Marcos

Capítulo 13

IX. DISCURSO ESCATOLÓGICO (13,1-37)

Anuncio de la destrucción del Templo (13,1-2)

1Al salir del Templo le dice uno de sus discípulos: —Maestro, mira qué piedras y qué edificios.

2Jesús le responde: —¿Ves estas grandes construcciones? No quedará aquí piedra sobre piedra que no sea derruida. Comienzo de las tribulaciones (Mt 10,16-22; 24,3-14; Lc 21,7-19)

Persecuciones por causa del Evangelio (13,3-37)

3Y estando sentado Jesús en el Monte de los Olivos, enfrente del Templo, le preguntaron a solas Pedro, Santiago, Juan y Andrés:

4—Dinos cuándo ocurrirán estas cosas y cuál será la señal de que todo esto está a punto de llegar a su fin.

5Entonces comenzó Jesús a decirles: —Mirad que no os engañe nadie.

6Vendrán en mi nombre muchos diciendo: «Yo soy»; y a muchos los seducirán.

7Cuando oigáis hablar de guerras y de rumores de guerras, no os inquietéis; porque es necesario que ocurra, pero todavía no es el fin.

8Se alzará pueblo contra pueblo y reino contra reino, habrá terremotos en diversos lugares, habrá hambre. Esto será el comienzo de los dolores.

9»Vosotros estad alerta: os entregarán a los tribunales, y seréis azotados en las sinagogas, y compareceréis por causa mía ante los gobernadores y reyes, para que deis testimonio ante ellos.

10Pero es necesario que antes sea predicado el Evangelio a todos los pueblos.

11Y cuando os conduzcan para entregaros, no os preocupéis por lo que debéis decir; más bien tenéis que decir lo que en aquel momento se os comunique. Pues no sois vosotros los que vais a hablar, sino el Espíritu Santo.

12Entonces el hermano entregará a la muerte al hermano, y el padre al hijo; y se levantarán los hijos contra los padres para hacerles morir.

13Y os odiarán todos a causa de mi nombre. Pero el que persevere hasta el fin, ése se salvará. La gran tribulación (Mt 24,15-28; Lc 21,20-24)

14»Cuando veáis la abominación de la desolación erigida donde no debe –quien lea, entienda–, entonces los que estén en Judea, que huyan a los montes;

15quien esté en el terrado, que no baje ni entre a tomar nada de su casa;

16y quien esté en el campo, que no vuelva atrás para tomar su manto.

17¡Ay de las que estén encintas y de las que estén criando esos días!

18Rogad para que no ocurra en invierno:

19habrá en aquellos días una tribulación, como no la hubo igual desde el principio de la creación que hizo Dios hasta ahor a, ni la habrá.

20Y de no acortar el Señor esos días, no se salvaría nadie; sin embargo, ha acortado los días en atención a los elegidos, que él se eligió.

21»Entonces, si alguien os dijese: «Mira, aquí está el Cristo», o «mira, allí está», no os lo creáis.

22Surgirán falsos mesías y falsos profetas, y harán señales y prodigios para engañar, si fuera posible, a los elegidos.

23Vosotros estad alerta; todo os lo he predicho. La venida del Hijo del Hombre (Mt

24,29-31; Lc 21,25-28) 24 »Pero en aquellos días, después de aquella tribulación, el sol se oscurecerá y la luna no dará su resplando r,

25y las estrellas caerán del cielo, y las potestades de los cielos se conmoverán.

26Entonces verán al Hijo del Hombre que viene sobre las nubes con gran poder y gloria.

27Y entonces enviará a los ángeles y reunirá a sus elegidos desde los cuatro vientos, desde el extremo de la tierra hasta el extremo del cielo. Certeza del fin: la lección de la higuera (Mt 24,32-35; Lc 21,29-33)

28»Aprended de la higuera esta parábola: cuando sus ramas están ya tiernas y brotan las hojas, sabéis que está cerca el verano.

29Así también vosotros, cuando veáis que suceden estas cosas, sabed que es inminente, que está a las puertas.

30En verdad os digo que no pasará esta generación sin que todo esto se cumpla.

