Capítulo 24
Resurrección de Jesús. El sepulcro vacío (24,1-12)
1El día siguiente al sábado, todavía muy de mañana, llegaron al sepulcro llevando los aromas que habían preparado;
2y se encontraron con que la piedra había sido removida del sepulcro.
3Pero al entrar, no encontraron el cuerpo del Señor Jesús.
4Estaban desconcertadas por este motivo, cuando se les presentaron dos varones con vestidura refulgente.
5Como estaban llenas de temor y con los rostros inclinados hacia tierra, ellos les dijeron: —¿Por qué buscáis entre los muertos al que está vivo?
6No está aquí, sino que ha resucitado; recordad cómo os habló cuando aún estaba en Galilea
7diciendo que convenía que el Hijo del Hombre fuera entregado en manos de hombres pecadores, y fuera crucificado y resucitase al tercer día.
8Entonces ellas se acordaron de sus palabras.
9Y al regresar del sepulcro anunciaron todo esto a los once y a todos los demás.
10Eran María Magdalena, Juana y María la de Santiago; también las otras que estaban con ellas contaban estas cosas a los apóstoles.
11Y les pareció como un desvarío lo que contaban, y no les creían.
12Pedro, no obstante, se levantó y echó a correr hacia el sepulcro; y al inclinarse vio sólo los lienzos. Entonces se marchó a casa, admirándose de lo ocurrido.
Aparición a los discípulos de Emaús (24,13-35)
Mc 16,12-13
13Ese mismo día, dos de ellos se dirigían a una aldea llamada Emaús, que distaba de Jerusalén sesenta estadios.
14Iban conversando entre sí de todo lo que había acontecido.
15Y mientras comentaban y discutían, el propio Jesús se acercó y se puso a caminar con ellos,
16aunque sus ojos eran incapaces de reconocerle.
17Y les dijo: —¿De qué veníais hablando entre vosotros por el camino? Y se detuvieron entristecidos.
18Uno de ellos, que se llamaba Cleofás, le respondió: —¿Eres tú el único forastero en Jerusalén que no sabe lo que ha pasado allí estos días?
19Él les dijo: —¿Qué ha pasado? Y le contestaron: —Lo de Jesús el Nazareno, que fue un profeta poderoso en obras y palabras delante de Dios y ante todo el pueblo:
20cómo los príncipes de los sacerdotes y nuestros magistrados lo entregaron para ser condenado a muerte y lo crucificaron.
21Sin embargo nosotros esperábamos que él sería quien redimiera a Israel. Pero con todo, es ya el tercer día desde que han pasado estas cosas.
22Bien es verdad que algunas mujeres de las que están con nosotros nos han sobresaltado, porque fueron al sepulcro de madrugada
23y, como no encontraron su cuerpo, vinieron diciendo que habían tenido una visión de ángeles, que les dijeron que está vivo.
24Después fueron algunos de los nuestros al sepulcro y lo hallaron tal como dijeron las mujeres, pero a él no le vieron.
25Entonces Jesús les dijo: —¡Necios y torpes de corazón para creer todo lo que anunciaron los Profetas!
26¿No era preciso que el Cristo padeciera estas cosas y así entrara en su gloria?
27Y comenzando por Moisés y por todos los Profetas les interpretó en todas las Escrituras lo que se refería a él.
28Llegaron cerca de la aldea adonde iban, y él hizo ademán de continuar adelante.
29Pero le retuvieron diciéndole: —Quédate con nosotros, porque se hace tarde y está ya anocheciendo. Y entró para quedarse con ellos.
30Y cuando estaban juntos a la mesa tomó el pan, lo bendijo, lo partió y se lo dio.
31Entonces se les abrieron los ojos y le reconocieron, pero él desapareció de su presencia.
32Y se dijeron uno a otro: —¿No es verdad que ardía nuestro corazón dentro de nosotros, mientras nos hablaba por el camino y nos explicaba las Escrituras?
33Y al instante se levantaron y regresaron a Jerusalén, y encontraron reunidos a los once y a los que estaban con ellos,
34que decían: —El Señor ha resucitado realmente y se ha aparecido a Simón.
35Y ellos se pusieron a contar lo que había pasado en el camino, y cómo le habían reconocido en la fracción de pan. (Mt 28,16-20; Mc 16,14-18; Jn 20,19-31)
Aparición a los discípulos en el Cenáculo (24,36-53)
36Mientras ellos estaban hablando de estas cosas, Jesús se puso en medio y les dijo: —La paz esté con vosotros.
37Se llenaron de espanto y de miedo, pensando que veían un espíritu.
38Y les dijo: —¿Por qué os asustáis, y por qué admitís esos pensamientos en vuestros corazones?
39Mirad mis manos y mis pies: soy yo mismo. Palpadme y comprended que un espíritu no tiene carne ni huesos como veis que yo tengo.
40Y dicho esto, les mostró las manos y los pies.
41Como no acababan de creer por la alegría y estaban llenos de admiración, les dijo: —¿Tenéis aquí algo que comer?
42Entonces ellos le ofrecieron un trozo de pez asado.
43Y lo tomó y se lo comió delante de ellos.
44Y les dijo: —Esto es lo que os decía cuando aún estaba con vosotros: es necesario que se cumpla todo lo que está escrito en la Ley de Moisés, en los Profetas y en los Salmos acerca de mí.
45Entonces les abrió el entendimiento para que comprendiesen las Escrituras.
