Lucas

Capítulo 6

Cuestión sobre el sábado (6,1-11)

1Un sábado pasaba él por entre unos sembrados, y sus discípulos arrancaban espigas, las desgranaban con las manos y se las comían.

2Algunos fariseos les dijeron: —¿Por qué hacéis en sábado lo que no es lícito?

3Y Jesús respondiéndoles dijo: —¿No habéis leído lo que hizo David, cuando tuvieron hambre él y los que le acompañaban?

4¿Cómo entró en la Casa de Dios, tomó los panes de la proposición y comió y dio a los que le acompañaban, a pesar de que sólo a los sacerdotes les es lícito comerlos?

5Y les decía: —El Hijo del Hombre es señor del sábado. Curación del hombre de la mano seca (Mt 12,9-14; Mc 3,1-6)

6Otro sábado entró en la sinagoga y se puso a enseñar. Y había allí un hombre que tenía seca la mano derecha.

7Los escribas y los fariseos le observaban a ver si curaba en sábado, para encontrar de qué acusarle.

8Pero él conocía sus pensamientos y le dijo al hombre que tenía la mano seca: —Levántate y ponte en medio. Y se levantó y se puso en medio.

9Entonces Jesús les dijo: —Yo os pregunto: ¿es lícito en sábado hacer el bien o hacer el mal, salvar la vida de un hombre o perderla?

10Entonces, mirando a todos los que estaban a su alrededor, le dijo al hombre que tenía la mano seca: —Extiende tu mano. Él lo hizo, y su mano quedó curada.

IV. MILAGROS Y ACTIVIDAD DE JESÚS EN GALILEA

11Ellos se llenaron de rabia y comenzaron a discutir entre sí qué harían contra Jesús. (6,12-8,5 6) (Mt 10,1-4; Mc 3,13-19)

Elección de los Doce Apóstoles (6,12-16)

12En aquellos días salió al monte a orar y pasó toda la noche en oración a Dios.

13Cuando se hizo de día, llamó a sus discípulos y de entre ellos eligió a doce, a los que denominó apóstoles:

14a Simón, a quien también llamó Pedro, y a su hermano Andrés, a Santiago, a Juan, a Felipe, a Bartolomé,

15a Mateo, a Tomás, a Santiago de Alfeo, a Simón, llamado Zelotes,

16a Judas de Santiago y a Judas Iscariote, que fue el traidor.

El Discurso en el llano (6,17-19)

17Bajando con ellos, se detuvo en un lugar llano. Y había una multitud de sus discípulos, y una gran muchedumbre del pueblo procedente de toda Judea y de Jerusalén y del litoral de Tiro y Sidón,

18que vinieron a oírle y a ser curados de sus enfermedades. Y los que estaban atormentados por espíritus impuros quedaban curados.

19Toda la multitud intentaba tocarle, porque salía de él una fuerza que sanaba a todos.

Las Bienaventuranzas e imprecaciones (6,20-26)

Mt 5,1-12

20Y él, alzando los ojos hacia sus discípulos, comenzó a decir: —»Bienaventurados los pobres, porque vuestro es el Reino de Dios.

21»Bienaventurados los que ahora tenéis hambre, porque quedaréis saciados. »Bienaventurados los que ahora lloráis, porque reiréis.

22»Bienaventurados cuando los hombres os odien, cuando os expulsen, os injurien y proscriban vuestro nombre como maldito, por causa del Hijo del Hombre.

23Alegraos en aquel día y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en el cielo; pues de este modo se comportaban sus padres con los profetas.

24»Pero ¡ay de vosotros los ricos, porque ya habéis recibido vuestro consuelo!

25»¡Ay de vosotros los que ahora estáis hartos, porque tendréis hambre! »¡Ay de vosotros los que ahora reís, porque gemiréis y lloraréis!

26»¡Ay cuando los hombres hablen bien de vosotros, pues de este modo se comportaban sus padres con los falsos profetas!

Amor a los enemigos (6,27-38)

Mt 5,38-48

27»Pero a vosotros que me escucháis os digo: amad a vuestros enemigos, haced bien a los que os odian;

28bendecid a los que os maldicen y rogad por los que os calumnian.

29Al que te pegue en una mejilla ofrécele también la otra, y al que te quite el manto no le niegues tampoco la túnica.

30Da a todo el que te pida, y al que tome lo tuyo no se lo reclames.

31»Como queráis que hagan los hombres con vosotros, hacedlo de igual manera con ellos.

32Si amáis a los que os aman, ¿qué mérito tendréis?, pues también los pecadores aman a quienes les aman.

33Y si hacéis el bien a quienes os hacen el bien, ¿qué mérito tendréis?, pues también los pecadores hacen lo mismo.

34Y si prestáis a aquellos de quienes esperáis recibir, ¿qué mérito tendréis?, pues también los pecadores prestan a los pecadores para recibir otro tanto.