31El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán. Tiempo de la segunda venida de Cristo

Mt 24,36-41

32»Pero nadie sabe de ese día y de esa hora: ni los ángeles en el cielo, ni el Hijo, sino el Padre.

33Estad atentos, velad: porque no sabéis cuándo será el momento.

34Es como un hombre que al marcharse de su tierra, y al dejar su casa y dar atribuciones a sus siervos, a cada uno su trabajo, ordenó también al portero que velase.

35Por eso: velad, porque no sabéis a qué hora volverá el señor de la casa, si por la tarde, o a la medianoche, o al canto del gallo, o de madrugada;

36no sea que, viniendo de repente, os encuentre dormidos.

37Lo que a vosotros os digo, a todos lo digo: ¡velad! (Mt 26,3-5; Lc 22,1-2; Jn 11,45-57)

Notas de la Facultad de Teología (3)

13,1-37Los tres evangelios sinópticos (cfr Mt 24,1-25,46; Lc 21,5-37) recogen este discurso del Señor. Es denominado discurso «escatológico», o sobre la «Parusía», porque versa sobre los acontecimientos del final de los tiempos. Se llama también discurso «apocalíptico» para señalar la forma del lenguaje –revelación de cosas ocultas– con que fue pronunciado y escrito. El discurso tiene algo de enigmático que refuerza la enseñanza central de las palabras de Jesús: «¡Estad alerta, velad!» (cfr 13,9.23.33.35.37).

13,1-2La ocasión del discurso apunta algunas claves para entender lo que dice Jesús a continuación. En efecto, los judíos de tiempos de Cristo –y los Apóstoles con ellos– esperaban que el día del Juicio de Dios (Is 13,6.9;So 1,15; etc.) se manifestaría terrible para los impíos, pero día de gloria para el pueblo elegido. La grandeza del Templo no era sino la señal de esa futura gloria. El Señor corrige esa interpretación: el Templo no permanecerá, sino que será destruido violentamente. Al mismo tiempo, los discípulos deben aprender a ver en esa destrucción señales de la oposición que encontrarán en su misión de predicar el Evangelio hasta la venida gloriosa del Hijo del Hombre. Por eso, a lo largo del discurso, los dos acontecimientos –la destrucción del Templo y la vida de la Iglesia– están entremezclados.

13,3-37Los primeros versículos (vv. 5-13) señalan «el comienzo de los dolores» (v. 8): la tribulación que aparecerá antes de la destrucción de Jerusalén (vv. 6-8) es semejante a las tribulaciones que sufrirán los cristianos (vv. 9-13). En ambos casos la consigna del Señor es una invitación a la esperanza (vv. 7.11.13). A continuación (vv. 14-27), se describe el momento central: el Juicio. La «abominación de la desolación» (v. 14) es una expresión tomada del profeta Daniel (Dn 9,27) que se emplea para designar la profanación del Templo (cfr 1 M 1,54). Con esa frase el Señor resume lo terrible de la situación para los habitantes de Jerusalén (vv. 14-20) en esos días. Las mismas zozobras pasarán los cristianos (vv. 21-25) antes de la venida gloriosa del Hijo del Hombre (vv. 26-27). Los versículos finales (vv. 28-37) son un resumen didáctico de cuál debe ser la actitud de los discípulos del Señor (v. 37): estar en vela, vigilantes (vv. 33.35.37). Lo seguro es que el Señor vendrá: tan seguro como lo muestra el ciclo de la higuera y el dueño de la casa que anuncia su vuelta a los criados. El discípulo debe velar. «Quiso ocultarnos esto para que permanezcamos en vela y para que cada uno de nosotros pueda pensar que este acontecimiento se producirá durante su vida (...). Ha dicho muy claramente que vendrá, pero sin precisar en qué momento. Así todas las generaciones y siglos lo esperan ardientemente» (S. Efrén, Com. in Diatessar. 18,15-17). La Iglesia nos estimula a avivar esta vigilia en la liturgia del Adviento.

Sagrada Biblia, traducida y anotada por la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra — © Ediciones Universidad de Navarra (EUNSA).

Marcos 13 — Parroquia Jesús Obrero