Capítulo 14
X. PASIÓN, MUERTE Y RESURRECCIÓN DE JESÚS (14,1-16-20)
Conspiración de los sacerdotes y escribas (14,1-11)
1Dos días después era la Pascua y los Ácimos. Y los príncipes de los sacerdotes y los escribas buscaban cómo apoderarse de él con engaño y darle muerte,
2pues decían: —Que no sea durante la fiesta, para que no se produzca un alboroto del pueblo. Unción en Betania y traición de Judas (Mt 26,6-16; Lc 22,3-6: Jn 12,1-11)
3Se encontraba en Betania en la casa de Simón el leproso, y, mientras estaba recostado a la mesa, vino una mujer que llevaba un frasco de alabastro con perfume de nardo puro, de mucho precio. Y rompiendo el frasco, se lo derramó por la cabeza.
4Algunos de los que estaban allí, indignados, se decían: —¿Para qué se ha hecho este despilfarro de perfume?
5Se podía haber vendido este perfume por más de trescientos denarios y darlo a los pobres –y la reprendían.
6Pero Jesús dijo: —Dejadla, ¿por qué la molestáis? Ha hecho una buena obra conmigo,
7porque a los pobres los tenéis siempre con vosotros, y podéis hacerles bien cuando queráis, pero a mí no siempre me tenéis.
8Ha hecho cuanto estaba en su mano: se ha anticipado a embalsamar mi cuerpo para la sepultura.
9En verdad os digo: dondequiera que se predique el Evangelio, en todo el mundo, también lo que ella ha hecho se contará en memoria suya.
10Entonces Judas Iscariote, uno de los doce, fue a los príncipes de los sacerdotes para entregárselo.
11Éstos, al oírle, se alegraron y prometieron darle dinero. Y él buscaba cómo podría entregárselo en una ocasión propicia. Preparación de la última Cena (Mt 26,17-25; Lc 22,7-13; Jn 13,21-32)
y anuncio de la traición de Judas (14,12-21)
12El primer día de los Ácimos, cuando sacrificaban el cordero pascual, le dicen sus discípulos: —¿Dónde quieres que vayamos a prepararte la cena de Pascua?
13Entonces envía dos de sus discípulos, y les dice: —Id a la ciudad y os saldrá al encuentro un hombre que lleva un cántaro de agua. Seguidle,
14y allí donde entre decidle al dueño de la casa: «El Maestro dice: «¿Dónde tengo la sala, donde pueda comer la Pascua con mis discípulos?»»
15Y él os mostrará una habitación en el piso de arriba, grande, ya lista y dispuesta. Preparádnosla allí.
16Y marcharon los discípulos, llegaron a la ciudad, lo encontraron todo como les había dicho, y prepararon la Pascua.
17Al anochecer, llega con los doce.
18Y cuando estaban a la mesa cenando, Jesús dijo: —En verdad os digo que uno de vosotros me va a entregar: el que come conmig o.
19Comenzaron a entristecerse, y a decirle cada uno: —¿Acaso soy yo?
20Pero él les dijo: —Uno de los doce, el que moja conmigo en el plato.
21Ciertamente que el Hijo del Hombre se va, según está escrito sobre él; pero ¡ay de aquel hombre por quien es entregado el Hijo del Hombre! Más le valdría a ese hombre no haber nacido. (Mt 26,26-29; Lc
Institución de la Sagrada Eucaristía (14,22-25)
22,14-20; 1 Co 11,23-26) 22 Mientras cenaban, tomó pan y, después de pronunciar la bendición, lo partió, se lo dio a ellos y dijo: —Tomad, esto es mi cuerpo.
23Y tomando el cáliz, habiendo dado gracias, se lo dio y todos bebieron de él.
24Y les dijo: —Ésta es mi sangre de la nueva alianza, que es derramada por muchos.
25En verdad os digo que ya no beberé del fruto de la vid hasta aquel día en que lo beba de nuevo en el Reino de Dios. (Mt
Predicción del abandono de sus discípulos (14,26-31)
26,30-35; Lc 22,31-34; Jn 13,36-38) 26 Después de recitar el himno, salieron hacia el Monte de los Olivos.
27Y les dijo Jesús: —Todos os escandalizaréis, porque está escrito: Heriré al pastor y se dispersarán las oveja s.
28»Pero, después de que haya resucitado, iré delante de vosotros a Galilea.
29Pedro le dijo: —Aunque todos se escandalicen, yo no.
30Jesús le responde: —En verdad te digo que tú hoy, esta misma noche, antes de que cante el gallo dos veces, me habrás negado tres.
