tienen su complemento en las sentencias de la mitad de la sección (17,1-10). Finalmente, el anuncio escatológico está presente tanto en el discurso directo del Señor (17,20-37) como en la parábola de las minas (19,11-27). Al final de la sección, el tercer anuncio de la pasión (18,31-34) y la confesión mesiánica del ciego de Jericó (18,38) nos preparan a los lectores para los acontecimientos que enseguida contemplaremos en Jerusalén.

17,1-10Se reúnen varias enseñanzas de Jesús a los discípulos (v. 1) y a los Apóstoles (v. 5) que tienen un mismo fondo común: la conducta de los cristianos –y en especial de quienes ocupan algún cargo– en la futura vida de la Iglesia. Con una imagen muy gráfica, les advierte de la gravedad del pecado de escándalo (vv. 1-2), les invita a la grandeza de corazón en el perdón de las ofensas (vv. 3-4) y les apremia a evitar todo engreimiento (vv. 7-10). Los Apóstoles son conscientes de la dignidad de esas exigencias, por eso Cristo enseña que con fe en Dios no hay nada imposible (vv. 5-6).

17,11-19Según la Ley de Moisés (cfr Lv 13,45-46), para evitar el contagio los leprosos debían vivir lejos de la gente y dar muestras visibles de su enfermedad; de ahí que estos diez se mantengan a distancia de Jesús y le hagan su petición a gritos (vv. 12-13). Aquellos hombres reaccionaron con fe ante la indicación de Jesús (v. 14) pero sólo uno de ellos une el agradecimiento a la fe: un samaritano. Jesús califica esta acción como «dar gloria a Dios» (v. 18) y de ahí que sea motivo de «salvación» para este extranjero (v. 19). La escena queda así como un ejemplo de lo que Jesús había anunciado en su discurso inaugural en la sinagoga de Nazareth (cfr 4,27). Es también una invitación a ser agradecidos con Dios: «¿Qué cosa mejor podemos traer en el corazón, pronunciar con la boca, escribir con la pluma, que estas palabras: «Gracias a Dios»? No hay cosa que se pueda decir con mayor brevedad, ni oír con mayor alegría, ni sentirse con mayor elevación, ni hacer con mayor utilidad» (S. Agustín, Epist. 41.1).

17,20-37El diálogo de Jesús con los fariseos (vv. 20-21) y el posterior discurso a los discípulos (vv. 22-37) son especialmente reveladores de la doctrina de Jesús sobre la llegada del Reino de Dios. En los dos casos afirma que la llegada del Reino no podrá anunciarse con un «mirad, está aquí o allí» (vv. 21.23). A los fariseos que esperaban una manifestación grandiosa de Dios instaurando su Reino, les contesta que el Reino ya ha llegado: «Jesús acompaña sus palabras con numerosos «milagros, prodigios y signos» (Hch 2,22) que manifiestan que el Reino está presente en Él» (CCE 547). Sin embargo, como explicó el Señor en multitud de parábolas, el Reino está llamado a crecer: «Anunciado en primer lugar a los hijos de Israel, este reino mesiánico está destinado a acoger a los hombres de todas las naciones» (ibid. 543). Antes de que se produzca su consumación definitiva Jesús todavía tiene que ser rechazado por su generación (v. 25), pero cuando venga como Hijo del Hombre glorificado será de manera repentina y sorprendente: de ahí la necesidad que tenernos de una actitud vigilante. Algunos manuscritos añaden (v. 36): «Estarán dos en el campo: uno será tomado y el otro dejado» (cfr Mt 24,40) [Vg y ms D].

Sagrada Biblia, traducida y anotada por la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra — © Ediciones Universidad de Navarra (EUNSA).

Lucas 17 — Parroquia Jesús Obrero