Capítulo 5
Pesca milagrosa y vocación de los primeros discípulos (5,1-11)
1Estaba Jesús junto al lago de Genesaret y la multitud se agolpaba a su alrededor para oír la palabra de Dios.
2Y vio dos barcas que estaban a la orilla del lago; los pescadores habían bajado de ellas y estaban lavando las redes.
3Entonces, subiendo a una de las barcas, que era de Simón, le rogó que la apartase un poco de tierra. Y, sentado, enseñaba a la multitud desde la barca.
4Cuando terminó de hablar, le dijo a Simón: —Guía mar adentro, y echad vuestras redes para la pesca.
5Simón le contestó: —Maestro, hemos estado bregando durante toda la noche y no hemos pescado nada; pero sobre tu palabra echaré las redes.
6Lo hicieron y recogieron gran cantidad de peces. Tantos, que las redes se rompían.
7Entonces hicieron señas a los compañeros que estaban en la otra barca, para que vinieran y les ayudasen. Vinieron, y llenaron las dos barcas, de modo que casi se hundían.
8Cuando lo vio Simón Pedro, se arrojó a los pies de Jesús, diciendo: —Apártate de mí, Señor, que soy un hombre pecador.
9Pues el asombro se había apoderado de él y de cuantos estaban con él, por la gran cantidad de peces que habían pescado.
10Lo mismo sucedía a Santiago y a Juan, hijos de Zebedeo, que eran compañeros de Simón. Entonces Jesús le dijo a Simón: —No temas; desde ahora serán hombres los que pescarás.
11Y ellos, sacando las barcas a tierra, dejadas todas las cosas, le siguieron. (Mt 8,1-4; Mc 1,40-45)
Curación de un leproso (5,12-16)
12Cuando estaba en una de las ciudades, un hombre cubierto de lepra, al ver a Jesús, se postró en tierra y le suplicó diciendo: —Señor, si quieres, puedes limpiarme.
13Y extendiendo Jesús la mano le tocó diciendo: —Quiero, queda limpio. Y al instante desapareció de él la lepra.
14Y él le mandó que no lo dijese a nadie; pero añadió: —Anda, preséntate al sacerdote, y lleva la ofrenda por tu curación, como ordenó Moisés, para que les sirva de testimonio.
15Se extendía su fama cada vez más, y concurrían numerosas muchedumbres para oírle y para ser curados de sus enfermedades.
16Pero él se retiraba a lugares apartados y hacía oración. (Mt 9,1-8; Mc 2,1-12)
Curación de un paralítico (5,17-26)
17Estaba Jesús un día enseñando. Y estaban sentados algunos fariseos y doctores de la Ley, que habían venido de todas las aldeas de Galilea, de Judea y de Jerusalén. Y la fuerza del Señor le impulsaba a curar.
18Entonces, unos hombres, que traían en una camilla a un paralítico, intentaban meterlo dentro y colocarlo delante de él.
19Y como no encontraban por dónde introducirlo a causa del gentío, subieron al terrado, y por entre las tejas lo descolgaron en la camilla hasta ponerlo en medio, delante de Jesús.
20Al ver Jesús la fe de ellos, dijo: —Hombre, tus pecados te son perdonados.
21Entonces los escribas y fariseos empezaron a pensar: «¿Quién es éste que dice blasfemias? ¿Quién puede perdonar pecados sino sólo Dios?»
22Pero conociendo Jesús sus pensamientos, les dijo: —¿Qué estáis pensando en vuestros corazones?
23¿Qué es más fácil decir: «Tus pecados te son perdonados», o decir: «Levántate, y anda»?
24Pues para que sepáis que el Hijo del Hombre tiene potestad en la tierra para perdonar los pecados –se dirigió al paralítico–, a ti te digo: levántate, toma tu camilla y marcha a tu casa.
25Y al instante se levantó en presencia de ellos, tomó la camilla en que yacía y se fue a su casa glorificando a Dios.
26El asombro se apoderó de todos y glorificaban a Dios. Y llenos de temor decían: —Hoy hemos visto cosas maravillosas. (Mt 9,9-13; Mc 2,13-17)
La vocación de Mateo (5,27-32)
27Después de esto, salió y vio a un publicano, llamado Leví, sentado al telonio, y le dijo: —Sígueme.
28Y, dejadas todas las cosas, se levantó y le siguió.
29Y Leví preparó en su casa un gran banquete para él. Había un gran número de publicanos y de otros que le acompañaban a la mesa.
30Y los fariseos y sus escribas empezaron a murmurar y a decir a los discípulos de Jesús: —¿Por qué coméis y bebéis con publicanos y pecadores?
31Y respondiendo Jesús les dijo: —No tienen necesidad de médico los sanos, sino los enfermos.
32No he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores a la penitencia. (Mt 9,14-17; Mc 2,18-22)
Cuestión sobre el ayuno (5,33-39)
33Pero ellos le dijeron: —¿Por qué los discípulos de Juan ayunan con frecuencia y hacen oraciones, y lo mismo los de los fariseos; y en cambio, los tuyos comen y beben?
34Jesús les respondió: —¿Acaso podéis hacer ayunar a los amigos del esposo, mientras el esposo está con ellos?
35Ya vendrán los días en que les será arrebatado el esposo; entonces, en aquellos días, ayunarán.
36Y les decía también una parábola: —Nadie pone a un vestido viejo un remiendo cortado de un vestido nuevo, porque entonces, además de romper el nuevo, el remiendo del vestido nuevo no le iría bien al viejo.