31Pero él insistió: —Aunque tenga que morir contigo, jamás te negaré. Lo mismo decían todos. (Mt 26,36-46; Lc 22,39-46)
Oración y agonía de Jesús en el huerto de Getsemaní (14,32-42)
32Llegan a un lugar llamado Getsemaní. Y les dice a sus discípulos: —Sentaos aquí, mientras hago oración.
33Y se llevó con él a Pedro, a Santiago y a Juan, y comenzó a afligirse y a sentir angustia.
34Y les dice: —Mi alma está triste hasta la muerte. Quedaos aquí y velad.
35Y adelantándose un poco, se postró en tierra y rogaba que, a ser posible, se alejase de él aquella hora.
36Decía: —¡Abbá, Padre! Todo te es posible, aparta de mí este cáliz; pero que no sea lo que yo quiero, sino lo que quieres tú.
37Vuelve y los encuentra dormidos, y le dice a Pedro: —Simón, ¿duermes? ¿No has sido capaz de velar una hora?
38Velad y orad para no caer en tentación; el espíritu está pronto, pero la carne es débil.
39De nuevo se apartó y oró diciendo las mismas palabras.
40Al volver los encontró dormidos, pues sus ojos estaban cargados de sueño; y no sabían qué responderle.
41Vuelve por tercera vez y les dice: —¿Aún podéis dormir y descansar...? Se acabó; llegó la hora. Mirad que el Hijo del Hombre va a ser entregado en manos de los pecadores.
42Levantaos, vamos; ya llega el que me va a entregar. (Mt 26,47-56; Lc 22,47-53; Jn 18,1-12)
Prendimiento de Jesús (14,43-52)
43Todavía estaba hablando, cuando de repente llegó Judas, uno de los doce, acompañado de un tropel de gente con espadas y palos, enviados por los príncipes de los sacerdotes, por los escribas y por los ancianos.
44El que lo entregó les había dado esta señal: «Al que yo bese, ése es; prendedlo y llevadlo bien custodiado».
45Y nada más llegar se acercó y le dijo: —Rabbí –y le besó.
46Entonces le echaron mano y lo apresaron.
47Pero uno de los que le rodeaban, desenvainando la espada, hirió al criado del sumo sacerdote y le cortó la oreja.
48En respuesta Jesús les dijo: —¿Como contra un ladrón habéis salido con espadas y palos a prenderme?
49Todos los días estaba entre vosotros en el Templo enseñando, y no me prendisteis. Pero que se cumplan las Escrituras.
50Entonces, lo abandonaron y huyeron todos.
51Y un joven, que se cubría el cuerpo tan sólo con una sábana, le seguía. Y lo agarraron.
52Pero él, soltando la sábana, se escapó desnudo. (Mt 26,57-68; Lc 22,66-71; Jn 18,13-24)
Interrogatorio ante los príncipes de los sacerdotes (14,53-72)
53Condujeron a Jesús al sumo sacerdote; y se reunieron todos los príncipes de los sacerdotes, los ancianos y los escribas.
54Pedro le siguió desde lejos hasta el interior del palacio del sumo sacerdote y se sentó con los sirvientes para calentarse junto a la lumbre.
55Los príncipes de los sacerdotes y todo el Sanedrín buscaban contra Jesús un testimonio para darle muerte, y no lo encontraban.
56Porque muchos atestiguaban en falso contra él, pero los testimonios no coincidían.
57Y levantándose algunos atestiguaban en falso contra él, diciendo:
58—Nosotros le hemos oído decir: «Yo destruiré este Templo, hecho por mano de hombre, y en tres días edificaré otro no hecho por mano de hombre».
59Y ni aun así coincidía su testimonio.
60Entonces el sumo sacerdote se puso de pie en el centro y le preguntó a Jesús: —¿No respondes nada a lo que éstos testifican contra ti?
61Pero él permanecía en silencio y nada respondió. De nuevo el sumo sacerdote le preguntaba y le decía: —¿Eres tú el Mesías, el Hijo del Bendito?
62—Yo soy –respondió Jesús–, y veréis al Hijo del Hombre sentado a la diestra del Poder y venir sobre las nubes del cielo.
63El sumo sacerdote, rasgándose las vestiduras, dijo: —¿Qué necesidad tenemos ya de testigos?
64Acabáis de oír la blasfemia. ¿Qué os parece? Todos ellos sentenciaron que era reo de muerte.