35»Por el contrario, amad a vuestros enemigos, haced el bien y prestad sin esperar nada por ello; y será grande vuestra recompensa, y seréis hijos del Altísimo, porque Él es bueno con los ingratos y con los malos.

36Sed misericordiosos como vuestro Padre es misericordioso.

37No juzguéis y no seréis juzgados; no condenéis y no seréis condenados. Perdonad y seréis perdonados;

38dad y se os dará; echarán en vuestro regazo una buena medida, apretada, colmada, rebosante: porque con la misma medida con que midáis se os medirá.

Rectitud de corazón (6,39-49)

Mt 7,1-5; 15-20; 24-27

39Les dijo también una parábola: —¿Acaso puede un ciego guiar a otro ciego? ¿No caerán los dos en el hoyo?

40»No está el discípulo por encima del maestro; todo aquel que esté bien instruido podrá ser como su maestro.

41»¿Por qué te fijas en la mota del ojo de tu hermano y no reparas en la viga que hay en tu propio ojo?

42¿Cómo puedes decir a tu hermano: «Hermano, deja que saque la mota que hay en tu ojo», no viendo tú mismo la viga que hay en el tuyo? Hipócrita: saca primero la viga de tu ojo, y entonces verás con claridad cómo sacar la mota del ojo de tu hermano.

43»Porque no hay árbol bueno que dé fruto malo, ni tampoco árbol malo que dé buen fruto.

44Pues cada árbol se conoce por su fruto; no se recogen higos de los espinos, ni se vendimian uvas del zarzal.

45El hombre bueno del buen tesoro de su corazón saca lo bueno, y el malo de su mal saca lo malo: porque de la abundancia del corazón habla su boca.

46»¿Por qué me llamáis: «Señor, Señor», y no hacéis lo que digo?

47Todo el que viene a mí y oye mis palabras y las pone en práctica, os diré a quién se parece.

48Se parece a un hombre que, al edificar una casa, cavó muy hondo y puso los cimientos sobre la roca. Al venir una inundación, el río rompió contra aquella casa, y no pudo derribarla porque estaba bien edificada.

49»El que oye y no pone en práctica se parece a un hombre que edificó su casa sobre la tierra sin cimientos: rompió contra ella el río y enseguida se derrumbó, y fue tremenda la ruina de aquella casa. (Mt 8,5-13; Jn 4,46-54)

Notas de la Facultad de Teología (8)

4,14-9,50En esta primera parte de su evangelio Lucas relata los inicios del magisterio público de Jesús en Galilea. La escena –Jesús en la sinagoga de Nazaret (4,16-30)– presenta el programa de su actuación. El «hoy» de la salvación (4,21) anunciado en ese momento se cumple enseguida con su actuación taumatúrgica (4,38-41; 5,12-26; 7,1-23; 8,26-56, etc.), con el perdón de los pecados (5,17-26; 7,36-50), con su acción misericordiosa sobre los hombres (7,13; 9,11), etc. La misión para la que ha sido enviado (4,18) es la de evangelizar. En el centro de su predicación están el Discurso del Llano (6,17-49) y las Parábolas del Reino (8,4-18). Al evangelista le gusta señalar la eficacia y la singularidad de las palabras de Jesús (4,31-37; 5,17-26; etc.) que provocan la aglomeración de las gentes en torno suyo (4,37.40.42; 5,1.15.19.29; etc.). Para el cumplimiento de ese programa salvador, el Señor elige a unos discípulos (5,1-11.27-32; 6,12-16) de entre los que constituye el grupo apostólico. A éstos les forma con una dedicación particular (8,10; 9,21; etc.), les muestra su gloria (9,28-36) y les envía a predicar (9, 1-6) en un anticipo de lo que será la misión universal de la Iglesia (Hch 1, 8). Finalmente, el discurso de Jesús en la sinagoga de Nazaret alude también a la universalidad de su misión salvadora (4,25-27). Esa cualidad de su misión se pondrá de manifiesto en el episodio del centurión (7,1-10), pero, sobre todo, será el motivo central de la parte siguiente del evangelio (9,51-19,27).

6,1-11En estas dos controversias sobre el sábado, Jesús manifiesta su autoridad y su poder divinos y enseña el verdadero sentido del descanso sabático (cfr notas a Mt 12,1-14; Mc 2,23-28; 3,1-6). Su actitud contrasta con la ofuscación (v. 11) de los escribas y fariseos: «¡Oh fariseo!, ves al que hace cosas prodigiosas y cura a los enfermos en virtud de un poder superior y tú proyectas su muerte por envidia» (S. Cirilo, en Cat. aurea in loc.).