37Tampoco echa nadie vino nuevo en odres viejos; porque entonces el vino nuevo reventará los odres, y se derramará, y los odres se perderán.
38El vino nuevo debe echarse en odres nuevos.
39Y ninguno acostumbrado a beber vino añejo quiere del nuevo, porque dice: «El añejo es mejor». (Mt 12,1-8; Mc 2,23-28)
Notas de la Facultad de Teología (6)
4,14-9,50En esta primera parte de su evangelio Lucas relata los inicios del magisterio público de Jesús en Galilea. La escena –Jesús en la sinagoga de Nazaret (4,16-30)– presenta el programa de su actuación. El «hoy» de la salvación (4,21) anunciado en ese momento se cumple enseguida con su actuación taumatúrgica (4,38-41; 5,12-26; 7,1-23; 8,26-56, etc.), con el perdón de los pecados (5,17-26; 7,36-50), con su acción misericordiosa sobre los hombres (7,13; 9,11), etc. La misión para la que ha sido enviado (4,18) es la de evangelizar. En el centro de su predicación están el Discurso del Llano (6,17-49) y las Parábolas del Reino (8,4-18). Al evangelista le gusta señalar la eficacia y la singularidad de las palabras de Jesús (4,31-37; 5,17-26; etc.) que provocan la aglomeración de las gentes en torno suyo (4,37.40.42; 5,1.15.19.29; etc.). Para el cumplimiento de ese programa salvador, el Señor elige a unos discípulos (5,1-11.27-32; 6,12-16) de entre los que constituye el grupo apostólico. A éstos les forma con una dedicación particular (8,10; 9,21; etc.), les muestra su gloria (9,28-36) y les envía a predicar (9, 1-6) en un anticipo de lo que será la misión universal de la Iglesia (Hch 1, 8). Finalmente, el discurso de Jesús en la sinagoga de Nazaret alude también a la universalidad de su misión salvadora (4,25-27). Esa cualidad de su misión se pondrá de manifiesto en el episodio del centurión (7,1-10), pero, sobre todo, será el motivo central de la parte siguiente del evangelio (9,51-19,27).
5,1-11San Lucas relata la vocación de Pedro y de los primeros discípulos de manera ligeramente distinta a los otros evangelios (cfr Mt 4,18-25; Mc 1,16-20; Jn 1,35-51). Su vocación se produce en los inicios de la vida pública y en los cuatro evangelios se refleja la llamada apremiante de Cristo y la respuesta inmediata de los discípulos. Lucas deja transparentar la relación especial de Jesús con Pedro ya que éste es su interlocutor a lo largo de todo el relato (cfr vv. 3.4.5.8.10), pues él va a ser quien gobernará después la barca de la Iglesia. «Antes de ser apóstol, pescador. Después de apóstol, pescador. La misma profesión que antes, después. ¿Qué cambia entonces? Cambia que en el alma –porque en ella ha entrado Cristo, como subió a la barca de Pedro– se presentan horizontes más amplios, más ambición de servicio, y un deseo irreprimible de anunciar a todas las criaturas las magnalia Dei (Hch 2,11), las cosas maravillosas que hace el Señor, si le dejamos hacer» (S. Josemaría Escrivá, Hom. 2. 264-5). En la escena se vislumbra lo que va a ser la misión de la Iglesia: en nombre propio los discípulos se fatigarán y no conseguirán fruto (cfr v. 5); en cambio, en nombre de Cristo el fruto será incluso desproporcionado (cfr vv. 6.10).
5,12-16El modo de dirigirse a Jesús de los personajes que le encuentran puede ser para cada uno un buen modelo de oración: «Jesús escucha la oración de fe expresada en palabras, o en silencio. (...) Sanando enfermedades o perdonando pecados, Jesús siempre responde a la plegaria del que le suplica con fe: «Ve en paz, ¡tu fe te ha salvado!»» (CCE 2616).
5,17-26El poder de Jesús y de su palabra (cfr nota a 4,31-37) se ilustra con este milagro donde muestra a las claras que su potestad en la tierra (v. 24) tiene un origen que trasciende lo terreno (v. 17). El pasaje enseña también que el Señor premia la fe de los amigos del paralítico (v. 20): «¡Qué grande es el Señor que por los méritos de algunos perdona a los otros y que mientras alaba a aquéllos perdona a éstos!» (S. Ambrosio, Exp. Ev. sec. Lc. in loc.).
5,27-32El episodio refleja una actitud constante en la vida de Jesús y en la vida de la Iglesia: la llamada de Cristo es gratuita, cada uno de nosotros debe responder con agradecimiento (v. 29), generosidad y prontitud (v. 28; cfr 5,11).
5,33-39La acusación de los escribas y fariseos ofrece a Jesús la ocasión de exponer la condición de su persona y el alcance de su doctrina: la alegría que supone su presencia en el mundo hace que quede relegada para más tarde una práctica penitencial como el ayuno (vv. 34-35). Su doctrina exige una penitencia interior más profunda, una renovación (vv. 36-38), y quien la reciba de este modo comprobará que es como el vino añejo (v. 39) y no querrá volver a su vida anterior. Pero el Señor no abroga el ayuno (cfr v. 35) sino que le da un sentido más profundo: «El mérito de nuestros ayunos no consiste solamente en la abstinencia de los alimentos; de nada sirve quitar al cuerpo su nutrición si el alma no se aparta de la iniquidad y si la lengua no deja de hablar mal» (S. León Magno, Serm. 4 de Quadrag. 2).
Sagrada Biblia, traducida y anotada por la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra — © Ediciones Universidad de Navarra (EUNSA).