46Y les dijo: —Así está escrito: que el Cristo tiene que padecer y resucitar de entre los muertos al tercer día,
47y que se predique en su nombre la conversión para perdón de los pecados a todas las gentes, comenzando desde Jerusalén.
48Vosotros sois testigos de estas cosas.
49Y sabed que yo os envío al que mi Padre ha prometido. Vosotros permaneced en la ciudad hasta que seáis revestidos de la fuerza de lo alto. La Ascensión del Señor (Mc 16,19; Hch 1,6-11)
50Los sacó hasta cerca de Betania y levantando sus manos los bendijo.
51Y mientras los bendecía, se alejó de ellos y comenzó a elevarse al cielo.
52Y ellos le adoraron y regresaron a Jerusalén con gran alegría.
53Y estaban continuamente en el Templo bendiciendo a Dios.
Notas de la Facultad de Teología (4)
19,28-24,53El relato de la última semana de Jesús en Jerusalén es muy semejante en los tres evangelios sinópticos: comprende la entrada en Jerusalén y la purificación del Templo (19,28-48), las controversias de Jesús con las autoridades judías (20,1-44), el discurso escatológico (21,5-36), y la extensa narración de la pasión (22,1-23,56) y la resurrección (24,1-53). En este conjunto, Lucas destaca los sentimientos de piedad (19,41-44) y misericordia (22,51,61; 23,28-29.34.43) de Jesús, su grandeza de ánimo (22,21-30.47-53; 23,26-49; etc.) y su recurso constante a la oración(22,32.39-46; 23,34.46). En estos rasgos, Jesús se nos presenta como el modelo de conducta para el cristiano. La narración termina con el mandato del Señor a sus Apóstoles de permanecer en Jerusalén hasta la venida del Espíritu Santo, y con la Ascensión (24,49-53): los mismos acontecimientos con los que comienza el libro de los Hechos de los Apóstoles (Hch 1,4-9) donde se relatan la manifestación pública de la Iglesia y su expansión.
24,1-12Entre los evangelios sinópticos, Lucas es el que refiere más detalladamente el anuncio de la resurrección y las apariciones de Jesús. En el centro de estos relatos gravita también el hecho de la dificultad de los discípulos para aceptarla. En los primeros versículos se describe la reacción de las mujeres. Ante el sepulcro vacío y la aparición de los dos varones se muestran desconcertadas (v. 4) y llenas de temor (v. 5). Sólo el anuncio de que todo había sido ya anunciado por Jesús les impulsó a creer en la resurrección (vv. 7-8). Después, la narración se detiene en la actitud de los discípulos. Éstos no creen a las mujeres. Lo que éstas cuentan siembra la duda en Pedro, y se supone que en otros (cfr 24,24), pero tales vacilaciones no se resuelven en la fe sino en una simple admiración (v. 12).
24,13-35La aparición a los discípulos de Emaús representa un complemento a la anterior: al final, cuando vuelven a Jerusalén, ya todos los discípulos creen en la resurrección (vv. 34-35). Sin embargo, esta aparición tiene su valor propio. Aquellos discípulos están entristecidos (v. 17), sin esperanza (v. 21), porque, en el fondo, no habían entendido el misterio de la vida de Cristo (vv. 19-24). La explicación que les da Jesús de los acontecimientos como cumplimiento de las Escrituras les enciende el corazón (v. 32) y les lleva a querer continuar su camino con Él (vv. 28-29). Finalmente, le reconocen en la fracción del pan. El relato refleja también de ese modo la importancia que tienen en la Iglesia la Sagrada Escritura y la Eucaristía para alimentar la fe en Cristo: «La Iglesia siempre ha venerado la Sagrada Escritura, como lo ha hecho con el Cuerpo de Cristo, pues, sobre todo en la sagrada liturgia, nunca ha cesado de tomar y repartir a sus fieles el pan de vida que ofrece la mesa de la palabra de Dios y del Cuerpo de Cristo» (C. Vat. II, Dei Verb. 21).
24,36-53En la narración de las apariciones parece percibirse la pedagogía de Jesús para enseñar a sus discípulos los pormenores de la resurrección. Una vez que éstos se han convencido de la resurrección (cfr 24,34 ), les muestra que no es un simple espíritu (v. 37) sino que tiene carne (vv. 39.41-43) y que es el mismo que murió en la cruz (vv. 39-40): «Yo, por mi parte, sé muy bien y en ello pongo mi fe que, después de su resurrección, permaneció el Señor en su carne. Y así, cuando se presentó a Pedro y a sus compañeros, les dijo: «Tocadme, palpadme y comprended que no soy un espíritu incorpóreo». Y al punto le tocaron y creyeron, quedando persuadidos de su carne y de su espíritu (...). Es más, después de su resurrección comió y bebió con ellos, como hombre de carne que era, si bien espiritualmente estaba hecho una cosa con su Padre» (S. Ignacio de Antioquía, Ad Smyrn. 3,1-3). Tras las muestras de su identidad, y antes de volver junto al Padre, Jesús confía la misión a sus discípulos. En las últimas palabras del Señor se compendia todo lo que San Lucas desarrollará después en el libro de los Hechos de los Apóstoles: está en el designio de Dios la predicación del misterio de Cristo (vv. 46-47), del que han sido testigos (v. 48), para la salvación universal (v. 47). La misión apostólica comenzará en Jerusalén (v. 47) porque allí culmina el «éxodo» de Jesús (cfr 9,31) y allí comienza la misión del Espíritu Santo (v. 49).
Sagrada Biblia, traducida y anotada por la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra — © Ediciones Universidad de Navarra (EUNSA).