6,12-8,56Con la institución del colegio apostólico comienza una nueva sección del evangelio. Jesús realiza su misión con los Apóstoles en Galilea. Esa misión comprende la predicación –de la que son reflejo sobre todo el Discurso del Llano (6,17-49) y el de las parábolas (8,4-18)– y la actividad taumatúrgica de Jesús. Lucas recoge prácticamente los mismos milagros que los otros dos sinópticos, pero tiene como propio el milagro de la resurrección del hijo de la viuda de Naín, que el Señor realiza movido por la misericordia (7,13), precisamente la virtud que compendia la enseñanza del Discurso del Llano (6,36).

6,12-16Como en otras ocasiones (9,28; 22,39; etc.), el evangelista recoge la oración de Jesús antes de un acontecimiento de importancia (v. 12). Después, el Señor instituye el grupo de los Doce Apóstoles. La elección de doce, con el titulo peculiar de Apóstoles (v. 13), junto a otros detalles que relatan los otros evangelios (cfr notas a Mt 10,1-4; Mc 3,13-19), no pueden menos que orientar hacia la continuidad de la obra de Jesús: la Iglesia fundada por Él. Jesús, enviado por el Padre, asocia a los Apóstoles en su labor: «Esta misión divina, confiada por Cristo a los Apóstoles, tiene que durar hasta el fin del mundo, pues el Evangelio que tienen que transmitir es el principio de toda la vida para la Iglesia. Por eso los Apóstoles se preocuparon de instituir en esta sociedad jerárquicamente organizada a sus sucesores» (C. Vat. II, Lum. gent. 20).

6,17-19Se inicia aquí un discurso equivalente, aunque mucho más breve, al Discurso de la Montaña de San Mateo (Mt 5,1-7,29). Al recordar que Jesús predicaba en lugares llanos y fácilmente accesibles a la muchedumbre, Lucas quiere poner de relieve la cercanía del Señor a la gente y el carácter universal de su enseñanza. En cualquier caso, no debe olvidarse que «los autores sagrados compusieron los cuatro Evangelios escogiendo datos de la tradición oral o escrita, reduciéndolos a síntesis, adaptándolos a la situación de las diversas Iglesias, conservando el estilo de proclamación: así nos transmitieron siempre datos auténticos y genuinos acerca de Jesús» (C. Vat. II, Dei Verb. 19). En el texto de Lucas, pueden distinguirse tres partes: las bienaventuranzas e imprecaciones (vv. 20-26), el amor a los enemigos (vv. 27-38) y las enseñanzas sobre la rectitud de corazón (vv. 39-49).

6,20-26Las ocho bienaventuranzas del primer evangelio (cfr Mt 5,3-12) las resume Lucas en cuatro, pero acompañadas de cuatro antítesis. En ambos casos «la bienaventuranza prometida nos coloca ante opciones morales decisivas. Nos invita a purificar nuestro corazón de sus malvados instintos y a buscar el amor de Dios por encima de todo. Nos enseña que la verdadera dicha no reside ni en la riqueza o en el bienestar, ni en la gloria humana o el poder, ni en ninguna obra humana, por útil que sea, como las ciencias, las técnicas y las artes, ni en ninguna criatura, sino sólo en Dios, fuente de todo bien y de todo amor» (CCE 1723).

6,27-38Estas palabras, colocadas a continuación de las bienaventuranzas, bien podrían considerarse como el núcleo de la doctrina de Jesús en lo que se refiere al amor y misericordia que los cristianos debemos tener con los demás. El mismo Jesús a lo largo de su vida terrena, y de modo especial en su muerte (cfr 23,34), nos ha dado ejemplo. En los versículos iniciales (27-30), el Señor enumera algunas injurias que podemos sufrir los hombres y la manera de responder a ellas. El estilo semita, amigo de los contrastes, resalta con fuerza la enseñanza que queda resumida en el v. 31: «Como queráis que hagan los hombres con vosotros, hacedlo de igual manera con ellos». Los vv. 32-34 son una preparación para la declaración de la verdadera motivación de esa conducta: ése es el comportamiento propio de un hijo de Dios que quiere imitar a su padre misericordioso (v. 36). Finalmente, con la invitación a la generosidad (vv. 37-38), Jesús completa la idea del premio en la otra vida que había esbozado antes (v. 35).

6,39-49El discurso concluye con varias enseñanzas del Señor que tienen un común denominador: no hay que atender a las manifestaciones externas de piedad o virtud, sino a la disposición interior. «No está el negocio en tener hábito de religión u no, sino en procurar ejercitar las virtudes y rendir nuestra voluntad a la de Dios en todo y que el concierto de nuestra vida sea lo que Su Majestad ordenare de ella, y no queramos nosotras que se haga nuestra voluntad, sino la suya» (S. Teresa de Jesús, Morad. 3,2,6).

Sagrada Biblia, traducida y anotada por la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra — © Ediciones Universidad de Navarra (EUNSA).

Lucas 6 — Parroquia Jesús Obrero