65Y algunos empezaron a escupirle, a taparle la cara, a golpearle y a decirle: —Profetiza –y los criados le recibieron a bofetadas. Las negaciones de San Pedro (Mt 26,69-75; Lc 22,54-62; Jn 18,15-18.25-27)
66Cuando Pedro se encontraba abajo en el atrio, llegó una de las criadas del sumo sacerdote
67y, al ver a Pedro que se estaba calentando, le miró y le dijo: —Tú también estabas con Jesús, ese Nazareno.
68Pero él lo negó: —Ni lo conozco, ni sé de qué me hablas. Y salió fuera, al vestíbulo de la casa, y cantó un gallo.
69Y al verle la criada empezó a decirles otra vez a los que estaban alrededor: —Éste es de los suyos.
70Pero él lo volvía a negar. Un poco después, los que estaban allí le decían a Pedro: —Desde luego eres de ellos, porque también tú eres galileo.
71Pero él comenzó a lanzar imprecaciones y a jurar: —¡No conozco a ése hombre del que habláis!
72Y al momento cantó un gallo por segunda vez. Entonces Pedro se acordó de las palabras que le había dicho Jesús: «Antes de que cante el gallo dos veces, me habrás negado tres». Y rompió a llorar. (Mt 27,11-26; Lc 23,1-25; Jn 18,28-19,16)
Notas de la Facultad de Teología (8)
14,1-16-20Los dos últimos capítulos del segundo evangelio son de una gran intensidad. Se destaca, sobre todo, la actuación de las personas que intervinieron en el drama: las autoridades de Israel que, casi con tenacidad, llevaron a la muerte a Jesús, y los discípulos, testigos impotentes, que no sólo no entendían el sentido de los gestos de Cristo, sino que le dejaron solo en tan doloroso trance. Pero en ese marco se levanta la majestad de Jesús: Él sabe lo que le va a ocurrir y sabe que conviene que ocurra. Por eso es Él quien toma la iniciativa en todos los acontecimientos. Con alusiones a diversos textos del Antiguo Testamento revela a los Apóstoles el sentido de cuanto está aconteciendo: la muerte en la cruz ha de consumarse, pero la última palabra es la Resurrección. Estos pasos de la pasión han sido objeto frecuente de meditación por parte de los santos. «En la pasión de Cristo encontramos remedio para todos los males en los que incurrimos por nuestros pecados. Pero no es menor su utilidad como ejemplo, pues la pasión de Cristo es suficiente para dar forma perfecta a la vida cristiana. Quien desee alcanzar la perfección no tiene sino despreciar lo que Cristo despreció en la cruz y apetecer lo que Él apeteció. En la cruz se dan ejemplos de todas las virtudes» (S. Tomás de Aquino, Expos. in Cred. 4,919).
14,1-11Casi desde el inicio del ministerio público del Señor algunos escribas, príncipes de los sacerdotes, etc., buscaban «cómo perderle» (3,6). Esta decisión se ha hecho más persistente en los últimos días (11,18; 12,12). Ahora deciden prenderle con engaño, (v. 1) y encuentran un aliado en Judas, que desde entonces comienza a buscar el momento oportuno para hacerlo (v. 11). Entre estos dos momentos se encuadra la unción de Jesús por parte de una mujer en Betania (v. 3-9). El evangelista subraya dos cosas: la generosidad de la mujer (v. 3) y las reacciones de los demás ante el hecho. El gesto de la mujer forma parte de la antigua hospitalidad oriental que honraba a los huéspedes ilustres con agua perfumada. La delicadeza y generosidad es interpretada por algunos como un derroche (v. 4). También Jesús interpreta el gesto de manera distinta a la mujer (v. 8). Sin embargo, afirma enseguida que aquella no se ha equivocado, y los hombres que la juzgan sí. En las relaciones con Dios, la generosidad no se equivoca nunca; el cálculo y la tacañería se equivocan siempre: «Como Él no ha de forzar nuestra voluntad, toma lo que le dan; mas no se da a Sí del todo hasta que ve que nos damos del todo a Él» (S. Teresa de Jesús, Cam. Perf. 48,4).
14,12-21La iniciativa de Jesús en las indicaciones para preparar la Pascua (vv. 13-16) y, sobre todo, el misterioso aviso del v. 21 muestran hasta qué punto están implicados los planes de Dios y las acciones humanas: «La muerte violenta de Jesús no fue fruto del azar en una desgraciada constelación de circunstancias. Pertenece al misterio del designio de Dios, como lo explica San Pedro a los judíos en Jerusalén ya en su primer discurso de Pentecostés: «Fue entregado según el determinado designio y previo conocimiento de Dios» (Hch 2,23). Este lenguaje bíblico no significa que los que han «entregado a Jesús» (Hch 3,13) fuesen solamente ejecutores pasivos de un drama escrito de antemano por Dios» (CCE 599).
14,22-25Marcos es el más sobrio de los evangelios sinópticos a la hora de narrar la institución de la Eucaristía (cfr Mt 26,26-29; Lc 22,7-20 y notas). De todas formas, a la luz de la muerte y la resurrección, el sentido sacrificial de los gestos y las palabras de Cristo debió ser claro para los Apóstoles: «La muerte de Cristo es a la vez el sacrificio pascual que lleva a cabo la redención definitiva de los hombres por medio del «cordero que quita el pecado del mundo» (Jn 1,29) y el sacrificio de la Nueva Alianza que devuelve al hombre a la comunión con Dios reconciliándole con Él por «la sangre derramada por muchos para remisión de los pecados» (Mt 26,28)» (CCE 613).
14,26-31En la Cena Pascual judía se cantan unas oraciones llamadas «Hallel» que incluyen los Salmos 113-118: la última parte se recita al final de la cena. Tras esto Jesús predice el abandono que va a sufrir por parte de sus discípulos, y les reconforta con el anuncio de la resurrección y el nuevo comienzo de la misión en Galilea. El evangelista recuerda la protesta de los Apóstoles (v. 31) y, en especial, la de Pedro (vv. 29-31). A lo largo del relato San Marcos anotará el puntual cumplimiento del vaticinio: el abandono de los discípulos (14,50), la negación de Pedro (14,66-72) y la nueva misión desde Galilea (16,7).
14,32-42En la soledad del huerto de Getsemaní, la intensidad de los sentimientos por lo que va a ocurrir invade a Jesús. El evangelista nos dice que Jesús «comenzó a afligirse y a sentir angustia» (v. 33) y que los tres discípulos, desconcertados, no consiguen hacer otra cosa que dormir: «Pues sus ojos estaban cargados de sueño; y no sabían qué responderle» (v. 40). Pero Jesús se sobrepone y acude a la oración. Marcos recoge esta oración filial (v. 36): «¡Abbá, Padre! Todo te es posible». Jesús se dirige a Dios con el mismo nombre con que los hijos se dirigían íntimamente a sus padres. Por eso su oración es un acto de abandono y de confianza: «La confianza filial se prueba en la tribulación, particularmente cuando se ora pidiendo para sí o para los demás» (CCE 2734).
14,43-52El sobrio relato del prendimiento parece indicar que Jesús lo había esperado y ahora no ofrece resistencia. Por eso, por encima de la traición de Judas y de la doblez de quienes van a prenderle de noche, Jesús ve en esos gestos el cumplimiento de las Escrituras (cfr Is 52,13-53,12; Sal 41,10). Sólo Marcos recoge el detalle del joven que escapó desnudo (vv. 51-52). Muchos autores han visto en él una alusión al propio evangelista. En todo caso, representa un intento fallido –al que seguirá enseguida el de Pedro– de seguir a Cristo. En la hora de la entrega, Jesús está solo.
14,53-72La tradición que ve los recuerdos de Pedro en el Evangelio de Marcos tiene en este pasaje un buen argumento. Los versículos iniciales (vv. 53 54) presentan a los dos personajes: Jesús y Pedro. Después el evangelista ofrece el contraste entre los dos: Jesús es acusado con falsedades, pero confiesa la verdad y por ello es condenado a muerte por el Sumo Sacerdote y escarnecido por los criados (vv. 55-65); a Pedro se le imputa un hecho verdadero pero niega a Jesús con la mentira y sale indemne del juicio de la criada (vv. 66-72). Se hace pues evidente que la grandeza de Pedro no le viene de su fortaleza sino de su contrición (v. 72; cfr Jn 21,15-19). «Lloró amargamente porque sabía amar, y bien pronto las dulzuras del amor reemplazaron en él las amarguras del dolor» (S. Agustín, Serm. 295,3). El pasaje tiene su punto culminante en los vv. 61-62. Jesús ha callado ante las acusaciones absurdas, pero ante la pregunta inequívoca del Sumo Sacerdote confiesa que es el Mesías, y no sólo eso, sino que se identifica con el Mesías trascendente entrevisto por Daniel (Dn 7,13). Además la expresión «Yo soy» con que contesta a Caifás puede tener una significación más profunda, pues «Yo soy» es traducción del nombre propio de Dios (cfr Ex 3,14).
Sagrada Biblia, traducida y anotada por la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra — © Ediciones Universidad de Navarra (EUNSA).
